Entrevista con Radamés Giro:

Caminos para una nueva proyección
de la música popular cubana

María Carla Gárciga • La Habana, Cuba
Fotos de Internet

La colección de obras escritas y sonoras vinculadas al panorama musical cubano y del mundo que posee el investigador, editor y profesor Radamés Giro fascina desde un inicio, no solo en el aspecto cuantitativo, sino por la exclusividad que la distingue. Cada espacio de la habitación donde aún estudia y escribe de manera incansable muestra fragmentos de toda una vida dedicada a la música. Lee y escruta publicaciones cubanas e internacionales, colecciona partituras únicas y escucha con deleite los fonogramas originales que le han hecho llegar amigos y colegas de distintas naciones.

Imagen: La Jiribilla

Antes de comenzar nuestro diálogo, me guía hacia uno de sus libreros para mostrarme un conjunto de álbumes guardados cuidadosamente: “Aquí voy pegando a diario los recortes de todo lo que publica la prensa periódica en Cuba sobre música”.

Luego, cuando le explico que vamos a conversar sobre la música popular cubana, apenas espera la interrogante y diserta sobre la danza y contradanza como antecedentes del primer gran género popular bailable: el danzón. Recorre el surgimiento de las orquestas y más adelante del danzonete, consecuencia del danzón; sigue los pasos del bolero y el son, de la trova tradicional, que se asomaba ya en los albores del siglo XX; rememora el nacimiento, a mediados de los años 20, de una música sinfónica que se nutre de los elementos africanos, y destaca la década del 40 como una época de oro dentro de la música cubana, con la presencia del movimiento feeling, innovador dentro de la cancionística, el chachachá, el mambo, de la mano de grupos, orquestas y conjuntos que continúan cultivando estos géneros hasta 1958.

“Cuando triunfa la revolución, lógicamente, las transformaciones sociales generan, a su vez, cambios en todo el modo de vida de la sociedad en su conjunto. Comienzan a verse cosas nuevas, sobre todo en la cancionística. Para los años 65 y 66 empieza a gestarse la nueva trova entre un grupo de jóvenes; en esa época estaba muy fuerte la orquesta Revé con el changüí, pero luego Formell se separa de Revé y crea los Van Van, lo más trascendente en nuestra música después del 59, porque fueron los gestores del único género de la música popular cubana surgido luego del triunfo de la revolución: el songo. No se puede olvidar tampoco el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, Irakere, el boom charanguero con la orquesta Aragón, Pacho Alonso

“Todos esos movimientos van generando una música popular con una proyección diferente y una formación mucho más sólida por parte de los músicos desde el punto de vista técnico. Ya ellos sabían lo que estaban haciendo, no eran empíricos, como sucedía antes.  

“Otro elemento muy importante es que a pesar de haber tantos, cuando los escuchabas tú sabías quién era quién, porque cada uno tenía su personalidad sonora y algo que lo caracterizaba. Se identificaba fácilmente cuando tocaba Aragón, Enrique Jorrín, la Ritmo Oriental, la charanga de Elio Revé…

“Los primeros egresados de la Escuela de Música en Cubanacán, a finales de los 70, fueron una enorme inyección para la música popular: Adalberto Álvarez, José Luis Cortés, Beatriz Márquez, Joaquinito Betancourt, Enriquito Pla, todos salieron con una formación técnica y cultural muy sólida, con deseos de hacer, y con talento para hacerlo sobre todo, eran creadores. No has resuelto nada si posees la técnica y careces de la capacidad creativa.

“Igualmente, surgen una serie de figuras en la nueva trova, que se mantiene hoy y cada generación va forjando la obra que necesita. Hay nombres que no pueden faltar como Santiaguito Feliú, un gran trovador con mayúscula que no tuvo todo el reconociendo que merecía, Carlos Varela y Gerardo Alfonso, que hicieron un gran cambio en la trova. Ahora tenemos a Kelvis Ochoa, que no sé hasta qué punto está consciente del buen músico que es”.

Muchos de los nombres que ha mencionado se mantienen activos y aún son capaces de movilizar una cantidad considerable de público. Sin embargo, en los últimos años han emergido otras agrupaciones dentro del panorama musical cubano. ¿Cómo valora la música popular que se produce actualmente en nuestro país?

La música popular cubana se distingue por su forma de manejar la percusión, es lo que más ha impactado siempre. Instrumentos como la tumbadora y el bongó se han extendido al mundo entero como elementos transformadores.

Hoy la música popular cubana se caracteriza por una tendencia, que es el empobrecimiento del texto. En raras excepciones encuentras un texto que valga la pena. Buscan que el estribillo prime y, efectivamente, en la música popular el estribillo es muy importante porque es lo que mueve, es el gancho que tiene el grupo para el bailador. Pero si escuchas la obra de Adalberto, junto al estribillo hay todo un sentido de la letra, y lo mismo sucede con Formell. “Bacalao con pan”, de Chucho Valdés, aparentemente puede parecer una bobería, pero no, detrás hay todo un tratado de música popular bailable.

Ahora han surgido muchas otras agrupaciones, pero el defecto que tienen, a mi juicio, es que todas se parecen, no hay un sonido característico de esta o aquella. ¿Qué pasa con estos músicos más jóvenes? Pienso que hay demasiado facilismo: hacen el estribillo pegajoso, tienen una forma de moverse acorde con la de los muchachos y entonces la gente los sigue. Creo que el bailador actual se mueve más por los movimientos de los grupos que por la propia música. Eso no sucedía antes, porque los artistas no se movían tanto en el escenario y era solo la música la que motivaba al bailador.

Entonces, los músicos debieran preocuparse por hacer más música para incentivar al baile y no estar constantemente instigando con “la manito arriba”, “una palmadita”, y todas esas cosas para un poco obligar a la gente. Eso tiene que ser espontáneo, como fue siempre.

Escucha la música de José Luis Cortés, donde hay un nivel altísimo de elaboración, porque existe un buen estribillo acompañado de una buena letra. Formell, Adalberto, son músicos que tienen sellos y particularidades. Eso nos está faltando ahora.

Además tenemos al grupo Síntesis, con más de 30 años de fundado y mantiene un sello que suena contemporáneo. El mérito de Síntesis es que ha conservado su estilo porque no se ha comercializado, y yo no le tengo miedo a la palabra comercializar, creo que una música puede ser comercial y buena, pero ellos son como un grupo estudio. X Alfonso es un excelente músico cuyo tronco es ese, pero su música, en gran medida, no tiene que ver con Síntesis.

Otro joven que pudiera lograr mucho más es David Blanco. Pienso que tiene grandes posibilidades para explotar sobre todo el nivel de convocatoria. Se puede convocar a partir de la vulgaridad, pero también a partir de un buen texto, con una buena melodía, un ritmo y sonoridad contemporáneos que motiven, y creo que David tiene mucho potencial en ese sentido. No lo veo así en otros muchos que son demasiado repetitivos y reiterativos. Eso es en cuanto a lo bailable. Con respecto a la canción, Raúl Torres es otro talento capaz de evolucionar. Ahora está también Descemer Bueno, con propuestas de calidad, es inteligente, con preparación, y sin ser comercial sabe manejar el comercio.

La música popular cubana ha estado sujeta a disímiles influencias, tanto en el plano externo, como al interior de nuestra nación. Ello ha incidido, sin dudas, en las transformaciones que ha sufrido en los últimos tiempos. ¿Qué opinión le merece este fenómeno?

Hay influencias y hay imitaciones. Las influencias son necesarias porque enriquecen, el problema está en lo que tomas de lo que escuchas y cómo lo reelaboras. Lo que prima es la imitación y el estribillo fácil, por eso las letras no logran que el público cante espontáneamente como sucedía con Silvio, Pablo y otros.

Ahora han surgido nuevos ritmos. Yo nunca le tengo miedo a las cosas nuevas porque cada generación tiene que hacer obligatoriamente su música. De aquí a 20 años la música va ser distinta también, es lo normal. Ahora, pienso que a esta generación hay que enseñarle la tradición y la historia de la música que hacen, para que sepan que son resultado de un proceso histórico.

Ni el reggaetón ni el rap me causan dolor de cabeza, porque son fenómenos que reflejan el momento de la sociedad. Los jóvenes van a ser siempre muy críticos de la sociedad en que viven, de sus carencias y necesidades. Históricamente ha pasado lo mismo con los nuevos ritmos que nacen. Cuando surgió el danzón se decía que era amoral porque se bailaba muy apretado, pasó lo mismo con la lambada brasileña. En este sentido, tenemos que ser un poco más abiertos y menos intolerantes, y acercarnos a los jóvenes. Estos procesos requieren estudios, debemos ser lo suficientemente sabios para entenderlos en toda su magnitud, fundamentalmente artística, y no buscarle la arista política a lo que no lo tiene.

Algunas agrupaciones y solistas de cuestionable calidad han alcanzado cierta jerarquía dentro del panorama musical cubano contemporáneo. En contraposición, existen otros con altos valores creativos y artísticos que se encuentran prácticamente invisibilizados.  ¿Cuáles son las causas que han originado esta problemática?

Yo no diría que han alcanzado jerarquía, diría que han sido ayudados por la promoción que les han hecho o la que ellos se han agenciado por su cuenta, porque también aquí prima mucho eso. Una cosa es ser famoso, otra popular y otra importante. En esta generación no hay tantos que puedan ser considerados importantes, aunque son muchos los populares que se creen muy importantes, pero no lo son y van a pasar. De hecho, hay algunos que fueron muy populares y ya pasaron, y otros que ya están pasando.

Uno de los problemas que tiene la música cubana actualmente es la falta de jerarquización. ¿Quién jerarquiza? Los medios de comunicación y las instituciones que dirigen la música en todos los niveles. Ahora todo el mundo quiere ser cantante, tener un disco, viajar y eso no es así. Cualquiera no puede ser concertista ni solista. Los medios aquí no pueden obrar como en el capitalismo, donde funcionan con la ley del mercado y lo que les interesa es imponer un artista y para eso le inventan una historia y una imagen. Es una norma de ese sistema a la cual no tenemos por qué recurrir. Nosotros debemos funcionar a nombre de la cultura; aquí hay muchos músicos muy buenos que podrían estar en el hit parade.

Chucho, Formell, Adalberto, José Luis Cortés, Carlos Varela, Gerardo Alfonso, Roberto Fonseca, son gigantes, sean populares o no. Esas cosas deben saberlas quienes dirigen las instituciones de música y los medios de comunicación, porque los medios imponen. Existe un dicho por ahí que dice: “si no sales por la televisión, no existes”. Eso no es necesario, porque si usted tiene una obra grande, esta queda cuando usted muera. Leo Brower no se ve todos los días en la televisión y es el músico más grande de este país, lo mencionen o no. Esos de los que hablan mucho, un mes después de muertos ya todo el mundo los olvidó, porque fueron solo obra y gracia de una promoción. Cuando se produjo el boom de la salsa, muchos fueron populares, pero no todos trascendieron. Figuras como Chucho y Formell, por ejemplo, van a quedar siempre.

En este contexto, ¿cuál es el rol del sello discográfico EGREM para equilibrar la producción de la música popular?

Hoy día la EGREM, Colibrí o Bis Music no pueden obrar ciento por ciento como fenómeno cultural, porque ya las regalías se van acabando y ellos tienen que obtener dinero para poder trabajar. De ahí que en determinado momento la EGREM busque un producto que le resulte en ganancia porque debe operar con los recursos que sea capaz de generar. En ese sentido, tiene que equilibrar las propuestas trascendentales dentro de la música cubana con las que se venden en el mercado.

La inteligencia está en combinar ambos elementos y nunca caer en el vacío de la banalidad, porque una cosa es lo popular y otra es lo banal. Los que tienen en sus manos esta responsabilidad deben contar con la suficiente flexibilidad, sopesar, equilibrar y estar muy conscientes de sus funciones, así como tratar de conocer lo más posible el medio en el cual trabajan.

La EGREM debe realizar un estudio de inversión y explorar el mercado exterior para saber qué está sucediendo más allá de nuestras fronteras y así poder proyectarse desde dentro hacia afuera. Creo que se ha obrado de forma inteligente, porque Colibrí no nació por gusto, sino para darle un respiro a la EGREM y cubrir otras necesidades.

A su juicio, ¿qué retos enfrenta actualmente la música popular cubana?

Pienso que no se ha estado utilizando debidamente el capital humano. Graduamos musicólogos año tras año y están en las instituciones y nadie les consulta ni pregunta nada. Hay que hacer un uso más inteligente y racional de esa capacidad instalada ahí.

Por otra parte, los periodistas que trabajan en los medios no son musicólogos ni investigadores. Para juzgar tienes que conocer y muchas veces se emiten juicios sin un aparato crítico que los avale. Muchos hablan de oído: oyen y repiten, quieren hacerse los técnicos y manejan términos de forma incorrecta cuyo significado desconocen.

Otro reto importantísimo es la necesaria decantación de los músicos; así germinarán las flores que tienen las condiciones para crecer. La voz, la dicción, el carisma, son una serie de elementos que debe tener en cuenta el encargado de promover. Entonces, un desafío es buscar que los promotores sean realmente personas conocedoras.

Hay un problema muy grave: no tenemos repertoristas y el repertorista es quien hace al cantante. Ya Luis Carbonell está muy viejo, se murió Isolina Carrillo, Facundo Olivera se fue del país, Guzmán murió, Enriqueta Almanza, todos ellos eran grandes repertoristas. Hay cantantes hoy que tienen condiciones y se fuerzan a interpretar todo tipo de género, el que le pega y el que no. Antes tres artistas podían cantar la misma canción y cuando los escuchabas eran tres versiones diferentes, porque el repertorista los llevaba a interpretar esa obra según su temperamento. Entonces, todas esas cosas nos faltan, por tanto, hay que formar repertoristas. Pueden utilizarse los artistas del ISA, y si se emplea a alguien que no provenga de allí debe ser una persona con suficiente sensibilidad, conocimiento y sentido común.  

Hay que evadir la rutina y quitarse el miedo de decir las cosas, pues todo eso mata la creación. Debemos solucionar todas estas problemáticas si queremos que la música cubana sea otra cosa, para que prevalezca dentro de lo bueno, lo mejor. Hay que huir también de la chabacanería, cuando colocas a cada cual en su lugar la vulgaridad se va. ¿Por qué tiene que prevalecer la vulgaridad, por qué la promovemos, por qué la mantenemos si nosotros tenemos artistas de gran calidad que no hacen eso?

La sociedad ha cambiado, pero la mentalidad de mucha gente está todavía en los años 60. No se puede ir para atrás, hay que mirar hacia adelante y la forma de hacerlo es estudiando, preparándose y trabajando en colectivo. No hay por qué temer a que un grupo de gente piense además del jefe. Debemos debatir, entre más debatamos y más profundos seamos en los debates, más podrá mejorar la música cubana. Hay que recoger y analizar los diversos criterios, escuchar a todo el mundo con disciplina, atención y respeto. Formell hace eso, escucha a sus músicos, y luego surgen arreglos de otros componentes del grupo.

También hay que estudiar a fondo la música cubana. No existe un manual de historia de la música cubana. Yo escribí un librito sobre la música popular que se publicó hace poco, pero esa no es la historia, es solo una introducción a la temática para el neófito. Es necesario escribir una historia de la música cubana con todas las de la ley. Critican mi diccionario, pero tienen que ir a él, porque no hay otro. Por eso no me desgasto discutiendo, siempre digo: haz uno mejor. Esa es mi filosofía: hacer.

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