20 años del Ejército Zapatista de Liberación Nacional:

Construir un mundo desde abajo y a la izquierda

Paula Companioni • La Habana, Cuba
Fotos de Internet
“Del color de la tierra es el color del ahora y del mañana…”
Subcomandante Marcos, Congreso Nacional Indígena en Michoacán, 3 de marzo de 2001.

 

Hay algunos días que tienen personalidad. Parecen destinados en el almanaque a conjurar las estrellas para que a lo largo de la historia sus sucesos sean similares. Así está el 11 de septiembre, que parece ser un día con aura de muerte. Pero a este día con guadaña incluida la historia le ha contrapuesto otro con una espada revolucionaria. Cada cierto período de tiempo los días sincronizan un alzamiento y el 1ero de enero —día que trae renovaciones— es el elegido para que triunfe o comience una revolución: la haitiana en 1804, la cubana en 1959 y la del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994.

Imagen: La Jiribilla

Los días de los primeros años de la década de 1990 le habían dado a México el proceso de instauración de un tratado de “irreciprocidad” comercial con EE.UU. y Canadá. El Tratado de Libre Comercio (TLC) fue la solución más conveniente que encontró el gobierno mexicano (orientado por sus vecinos de más arriba) para solucionar, entre otros asuntos sociales, la aguda crisis que desde 1988 venía padeciendo el campo de esa nación.

Pero la población indígena más oprimida de Chiapas se alzó en contra de la explotación de la tierra. A través de las Declaraciones de la Selva Lacandona, los que empezarían a conocerse como “zapatistas”, declaraban que la tierra es mucho más que el concepto simple del diccionario occidental, porque nos incluye a todos los habitantes del planeta como parte suya y a la vez a la tierra como parte de nosotros mismos.

El levantamiento de San Cristóbal de las Casas el 1ero de enero de 1994 era el comienzo del enfrentamiento armado entre las tropas insurgentes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el ejército institucional del gobierno de facto. Los indígenas chiapanecos exigen derechos de tierra, techo, trabajo, alimentación, salud, educación, cultura, independencia, democracia, libertad, justicia y paz; y empiezan un camino para la construcción de la vida digna en una sociedad que respete la diversidad de pensamiento y la pluralidad.

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La revolución indígena marcó un hito en la historia de Nuestra América. Con banderas de democracia, libertad y justicia para todos los mexicanos comenzó las protestas contra el Neoliberalismo en la última década del siglo XX. Este día entonces hizo que todos los ojos del mundo miraran a unos sujetos que siempre habían estado ahí: los pueblos originarios de este continente y que habían sido relegados en su propia tierra. Los zapatistas nos enseñaban que su mirada y escucha silenciosa nos daba la perspectiva de un mundo mejor: desde abajo y a la izquierda.

El 1ero de enero del 2014 se ha cumplido 20 años del levantamiento zapatista. Ellos no se han quedado quietos, sino que hoy también tienen nuevas propuestas a las que María De Los Ángeles Eraña, Doctora en Filosofía de la Ciencia por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y coordinadora del Programa de Maestría y Doctorado en Filosofía en ese mismo centro, nos puede acercar.

Desafortunadamente en Cuba el Zapatismo es más conocido por la rebelión y no por su planteamiento de una nueva cosmovisión, ¿puede contarnos cómo es esta?

Voy a hablar desde la mirada de alguien que lo ve desde afuera. Soy simpatizante del Zapatismo, siempre lo he sido, pero no soy zapatista. Los de afuera de los Caracoles(1) estamos formados con cosmovisiones muy occidentales, por lo que los entendemos a partir de lo que dicen. Y mucho de lo que dicen es a través de su principal portavoz, el Subcomandante Marcos.

Todo su planteamiento se desprende de Los siete principios zapatistas: 1- Servir y no servirse, 2- Representar y no suplantar, 3- Construir y no destruir, 4- Obedecer y no mandar, 5- Proponer y no imponer, 6- Convencer y no vencer, 7- Bajar y no subir.Todos estos principios subvierten mucho el orden en el que comúnmente se relacionan las personas. Al mismo tiempo que sus lógicas son esa idea de que somos el uno y su contrario y no nos podemos separar.

Dentro de ellos está el principio fundamental de esta rebelión: mandar obedeciendo, porque el que manda, en realidad, obedece al pueblo. Su idea de gobierno es que el pueblo manda y obedece al mismo tiempo porque nombra a los miembros de las Juntas del Buen Gobierno(2), que también mandan y obedecen a la vez. Por esto son el uno y su contrario.

Imagen: La Jiribilla

Asimismo, ellos irrumpen con la propuesta de una unidad con la tierra, con los objetos, con los árboles, con las cosechas… no para que los usemos, sino que esas cosas son parte de lo que somos. Trabajar la tierra no puede significar de ninguna manera explotarla y, en ese sentido, hay una vertiente del cuidado de la tierra en su propuesta. Porque no se trata de cuidar únicamente y por separado a la tierra, sino de cuidarnos a nosotros mismos a través del cuidado de la tierra.

Entonces, la cosmovisión de los zapatistases el repensar nuestra relación no solo con los otros sino también con lo otro, con todo lo que nos rodea.

A finales del año 2012, principios del 2013, los miembros de las comunidades zapatistas se reunieron para analizarse y ver lo que hasta entonces habían hecho. De esta reunión salieron nuevas declaraciones en las que pueden encontrarse nuevas propuestas de cambio.

Ellos continuamente nos invitan a cambiarlo todo. Últimamente en los comunicados empieza a surgir la idea de que “tenemos que hablar de nosotros, de los colectivos”. Esa es una idea que ha estado siempre presente versus la manera individualista de pensar y de que los individuos son los que logran sus conquistas.

No podemos hacer lecturas de la historia con héroes individuales, porque los héroes somos todos en conjunto o en colectividades, es el pueblo. Una de las cosas de las que empiezan a hablar mucho es del “tú” y de cómo logramos identificar no solo al “nosotros” sino también al “tú”, a esa otra persona individual. Esto, en parte, es la idea de que cuando uno se inserta en un movimiento social y tiene la intención de modificar y cambiar el mundo, todo parte de una pregunta muy íntima que tiene que ver con por qué estoy aquí o para qué estoy en la lucha.

Marcos insinúa que de las respuestas que uno vaya dando a esas preguntas es que uno va tejiendo el entramado con otros “tú”. La idea es que nos reconozcamos como “nosotros en colectividad” pero que también reconozcamos al otro como individuo con una intimidad a partir de la cual su compromiso se hace posible y se solidifica.

A los que no estamos allá adentro nos invitan a repensar esas preguntas y con quién vamos a responderlas. Es una idea de ver contra quién vamos a luchar y junto a quién vamos a hacerlo. Y vernos como “nosotros” pero también como quién eres “tú”. La idea, una vez más, es que no hay yo sin nosotros.

Ahora también están enfocados en la interacción con los que venimos de afuera, con las personas que estamos defendiendo el Zapatismo. Aunque sus voceros siguen siendo los comandantes Marcos y Moisés, cuando uno va a los Caracoles la interacción que encuentra es con todos los miembros de la colectividad.

Para ver lo que está pasando más hacia adentro del movimiento zapatista existe la escuelita. En esta nos abren las puertas de sus casas y lo que uno mira allí es muy interesante.

Empecé a ir a esas comunidades en el 94 con la Caravana Mexicana Para Todos Todo. Al principio empezamos a llevar acopio y después nos concentramos en hacer talleres (luego desapareció la Caravana porque perdió todo su sentido y solo volvimos en algunas de las iniciativas que han organizado). Pero a lo largo del tiempo nos ha tocado ver cómo han ido cambiando y fortaleciéndose las comunidades.

Imagen: La Jiribilla

No es que tengan más bienes materiales. Pero, por ejemplo, se mira a las mujeres mucho más fuertes, con mucha más capacidad de interactuar. Antes siempre andaban de falda. Ahora no; juegan al basquetbol, tienen sus uniformes con short y pantalones largos… Mirar la transformación de las mujeres a mí me dejó muy impresionada porque es ver cómo ellas se van sintiendo orgullosas de estar ahí y de ser lo que son.

La educación autónoma que ellos han generado demuestra otro punto de cambio. Los libros que hicieron para su escuelita son el resultado de un debate entre los distintos Caracoles para ver cómo y hacia dónde van. No son estos los libros que usan otras escuelas, pues los niños estudian la historia de México pero también la historia del Zapatismo —cómo surgen, para qué, quienes son y por qué luchan—. En ellos dejan claro que de lo que se trata es de seguir caminando.

Han desarrollado la alimentación con todo un proyecto de agroecología a través de las milpas(3), en las que existe un sistema de cuidado de la tierra que les está dando muy buenos resultados y a través del cual están desarrollando conocimiento. No solo reproducen modelos de la cultura occidental y del sistema capitalista sino que están inventando sus propios modelos.

Cuando ellos se levantan en el 94 tenían 13 demandas, y las más básicas eran salud, techo, educación, paz, democracia, justicia. Cuando uno va ahora se da cuenta de que el énfasis ahora está puesto en las comunidades, en tener un buen sistema de educación y de salud. No solo es suficiente tenerlo sino que debe ser bueno. Para mí las transformaciones de estos años tienen que ver con cómo ellos se posicionan y cómo definen las bases de apoyo. Todo tiene que ver con cómo ellos se paran ahora y están muy ciertos de que hacen algo correcto.

El Zapatismo invita a construir cosmovisiones no capitalistas en lo cotidiano y, para compartir sus experiencias, han creado una Escuelita, ¿cómo funciona?

Es una iniciativa que ellos lanzan el año pasado (2013). La primera vez que se llevó a cabo fue en agosto. Es una experiencia que se ha repetido en diciembre y enero pasados. Están en lo que ellos llaman “la primera ronda”. Cuando uno llega a la Escuelita le ponen un guardián. Ese guardián tiene la responsabilidad de ayudarnos en nuestra torpeza, porque no sabemos caminar en el monte o muchas de sus dinámicas y ellos te acompañan en todo este proceso. Ahí tienes un aprendizaje de muchos tipos.

Ellos te invitan a asistir y te dan sus libros. Hablan de cómo se han ido organizando, cómo formaron los Caracoles, las Juntas de Buen Gobierno, cómo han ido tomando decisiones, cómo van a administrar los bienes, cómo organizar el ganado o las milpas comunes y qué van a hacer con los productos de ahí, y cómo se van a organizar para trabajar. No son libros de texto sino una reflexión sobre el proceso de organización y resistencia que han tenido. Todo sale de una discusión Caracoles se sentaron a discutir entre ellos y ver qué habían hecho bien, qué habían hecho mal, y para aprender cómo estaban haciendo las cosas.

Además de tener un guardián te insertas en una familia de allá, de la que formas parte por una semana. En las mañanas participamos en el trabajo que ellos hacen todos los días. Te muestran los modos de vida y puedes ver cómo el planteamiento social y político de ellos está impregnado en su quehacer cotidiano.

Imagen: La Jiribilla

Para mí uno de los más grandes aprendizajes fue escuchar y mirar a los demás: en la milpa colectiva todos van trabajando la tierra de la comunidad. En ese trabajo nos poníamos en una hilera e íbamos al mismo tiempo, porque si alguien se adelantaba podía ser golpeado con la herramienta. Nos teníamos que detener si íbamos caminando y alguien se paraba a descansar. Eso es impresionante porque es una muestra muy visual de organización. Para ellos es claro que si alguien se detiene todos nos vamos a detener. No es que haya una voz de mando, no es que alguien de pronto grite “deténganse”, ellos solo se van mirando y escuchando entre sí y eso es muy bonito: ver cómo se ven todo el tiempo, que es algo que nosotros no sabemos hacer.

En las tardes lo que hacíamos era sentarnos a discutir los libros con el guardián. Leíamos y formulábamos todas las preguntas. Porque la Escuelita es algo que plantea muchas cosas de fondo como qué es educación, lo cual no es algo que necesariamente tiene que ir de arriba para abajo con un instructor que te enseñe, sino más bien que tenemos que compartir saberes.

Su idea básica es que no tienes un instructor que te dice cómo pensar la vida, sino que te acompaña en un proceso de aprendizaje muy entretejido entre sentarte a leer y hacer un poco de teoría y ponerte a trabajar para ver los frutos. Esa mezcla de hacer y pensar te parece indisoluble una vez que estás ahí.

Y, por supuesto, esto también es una posición política clara pero sin que te estén tirando línea, no te están diciendo tienes que ir a un lugar y hacer esto que están viendo aquí, porque además ellos saben que no es la forma. Es muy interesante ver cómo se articula todo en el hacer.

Además conoces a gente del resto del mundo y es la manera en que podemos empezar a tejer puentes entre nosotros. Lo principal es encontrarte como individuo perteneciente a una colectividad y empezar a construir cosas en común. Cuando sales, dices: “ya que estamos aquí, qué sigue, cómo nos miramos”. Ellos nos invitaban a mirar. Nos toca ahora definir qué mundo queremos mirar.

Los Zapatistas, como proyecto de una nueva realidad, proponen desde su surgimiento el “organizarse desde abajo”.  Esta es su manera de organizarse cual movimiento y hoy el EZLN es un ejemplo de organización social, ¿cómo el resto de México asume la propuesta Zapatista?

En los libros que han creado para su Escuelita te hablan de cómo ha sido su tránsito para organizarse desde abajo.

Como movimiento social me parecen que son “la lucecita” para el resto de México. Cuando hablamos “desde abajo” quiere decir que debemos mirar nuestro entorno inmediato para descifrar qué se necesita y qué hay ahí. Los que estamos abajo tenemos que organizarnos: la gente común y corriente, sin pedir ayuda ni de los partidos ni de los dirigentes, sin pensar que necesariamente tiene que haber un líder.

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Son cinco Caracoles, y cada uno tiene que ver con una zona específica de dominio zapatista. El cómo se han organizado tiene que ver con la gente, con las comunidades y con lo que necesitan o lo que tienen. En las zonas en las que hay ganado, parte de la organización general como comunidad tiene que ver con si le sacan leche o si venden la carne. Ellos se organizan a través de cooperativas. Aunque las particularidades varían en dependencia de la región, la idea básica es partir de ver qué hay y qué se necesita como base para empezarse a juntarse. Esa es una enseñanza que se puede generalizar.

Ellos nos enseñan a mirar nuestras necesidades, capacidades y a trabajar compartiendo. Un tema central es lo que llaman “la compartición”: compartir saberes, capacidades, ideas y modos de hacer. El EZLN ha demostrado que haciendo es cómo se organiza uno. No se trata de sentarse a pensar qué hacemos, sino que es empezar a hacer y sobre esa base ir viendo hacia dónde nos movemos.

Su dimensión cultural nos ha hecho patentes a los mexicanos toda una cosmovisión que a veces no mirábamos: la manera de pensar de los pueblos indios mayas. Y eso es el eje de su planteamiento político y social y lo que permite ponerle un tinte propio a sus propuestas, porque nacen de una forma de vivir histórica y ancestral. Nadie más ha vivido de ese modo.

Como movimiento político tienen demandas muy claras, a las que muchos nos hemos sumado como el anticapitalismo. Pero no puede desprenderse su mirada política de la dimensión social que tienen.Cuando uno habla de un movimiento político cuyo punto de partida es la organización pues eso es un movimiento social, porque se trata de organizar a la sociedad para que ciertas demandas se vean satisfechas. No es interpelando al poderoso sino a nuestros pares que vamos a poder trabajar.

Nuestra tarea ahorita es comprender, aprender y hacer lo que proponen en nuestros contextos. Tampoco podemos pretender descontextualizar sus realidades y llevarlas a las nuestras. Lo que tenemos que hacer es ver cuáles son las lecciones generales para que podamos aplicarlas.

Hay tres palabras que se van repitiendo a lo largo de los libros de la Escuelita: luchar-resistir-organizar; y uno de los caminos que enfoca esa tríada es la construcción de puentes entre ellos mismos y con el resto de las sociedades, ¿cómo lograrlo sin perder su autonomía?

Aunque su última lucha comenzó en 1994, lo cierto es que ellos han resistido por más de 500 años. Su mundo no ha cabido en nuestro mundo, ha sido negado, desaparecido, invisibilizado. Cuando hablan de luchar-resistir-organizar ellos plantean la idea de que no han querido ser colonizados en sus mentes y sus corazones.

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Si uno lo piensa de otra manera, la resistencia tiene una parte de negación pero también tiene una parte de aceptación. La parte positiva es que si uno resiste, permanece siendo lo que siempre ha sido. Es decir “no vamos a perder nuestra identidad porque creemos que en ella hay algo valioso”. Quieren mantener su identidad y muchas de sus costumbres como pueblos indígenas pero, y sobre todo, su cosmovisión. La resistencia es mantener eso que eres y que forma una parte importante de lo que quieres ser. Pero no significa que no quieran formar parte del mundo. Por el contrario, quieren estar en el mundo pero a su manera.

Luchar para seguir siendo lo que quieres ser. En el caso de ellos la lucha está en todo su proceso organizativo. Y también tiene que ver con la confrontación: es necesario parar al otro y decirle “no me vas a hacer que actúe como tú, no me vas a hacer que sea lo que tú quieres”. Es algo como estar atrincherado con uno mismo, y la lucha tiene que ver con la confrontación y la defensa de eso.

Luego viene la organización: ¿cómo hacemos que esto que es valioso tenga su lugar en el mundo? No se trata de no aceptar enseñanzas de otros lados. Ellos sí están abiertos a apropiarse de otras formas de pensarnos en conjunto pero sin dejar de ser lo que son, porque eso es algo que ellos valoran. Se organizan para hacer de este un mundo donde quepan muchos.

Aunque al Sudeste de México se vive mucha lucha-resistencia-organización, que en estos 20 años se ha trasladado a muchas partes del mundo, al Norte del mapa de su nación sigue existiendo otra realidad. ¿Cuánto del proceso Zapatista está en el México de las calles, del metro, y cuánto más falta?

Soy una romántica optimista perdida, por lo que creo que lo vamos a lograr. Pero si nuestra preocupación es esa realidad de política “de arriba”, va a ser mucho más difícil. Lo que tiene que preocuparnos es nuestra realidad “de abajo” y la organización entre los de abajo —nuestros pares—. Debemos olvidarnos, por lo menos por un tiempo en el que logremos organizarnos y estructurarnos, de muchas de las políticas que se están dictando arriba y pasar a ocuparnos de nosotros.

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Eso va a llevar tiempo porque nos falta muchísimo. En las ciudades la depredación es tremenda, tanta que se está viendo la destrucción del tejido social y una crisis de las instituciones. Una vez que las instituciones entran en crisis ¿qué nos queda?: el tejido social. Pero también está destrozado y no solo porque las instituciones y organizaciones lo han penetrado mucho (al punto de que en México se dice que todos tenemos un primo narcotraficante). Lo que preocupa es la desconfianza que se ha creado entre la sociedad misma.

Si tienes crisis institucional y luego tienes rompimiento del tejido social, eso da un vacío. Es ahí donde tenemos que empezar a bregar despacito. Tenemos primero que mirarnos, descubrir qué es lo que hay y qué es lo que necesitamos para, sobre la base de eso, empezar a organizarnos. Sí, falta mucho pero vamos



1- Caracoles Zapatistas: A raíz del levantamiento armado del 1ero de enero de 1994, el EZLN declara la creación de 32 municipios autónomos en el Estado de Chiapas, México. En el mismo año, nace en Guadalupe el primer Aguascalientes, que serían el nombramiento del territorio zapatista, luego transformado en Caracoles. Estos son los espacios de encuentro entre la sociedad civil y los zapatistas. En ellos se realizan eventos internacionales, albergan reuniones, caravanas, capacitaciones para promotores de educación y salud y otros proyectos importantes como es ESRAZ (Escuela Secundaria Rebelde Autónoma Zapatista).
 
2- Juntas de Buen Gobierno: El 8 de agosto nacieron, junto con los Caracoles, las Juntas de Buen Gobierno, en oposición al mal gobierno (hay una por cada Caracol). Estas están formadas por representantes elegidos por mujeres, hombres, niños y niñas de todas las comunidades zapatistas. De cara a las comunidades tienen tres funciones fundamentales: un proceso de regionalización para fortalecer su unión, llegar a un nivel organizativo para desarrollar proyectos como las cooperativas de mujeres y es una burla de los indígenas al incumplimiento por parte del gobierno de los Acuerdos de San Andrés. Es la respuesta del EZLN para seguir construyendo autonomía hacia adentro pero también hacia afuera, hacia el mundo, impulsando y fortaleciendo el autogobierno y la autogestión y creando un nuevo mapa jurídico en el entorno mexicano. Otra de sus labores es intentar compensar las diferencias en el nivel de desarrollo de las distintas zonas zapatistas. Se trata de que decidan las comunidades qué proyectos de pueden llevar a cabo y cuáles no, distribuyendo los recursos según las necesidades de las zonas y del momento. El establecimiento de estas sirvió para crear “un mundo donde quepan muchos mundos”.
 
3- Milpa: en el glosario de los zapatistas es una pequeña fracción de terreno donde cultivan, sobre todo, el maíz.

 

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