Alcanzar el patrimonio musical cubano

Convocados por los 50 años de la EGREM que celebró por estos días su jornada en el Coloquio Internacional de Musicología de Casa de las Américas, participábamos de algunos debates sobre el posicionamiento y desarrollo del canon en la música. Intercambios que resultaron ser interesantes si asumimos como canon aquellos paradigmas que se establecen como eslabones que solidifican, sostienen y a los que debe tributar en alguna medida los niveles de “trascendencia” en el terreno del pensamiento creativo. Cuestiones mucho más amplias y complejas acompañan a este tema —que no interesa profundizar en estas líneas—, pero que sin dudas pudieran generar un debate también transportado hacia las páginas de esta revista cultural.

Imagen: La Jiribilla

A partir del trabajo que como jóvenes asumimos desde el ámbito de la cultura, dichos encuentros sirvieron para llegar a cuestionarnos: ¿cómo se erigen en nuestra contemporaneidad los niveles de jerarquización y posicionamiento de los jóvenes artistas que en la macro escena de la música popular cubana encauzan su discurso a partir de producciones fonográficas? ¿Cómo son asumidas por las audiencias y por el propio sistema estas propuestas de jóvenes músicos? ¿Qué tipo de negociación se establece dentro de la programación “intencionada” que rige la política cultural institucionalizada? Estas premisas sirven hoy, para aventurarnos a dialogar sobre uno de los fenómenos más controvertidos que se construye en la contemporaneidad cubana y reflexionar sobre algunos de sus matices esenciales.

Producciones, disqueras y algunas reflexiones necesarias…

Dejar plasmada una obra en soporte discográfico, puede ser el sueño de cualquiera de nuestros creadores e intérpretes. El desarrollo consecuente de las tecnologías para la grabación, ha socializado —en alguna medida— este procedimiento, si tenemos en cuenta el surgimiento de estudios que son respaldados por esfuerzos particulares. ¿Por qué entonces en el ámbito contemporáneo seguimos apostando por la producción de una casa disquera? ¿Serán las producciones independientes una elección personal o una alternativa a la exclusión industrial discográfica?

La producción de un fonograma con un sello cubano o extranjero, presupone un concepto de gestión, una estrategia comercial y un respaldo económico que sustenta la idea del producto. Asumiendo estas premisas, pertenecer al plan de producciones de la EGREM, Colibrí y Bis Music —por solo mencionar ejemplos dentro de la isla—condiciona un factor de legitimación social que se manifiesta desde un entorno interno —agentes que participan dentro del producto—, así como desde la estructura externa que incluye la audiencia general como consumidores. Este proceso de legitimación no necesariamente debe estar condicionado por la calidad de su propuesta. No obstante, las posibilidades económicas que proporcionan, tienen la función de respaldar los roles productivos.

Uno de los aspectos que definen los márgenes de inclusión o desestimación de propuestas dentro del campo discográfico, son los perfiles que han defendido estas entidades dentro de su catálogo. Aunque en la actualidad el proceso lleva márgenes extendidos, los conceptos de producción manejan este criterio de acuerdo con caracterizaciones técnico–estilísticas, donde se insertan políticas culturales como pueden ser el rescate y salvaguarda del patrimonio musical cubano. En este sentido, otra de las condicionantes está dada por el valor comercial que presenta un producto o sus posibilidades de rédito comercial a partir de estrategias de producción. De ahí que, como parte de nuestra música popular cubana, se encuentren zonas de creación con una reducida presencia en este campo como puede ser el hip-hop, donde solo llegan a grabarse producciones discográficas —de manera aislada y discontinua— con las figuras canonizadas del género. Por su parte, el comportamiento de la escena metalera está sujeto a las deficientes grabaciones si se busca una caracterización estilística consecuente con la imagen sonora.

El desarrollo de producciones alternativas, ha sido una de las estrategias asumidas por lo artistas a razón de encauzar la obra fonográfica en circuitos de difusión y promoción. Los resultados cada día alcanzan mayores niveles de calidad desde todos los roles de producción. Un ejemplo resulta la cuantiosa presencia de discos de esta naturaleza en el certamen Cubadisco, donde han resultado premiados en disímiles oportunidades. Pero cabría preguntarnos si necesariamente grabar la obra musical o audiovisual genera en nuestro contexto una coherente difusión del producto.

Difusión, posicionamiento y jerarquías promocionales…

La promoción del arte joven, específicamente encauzado desde la música popular, es uno de los terrenos más interesantes y polémicos que discursan en nuestro contexto contemporáneo. Partiendo de la plataforma que existe de los materiales y soportes para la promoción de la obra: ¿cómo se puede articular una estrategia consecuente en los diferentes medios de comunicación y no sufrir de desfases temporales que desarticulen las líneas de intención con los consumidores? Para visibilizar y validar un producto, el artista joven cubano intenta lanzar su obra por todos los medios posibles, sin tener muchas veces en cuenta un orden cronológico en relación con los materiales que posee. No todos los temas de un disco pueden ser promovidos de la misma forma, ni en todos los espacios. Un cuidadoso trabajo de difusión debe posicionar su producto de acuerdo con los circuitos que utiliza para ello. Colocar un producto dentro de la radio, la televisión, la prensa, las páginas culturales en internet o las redes sociales, no solo tiene que ir en busca de su reconocimiento público: la visibilidad debe estar respaldada por criterios de legitimación social. De ahí que, luego de un tiempo trascurrido, el producto está sólidamente colocado en los programas o secciones que el espectador asume como valiosos dentro de sus preferencias. Continuamente nos encontramos en la radio o la televisión la presencia de los jóvenes músicos enfocada desde una perspectiva que acentúa la promoción y no su legitimación para las audiencias que los perciben. ¿Cuántas veces hemos coincidido con jóvenes artistas que cierran espectáculos de alto valor estético o son colocados en sus momentos climáticos? ¿Con qué frecuencia escuchamos los temas de jóvenes creadores de música popular cubana en programas radiales de altos niveles de audiencia? E incluso, en esos que los escuchamos, ¿cuántas veces se encuentran en los tiempos de mayor ascenso dramatúrgico?

Imagen: La Jiribilla

No obstante, en los momentos actuales, los roles principales en la difusión han sido tomados por los artistas a raíz de una muchas veces ausente estrategia promocional eficaz, tanto en las casas discográficas como de las producciones alternativas. En ese caso se desarticula uno de los eslabones negociados institucionalmente. Abundantes son los fonogramas producidos y archivados en almacenes de los cuales poca o ninguna noticia hemos tenido. Por ende, los músicos emprendedores se hacen cargo de hacer circular su obra no solo desde la presentación en vivo, sino también desde la propia gestión promocional para consigo mismo.

Retos y necesidades de un joven músico…

Conquistar y dialogar con los espacios legitimados creemos serían dos de las premisas fundamentales de la creación joven dentro de la música popular cubana. Los mecanismos articulados para la música, demasiado burocratizados en ocasiones,  deberán flexibilizarse y atender la demanda cada vez más creciente de los jóvenes talentos, si atendemos el trabajo que llevan a cabo las escuelas cubanas de esta especialidad. Se trata de hacer más asequibles los procesos de confección y profesionalización de un proyecto, presentación y producción de un fonograma, así como la posterior difusión y comercialización del producto. Crear estrategias coherentes con los organismos a cargo de la promoción en Cuba es una necesidad inminente para la construcción de políticas culturales intencionadas que no excluyen la creación más joven y popular.

Otro desafío pende de la capacitación de los jóvenes creadores egresados de la enseñanza artística, donde prevalece la ausencia en los programas de estudio de asignaturas que aborden desde varias aristas la música popular cubana. De ahí la importancia de establecer vínculos de retroalimentación entre esos jóvenes, músicos profesionales e investigadores.

Imagen: La Jiribilla

El panorama ha sido agravado por el trabajo de algunos centros culturales y recreativos, que surgieron con la intención de articular locaciones especializadas dentro de un determinado circuito de creación, y han colocado la oferta musical de muchos de sus espacios en función de objetivos económicos. Ello ineludiblemente engarza con el fomento de propuestas pseudoculturales y de baja calidad. La fiscalización de este asunto estriba una vez más en nuestro verbo de suerte por estos días: “jerarquizar” y agregaríamos: “saber hacerlo”.

Como parte de la formulación de estrategias de promoción y difusión para las escenas musicales que hoy forman parte de nuestro panorama sonoro, instituciones se han abierto a catálogos que asumen valiosas propuestas —sobre un profundo conocimiento artístico—, sin embargo, la pregunta-problema que se pudiera poner en tensión es entonces, ¿qué es lo popular en la música cubana? Y Martín Barbero recurrirá —en  tiempos de hibridación cultural— a aportarnos las mismas claves: ni lo folclórico, ni lo masivo. Está claro que el entresijo ya no discute las construcciones identitarias en el discurso musical, sino que ha ocurrido un desplazamiento hacia la jerarquización, dentro del maremágnum de entradas musicales, de aquello que funciona como más ponderable. Derivado de esta realidad: ojo con los que definen lo popular en la música, o lo cubano en lo popular.

En suma, la cruzada fundamental que hoy debemos continuar librando desde las instituciones culturales —irrestrictamente—  tiene que estar encaminada a elevar el gusto musical de la población. Por tanto, atañe a los músicos, empresas disqueras, distribuidoras y difusoras de la música joven, garantizar cada segmento en la cadena de valor musical. Un proyecto, concebido para la difusión del mejor cultivo popular de todos los tiempos, entrevería la posibilidad de no solo preservar, sino también hacerles llegar lo mejor y más representativo en materia de creación musical a los cubanos todos.

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