Me dicen Cuba

Rolando Pérez Betancourt • La Habana, Cuba
Lunes, 24 de Marzo y 2014 (3:28 am)

Si bien es cierto que el arte no es la política, ni la política es el arte, la juntura de ambos —desde Platón y Aristóteles, hasta nuestros días— ha sido una verdad incuestionable.

Cualquier repaso somero a la historia de la filosofía, la política y las ideas estéticas prevalecientes en todas las épocas, demuestra que la fusión arte-política ha sido un reto constante del cual no se sale siempre bien parado, debido a que sus mundos de representación son diferentes.

Sobran ejemplos de buen arte concebido a partir de la política (Potemkim, Eisentein, 1925) y de mala política plasmada con relumbre artístico (parte de la obra de Leni Riefenstahl, la directora preferida de los nazis, cuya Olimpiada 1936 fue un acontecimiento, gracias al montaje creativo, los ángulos fotográficos y la cámara lenta).

Una transposición poética inadecuada puede convertir en ineficaz la mayor verdad política del mundo, y la política más absurda confundir a no pocos cuando se manipula ideológica y artísticamente, como es el caso del primer cine documental bélico realizado por franceses y norteamericanos con relación a Vietnam, a petición de los gobiernos de esos países (luego vendría el documental objetivo, hecho por verdaderos artistas, que pondría las cosas en su sitio).

Este martes 25, a las 8:30 p.m., tendrá lugar en el cine Chaplin la premiere del documental Me dicen Cuba, dirigido por Pablo Massip, cuya singularidad radica en que, queriendo vincularse a los cinco compañeros presos en los Estados Unidos por el simple delito de velarnos la tranquilidad del sueño, no los menciona a lo largo de sus cincuenta y dos minutos de metraje.

Y sin embargo, se intuye que en la esencia de lo que se ve y se escucha están ellos.

De los Cinco se han realizado nos pocos buenos documentales que van desde la explicación de los hechos y la manipulación del caso judicial por parte del gobierno de los Estados Unidos, hasta la solidaridad constante y las plasmaciones más humanas.

Cada documental, un nuevo reto que se las tiene que ver con los peligros de esa reiteración constante que, si bien funciona en la política y en la campaña internacional que debe continuar e intensificarse, ya en el terreno del arte ha de hilar fino para buscar lenguajes renovados y, a tono con la causa que se defiende, artísticamente convincentes.

¿Y que hace Pablo Massip y su equipo de realización en este documental auspiciado por el ICAIC?

Pues aprovecha que setenta importantes músicos e instrumentistas ejecutantes graban un disco en homenaje a los Cinco y pone a hablar a muchos de ellos acerca de temas universales, como la patria, la familia, la música, el amor, la amistad, el heroísmo, la paz, y otros asuntos tan humanos como recurrentes.

No son entrevistas periodísticas, sino conversaciones íntimas en las que los artistas se desnudan el alma como si estuvieran hablándole a la noche.

El resultado —junto a la fotografía, la música y el tono equilibradamente lírico prevaleciente en el documental— es una magnífica lección de sinceridad que, como aseguran muchos, es una de las cumbres a las que debe aspirar una buena obra de arte.

Fuente: Granma

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