Laíto

Josefina Ortega • La Habana, Cuba

El final del siglo XX —como dijo el amigo y cronista musical Rafael Lam— sorprendió a los cubanos con el renacer de los “viejos” soneros, como Compay Segundo, El Guayabero, la vieja trova santiaguera, el piquete de Afro Cuban All Star y Estanislao Sureda, Laíto.

El viejo bolero-son colombiano “Idilio” en la voz de este último,con sus ochenta y tantos años de andariega existencia, se colocó en la cima de la popularidad en todo el país y su videoclip fue reconocido en abril de 1998 con el Premio Lucas de la Música Bailable.

Imagen: La Jiribilla

El éxito de esta grabación —según el guitarrista matancero Senén Suárez — resultó algo mágico, todos en la Isla lo cantaban en las calles, hasta los niños lo tarareaban por todas partes.

De suceso musical lo catalogaron algunos, y tanto, que el propio sonero no tuvo reparos en reconocer: “¡Ahora es cuando tengo verdadera popularidad!”, afirmación que para algunos, —en su mayoría veteranos como él— no era totalmente cierta, pues en sus días de juventud los aplausos jamás le fueron esquivos y sus discos en la época de las victrolas alcanzaron una enorme notoriedad.

Pero al final del siglo XX los más nuevos se preguntaban inquietos, ¿quién es este “galán otoñal”, hasta ahora olvidado, que vestido a la usanza de los años 40, vuelve por sus fueros a estremecer el panorama musical cubano con algunos de los boleros, sones, montunos y guarachas que interpretó con éxito en su juventud?

Nacido el 7 de mayo de 1914, en La Juanita, uno de los barrios más populares  de Cienfuegos, Estanislao Sureda, Laíto, resultó uno de los más grandes soneros de Cuba. Su infancia fue muy difícil. Con diez hermanos conoció la miseria más terrible.

Senén Suárez, quien bien lo conoció, afirmaba que como consecuencia de su precaria niñez y juventud, Laíto creó un mecanismo de autodefensa que en muchas ocasiones dañó su imagen.

“Para compensar el hambre —recordaba Laíto— me entregaba al canto, que era lo mío; mi madre me apoyaba mucho. Dejé la escuela para hacer lo que quería y sobrevivir. Uno casi siempre empieza por la emisora local, para difundirse, eso fue en la CMHJ y ya con 25 años cantaba con todo tipo de grupos porque siempre fui muy inquieto y me movía de un lugar a otro”.

Un día de 1944 el guajirito cargado de ilusiones y resuelto a triunfar, decide probar suerte en la capital. “Pero aquí en La Habana, la comida no era fácil, imagínate como andaban las cosas, que el paisano Benny Moré tenía que pasar el cepillo, con eso te lo digo todo. Ya eran estrellas Nelo Sosa, Miguelito Valdés, Antonio Machín, Panchito Riset, voces que yo admiraba mucho”.

Con todo, pese a las adversidades —indudablemente Laíto nació tocado por la buena estrella, como afirma René Espí—, con bastante rapidez el cantante cienfueguero logra acceder a “ese increíble ambiente musical citadino, pleno de sitios de afluencia pública, donde se baila hasta el amanecer”.

Imagen: La Jiribilla

Así, logra un puesto en el Septeto Habanero; debuta en Tropicana con el conjunto de Ernesto Grenet, en donde al intérprete cienfueguero se le confían los sones y las guarachas, mientras a Orlando Vallejo, los boleros; de ahí pasa a la agrupación de Senén Suárez y en 1953 le toca la gran oportunidad de cantar con La Sonora Matancera:

“Llegar a la Sonora fue emocionante, un conjunto “entoletao” por donde pasaron los grandes todos. Lo primero que coloqué fue “Cañonazos” y “Cualquiera resbala y cae”; dos bombazos, para que me respetaran. Con la Sonora viajé a Venezuela, Panamá, Haití, Curazao, República Dominicana y Colombia, donde soy muy querido”.

Pero así y todo el “Marqués del son”, como le llamaban, renuncia a La Sonora en 1955 y pasa por varias agrupaciones, como la Orquesta América, con la que hace una inolvidable versión del chachachá de su director Ninón Mondejar: “Yo no camino más”, y el conjunto Casino, con el que graba junto a Faz, Rolito y Espí, la exitosa guajira de Rosendo Ruíz Suárez: “Junto a un cañaveral”, hasta que se reincorpora al conjunto de Senén Suárez, con el que se retira en enero de 1988.

Sin embargo, Laíto —lo cuenta Senén— no podía estar inactivo y comienza a cantar con el conjunto Caney, dirigido por Bénitico Yánez; esto sería por los años 1989 y 1990.

Y en 1994 con esa agrupación Laíto viaja a Colombia, donde comprueba emocionado, que todavía lo recuerdan. Por cierto, allí cantó con Nelson Pinedo, rememorando sus éxitos de antaño con la Sonora.

Dicho suceso lo recordó de esta manera: “Son cosas muy fuertes para el corazón, a mis años. Los colombianos me sacaron de las tinieblas”.

El 8 de septiembre de 1999, en La Habana, moría Laíto Sureda. Tenía 85 años y todavía estaba en pleno goce de sus facultades.

Poco antes, sobre su nuevo éxito “Idilio”, dijo: “Esta es una canción que tiene como 70 años y canté en Tropicana y no pasó nada; ahora es como un himno de la vieja guardia de la onda retro. El éxito en la música es algo misterioso. A veces haces algo con el interés que triunfe y no mueves a nadie, y en otras ocasiones el triunfo te cae del cielo”.

Comentarios

Me gusta mucho esta sección, por favor q no se acabe, saludos... fernando

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