Moreno de Ayala, una voz de la cultura

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba

Este marzo acabamos de despedir en La Habana a Nelson Moreno de Ayala. Los oyentes de CMBF de varias generaciones, por más de 30 años, identificaron su voz con la difusión de la música de concierto en nuestro país, al punto que en determinados momentos parecía ser la única que surcaba el éter para anunciarnos una sinfonía, una sonata, una cantata.

Moreno fue una especie de quijote en tiempos en que la emisora todavía no transmitía en frecuencia modulada ni alcanzaba a todas las provincias del país ni se habían roto los diques de ese compartimento que asoció la música clásica a los acontecimientos luctuosos.

Pero ahí estaba su voz grave, cálida, precisa, abriéndose paso en la sensibilidad del oyente, sembrando cultura. Porque de eso se trataba, de una voz de la cultura, de un continuador de la obra de Orlando Martínez, fundador de la emisora.

Hoy día CMBF cuenta con una programación mucho mejor estructurada y diversa, los avances de la tecnología digital, presentadores sumamente profesionales y colaboradores que cubren con notable solvencia no solo la música sino otros campos del arte.

Pero a finales de los 60, cuando comencé a reconocer a Moreno, los guiones eran apenas apuntes para que el operador pusiera un disco tras otro y había que cumplir con requerimientos informativos y resortes emocionales para que la audiencia no solo recibiera el mensaje sonoro sino el fundamento que lo sustentaba.

Y en eso Moreno era un maestro. Como lo es también Ángel Vázquez Millares, otro grande que de manera pertinaz y constante ha contribuido como pocos al conocimiento y el gusto por la ópera, la opereta y la zarzuela.

En esa época y hasta mucho después CMBF transmitía en vivo cada semana la temporada dominical de conciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional, desde el teatro Amadeo Roldán, y con cierta frecuencia trasladaba sus micrófonos hasta la sala teatro del Museo Nacional de Bellas Artes cuando la programación lo merecía.

Fue en medio de las jornadas por control remoto desde el Amadeo cuando conocí personalmente a Moreno, junto a otro que no debe ser olvidado, Juan Antonio Pola, crítico y periodista de la revista Bohemia, quien ocuparía años más tarde la dirección de la emisora. En los intermedios, Pola y Moreno dialogaban, comentaban las notas al programa previamente escritas por Vázquez Millares y abundaban sobre lo que se había escuchado o se estaba por escuchar.

Recuerdo cómo Moreno se las arregló para salvar al aire la que posiblemente fue la transmisión más complicada de su vida. Se presentaba el pianista australiano Roger Woodward, defensor de los más experimentales procedimientos de la vanguardia. Una de las obras poseía un carácter eminentemente performático; el ejecutante acariciaba la tapa del piano y luego de una serie de clusters improvisados, se escondía debajo del instrumento. Moreno tomó aquello con mucha calma y un alto sentido profesional, y contó a los oyentes la escena con la pasión de un narrador deportivo.

Para despedir a Moreno, CMBF dedicó un programa especial, con testimonios de sus compañeros y audiciones de obras que le fueron entrañables. Allí se reprodujo una entrevista que en los años 70 le hiciera a María Cervantes, ese ícono de cubanía. Valdría la pena transcribirla y publicarla. Así tendríamos a mano una contribución permanente de Moreno a la difusión de nuestros valores esenciales.

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