Adicta al café

Zoila Sablón • La Habana, Cuba

Mis amigos saben de mi adicción. Y como es tan intensa y expansiva, me es imposible no ser también adicta al café…teatral.

Hace unas semanas dejé en blanco y negro en otro espacio, mi admiración por El Ciervo Encantado al montar La última cena, descarga, divertimento, sacudida escénica que colmó algunas noches habaneras.

Ahora la bohemia de la capital —la misma que entra asombrada (por su belleza, buen gusto, diseño espectacular y precios altisonantes, con variante de libreta de bodega por medio) a la Fábrica de Arte Cubano— asiste a una nueva descarga, un momento sabroso, delirante y no por ello menos inteligente y suspicaz, con Mujeres de la Luna.

Imagen: La Jiribilla

Raúl Martín ha armado, como buen constructor que es, un cabaret singular con actrices de su Teatro de la Luna. Incansable trabajador y creador (pareciera ser lo mismo pero no lo es), Martín también ha apostado por esta modalidad, no inédita en su currículo, y nos lleva de la mano por un recital en el que conjuga parodia, actuación e interacción con el público, a la vez, que deja caer algunos de los temas que atraviesan su ya extensísimo repertorio en Cuba y fuera de la Isla.

Yordanka Ariosa, Olivia Santana, Yaité Ruíz y Yaikenis Rojas junto a las músicos Dania Suárez (piano) y Diana Rosa Suárez  (percusión) componen, en un finísimo “cuarteto” con acompañante, una puesta en escena moldeada para un espectador que bien pudiera tener en mano una taza de café caliente, una cerveza nacional o estar sentado cómodamente en la sala oscura.

Martín no pasa por alto el hecho mismo de que sean mujeres quienes protagonizan esta “movida”, y pone sobre la mesa la cuestión de género. Yaité Ruíz lo hace explícito al interpretar “Aburrida”, un tema de Concha Valdés Miranda, popularizado por Elena Burke. El feeling con traje de camarera, se despliega sobre la barra del bar y resemantiza el texto de la canción. La pauta se enriquece con la entrada de la coreografía de la Cigarra, incluida en el montaje que hiciera Teatro de la Luna de El dragón de Oro, del alemán Roland Schimmelpfennig. Mientras el cuerpo de Yaité dibuja movimientos sensuales para la Hormiga, su rostro va contrayéndose, arrugándose, expresando dolor y hastío. El doble juego de sentidos coherente para la puesta original, aquí encaja de maravilla y da paso al siguiente número.

Yordanka Ariosa es un todoterreno. La joven pero probadísima actriz en varios espectáculos del grupo, provoca una hilarante  reacción en el público cuando frasea, acompañada por melodías románticas o por el tema de la serie cubana de los ochenta Algo más que soñar, nostálgica para los que pasamos de los “tas”, la canción “Atrévete Te, Te!”, de Calle 13. La interpretación en un tono que distancia y rompe la lógica del discurso tanto interpretativo como del contenido mismo de la canción, descoloca al público y lo obliga a reflexionar sobre el propio texto. Igual conmoción produce el segmento de Manteca, la inolvidable pieza de Alberto Pedro, en alusión directa a la fatalidad que nos signa, nacida de la ausencia de dinosaurios y de la malicia de las negras y mulatas cubanas, siendo la propia actriz una mujer negra.

“Manuelita”, de María Elena Walsh, que Olivia Santana interpreta como una canción de amor, se va repitiendo durante todo el espectáculo. La narración de la tortuguita que se atrevió, a pesar de su paso lento, pero “audaz”, a cruzar el mar e irse a París, va articulando escena tras escena.

No pasa por alto Martín su relación con Piñera: “Vida de Flora” y una de las canciones de La Boda, quizá el primer montaje que hiciera Raúl de la dramaturgia piñeriana en su ciclo de los 90, se dejan escuchar ahora en las voces de sus jóvenes actrices.

Cuerpo, intimidad y sociedad, identidad, tradición teatral y poética van marcando el paso también de esta galería de imágenes, cual pasarela (Raúl domina esa cadencia) que transita ante nosotros.

Imagen: La Jiribilla

Glorioso instante cuando su director junta, en un duelo simbólico, hermoso, tenso pero a la vez de empatías inevitables, a Yaikenis Rojas y a Yordanka. La primera interpreta la canción “Wild is the wind”, de Nina Simone, y la segunda llega vestida como Celia Cruz en Delirio Habanero. Ambas exhiben los mismos colores e idéntico diseño: triángulos y franjas combinadas. Rojas lleva en su vestido la bandera de EE.UU., mientras que Celia deja ver en su silueta, la cubana. Ambas se unen al final para interpretar “Te odio y te quiero”, tema que Blanca Rosa Gil dio a conocer al mundo. Todo está dicho.

Otro momento de hilaridad es cuando Yaikenis reclama de los medios de difusión masiva y también de los almendrones, especie de medios alternativos, la trasmisión saturada de algunas canciones. Y ahí viene el track que resuena una y otra vez en cada bocina del país: Descemer, Marc Anthony, Prince Royce. Pero la gente, aun consciente de la crítica a la repetición desmedida, une sus voces a la de la actriz y termina coreando, volviéndose portador de lo mismo que está criticando.

Enhorabuena experiencias que sacuden, alertan, disparan desde otros lenguajes, más flexibles y no poco rigurosos, la escena cubana, como lo hiciera un sorbito de café.

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