Selección de poemas

Tapiz del sediento

Detén, ojo, la luz de este paisaje
que a todo el ser penetra enriquecido,
y conoce la forma en que es cumplido
por la serenidad, sin más paraje

amante que tus iris y sus rayos,
donde se reconquista enteramente,
sin que el olvido con su noche ardiente
sus aguas queme y su esmeralda en mayo.

Ojo: bebe tú de su fiel vena;
escóndela en tu arca, que va vivo
y sólo puede estar un raro instante.

Y se aleja después, se fuga esquivo
y nunca vuelve igual ; turbión de arena
y confusión se toma; bebe amante.


(de Sonetos cósmicos)

 

El hada

Tú llegas con la joven primavera,
para su gloria deslumbrante; y ciego
me arrastras, cuando ondulas, ante el fuego
que orna tu esquiva forma. Allí, ligera

y desvariada, danzas, mi hechicera,
por las oscuras salas, y en el juego
te azulas y rumoras... tiembla un ruego
en tus ojos, feliz, de hora cimera.

(Para tus magias, ve: nunca me toma
tu extraña luz del fuego enamorada.
¿Puedes llegar, aquí?... tu nombre aroma

la febril boca, pero azul, callada,
¿podrás entrar, en mí, cuando ya asoma
la corta pompa de esta luz helada?


(de Sonetos cósmicos)

 

El son

Aquí no silba el verso en tierno acoso
que, al fuego de sus limpios ornamentos,
hace danzar las aguas , y los vientos
esparce por el llano sanguinoso

del cielo que al morir un tormentoso
rito de sombra roja dona. Lentos
sus giros suenan, graves, sus acentos
ofrecen pena y paz, no el melodioso

estruendo de las aguas mañaneras
sino la cauta voz del búho divino.
¿Cuánto nos queda ya? ¿No huyen ligeras

las palomas? ¿Qué paz? ¿Qué dice el pino
delgado de la noche en sus praderas
tan frías? ¿Muere el son, por hondo y fino?


(de Sonetos cósmicos)

 

El monte

Si sabes, ven oscura, atormentada
de un largo errar. No temas. Tu congoja
a mi benigno pecho cubra. Su hoja
sedienta selle mi fatal morada

donde el tiempo se pierde en apartada
visión de amores, en campiña roja
de ocasos y de cánticos que arroja
al solitario su alma deseada.

Ven con los fieles labios, escogidos
para cantar la sombra, en que seremos
alondra y ruiseñor, de luna heridos:

revolará un son libre y le sabremos
más tranquilos los ecos, desprendidos
hacia un remoto asilo que erraremos.


(de Sonetos cósmicos)

 

Visión

Te reverencio ya, victoria ajena,
regida en sombras por un mundo lento,
que de un dios mutilado en el acento
donas la sangre que al soñar serena.

Y porque puedes ser en la azucena
el hálito apacible, y el tormento
calmar del rostro en su morir sediento,
y dar olvido inmenso por la arena.

¡Ah, tú concibes la piedad, tú sola,
delicada visión! Tus nuevas vienen
del sol de la belleza que se inmola

en ti, tranquilo. Puras, nos sostienen
la luz, en sombra grave, la aureola
de cenicienta paz donde convienen.


(de Sonetos tanáticos)

 

No olvido

No olvido, las aguas del alba
bajan a los árboles de oro;
pueden jugar sobre el rostro del ciego
y lamer los huesos de un caballo en la llanura.

No olvido que la estrella amanece sobre el mundo:
en la noche sus rayos velaron
el nacimiento de las hojas
y en las charcas oyeron gemir los lirios inclinados.

No me olvides, ponme a dormir en tu cabecera,
hasta que dorado como el fuego
amanezca sobre las aguas.


(de Camarada celeste)

 

Filosoferías del bobo

La eternidad
no piensa, no
tiene ética,
es un trazo en la nieve,
una nube,
un torrente, el viento.
La noche sin una onda,
la soledad del fuego,
la soledad del hielo.

Yo, el
lúcido
ignorante,
pienso y
amo y
sufro y
no me rindo y
por eso he de morir.
¡Qué bueno es
no ser
lo estúpido eterno!
Puedo ser un bobo,
pero un bobo tierno.
Mi sangre sabe.
Esto sé.
Pero la Eternidad
no sabe nada,
no sabe qué es.


(de El pan del bobo)

 

Fiel

Sueña, sueña,
obra y
después, cae,
fiel.
No olvides
que eres un piojito
en un planeta-piojo
en un sistema solar-piojo
en una galaxia-piojo
(que estallará una vez,
y así tus huesos contribuirán
a la hoguera colosal-piojo
de la galaxia-piojo entera).

¿Entonces?
Sueña y obra.
No cejes.
La catástrofe no importa.
Siembra una flor bajo el rayo.


(de El pensador silvestre)

 

Otros músicos

En una sombra nacemos, madre;
y en la sombra
expiramos, ya
ripios,
flemas.
De la matriz rosada
hasta la cama agonizante.

La vida: un arco de sol
atravesado de golondrinas,
buitres , lágrimas,
pólenes, nubes,
rayos , gritos, palomas.

De sombra a sombra
el sol arde.


(de El pensador silvestre)

 

Tomado de Antología de la poesía cósmica y tanática de Samuel Feijóo (1914-92), Selección y Prólogo Fredo Arias de la Canal.
 
Samuel Feijóo: Escritor, editor, poeta, ensayista, pintor, promotor cultural e investigador cubano. Nació en La Jorobada, San Juan de los Yeras, municipio de Ranchuelo, provincia Las Villas, el martes 31 de marzo de 1914. Formación literaria y pictórica autodidacta. Fue un estudioso apasionado del folclor cubano, tema que lo llevó a recorrer campos, pueblos y bateyes en busca de mitos, leyendas y tradiciones populares. A ese afán, se deben textos imprescindibles para el estudio de la cultura popular en Cuba, entre ellos El negro en la literatura folklórica cubana (1980), Mitología cubana (1980) y Mitología americana (1983). Fundó y dirigió las revistas Islas (1958-1968) y Signos (1969-1985), en las que la plástica ocupó un lugar representativo y en las que desarrolló una importante labor editorial y de difusión de la cultura popular. Ejerció el periodismo en rotativos como El Mundo y Juventud Nacionalista, y colaboró con notables revistas culturales, entre ellas Bohemia, Carteles y Orígenes. Falleció el 14 de julio de 1992 en La Habana, y sus restos descansan en la Necrópolis de Cristóbal Colón.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato