El partido político en Internet de Kim Dotcom

Miguel Ernesto Gómez Masjuan • La Habana, Cuba

“Acusado. Registrado. En libertad bajo fianza. Todos los activos congelados sin juicio previo. Pero no nos hemos dormido llorando. Hemos levantado Mega desde cero a una compañía de 210 millones”, publicó en su cuenta de Twitter Kim Schmitz

[https://twitter.com/KimDotcom/status/448230205778165761], para el mundo de las nuevas tecnologías “Kim Dotcom”, el excéntrico empresario alemán, radicado en Nueva Zelanda, que vuelve a sorprender con el lanzamiento del “Partido de Internet”.

Imagen: La Jiribilla

El 20 de enero de 2012, 76 agentes armados neozelandeses, apoyados por el FBI, irrumpieron en la fastuosa mansión de Dotcom, en Auckland. Allí detuvieron al voluminoso empresario y confiscaron sus bienes… y 1025 servidores, con capacidad de 25 mil Terabytes. Lo acusaban de crear una enorme fortuna —valorada en más de 170 millones de dólares— mediante la violación continuada de las leyes de derecho de autor, a través de su sitio Megaupload, el cual tenía a más de 150 millones de usuarios registrados.

Dotcom, como era de esperarse, sostuvo en todo momento su inocencia de los cargos imputados, con diferentes alegatos, pero el principal parecía uno muy fuerte: él no podía controlar el material audiovisual que los usuarios de Megaupload colocaban en sus cuentas personales. Si allí aparecía el último capítulo de una serie televisiva en transmisión, un disco musical reciente o una película de estreno entonces aquel no era su problema, ya que él solo habilitaba — ¡y cobraba!— el espacio en los discos duros de sus servidores.

La multiplicación de servicios “en la nube” como Megaupload todavía es una preocupación para la industria de contenidos audiovisuales. El temor es entendible: si los internautas podían compartir y descargar los productos en estos espacios, luego no comprarían ese ítem, porque ya habían accedido previamente a él, de manera gratuita o a un precio inferior al propuesto por la industria.

Ante esta realidad toma más fuerza la imagen de “víctima de una conspiración” que ha tratado de construirse Dotcom. Megaupload tuvo que cerrar y los otros servicios con un funcionamiento similar al “caído en desgracia”, de seguro comprendieron el mensaje. Para Dotcom comenzó una larga batalla legal con el objetivo de evitar su peor pesadilla: la deportación hacia EE.UU., donde podría recibir un castigo de hasta 55 años en prisión, por piratería informática, lavado de dinero y asociación criminal.

Las cuentas bancarias de Dotcom —al menos las conocidas— quedaron congeladas; pero se las arregló para salir en libertad condicional, aunque con la orden de no alejarse a más de 80 kilómetros de su hogar de 22 millones de euros, en Auckland. Justo un año después de la intervención de Megaupload, el 20 de enero de 2013 lanzó un nuevo servicio: Mega [https://mega.co.nz/] que ofrecía 50 gigas de almacenamiento gratuito para cada usuario. En su versión “pro”, los interesados podían obtener 500 gigas por 99,99 Euros anuales y, lógicamente, el precio aumentaba para mayores espacios en los discos duros.

Con Mega, Dotcom introdujo algunos cambios, ya que los archivos subidos por los internautas a la plataforma ahora estaban encriptados. Si con Megaupload cuando se colocaba algún contenido online el internauta recibía un enlace, que podía compartir, con Mega, además del enlace también obtiene una contraseña. Por tanto, ni el FBI, ni siquiera los titulares del servicio —en otras palabras, el propio Dotcom— podían conocer exactamente qué se estaba situando “en la nube”. De esta manera, el habilidoso empresario se cubría las espaldas ante posibles nuevas acusaciones.

El juicio de extradición de Dotcom ha sido postergado una y otra vez, a partir de la apelación a supuestas violaciones en la operación policial de 2012. Al parecer la orden de registro sobre la mansión en Auckland era inválida y las autoridades neozelandesas no debieron permitir que los agentes del FBI clonaran los discos de los servidores de Megaupload para utilizar esa información contra Dotcom. Mientras se resuelve —o probablemente se extienda indefinidamente— el juicio, aumenta el reconocimiento hacia el alemán-neozelandés como un “hombre defensor de la libertad de Internet”.

Su más reciente iniciativa ha despertado gran curiosidad: el Partido de Internet, descrito como un “movimiento por la libertad de Internet y de la tecnología, por la privacidad y la reforma política”. Entre las promesas que ofrece esta formación virtual aparecen: “garantizar Internet más rápido y más barato, crear puestos de trabajo en las empresas de alta tecnología, proteger la privacidad y salvaguardar la independencia.” Además, Dotcom aseguró que uno de sus proyectos era introducir en Nueva Zelanda una moneda digital segura y encriptada al mejor (¿o peor?) estilo del Bitcoin.

En noviembre habrá elecciones generales en Nueva Zelanda. Dotcom no puede presentarse como candidato, porque solo tiene permiso de residencia en el país; pero su nuevo partido sí podría luchar por un escaño en el Parlamento. El primer paso era obtener el aval de 500 personas que posibilitara la inscripción de la organización política. La propuesta de Dotcom sobrepasó esa cifra en poco tiempo. Quizá no sea difícil predecir que, en los comicios, su “Partido de Internet” recibirá más del 5% de los votos necesarios para lograr el puesto en el Parlamento neozelandés.

Dotcom es un personaje tan excéntrico que no duda en comparar su caso y sus ideas con las de Julian Assange y Edward Snowden; pero, al parecer, el fornido y multimillonario empresario “olvida” que las revelaciones publicadas en Wikileaks y las ofrecidas por el ex analista de la Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU. no se hicieron con fines de lucro; mientras, su “batalla” con Megaupload, Mega y el “Partido de Internet” tiene detrás— y sin mucho disimulo— el signo del dinero.

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