Sancti Spíritus

Una vieja y digna iglesia muestra sus medallas

Josefina Ortega, Jorge Sariol • La Habana, Cuba
Fotos: Jorge Sariol

La noticia del hallazgo de restos de esqueletos humanos durante las excavaciones en el parque Serafín Sánchez de la ciudad de Sancti Spíritus, fue sin dudas un acontecimiento no solo para la localidad, sino también para toda Cuba.Y la razón es comprensible ante la importancia que debieran tener todos los elementos patrimoniales que componen la historia de la nación.

Este sitio arqueológico fue descubierto en el extremo noroeste del parque,donde la historia local recoge que allí existía el convento de San Francisco de Asís—construido en 1716— y su correspondiente templo.

Sin embargo, algunos no-espirituanos se preguntaban si aquel conjunto religioso demolido para dar paso al parque Serafín Sánchez era lo más antiguo de tal carácter en la ciudad del Yayabo.

Lo cierto es que no.

Aunque el valor patrimonial religioso de mayor edad y trascendencia en Cuba se encuentra en La Habana, en algunas poblaciones del interior se edificaron iglesias con esmerada labor constructiva, de igual valor patrimonial y tan antiquísimas como las demás.

Tal es el caso de la Parroquial Mayor de Sancti Spíritus, edificación que conserva, a pesar del paso del tiempo y de las circunstancias, buena parte de su valor patrimonial.

Imagen: La Jiribilla

Joaquín E. Weiss, en su obra La Arquitectura Colonial Cubana. Siglos XVI/XVII, la describe con ojos de arquitecto y también de apasionado por  tales heredades históricas.

“Los muros de este edificio —escribe Weiss(1)— están en gran parte construidos de ladrillo; no obstante, algunas partes son de un hormigón de barro con piedras y pedazos de ladrillo, que pueden proceder del edificio levantado en 1620. Las molduras han sido formadas cortando el ladrillo y alisándolo con terrajas. Por otra parte, el ladrillo ha sido empleado con mucha habilidad constructiva en las bóvedas de la torre y de la capilla de la humildad y paciencia. Aquellas comprenden una bóveda de rincón de claustro, que cubre un local bajo comprendido en el piso inferior, y una cúpula ochavada sobre trompas de ángulo que cierra el último piso; el techo de la capilla es una cúpula hemisférica sobre planta octagonal.

“Contrastando con estos techos de albañilería, están los de madera que cubren la iglesia: de tres faldones y harneruelo el de la nave, el cual tuvo primitivamente cinco tirantes pareados, sustituidos posteriormente por tensores de hierro; de ocho faldones  y harneruelo el de la capilla mayor, presentando este último la particularidad de tener dobles cuadrales o tirantes de ángulos unidos por lacerías.El arco que separa la nave de la capilla mayor lleva una inscripción que dice: «fue hecho este arco por disposición del Ilmo. Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, digno señor Obispo de esta Isla de Cubapor S.M.C.D., año 1739.» El arco irrumpe en el estribado del  techo, sin que sepamos en qué forma se separarían ambos recintos anteriormente”.

La realidad  es que el edifico que puede verse hoy en la ciudad de Sancti Spíritus ha pasado por diversos acontecimientos, algunos desventurados, que le impiden mostrarse tal cual era en el siglo XVII, aun cuando se conserva bastante fiel al original.

Imagen: La Jiribilla

Se cuenta que desde la época en que se produjo una primera fundación de la villa,  a orillas del Tuinicú —en un paraje llamado pueblo viejo y en una pequeña loma conocida por cayos de la iglesia —, se levantó un primer edificio para oficios religiosos, que debió ser de simple rusticidad.

Al decidir la traslación de lo que sería con el tiempo Sancti Spíritus, a las márgenes del Yayabo, forzosamente se levantó una nueva parroquial,  que en 1536 recibiría del ayuntamiento 100 ducados para obras y que apenas alcanzaría para su restauración.

Entonces la villa era de pobre condición y la población —en 1544— solo alcanzaba 141 vecinos.

En 1612 visitaba el poblado el Obispo Armendáriz, quien dispusiera la construcción de una iglesia como “dios mandaba”, obra que se terminaría hacia 1620, pero según Weiss, “no se conocen detalles de la misma”.

Saqueada la villa por una formación inglesa —hacia 1660, en medio del florecimiento  de la piratería en el Caribe—, la población fue arrasada con la consiguiente destrucción de  archivos eclesiásticos y el robo de sus ornamentos y vasos sagrados.

Se afirma que como colofón, los piratas “cargaron” con el famoso Gallo de Oro donado por un  acaudalado feligrés de la localidad, llamado Don Pedro Pérez de Corcha.

Los espirituanos de entones tuvieron a bien considerar que el poblado estaba  necesitado de un templo “de solidez y condiciones adecuadas a su crecimiento y prosperidad” y se dieron plenos a la tarea. “En tal oportunidad —recoge Weiss— el Sargento Mayor don Ignacio de Valdivia, hombre rico y de grandes iniciativas, alcalde de Sanctis Spíritus por el año 1671 y siguientes, costeó casi totalmente el edificio, que es el de la actual iglesia, construida a partir de 1680 en el mismo sitio que la anterior”.

La torre —de unos 30 metros de altura— no se terminó  hasta 1764, lo que da una cuenta de 84 años de construcción, si en verdad esta fue iniciada a partir de 1680.

En ocasión de una visita del Obispo de Espada —a principios del siglo XIX—, se decidió coronarla con una “alterosa cúpula”, que maltrecha por tormentas posteriores fue preciso demoler, y construir la actual algo más baja, a mediados de dicho siglo.

La descripción arquitectónica ofrecida por Weiss, una autoridad en la materia, no deja de ser interesante aun cuando la terminología tecnológica sea harto complicada:

“La parroquial de Sancti Spíritus es (sic) característica de la etapa más evolucionada de las iglesias comenzadas y en gran parte construidas en el siglo XVII. Su hastial apiñonado, remedo de un frontón, es más alto que ancho y mejora las proporciones de otros, como el de la iglesia habanera del Espíritu Santo. Hay cierta elaboración arquitectónica en el modo en que la puerta en arco carpanel, las tres ventanas del cuerpo medio y el nicho del alto, se enmarcan con pilastras y cornisamentos, estos quebrados sobre aquellas bajo evidente influencia barroca. Pero hay licencias y formas inaceptables, si bien no debe olvidarse que la formación de las molduras del modo que se ha dicho las hacía muy susceptibles de deterioro por la acción del tiempo. La torre única, a un lado de la fachada, ya hemos visto que era la práctica predominante en las iglesias de esta época. Sus tres cuerpos cúbicos disminuyen ligeramente en ancho y ostensiblemente en altura; la gran diferencia entre el cuerpo inferior y los restantes se debe a la unificación de lo que en tiempo fueron dos cuerpos independientes. Esta unificación hace que este piso se eleve muy por encima del hastial, con notable mejoría en sus proporciones relativas y de los demás cuerpos de la propia torre”.

Se dice que dicha torre era la más alta de la ciudad en la época colonial y hoy sigue siendo uno de los puntos más altos, solo superada por el no menos famoso edificio conocido como “Doce Plantas”, construido en la segunda mitad del siglo XX y desde el cual  puede tenerse hoy una panorámica de la cuarta villa fundada por los colonizadores, con la torre Parroquial Mayor destacando en el paisaje.

 

Glosario de términos de arquitectura.
Carpanel: Se refiere al arco elipsoidal formado por porciones de circunferencia cuyos centros forman siempre un número impar.
Cornisamento: Conjunto de molduras formadas por arquitrabe, friso y cornisa que está entre las columnas y el frontón coronando un edificio clásico o un orden arquitectónico.
Hastial:(Del ant. hastío< lat. fastigium, pendiente.) Parte superior triangular de la pared de un edificio comprendida entre las dos vertientes del tejado.
Pilastra: Pilar de sección cuadrangular que sostiene la estructura de una construcción. Pilar adosado a una pared, que sirve para reforzar el soporte de una estructura.
 
1- Cap. XIII Construcciones del siglo XVII en las poblaciones del Interior. Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, Cuba, 1979.

 

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