Un festín para Feijóo

Carmen Suárez León • La Habana, Cuba

Foto cortesía de: Adamelia Feijóo

           Pobre de aquel que no lea,
le crece la chola fea
y aunque usted no me lo crea,
la mente se le burrea.

Esta cuarteta recitada por un zarapico, un perro, una jicotea y un cocodrilo dibujados por Samuel Feijó con sus respectivos globos parlantes, nada menos que para la portada del libro Festín de poesía, publicado en 1984 por le Editorial Arte y Literatura en su colección Bolsilibros A.L., aunque hace un llamado a la lectura, no nos deja imaginar lo que nos depara la lectura del título que nos presenta. En su hoja de créditos aparece Marietta Suárez Recio como editora, en la corrección Rafaela Rodríguez Arias, con diseño y cubierta de  Alejandro Luis García.

Detrás de esta cubierta que parece anunciar un libro de lecturas infantiles, lo que se nos brinda es una selección muy atrevida de poesía traducida por Feijóo de más de 150 autores de lenguas tales como inglés, francés, alemán, polaco, rumano, búlgaro, ruso, así como traducciones dobles pasadas por el inglés o el francés de haikus japoneses, poesía de Mongolia u otras culturas, como, por ejemplo, leyendas de los indios norteamericanos. La muestra va encabezada por un prólogo de unas 30 páginas donde el autor discurre largamente sobre el trabajo de traducción en general y el suyo en particular. Comienza escribiendo:

Ni por un brevísimo momento piense el lector que gusta de la poesía que va a encontrar en estas páginas una selección completa de la mejor poesía francesa, inglesa, rusa, rumana, polaca, búlgara, etcétera. No. Va a encontrar mi intenso esfuerzo por dar a conocer, en lo más hondo que me fue posible, esencias y formas, tonos, símbolos, músicas secretas, sugerencias… de algunos poetas que me ganaron, y que pude, si no vencer del todo, atraer a una verdad poética. Sin embargo, la poesía rusa y soviética sí presenta a casi todos sus grandes poetas, en algunos de sus aspectos.[1]

Es un descomunal esfuerzo traduccional característico de una época de la historia de la cultura cubana. Por entonces Cuba formaba parte de lo que se llamaba el bloque de países socialistas y se desplegó entonces un intenso intercambio cultural en el que urgía la traducción para aproximarse a universos muy lejanos, aunque el universalismo de este gran poeta cubano no le habría permitido reduccionismo alguno, incluyendo a poetas franceses en ingleses, que la tradición literaria en la Isla traducía con fruición desde sus albores.

Imagen: La Jiribilla

Hace hincapié en la difusión de la poesía rusa y soviética, ya que por entonces miles de cubanos cursaban estudios en aquel país y el intercambio intenso tanto en lo académico como en lo artístico reclamaba ampliar los horizontes lingüísticos de nuestro español. El ruso era estudiado en todas las escuelas de idiomas y la literatura de aquel país formaba parte de la desiderata de todas las bibliotecas de la nación, lo que imponía contar con traducciones actualizadas. La historia de la traducción debe acercarse a estos intensos traspasos de los 70 y los 80 desde los idiomas de los países socialistas ya que constituye todo un capítulo de nuestra cultura nacional.

Tres temas se tocan en su texto introductorio: la dificultad de la traducción, los diversos métodos posibles, el problema de traducir la rima. Reconoce Feijóo la intraducibilidad de muchos poemas, pero es un decidido partidario de traducir y con una metáfora inapelable escribe: “Urgen hoy como ayer los puentes. Sin ellos se pierden alimentos humanos únicos. (…) Se necesitan puentes”,[2] y se apoya en la autoridad de Miguel Ángel Asturias citando su artículo “Coexistencia poética”, donde afirma: “Más vale un poeta traducido, es decir, traicionado, que un poeta ignorado”.[3] Y analiza citas de autoridades que han hablado de la traducción y nos presenta ejemplos de traducciones analizando aciertos y desaciertos según su opinión.

En cuanto a métodos, considera que hay diversos caminos posibles y que no puede descartarse ninguno, pero hay ciertas claves éticas fundamentalmente:

Hemos comprendido también que si la tarea no ha sido justa, no por ello daña: el lector necesita del cuerpo honestamente alcanzado para un entendimiento mayor. No hay que pecar de los excesos virtuosistas del oficio. Un mínimum de dignidad en la traducción siempre, tras el máximo de acercamiento. Y no olvidar jamás que toda justa traducción es una afortunada aproximación a la imprecisa sombra de un árbol que no está.[4]

Por lo demás, las traducciones de Samuel Feijóo en este florilegio, van de la clásica búsqueda de equivalencias cuando traspasa directamente del francés o del inglés, pasando por traducciones dobles o retraducciones de textos ya vertidos al inglés o al francés, a traducciones en equipo con poetas o especialistas en otros idiomas, que le leen los textos en lenguas muy ajenas al traductor, para tratar de aprehender su musicalidad, su tono, y le dan una versión aproximada para que él haga la versión poética.

Nos explica su método para traducir en equipo:

Hay que trabajar siguiendo el ritmo y la arquitectura del poema, buscando sus equivalencias generales en nuestra lengua. Con la masa de la versión literal, en ruso, búlgaro, checo, rumano, alemán (no en inglés, ni en francés, de donde traducimos directamente) escogemos, comparamos. Siempre escuchamos las músicas del verbo primigenio, siempre miramos sus formas, detenidamente. Así, lee poemas el ayudante, y tomando los ritmos y la música del poema, de cada verso aún, y así el trabajo es flexible, tras sus esencias, sonidos, ritmos equivalentes, o de aproximadas equivalencias, respetando siempre los espacios de sus estructuras visuales y naturales.[5]

En cuanto a la rima es un decidido enemigo de la traducción rimada, aunque admite que las hay buenas, pero él no la hace nunca, porque considera que siempre se pierde la musicalidad propia de la lengua de partida, y forzando la rima se pierden significados, imágenes y sonidos que se hubieran podido aprehender de no someterse a ella.

Esta introducción de Feijóo a sus traducciones es un documento valioso, por la reflexión propia del autor, y por todas las autoridades que cita, poetas o no, para discernir su propia poética de la traducción.

De modo que dentro de la bibliografía de Feijóo, este libro reviste una particular importancia. Además de ser una muestra muy amplia de la labor traduccional del autor, de sus opiniones sobre su propia labor de poeta traductor, constituye también un testimonio cultural de una época en que se tendió una intensa red de puentes entre una Isla del Caribe y el vasto universo de los países socialistas del campo europeo en los 70 y los 80. El complejo fenómeno de traducción e intercambio cultural que resultó de estos años está por estudiar como parte de la historia de la cultura cubana, en su diálogo y sus resultados para nuestra lengua y otras formas de expresión artística en Cuba.


[1] “Prólogo”. En: Festín de poesía. La Habana, Editorial Arte y Literatura, 1984, p. 5.
[2] Ob. cit., p. 33-34.
[3] Ídem, p. 17.
[4] Ídem, p. 9.
[5] Ídem, p. 33.

 

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