Festival de la Trova Pepe Sánchez

Con sabor a guitarra

Antonio López Sánchez • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía Liz Laura George y Eduardo Sosa

La más caribeña de las ciudades cubanas otra vez ha sido sede para la cultura y la música. La edición 52 del Festival de la Trova Pepe Sánchez, celebrado entre el 19 y el 23 de marzo, llenó de cuerdas y canciones los días y calles de Santiago de Cuba. Varios conciertos, descargas y peñas, tributos, ponencias en eventos teóricos, entre otras muchas actividades, imprimieron un intenso ritmo a la vida cultural santiaguera.

En la presente fecha, el Festival estuvo dedicado a varios motivos. Los 120 años del natalicio de los trovadores Miguel Matamoros y Salvador Adams, que siguen en bocas del hoy entonando aún sublimes ilusiones y lágrimas negras, así como los homenajes a las trovadoras Eva Griñán y Teresita Fernández, otras de las imprescindibles, fueron las dedicatorias centrales de este festejo.

La Jiribilla también estuvo desandando Enramada arriba y Aguilera abajo, y además de hacer constar el calor del intenso sol santiaguero, ofrece ahora un apretado esbozo de las múltiples acciones de estos días. Sirvan estas líneas como memoria, y por qué no, como invitación a las trovadas venideras.

Imagen: La Jiribilla
Dúo Así son en la Casa de la trova
 

 Besarla quisiera y luego morir

Una de las tradiciones que sostiene el Festival es la peregrinación en el cementerio Santa Ifigenia. El sendero póstumo de los trovadores rinde tributo a los varios insignes cantadores que descansan en la necrópolis santiaguera. Luego del infaltable homenaje a José Martí, y a partir del mausoleo que guarda los restos del cubano mayor, se recorren varias de las sepulturas de distinguidos trovadores y se rememoran sus vidas y obras. En esta ocasión, entre otras figuras como Ramón Ivonett, Pepe Bandera, René Urquijo y Francisco Repilado (Compay Segundo), el evento honró a tres de los artistas a quienes se dedica el cónclave y que reposan en Santiago. Así, Miguel Matamoros, Salvador Adams y Eva Griñán, recibieron el mejor festejo que puede esperar un trovador, que sus canciones sigan vivas, y que sean entonadas incluso más allá de la vida de sus propios creadores.

Recuentos con sabor a canción

El anfiteatro Mariana Grajales, hace poco reparado y constituido como un excelente espacio cultural, recibió al grupo Buena Fe. Un multitudinario concierto que dejó satisfecho al exigente público, tuvo lugar en esta instalación. Los muchachos de la banda hicieron un recorrido por varios de los temas emblemáticos de sus ya plurales discos y encendieron la alegría y las neuronas de los asistentes. Magnífica muestra de que el arte, bien hecho, no tiene que reposar en naderías e intrascendencias, y mucho menos en lo grosero o lo violento, para tener éxito. Sólo exige calidad, y respeto, para sacar a bailar a la inteligencia del público y ser bien recibido.

Otro de los conciertos a destacar, de los varios muy buenos que acontecieron durante el evento, estuvo a cargo del trovador Polito Ibáñez. Después de algunos años sin presentarse en la ciudad santiaguera, la Sala Dolores acogió nuevamente al creador y a sus obras, y el recuento superó cualquier expectativa. Una presentación a guitarra, sin más artificios, sólo a verso, voz y cuerdas, ganó los sinceros aplausos del respetable. Como en un romance que se reiniciara, el público oriental coreó y acompañó al trovador en varias de sus canciones y festejó con Polito tema por tema. Nota especial para los invitados, el dúo Estocada; Noemí y Froilán, del excelente dueto cienfueguero Así son, y las muchachas del impresionante piquete vocal Las Adalias. De estas últimas, notas en mayúsculas para su versión de “Longina”. Aplausos también para el trovador Eduardo Sosa, en la interpretación “Juramento”, de Miguel Matamoros, hecha a dos voces con Polito, y luego en solitario, cuando entonó a capella una impresionante “Imagen protectora”, de Sindo Garay, que sin duda, hizo estremecer la Sala Dolores con los aplausos obtenidos.

De las presentaciones restantes, además de una larga lista de artistas locales, y del homenaje a la EGREM en su primer medio siglo, subrayar a dos figuras insoslayables. Una, Marta Campos, en jornada de festejo por sus 60 años de vida. La otra, la participación del incombustible Pepe Ordás, siempre bien recibido en predios orientales y autor de algunas de las canciones ya clásicas de la trova cubana de todos los tiempos.

Hay que decir, aunque es imposible abarcar todos los nombres, que durante todo el evento funcionaron diversos espacios para la descarga trovera. En primer término, la indispensable Casa de la trova, con gran presencia de público, además de otros sitios. Un subrayado para La claqueta, una peña que noche a noche hicieron suya los trovadores más jóvenes, junto con algún que otro consagrado, unidos todos, artistas locales y visitantes.

En dos palabras, bien surtido y satisfactorio el cocido sonoro de los conciertos y presentaciones de este festival. Un degustar de altura, con exquisitos sabores a buena música cubana y a honda raíz trovera.

La trova coloquial

Una parte vital de estos festivales radica, sin duda, en el evento teórico. Durante dos jornadas, en la sede de la UNEAC, estudiosos, periodistas, interesados y músicos, regresan al necesario diálogo y pensar sobre la trova nuestra de cada día. La canción trovadoresca holguinera, el legado de Salvador Adams, la presentación de documentales, el homenaje, desde el estudio y el recuerdo, a la figuras de Eva Griñán y de Teresita Fernández, entre otros tópicos, fueron algunos de los caminos recorridos. Además, la inauguración de la exposición Vibraciones, de Carlos René Aguilera, la presentación de varios artistas y la venta de libros con temas musicales, redondearon las actividades.

Hay que destacar que hubo un muy agradecido espacio en este coloquio dedicado a Santiago Feliú. La discografía del trovador y el análisis de su vida y su obra, fueron materias presentes en los debates. Válido este recuerdo a uno de los grandes de nuestra trova de todos los tiempos. El cierre trajo un panel con la participación de jóvenes artistas de la Asociación Hermanos Saíz y un bien aprovechado intercambio sobre difusiones, críticas, creaciones y otros temas. En dos palabras, hablar de la trova, estudiarla, además de oírla, también robustece los laureles sonoros de esta manifestación. De modo que vale su peso en diálogo el mantener este coloquio, que trae más salud y saber tanto a la trova como a sus escribas y estudiosos.

Acordes sueltos, apuntes mayores

Una de las significativas andanzas del festival está en la visita al mausoleo del Segundo Frente. Una representación de los trovadores y participantes, más un equipo del colega Canal Habana, entre otros, fueron a rendir tributo a las tumbas de los combatientes de la gesta cubana. El dúo cienfueguero Así son, integrado por Noemí y Froilán, ante la piedra que sirve de nicho a los restos de Vilma Espín, dedicó a la heroína el tema “La vida”, de Silvio Rodríguez, en nombre de todos los asistentes. Asimismo, se le prestó homenaje al bailaor Antonio Gades, que también reposa en las tierras cubanas de este sitial.

Imagen: La Jiribilla
El trovador José (Pepe) Ordás ante la tumba de Antonio Gades
 

Más tarde, se hizo una visita relámpago a Tumba Siete, la patria chica del trovador Eduardo Sosa. Grata travesía, en especial cuando se aparecen esos paisajes impresionantes de la Sierra, de verde intenso, infinito, herido de palmas como blancas hebras, y mucho más grato el recibimiento prodigado. Ante el cariño humilde y sincero de los hombres y mujeres de este terruño, saben todavía más dulces las frutas, canciones y abrazos con las que nos recibieron y agasajaron. Las notas simpáticas para Marta Campos, que pudo tirar su pasillo junto con “el mejor bailarín del mundo”, según afirmara el propio interesado, y para la fiesta que arrancó y siguió incluso hasta después de la despedida. Posiblemente, todavía esté sonando por allá el festejo.

Otro apunte insoslayable estuvo en la magnífica posibilidad que aprovechó el equipo televisivo del Canal Habana. La grabación de varios de los cantores santiagueros y visitantes para el espacio Entre manos, uno de los buenos reductos de la trova en las pantallas nacionales, aporta sin dudas una mirada diversa y plural y trae a la palestra lo mejor de lo que se canta y compone en Santiago y otros lares no capitalinos.
Subrayado especial para las maravillas sonoras de la ciudad oriental. No es un eslogan, y el visitante podrá comprobarlo sin esfuerzo, que en Santiago la música está en la calle. En cualquier esquina aparece una guitarra, un dúo y un trago que destraba la trova y los cantares. Sin embargo, encontrarse un japonés que canta trova tradicional (y además la compone, con letra en su idioma); que es asiduo al festival año tras año y que, incluso, ya tiene un guitarrista acompañante, también nipón, el cual no sólo toca la guitarra sino también hace una excelente segunda voz en castellano, pues, eso sólo puede pasar en Santiago de Cuba.

Fue la deliciosa peña de José Aquiles, otro de los abanderados de la trova del oriente y un espacio que recomendamos, la que nos dejó disfrutar de Macoto Sasaki. Como todo hijo oriundo de las tierras del sol naciente, Macoto, como todos le dicen en Santiago, exhibe amabilidad exquisita, una paciencia inamovible y porta maracas en lugar de una katana. Por completo aplatanado, imperturbable ante la distancia cultural de ambas naciones, hace suya la trova y viene a bailar, o más bien a cantar, en casa del trompo. Y encima, lo hace bien. En fin, que la música, y más la trova, no respeta fronteras.

En medio de tan agitados días, tomamos por asalto a punta de preguntas a Eduardo Sosa, Presidente del Festival de la Trova Pepe Sánchez, en busca de su valoración de este evento. Nos dice el trovador que la trova está entre los cimientos y sostenes insoslayables de nuestra cultura y de nuestra identidad nacional. “Un festival como este es indispensable para seguir manteniendo nuestras raíces culturales, lo mejor de nuestras esencias como nación. Este es el evento más importante y con más historia dentro de la trova cubana, de manera que hay que prestarle toda la atención. Incluso, en estos tiempos donde lo rentable está tan presente y debe ser tomado en cuenta, hay otras áreas, quizá con mayores ingresos y más beneficiosos desde lo económico, que debieran tributar más para que este Festival sea cada vez mejor. Porque los beneficios de este evento, además de lo económico, son para la cultura, para el espíritu, para el goce del buen gusto y para el bien de la trova cubana. Y defender la trova es defender la identidad nacional, es defender uno de los pilares más importantes que sostienen y alimentan la cubanía”.

Con tales palabras ponemos también el acorde final a estos apuntes. Como estampó en su canción el gran Chicho Ibáñez, “desmientan al que diga que la trova ya murió”. En verdad, sigue viva en el alma de quienes la escuchan y la cantan, para reafirmar así “que la trova es inmortal”. Mientras tanto, en las voces nuevas y en las ya consagradas, seguirá sonando la canción hasta el próximo Festival Pepe Sánchez. Nos vemos en Santiago.

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