Entrevista con Ángel Alonso

Contradicciones de occidente: para comunicarnos mejor

Estrella Díaz • La Habana, Cuba
Fotos: Cortesía del artista
 

Hace tres años el pintor, grabador, animador y artista digital cubano Ángel Alonso, a propósito de su muestra Puentes intangibles dijo a La jiribilla: “creo que todos los artistas tenemos el deber de ser curiosos porque de lo contrario sería casarnos con una manera de hacer y repetirse una y otra vez. Eso no tiene sentido, aunque uno trabaje durante un tiempo en una dirección y logre resultados, siempre en ese mismo lenguaje, o en otros, hay que explorar otras maneras de decir y de hacer”.

Quizá siendo coherente con lo dicho, hoy Alonso nos propone una nueva exposición titulada Contradicciones de occidente que desde el jueves 3 de abril y hasta finales de mayo se exhibe en la galería Espacio abierto, perteneciente a la emblemática revista Revolución y Cultura —calle 4, entre Línea y 11, en el Vedado habanero— y que hace marcado énfasis en su faceta de pintor.

Imagen: La Jiribilla

“En Contradicciones de occidente, dice, le doy continuidad a los temas que he trabajado no solo en la pintura sino en otros medios y que tienen que ver con el cuestionamiento de lo que ocurre en nuestra cultura occidental y de las contradicciones que genera en cuanto a lo competitivo, un concepto acelerado que ha traído muchos desastres que hoy conocemos y enfrentamos. La cultura occidental se diferencia de otras culturas ancestrales que han sido, prácticamente, aniquiladas y en las que el hombre siempre ha estado en el centro. Uno de los cuadros ilustrativos de lo que estoy diciendo es en el que aparece un hombre que utilizaba la luna como un  arco para tirar una flecha, es decir, que hasta la luna es un instrumento que le servía.

“Esas culturas están confinadas o prácticamente extinguidas y, aunque Occidente no es centro como zona geográfica, la cultura occidental sí lo es con los mismos vicios, mecanismos de desarrollo y con lo bueno y malo que engendra y desarrolla.

“La propia evolución científica tiene sus paradojas, en el sentido que te hace dependiente de la tecnología y te aleja del mundo natural. Durante los últimos diez años, estas preocupaciones han sido tema esencial de mi trabajo y han estado presentes en la pintura y en las animaciones.

“Lo que hace diferente a Contradicciones de occidente es que los mecanismos de resolver el propio cuadro y los pensamientos mismos, van entrando en una dinámica que le presta una atención mayor a lo espiritual. Si antes había alusiones metafóricas a partir de lo que sucedía en la cultura occidental o en el desarrollo de la tecnología como una de sus contradicciones, esos comentarios eran materialistas y tangibles, por ejemplo: el hombre que en lugar de pies, tenía ruedas. Sin embargo, ahora determinadas lecturas me han influido y han puesto en crisis la concepción radicalmente materialista del mundo. Tal vez los cuadros que integran Contradicciones de occidente están volcados hacia una espiritualidad mayor”.

¿Entonces, esos son los elementos nuevos que aparecen en la obra? 

Creo que sí pero los temas siguen siendo los mismos, lo que ha variado es la manera de abordarlos porque hay un desplazamiento desde el punto de vista crítico. Ahora aparece una sutileza diferente en cuanto a que hay una mirada de atención hacia la espiritualidad mucho mayor y no tanto hacia elementos que pueden derivar lecturas obvias o mediáticas.

En esta exposición se evidencia un retomar de los colores fuertes.

Sí, pero el tratamiento que tienen estos cuadros establece un engranaje en el uso del color que viene de lo gráfico con el empleo de una línea fuerte y la mancha expresionista. También está el uso del spray y de ciertos mecanismos, que son más del grafiti. Mezclo los fosforescentes con los colores más expresionistas, lo que da la medida de la guerra sicológica en que está inmerso el individuo; al yuxtaponer algunos materiales de uso frecuente, se crean como tensiones visuales que, mezcladas con la tradicional tensión espacial de mi trabajo y la síntesis, favorece ese ambiente ilusorio al que me refiero y que tiene que ver con este mundo espiritual.

En el cuadro La dialéctica, por ejemplo, hay un cuestionamiento de hasta qué punto las cosas son como se ven. Todo eso se ha articulado de manera orgánica y está emergiendo en estos lienzos, aunque el tema sigue siendo el mismo: el mundo occidental y sus contradicciones.

Imagen: La Jiribilla
La dialéctica
 

¿Es un artista de formación académica?

De niño me vinculé con la Escuela Elemental de Plástica de 23 y C, que era un sitio donde te preparabas muy bien para, luego, ingresar en la Academia. Allí tuve excelente maestros que me dieron las primeras herramientas y me ayudaron en mi formación e, igualmente, me hicieron mucho más consciente en el sentido de organizarme mentalmente y adquirir información para poder plasmar ideas en el lienzo o en cualquier otro soporte.

¿Qué descubrió en la Academia de Artes de San Alejandro?

Mi paso por San Alejandro fue en los años 80 y en ese momento había una gran efervescencia dentro de las escuelas de arte. Los creadores que generaban trabajos artísticos se promocionaban mucho —me refiero a la generación que se identifica con Volumen I—, y eran, precisamente,  recién egresados de la Escuela Nacional de Arte (ENA) y del Instituto Superior de Arte (ISA). Esos recién egresados, a su vez, eran los profesores, por lo que hubo una gran mezcla entre la producción artística y las  escuelas de arte y se respiraba un marcado interés creativo. En aquellos años no había ningún síntoma de mercado y nadie que pintaba lo hacía pensando en vender un cuadro: eso no pasaba por la mente de ningún estudiante.

Cuando uno empezaba a estudiar, se nos aclaraba que ser pintor era una condición bastante dura y que el trabajo que —con suerte— podríamos tener al egresar era como instructor de arte o profesor de la misma escuela. Era una etapa utópica y todo el que estudiaba pintura era porque la amaba verdaderamente. Esa situación contribuyó a crear una serie de principios con respecto al arte, a la práctica artística y también determinó una manera de acometer la carrera artística con un alto por ciento de intereses espirituales.

Es graduado de la especialidad de pintura, pero se le conoce más como artista digital o animador, ¿cómo llega a las nuevas tecnologías?

Con esta exposición quiero, precisamente, enfocar la mirada hacia la obra pictórica porque en anteriores muestras ha habido una intención de integrar todos los lenguajes con los que trabajo.

Hay temporadas en las que no pinto porque estoy concentrado en hacer animación, pero luego resulta que la más vital, la que más necesito, la que más desarrollo es la actividad pictórica la que —por diferentes causas— ha sido menos promovida. Es por ello que en esta ocasión quiero que la mirada del espectador se enfoque hacia esa zona.

Es todo lo contrario a mi exposición Por el mismo camino en la que el  mensaje era claro: cualquier medio empleado conducía a igual sitio porque se trata de una misma obra que es indivisible, independientemente de los medios que se empleen. No obstante, cada medio tiene sus especificidades y como en mi reciente pintura aparecen elementos nuevos, decidí en esta oportunidad no incluir ni animación, ni trabajo digital, ni grabado, ni hologramas.

Imagen: La Jiribilla
El pesimista
 

En su obra pictórica hay una fuerte influencia del mundo de la gráfica, ¿por qué?

Es una influencia de la que soy cada vez más consciente y considero que en la zona pictórica de mi trabajo tengo una tendencia a incorporar elementos de la gráfica y del diseño; esos aspectos me ayudan a la comunicación que viene del diseño, pero buscando códigos más universales.

No es un diseñador que pinta, ¿de dónde surge esa influencia si su formación es netamente pictórica?

Creo que de mi interés por la comunicación. Cuando me formaba como artista de la plástica lo que más me impactaba eran las obras en las que había una comunicación: en un lado estaba el artista —con una serie de hilos bien apretados en la mano— y en el otro, los espectadores y cada cual tomando un solo hilo. Es decir, es una comunicación directa, pero no literal. En otras palabras, que cada quien tenga su propia interpretación, pero a la vez que se posea algo en común que emite el artista.

Además, me considero una persona temperamental y siempre he sentido que bebo del arte conceptual e igualmente he trabajado con los objetos, he hecho mucha instalación. Quizá por eso mi pintura no es seriada y mi intención es que se aprenda algo diferente de un cuadro a otro. Así de simple, así de complejo.

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