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Medio país en Santiago (I)

Omar Valiño • La Habana, Cuba

En días intensos y apretados, del 26 al 30 de marzo, Santiago de Cuba acogió su Festival de Teatro Máscara de Caoba. El Máscara, como coloquialmente le llamamos, es ahora un evento grande y múltiple, que ha tenido, en su travesía de casi tres décadas distintos formatos y concepciones, aunque siempre ha prevalecido como centro el teatro santiaguero.

Esta vez no fue menos. Cada colectivo de Santiago presentó una puesta en escena. Pero sumó además una programación con montajes de grupos de Guantánamo a Ciego de Ávila, en función del propio diseño del evento y de la selección para el Festival Nacional de Teatro de Camagüey, en octubre próximo. Organizado por el Consejo Provincial de las Artes Escénicas, con el apoyo de otras instituciones y estamentos nacionales y del territorio, el festival ofreció la posibilidad de ver media Cuba teatral en un abrir y cerrar de ojos, esfuerzo panorámico que contiene en sí mismo su valía.

A la creación teatral santiaguera, se le atendió en particular a través del segmento “Veo mucho teatro”, donde cada mañana, en la sede de la UNEAC, se analizaron los espectáculos de la ciudad presentados el día anterior, más algunos otros, en el típico modus operandi de los encuentros con la crítica. Primero exponen búsquedas y objetivos el director y otros miembros del equipo, luego los críticos valoran alcances y desaciertos, y finalmente se intercambia con los hacedores de la puesta y demás público presente. Recuperados después de diez años sin realizarse, teatristas y críticos nos demostramos que, con voluntad, disposición y las mínimas condiciones creadas, la confianza impera y el diálogo resulta útil para ambas partes.

Para el grupo de críticos que intervino sobre cada puesta en escena, fue una prueba de fuego. Dos de ellos —Dania del Pino y Andy Arencibia—, no conocían Santiago de Cuba, otra —Isabel Cristina López Hamze—, allí nacida, hace tiempo que no vive en la ciudad. Los tres no tenían demasiadas rutinas previas en este tipo de intercambio, ni conocían a fondo el territorio escénico que pisaban. Contaban, sin embargo, con sus sólidas herramientas de jóvenes formados en teatrología y con una mirada limpia y buena para con el teatro nacional. A mí me tocó conducir en medio de esos signos, con el favor de mi larga y querenciosa relación con la escena de Santiago, una ciudad que amo.

El provecho de este tipo de encuentros suele verse solo del lado de los creadores. En efecto, ellos pueden aquilatar, entre las diferentes opiniones vertidas (en ningún caso como verdades absolutas), qué trasciende como ventajoso para las concepciones y las resoluciones pragmáticas de cada puesta en escena. El coloquio es más veloz y abierto que la crítica impresa o hasta la del universo virtual. Los grupos no tienen que esperar por una publicación la mayoría de las veces demorada y, por su carácter, más cerrada en sus disquisiciones. Pueden integrar, de modo rápido, ideas y señalamientos al proceso de revisión del montaje, nunca finiquitado.

Sin embargo, la experiencia misma de la crítica sale también fortalecida. En sí, porque valoriza la pertinencia del ejercicio del criterio, su función en el marco teatral. Para sí, porque lidia en vivo con el magma de la creación, lo cual la obliga a preguntarse sobre las limitaciones de su instrumental y, más allá, sobre sus horizontes de conocimiento. Porque, además, detecta problemas, generaliza, acarrea conclusiones, o hasta filosofa, a partir de los hechos concretos.

Para la institución, léase el Consejo Provincial de las Artes Escénicas y la representación de la instancia nacional allí presente, así como para la UNEAC y la Dirección Provincial de Cultura, fue importante aquilatar el estado de la situación. Con la venia y el apoyo de esas mismas instituciones que contribuyeron a esta nueva edición de Máscara de Caoba, propusimos acciones pedagógicas formativas en varias especialidades. Derivadas de nuestras lecturas e intercambios conjuntos, completarán los resultados de esta expedición crítica en el oriente cubano.

Pero, en definitiva, ¿cómo anda el teatro de medio país visto en Santiago? Mis opiniones van en la próxima entrega.

 

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