El Pensil, revista de renovación literaria

Cira Romero • La Habana, Cuba

Al calor del movimiento renovador iniciado en la poesía cubana poco después de comenzado el siglo XX, y que tuvo en los poetas nacidos en el oriente del país Regino E. Boti (1878-1958) y José Manuel Poveda (1888-1926), sus dos voces más significativas y trascendentes, comenzaron a surgir revistas literarias que serían expresión de la necesidad de ese cambio, pues desde finales del siglo XIX el género había descendido en calidad, no así en cantidad, tras el fallecimiento, en circunstancias tan disímiles, de José Martí y Julián del Casal.

Una de las más importantes de ese lapso fue El Pensil, “Revista quincenal ilustrada. Ciencias, artes y letras”, nacida en Santiago de Cuba hacia 1907. Fue fundada y administrada por una figura singular en el panorama de las letras cubanas: Juan Francisco Sariol, que nació en San Luis, en la actual provincia de Santiago de Cuba, en 1888. Trasladado con su familia a la capital de la entonces provincia de Oriente, fue tipógrafo desde que apenas era un niño, repartidor de periódicos y cobrador del titulado El Estímulo (1902-1904), de carácter estudiantil, fundado por Poveda con la colaboración de su primo Héctor Poveda, y Marco Antonio Dolz.

El Pensil tuvo una existencia irregular, pues en su primera época se extendió hasta 1908 y la segunda cubrió de 1909 a 1910. Precisamente al reiniciarse la publicación el 15 de septiembre en esta última etapa, se expresaba:

Después de un largo espacio de tiempo, vuelve El Pensil  a las arduas luchas del arte y de la idea; y vuelve con el mismo programa y con las mismas pretensiones; pero  con más energías y fe inquebrantable para sostener la lucha, que, como la anterior, será cruenta y penosa.

El incansable Sariol, que apenas unos años después, en Manzanillo, fundaría una revista esencial para la cultura cubana, Orto, siguió al frente de la revista El Pensil. Llevó a sus páginas cuentos, poemas, prosa poética, crítica literaria, traducciones de poetas y prosistas extranjeros, noticias teatrales y notas de arte. En sus secciones fijas, como la titulada “Vida literaria”, reflejó el movimiento cultural cubano e internacional, mientras que a “Páginas extranjeras” llevó composiciones, en prosa y en verso, de destacados escritores europeos y latinoamericanos. Entre los colaboradores más destacados estuvieron los antes mencionados Boti y Poveda.  El primero publicó en estas páginas, en1909, su soneto “La santa voluptuosidad” escrito el 14 de marzo de ese año, posteriormente incluido en su libro Arabescos mentales, del año 1913, volumen con el cual, según pudo apreciarse años después, conmocionó a la literatura nacional gracias al carácter de las poesías que lo integraban, alejada de los gastados modos del momento. Leamos:

Es onda fecundante y es idea

si arde en las sienes y en la mente halaga;

y siendo sensación ardiente o vaga

con su soplo la sangre nos caldea.

 

Amazona fugaz en la pelea,

con arrullos y mimos hace daga;

hija de Eros, su impudor amaga

porque odia el tedio que en el Mal dardea.

 

Es fuego que deslumbra en nuestros ojos

y en un himno genésico revienta

ante la desnudez de una hembra altiva.

Es beso que florece entre sonrojos;

y —vital lazo en formación cruenta—

es el lenguaje de la carne viva.

Por su parte Poveda, autor de un único libro de poemas, Versos precursores (1917), dio a El Pensil dos poemas que nunca recogió en libros: “La sonata vieja” y “La canción de la hermanita”, dedicados a Lydia y Paquita Poveda, respectivamente, donde ya puede apreciarse que su gesto lírico estaba muy distante de lo que por entonces se escribía en Cuba. Un fragmento del primero puede ofrecer una idea de cuáles eran sus propuestas:

Por sobre la tarde, toda sangre y queja,

pasó lentamente la sonata vieja.

Y su son hendido, ambiguo y cascado

a mi alma doliente recordó el pasado:

mis luchas, mis ansias, mi esfuerzo, mi vida,

todo el duro éxodo y toda la caída.

Y como una anciana, la sonata antigua,

prorrumpió cantando: “no llores, hermana”:

el lirio sonríe a selene cercana.

Otros colaboradores fueron los poetas Armando Leyva, Miguel Macau, Eulogio Horta, Fernando Torralva, el periodista Lino Dou, estudiado años después por Nicolás Guillén en Estampas de Lino Dou (1944)  y el dominicano radicado en Cuba durante muchos años Max Henríquez Ureña.

Desde el número 21, correspondiente al 31 de octubre de 1910, la revista cambia su nombre por Renacimiento, con el subtítulo de “Revista de arte”. En el editorial de ese número se expresaba:

Nos guía un programa literario y artístico por cuya realización luchamos hoy y lucharemos cada vez más briosamente. Se ha agrupado en derredor nuestro, como en derredor de una bandera, toda la legión joven y valiosa que hoy anhela hacer vibrar y oír la robusta voz lírica de Oriente. Significamos el primer esfuerzo encaminado a despertar, en la primera provincia cubana, la conciencia de su personalidad.

Y luego añadían que la revista “Conserva su mismo formato, y desde luego, la misma Redacción, el mismo Consejo Directivo”. En efecto, la revista continuó apareciendo con las mismas características e iguales colaboradores.

Sin duda, en la antes provincia de Oriente se estaba preparando el camino para que un poeta de la talla de José Manuel Poveda, publicara un poco más adelante, en 1912, en la citada revista Orto su texto “Palabras a los efusivos”, al que podría otorgársele la categoría de manifiesto programático, no obstante su escasa repercusión en los medios intelectuales del país, por entonces concentrados en la capital. Cuando nuestra poesía, transitaba por una etapa desorientada y estéril, con muchas figuras epigonales del modernismo sobrevaluadas por una crítica literaria insuficiente,  la voz de Poveda increpaba admonitoria, casi iracunda, pero a la vez con dolor, a los “Jóvenes poetas y prosistas de Cuba: Sentís, románticos anacreónticos, la necesidad de gritar, llorar o reír, para que el coro de afuera grite, llore o ría con vosotros. Os sentís felices cuando, al hablar de dolores, citan el vuestro; cuando, al hablar de dichas, citan la vuestra. Sois teatrales. No concebís el arte sin el espectador, ni el alma sin las bambalinas, ni el triunfo sin el aplauso. Por todo eso vacila mi esperanza, amigos míos”. Para él la creación es “un sacerdocio supremo, un culto para espíritus escogidos”, un impulso de trabajar por la belleza misma, sin cuidarse del público o  la crítica. Conmina a los “efusivos” a manifestarse “sordos al halago, la censura, la adulación y la burla” y defiende su posición estética, alejada de lo trillado —si acaso compartida en ese momento solo con su amigo, el también poeta y ensayista Regino E. Boti—, de alcanzar a través del arte una total realización, lejos de los cotarros al uso y de los aplausos complacientes. Sus frases duras y precisas, escritas con el propósito de llamar la atención, aunque pocos se identificaran con ellas, realzan la individualidad de su credo poético, formado en  sólidas lecturas de poetas españoles y franceses. Innovador formal y conceptual, Poveda se distancia de los “efusivos”, escritores complacientes y agradables al oído, pero vacíos de arte. Solo  admite creer en la gloria del artista, pero aquella que no reside “en el fallo de las academia, ni en los énfasis pueriles de la crítica, ni en los discursos mediocres [...] sino que vive, vibra, canta y grita dentro del párrafo o la estrofa en que hemos puesto la emoción divina capaz de elevarnos por sobre de la vida y por sobre de Dios [sic]”. Con este texto y otros de similar carácter, como “Llamamientos a la juventud”,   y “El manifiesto de los modernistas”  intentó José Manuel Poveda, activo colaborador de El Pensil y Renacimiento, estremecer los cimientos de nuestra empobrecida “ciudad letrada”, fin mejor conseguido por el valor intrínseco de su obra poética, que junto con la de Boti y Agustín Acosta, adscritas al llamado postmodernismo, contribuyeron a renovar el derrotero de nuestra poesía.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato