Literatura

Cada cual a lo Era

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

Jorge Fernández Era (La Habana, 1962), Licenciado en Periodismo en  1991, no es nuevo en el humorismo literario cubano. Numerosos premios lo avalan como uno de los mejores exponentes de este  género, entre los que caben destacar el Primer Premio del Salón Nacional de Humorismo de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), en los años 1987 y 1992, el Premio de Humor Carballido Rey en 1998, y su reincidencia en alzarse con el Premio de Literatura Festival Nacional del Humor Aquelarre siete veces: 1999, 2001, 2003, 2005, 2008, 2010 y 2011.

Imagen: La Jiribilla

Aunque en muchas ocasiones se ha dicho que las distinciones no aseguran la calidad de las obras premiadas, sería mezquino sospechar que tantos jurados han estado equivocados a lo largo de todo este tiempo. Personalmente comparto la opinión de quienes ven en los textos de Era la combinación de comicidad, buen gusto y acervo cultural que requiere toda obra con autenticidad artística, en este caso referida a la literatura humorística. Desde que hace más de 20 años el gran maestro del humorismo cubano contemporáneo, Héctor Zumbado, elogiara (y con él, lanzara al público lector a quien era muy joven), en la sección de la revista Bohemia que entonces dirigía, La bobería, Jorge Fernández Era no ha cesado de producir obras de considerable valor. Sin embargo, no abundan los libros que recogen sus narraciones, entre otras razones porque no se valora en su justa medida la importancia que tiene intrínsecamente el humor dentro de la literatura, cuestión esta que hemos criticado en reiteradas ocasiones. De ahí nuestro regocijo por la colección A reír, de la Editorial José Martí, dedicada a promover la literatura humorística. En la Feria del Libro más reciente dicha editorial presentó dos títulos: Solo por un tiempo, de José León Díaz, y Cada cual a lo mío, de Jorge Fernández Era, libro que nos ocupa hoy.

En él aparecen 74 narraciones que además de contener elementos clásicos del humor literario, destacan por pertenecer a la corriente minimalista del arte, o sea, la mayoría de ellos son minicuentos. Lejos de ser fácil dicha técnica, es bien complicada, porque el escritor dispone de muy poco espacio para ofrecer al público aquellos elementos que no deben faltar en un texto literario, y que se derivan del periodismo, oficio este que profesa Era: quién, cuándo, porqué, como.

“Menta”, excelente cuento mínimo con el cual el autor obtuvo en el año 2006 el Primer Premio, y el Premio del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) del Primer Concurso Internacional de Minicuentos El Dinosaurio, encabeza la lista de los mejores textos de Cada cual a lo mío. En solo 16 líneas aparece un conflicto que desencadenará tragedias monumentales, narrado desde una perspectiva francamente humorística. Otros ejemplos serían “Cuestión de tiempo”, “El salidero”, “Peroteo”, “Propaganda”, “Oigamos al compañero de la empresa”, “Consejos para un jefe que se respete”, “Push line”, “Agradeci…miento”, “Hombres”, “Epitafio”.

El resto del volumen está integrado por textos que, sin llegar a ser extensos, no pueden considerarse mínimos. En ellos, Era amplía un poco más el carácter de sus personajes, los dota de más elementos narrativos, y el resultado es tan espléndido como en su otra manera de contar.

La fina ironía de este escritor alcanza vuelos que lo distinguen del resto de sus colegas. Siguiendo el ejemplo de Zumbado, cuyo rostro se asoma más de una vez en las 185 páginas de Cada cual a lo mío, Jorge desnuda los males sociales sin que resulte incisiva su crítica, ni mordaz su apreciación. Quizá se empeñe más que su maestro (Zumbado dedicó inolvidables cuartillas a la burocracia, a los improvisados, a los pseudoeruditos, a los malos jefes, al transporte, etc.) en la denuncia de la llamada doble moral. Fiel reflejo de su tiempo, como legítimo humorista que es, Era se empeña en advertirnos el mal profundo que subyace tras la hipocresía. Sus cuentos “Primer paso” y “Al volver de distante ribera”, así lo confirman.

Las citas o exergos que aparecen al frente de la mayoría de los cuentos, no solo cumplen su función primordial de vincularse con lo que se leerá a continuación, sino que demuestran la solidez del amplio conocimiento de un narrador que lleva cerca de 30 años en el difícil y complicado mundo del humor criollo. Permítaseme la inclusión de algunos en este comentario: “Mi sueño es el de Picasso: tener mucho dinero para vivir tranquilo como los pobres” (Fernando Sabater); “Yo no puedo pertenecer a un club que acepta como miembro a un tipo como yo” (Groucho Marx); “En la vida humana solo unos pocos sueños se cumplen. La gran mayoría se roncan” (Enrique Jardiel Poncela); “Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar la duda” (Mark Twain); “He redactado esta carta más extensa de lo usual porque carezco de tiempo para escribirla más breve” (Pascal) y, por último, añado esta sentencia que bien podría aplicarse a muchos artistas, y que Era colocó al frente de su breve cuento “Admiración”: “No es difícil tener éxito, lo difícil es merecerlo” (Albert Camus). Cada cual a lo mío, un libro de humor condensado y que ojalá hubiera sido posible imprimirlo con mejor papel, no debe pasar inadvertido. No se trata de una comicidad literaria pasajera ni superficial, sino de un acercamiento a la Cuba de hoy, vista a través de la mirada aguda e inteligente de uno de nuestros más brillantes creadores humorísticos.

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