Cantores...

La más bella historia de amor que tuve y tendré

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

No me siento extranjero en ningún lugar,

donde haya lumbre y vino tengo mi hogar.

Y para no olvidarme de lo que fui

mi patria y mi guitarra las llevo en mí...

Si me dijeran de pronto quédate con la obra de tus tres cantautores preferidos, los que seguirán acompañándote con sus discos de por vida, de inmediato diría: Silvio Rodríguez, Chico Buarque y Joan Manuel Serrat. Después de muchos años escuchando canciones, recopilando información, veo en estos tres colosos de la música todo un cosmos espiritual capaz de tener preguntas y respuestas acerca de los grandes misterios de la vida. Con sus canciones podemos contar la historia de la humanidad, o al menos hallar un fresco del último medio siglo (y viajar mucho más allá, hacia atrás y hacia adelante), explicarnos muchos de los grandes sucesos, encontrar razones y sinrazones de las sociedades, sufrimientos y sueños de los pueblos, de los amantes…, despejar y replantear múltiples interrogantes éticas, filosóficas, sentimentales, del ser humano.

Sin duda, uno de los grandes privilegios que he tenido en mi paso por este ruedo existencial es el de navegar por ese océano insondable que podemos llamar Silvio-Chico-Serrat. Como ya propuse aquí, en “Cantores”, una columna del cubano y otra del brasileño, hoy le corresponde al catalán que en una de sus canciones nos dice:  

Un servidor,

Joan Manuel Serrat,

casado, mayor de edad,

vecino de Camprodón, Girona,

hijo de Ángeles y de Josep,

de profesión cantautor,

natural de Barcelona,

según obra en el Registro Civil,

hoy, lunes 20 de Abril de 1981,

con las fuerzas de que dispone,

atentamente expone...

Joan Manuel Serrat Teresa nació el 27 de diciembre de 1943 en Barcelona. En 1965, recién graduado de perito agrícola, se presenta en el programa Radioscope de la emisora Radio Barcelona y canta sus primeras canciones en catalán. En 1965 llega su primer disco, titulado Una guitarra, que contenía cuatro canciones, en 1966 hace otro de cuatro temas, Ara que tinc vint anys. Ahora que tengo 20 años que un año más tarde se graba como un disco de larga duración (por entonces de placa, lo llamados long play) con diez canciones y que rápidamente es considerado la obra de mayor importancia producida en la canción catalana. De ahí para acá la obra de Serrat ha crecido hasta llegar aproximadamente a los 50 discos. En 1968, fue seleccionado para representar a España en el renombrado Festival Eurovisión, lo cual trajo un gran escándalo cuando declaró que no cantaría en español sino en catalán, lo cual afianzó su rebeldía.

Tu nombre me sabe a yerba

de la que nace en el valle

a golpes de sol y de agua.

 

Tu nombre me lleva atado

en un pliego de tu talle

y en el bies de tu enagua.

Tras varios discos en catalán, en 1969 aparece el primero cantado en español La paloma y otras canciones en el que resaltan piezas como “Titiritero”, “Manuel”, “Balada de otoño”, “Tu nombre me sabe a hierba” y “Poema de amor”, entre otras que le darían gran popularidad.

Cuando el jilguero no puede cantar,

cuando el poeta es un peregrino,

 cuando de nada nos sirve rezar...

 caminante, no hay camino,

 se hace camino al andar.

Estos versos del poeta español Antonio Machado recorrieron el mundo de habla hispana a inicios de los 70 en la voz de Serrat. En su amplísima discografía aparecen musicalizados versos de notables poetas como Federico García Lorca, Rafael Alberti, León Felipe, Nicolás Guillén, y especialmente los discos con poemas de Miguel Hernández, Antonio Machado y Mario Benedetti. Los discos con la obra de Machado y Miguel Hernández tienen una resonancia especial por ser estos poetas que tuvieron una actitud y una obra a favor de la república española en la Guerra Civil de los años 30, por lo cual eran considerados un desafío a la dictadura de Franco, que todavía estaba en el poder. Especialmente Miguel Hernández quien estuvo en el frente y murió encarcelado: 

Para la libertad, sangro, lucho, pervivo.

Para la libertad, mis ojos y mis manos,

como un árbol carnal generoso y cautivo,

doy a los cirujanos.

En estos años también se inicia la carrera cinematográfica de Serrat, como actor, incluso protagónico en varias de ellas, y en las que canta algunos temas; las películas son Palabras de amor (1968) del director Antoni Ribas, La larga agonía de los peces fuera del agua (1970) de Francesc Rovira Beleta, Mi profesora particular (1972) de Jaime Camino y La ciutat cremada (1976), también de Antoni Ribas.

A tus atardeceres rojos

se acostumbraron mis ojos

como el recodo al camino...

Soy cantor, soy embustero,

me gusta el juego y el vino,

tengo alma de marinero...

 

¿Qué le voy a hacer, si yo

nací en el Mediterráneo?

En 1971 Joan Manuel Serrat saca al mundo uno de los discos más importantes que se haya grabado, al menos en lengua castellana Mediterráneo. Títulos como “Pueblo blanco”, “Aquellas pequeñas cosas”, “Vagabundear” o “La mujer que yo quiero” quedan entre las páginas más poéticas y profundas creadas por cantautor alguno. Esto, sin contar con la propia pieza que da título al disco considerada, en encuestas al público y especialistas, la canción número uno de España en todos los tiempos. Completan ese disco nada menos que “Tío Alberto”, descripción de uno de esos personajes típicos de la España de la pos guerra, “Barquito de papel” que es un minucioso repaso de la pureza infantil desde la más nostálgica ternura, o la musicalización que hace Serrat de un poema cardinal de León Felipe “Vencidos”, con lo cual cierra el disco enfrentando al tirano Franco, y pidiéndole al Quijote que lo lleve a batallar.

Cuántas veces, Don Quijote,

por esa misma llanura,

en horas de desaliento

así te miró pasar...

y cuántas veces te gritó:

“Hazme un sitio en tu montura

 y llévame a tu lugar”.

Hazme un sitio en tu montura,

caballero derrotado,

hazme un sitio en tu montura,

que yo también voy cargado de amargura

y no puedo batallar.

Cualquiera de las canciones de este disco merece la categoría de clásico y aún no he mencionado la que te ofrezco hoy…”Lucía”.

Es una carta de amor

que se lleva el viento

pintada en mi voz

a ninguna parte

a ningún buzón.

 

No hay nada más bello

 que lo que nunca he tenido.

Nada más amado

que lo que perdí.

Es una especie de carta-canción, que siempre asocio con “Tu fantasma” de Silvio Rodríguez; pues son como esa descarga de melancolía por una mujer que se ha ido —temporal o espacialmente— a la que el trovador le canta como un lamento y como si el canto, susurrado, estuviese ocupando el lugar de una misiva a esa mujer intensamente amada. Silvio, en su encabezamiento dice “me acompaño de guitarra porque yo no sé cartas” y Serrat “es una carta de amor que se lleva el viento pintada en mi voz”. Silvio describe su cotidianidad en la ausencia-presencia fantasmal de la amada, Serrat hace lo mismo, aunque confiesa  su estado taciturno con más carga filosófica.

Queda mucho por escribir de Serrat, en el próximo 2015 se cumplirán 50 años de sus primeras grabaciones, y aún sigue llenando escenarios, especialmente en sus conciertos con Joaquín Sabina. A inicios de los 70, vino a Cuba para ofrecer fabulosos conciertos, especialmente en el teatro Karl Marx, y recorrió muchas veces la Isla, adentrándose en la vida de los cubanos. Ya volveré sobre el Nano, sin duda, uno de los más grandes creadores de la canción en nuestra lengua (y claro que en catalán). Por hoy, deslizo debajo de tu alma esta carta canción... para ti, Lucía.

Lucía

Vuela esta canción

 para ti, Lucía,

 la más bella historia de amor

que tuve y tendré.

Es una carta de amor

que se lleva el viento

pintada en mi voz

a ninguna parte

a ningún buzón.

 

No hay nada más bello

 que lo que nunca he tenido.

Nada más amado

que lo que perdí.

Perdóname si

hoy busco en la arena

una luna llena

que arañaba el mar.

 

Si alguna vez fui un ave de paso

lo olvidé para anidar en tus brazos.

Si alguna vez fui bello y fui bueno

fue enredado en tu cuello y tus senos.

Si alguna vez fui sabio en amores

lo aprendí de tus labios cantores.

Si alguna vez amé,

si algún día

después de amar, amé

fue por tu amor, Lucía.

 

Tus recuerdos son

cada día más dulces.

El olvido sólo

se llevó la mitad,

y tu sombra aún

se acuesta en mi cama

con la oscuridad

entre mi almohada

y mi soledad.

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