La N de la UNEAC

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba

Aunque por razones históricas, la mayor parte de la membresía reside en La Habana, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), como nunca antes, tiene hoy un alcance territorialmente abarcador. Por lo acontecido de un tiempo a esta parte hasta pudiera justificarse un equívoco: hay quienes le atribuyen a la N de la sigla de la organización al término Nacional, cuando en verdad se trata de la consonante que sigue a la inicial de la palabra que encabeza el nombre de la entidad.

Imagen: La Jiribilla

Lo cierto fue que el proceso hacia el VIII Congreso de la organización mostró evidencias de la extensión de la vanguardia artística y literaria a lo largo del país no solo en el orden cuantitativo, sino por la creciente implicación efectiva de los creadores con la vida social y cultural de cada uno de los territorios.

En Guantánamo no habría un respetable auditorio para la música de concierto si no fuera por la convocatoria anual de jornadas especializadas que incluso han alcanzado nivel internacional.

Los santiagueros han potenciado las manifestaciones escénicas mediante el festival Máscara de Caoba; las artes plásticas con la convocatoria al salón de las provincias orientales; y la canción popular a través del que quizás sea el mejor de los eventos que fuera de La Habana se dedica al bolero.

Granma presta una atención especial a la promoción de las investigaciones históricas vinculadas a la forja de la nación y Holguín es un hervidero de creación y formación de nuevos públicos, con una sede que en poco tiempo se ha consolidado como una de las instituciones de mayor peso en la trama cultural de la región.

En Las Tunas la articulación entre la UNEAC y la Fundación Nicolás Guillén ha repercutido no solo en el conocimiento de la obra del poeta mayor sino en el accionar de la cultura comunitaria.

Las iniciativas camagüeyanas se expresan tanto en la aglutinación nacional de quienes ejercen la crítica cinematográfica como en la misión de preservar y promover el legado de Guillén y la Avellaneda.

Ciego de Ávila ha posicionado un movimiento literario y una inserción en el ámbito comunitario; Sancti Spiritus, su identidad trovadoresca y poética; y Cienfuegos, una revitalizadora presencia de artistas plásticos y escénicos de vanguardia.

Villa Clara se multiplica desde otra de las sedes con más intensa programación cultural e irradiación creativa en todos los órdenes; Matanzas destaca por la animación de sus músicos, poetas y pintores; y Pinar del Río defiende el canto lírico y la originalidad de su vanguardia en las artes visuales. La Isla de la Juventud cuenta con un Comité Municipal que recupera sus trazas. Hasta en las nuevas provincias de Artemisa y Mayabeque, esta última con un emporio cultural en Bejucal, la UNEAC ha conseguido marcar pautas.

Pero tan importante como la actividad factual de la organización en cada territorio, es la capacidad de la vanguardia artística y literaria para pensar la cultura, la sociedad y la nación en sus más diversas y conflictivas problemáticas.

A lo largo del proceso preparatorio del VIII Congreso las correspondencias y disonancias entre cultura, educación y sociedad de una parte, y de otra, entre arte, mercado, industrias culturales y medios de comunicación fueron sometidas a un análisis profundo de Guantánamo a Pinar del Río, bajo la premisa de avanzar del diagnóstico a la acción.

Imagen: La Jiribilla

En casi todas las plenarias provinciales hubo críticas a la pérdida de valores, a las inconsistencias del sistema educativo, a las deficiencias en la enseñanza de la Historia de Cuba y a los vacíos en la trama que debe conjugar la labor de las instituciones culturales en el seno de la comunidad, pero también se hizo patente la voluntad de coadyuvar a que la escuela sea una sólida institución cultural y a potenciar el papel del arte y la literatura en la formación ciudadana.

El análisis partió de las realidades locales, pero no se limitó a ello, en tanto el registro abarcó el tejido social desde una perspectiva integral. Y quedó planteado como reto mayor de estos tiempos favorecer la creación en toda su diversidad y originalidad, con máximo rigor, y encauzar una fluida interacción con las instituciones y estamentos de nuestra sociedad de manera que la vida espiritual se afiance como componente imprescindible en el escenario resultante de las necesarias e impostergables transformaciones económicas que tienen lugar.     

Ahí radica la principal fortaleza de la UNEAC y de la N que da la medida de su alcance real.

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