Epifanías de Silvia R. Rivero

Abel Prieto Jiménez • La Habana, Cuba

El poema “El bello niño” de Fina García-Marruz tiene tres personajes principales: la Mujer-Madre, el Niño y algo más difuso que podríamos llamar el Paisaje, en su versión fantástica, placentera, jamás fragmentada, que la infancia nos permite imaginar y vivir plenamente, y en aquella que se reserva a los adultos, ambigua, rota, marcada por la idea de lo perecedero y de la muerte. En su prédica, la Mujer-Madre explica al Niño, con serenidad, conteniendo juiciosamente la angustia, los privilegios (efímeros) de su edad, de su manera de ver y sentir, y qué ganará y qué perderá con el tiempo:

Tú sólo, bello niño, puedes entrar a un parque.
Yo entro a ciertos verdes, ciertas hojas o aves. (…)
Tú sólo  en ese reino indisoluble y grave
Has tocado la magia de lo exterior, las cosas
Indecibles. Yo llevo la ropa maliciosa
Del que de muerte sabe y de amarga inocencia.           

Tú no sabes que tienes toda posible ciencia.
Mas, ay, cuando lo sepas, el parque se habrá ido,