Selección de poemas

Todo un verano                       

Todo un verano para entender y luego negar como si dispusiera de tiempo para aliviar el desencanto, el escalofrío de la plenitud.

Puesto que otras presencias ya no me halan, puedo celebrar el arribo de la fe o el escándalo del loco que quiere penetrar en la fiesta a la que no fue invitado.

(Allí donde los malvados hablan en voz baja para no provocar la desconfianza de los impacientes).

De noche la aparente inmovilidad de las cosas hace insoportable la permanencia en un lugar (Casal se mudaba de un sitio a otro por esa razón).

Y el calor y la costumbre completan un círculo, una manera de rematar la boca y la piel.

Todo una verano para alcanzar una cadencia, tal vez un compromiso de fidelidad o un discreto estado pasajero.

 

Lo extroardinario 

                             El problema de la noche sigue sin resolverse.

                                                                                                           Henri Michaux

¿Dónde comienza lo extraordinario?

 Nadie lo dice, nadie sabe dónde y cuándo desova la tortuga de carapacho celeste.

Los desplazamientos revelan parte de la verdad.

La verdad como un himno de flautas lejanas, como un zumbido que no muere, como las alternancias de la Rueda de la fortuna. 

Hundo mis pies en una masa que cede.

El sentimiento de ser observado me hace caminar volteando la cabeza una y otra vez, como si puñados de partículas fueran lanzados contra mi cara semejando abundancia, lluvia purificadora.

La multitud me reconoce solo cuando revelo el sueño de la marcha hacia el oeste y el amarillo de la eternidad.

Me inquieta el hombre que encuentro en el puente, recostado a la baranda, mirando las aguas que se alejan.

Lo extraordinario no se vislumbra cada día y los desplazamientos han sido el pretexto para entender la noche de la patria.

La noche como verdad a medias, como el consuelo de vivir en espera de lo extraordinario.

 

Como baba de perro hambriento

Durante meses los baños y hornos de Alejandría

fueron alimentados con rollos de su célebre biblioteca.

Pitágoras advirtió que los asuntos del templo

no debían tratarse en plazas públicas.

La eficacia de la artillería alemana mató a muchos poetas

(a algunos los dejó tarados y con un vacío ensordecedor).

Me duelen los brazos después de cargar bolsas de cemento

para reparar un techo que en breve volverá a rajarse.

Es un ciclo del que no puedo escapar

como la baba en la boca de un perro hambriento.

Qué lejos y qué cercano parece todo.

A Lezama le gustaban los panques de una popular dulcería

y el lado incestuoso de los salmos, las contradanzas de lo imposible.

He soñado que dos mujeres me empujan hacia abajo

al final de una temporada crítica, sin himnos de alabanza.

Un paso en falso hará que la arena me cubra.

La arena se multiplica formando nuevas desolaciones.

Me han dicho que las ballenas sueñan.

 

SI YO FUERA UNA NUBE 

Pegar los ojos a la costura, a esa línea que oculta

el mal estado de los caminos o el lazo de la obligación.

Los ojos me arden como las hortalizas podridas y las babosas,

como los pregoneros que empujan carretillas.

(El tufo de continuas fumigaciones se ha fundido a mi piel).

Si yo fuera una nube escogería la tundra

y dejaría de tragarme el olor de los pasillos.

El sueño de una enorme planicie siempre me delata.

El crepitar de la leña en el fuego,

la marcha entre aleteos de aves que huyen.

Pagar los ojos al eje que no puedo tocar,

a la codicia de avivar lo que soñaba extinto.

 

LA HARINA EN EL DEPÓSITO

Pobre de mí que he cruzado la calle sin mirar a ambos lados.

Las fechas se agotan como la harina en los depósitos.

El que ha guardado tierra en el escaparate

       hace las conocidas señas y se dispone a dormir.

Las huellas conducen a un terreno de sueños movedizos

que un grupo de jóvenes ha rodeado con láminas de acero.

Esta mañana sostuve en la palma de mi mano un trozo de espejo

que tenía una vieja mancha de etiqueta.

Las etiquetas son tan sutiles como la sangre, como mi cara al amanecer.

Pobre de mí que no he sabido conjugar los límites

ni averiguar el momento en que la harina se agotaría en los depósitos.

 

CORRE, LOLA, CORRE

Corre, Lola, corre, despega el polvo de las calles,

la ojeriza del mundo soldada a las paredes.

No mires a las ventanas,

las ventanas pueden jugarte una mala pasada.

Ignora la rabia de los transeúntes entrampados en sus viejos temores.

Corre muchacha de cabello encarnado, crúzalo todo,

no te detengas ante barreras de fiebre y podredumbre,

los resquicios existen para que tú los halles en tu loca carrera.

Por el camino no dejes de alimentar a los pájaros con tu saliva,

tu saliva tiene el gustillo del sexo al atardecer.

Corre contra todo pronóstico, contra toda saturación.

Haz de salvar al hombre,

el tiempo puede salvar al hombre y también destruirlo,

eso ya lo sabemos pero corre, sube y baja escaleras,

deja atrás los bramidos de los toros en celo.

No eres una película, nunca pienses que alguien te filma

y apresura tu paso Lola, apresura tu empeño de llegar

al precio de tu vida, al precio con se fundan las herejías.

 

Especial para La Jiribilla

Comentarios

Marrero es sin dudas un gran maestro de la palabra, gracias a La Jiribilla he podido leer textos suyos que desconocía...

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