Informe de las Comisión de Cultura
y Medios

La Jiribilla • La Habana, Cuba

El Sexto Congreso del Partido Comunista de Cuba, y especialmente su Primera Conferencia Nacional, refrendaron a la cultura y a los medios de difusión como entes activos en el seguimiento de los cambios que tienen lugar en nuestra sociedad.

En los objetivos del 49 al 72 de la Conferencia se especifican aspectos medulares tales como la transformación de la labor política e ideológica con los jóvenes, el aprovechamiento de las ventajas de las tecnologías de la información y las comunicaciones, así como la consolidación —con la participación activa de los intelectuales, artistas e instituciones— de la política cultural de la Revolución.

Se insta a desarrollar la crítica artística y literaria, con énfasis en las insuficiencias y virtudes de la obra cultural; a promover a escala masiva la capacidad de apreciación artística y literaria y el fomento de valores éticos y estéticos, así como la erradicación de manifestaciones que atenten contra la dignidad de las personas y la sensibilidad de la población.

Con respecto a los medios audiovisuales, se insiste en el reflejo de la realidad cubana en toda su diversidad. Se aboga porque estos informen de manera oportuna, objetiva, sistemática y transparente, y tengan en cuenta las necesidades e intereses de la población.

La Conferencia afirmó que los medios de comunicación masiva deben apoyarse en criterios y estudios científicos, y ofrecer caminos al conocimiento, al análisis y al ejercicio permanente de la opinión.

Finalmente, se pronunció por actualizar la política de programación del Instituto Cubano de Radio y Televisión sobre la base del uso racional de los recursos, la calidad en la producción nacional y el rigor en la selección de la producción extranjera.

Bastaría a este VIII Congreso de la UNEAC suscribir lo antes mencionado, y ya tendríamos definidos los puntos cardinales por donde deberíamos avanzar los escritores, artistas, realizadores, críticos y otros intelectuales cubanos en los próximos años.

Jerarquías culturales

Las tecnologías contemporáneas han transformado las maneras de producir y consumir los productos culturales. Los receptores tienen hoy la posibilidad de diseñar su propio entretenimiento, y de seleccionar entre múltiples propuestas aquellas que les interesan o no, incluidas muchas que ni siquiera son producidas en nuestro entorno.

Hay que estar atentos a los intereses y gustos de las audiencias, que merecen respeto. Esa es una realidad que debe ser interiorizada y comprendida; de ahí que la televisión, la radio y el cine deben repensarse en correspondencia con esas nuevas necesidades y expectativas de la población.

Entre los retos actuales está el de hallar el justo medio. El derecho al placer y al entretenimiento no puede ser visto solo como sinónimo de frivolidad o vacío intelectual. Pero el interés de distraer tampoco debe asociarse a la vulgaridad, ni legitimar lo mediocre y superficial.

Debemos adecuar nuestra labor como creadores de los medios a los cambios en el lenguaje y las nuevas formas de articular los discursos audiovisuales a partir de las jerarquías culturales de la Revolución, que de ninguna manera podemos perder de vista.

Debemos desterrar definitivamente las muestras de discriminación y violencia en la televisión, el cine y la radio, que han prevalecido más allá de las políticas oficiales que las prohíben.

Abogamos por la defensa de la diversidad y por la visibilidad equilibrada, de aceptación, integración y respeto a las especificidades sociales, económicas, raciales, de edad, de sexo y opción sexual, creencia religiosa, de las llamadas discapacidades, y de todo tipo de diferencias entre las personas; contra regionalismos y localismos en cualesquiera de sus direcciones.

Nuestros medios deben continuar avanzando guiados por las mejores tradiciones y —en consonancia con la evolución del mundo actual— contribuir a la construcción de un planeta y un país de todos y para todos, sin exclusiones, y con una cultura de amor y protección del medio ambiente.

Los momentos actuales exigen también la jerarquización de los paradigmas históricos y culturales de la nación, acompañada por la construcción de nuevas identidades, en sintonía con las complejidades de la sociedad cubana de hoy.

Pero no debemos quedarnos en las consignas sino emprender, desde la UNEAC (y esto fue también reclamo del VII Congreso) una labor consciente y organizada que vaya desde la preparación y superación profesional hasta la exigencia —por las vías que se requieran— del cumplimiento de lo acordado en este y otros eventos de la organización.

El acceso a Internet y a las nuevas tecnologías es una necesidad imperiosa para la cultura cubana, que no solo atañe a escritores artistas, investigadores y otros intelectuales, sino a toda la sociedad. Los esfuerzos que hace el país para mejorar la conectividad de la población a las redes informáticas y de comunicación estarán compensados en la medida del empleo útil y racional que demos a estos medios. El reto es formar internautas críticos que naveguen libres y seguros entre esas redes.

Debemos afianzar el diálogo directo y franco de los intelectuales y artistas cubanos (en especial los miembros de la UNEAC) con los decisores de la política cultural e ideológica del Partido, para sobre la base de una mayor confianza, encontrar de conjunto las mejores soluciones (incluidas las económicas) que permitan subvertir la actual situación del cine, la radio y la televisión.

La identidad y la unidad nacional se cimientan con participación, sentido de pertenencia y conciencia de nosotros mismos. Los profesionales de hoy tenemos que ser (y somos) generadores de pensamiento, no meros transmisores de ideas.

Escritores, artistas y demás creadores de la UNEAC debemos cada día esforzarnos por ser mejores ciudadanos y realizar nuestro trabajo con la mayor humildad posible. Solo así podremos llevar con orgullo el calificativo de vanguardia cultural cubana.

Cine

La fundación del ICAIC y la obra de nuestros cineastas a lo largo de todos estos años es una de las conquistas más preciadas de la Revolución. Sin embargo, el cine cubano es también hoy un sobreviviente de las dificultades económicas y sus consecuencias sociales.

Los modos de producción cinematográfica y de audiovisuales que se realizan por medios institucionales resultan ya rebasados por la realidad del país. Es necesario aprobar y poner en práctica las nuevas formas de producción, sobre bases económicas, legales y organizativas, que permitan a las instituciones y a los realizadores de la esfera no estatal aprovechar mutuamente la experiencia y el potencial técnico y humano de cada uno.

Es notable el número de obras realizadas por el llamado cine joven que aún no encuentran un espacio de exhibición en nuestras salas de cine y en la televisión, porque algunos consideran esta producción “incómoda y políticamente incorrecta”.

Saludamos desde la UNEAC la importancia concedida por la Comisión para la Implementación y Desarrollo de los Lineamientos del Congreso del Partido, al crear un Grupo de Trabajo Temporal con la participación activa de cineastas y otros profesionales del audiovisual, en respuesta a su alerta oportuna sobre la necesidad de emprender transformaciones para revitalizar el cine cubano y rediseñar un ICAIC a tono con los tiempos que corren. Ha sido un ejemplo de integración entre la institucionalidad cultural y los creadores.

Apoyamos igualmente los objetivos para la creación del Centro de Promoción e Investigación Audiovisual “Tomás Gutiérrez Alea”, según el proyecto presentado a la Asociación de Medios

Audiovisuales y Radio

Constatamos la preocupación por el estado actual de las salas cinematográficas de la capital y de muchas localidades del país, expresada en nuestras asambleas previas. Pero el “salvamento” de tan importantes espacios de arte y socialización debe partir de las posibilidades económicas del país y de proyectos realistas, y estar en sintonía con la polifuncionalidad que estos sitios tienen en el mundo contemporáneo como centros de ocio, cultura y entretenimiento con diversas propuestas simultáneas que seduzcan a los espectadores.

Radio

La radio, subestimada por algunos ante el impacto de las nuevas formas mediáticas, goza de gran audiencia, tradición y popularidad en nuestro país. Para nada debemos minimizar su protagonismo e impacto real en la vida de los receptores. Sigue siendo el medio de mayor alcance, el más portable y económico en su balance creativo, el que apela con mayor libertad al desarrollo del imaginario individual y debe constituir un escenario pródigo para la promoción cultural.

El universo radial ha padecido estos últimos años la desprofesionalización de sus trabajadores, el flujo negativo hacia otros medios, la preparación escasa de sus directivos, ejecutivos y asesores, al tiempo que se observan formas de pago que no se corresponden con los presupuestos culturales que debieran exhibir este poderoso engranaje comunicativo.

Es importante enfocar las energías hacia el logro de la exclusividad y calidad necesarias en los mensajes emitidos. Los recursos con los que cuenta la radio hoy deben invertirse en premiar

el verdadero esfuerzo creativo, por lo cual la escala de pagos tiene que gratificar cada vez más la eficacia cultural y comunicativa.

De igual forma, se desdibujaron las singularidades que distinguieron a las emisoras del país, desde lo local hasta lo nacional. Vale aclarar que tras el reconocimiento de esas fallas en la caracterización de cada una de ellas, los trabajadores y directivos de la radio han emprendido una cruzada para devolverle sus perfiles y su condición de espejos de las localidades, con sus problemáticas propias y sus tradiciones.

El camino de la producción radial se define en la racionalidad y en los métodos productivos que entronicen a la mujer y al hombre radio cultos y multifacéticos, capaces de colocar voces, editar, musicalizar... aprovechando la síntesis tecnológica que favorece hoy al medio.

Desde la producción artística deben potenciarse fórmulas económicas que ayuden a sostener la creación. En ese sentido, los dramatizados y otros tesoros patrimoniales de la radio cubana —cuya protección es una de las mayores inquietudes de quienes se preocupan por el destino de este medio en el país— pueden formar parte de la miríada de iniciativas que redunden en una autogestión financiera.

La radio es una de las mayores difusoras de música en el país. Estamos convencidos de que ella define, con un alto protagonismo, los gustos musicales de la población. Debemos estudiar más a fondo e incidir con mayor eficacia en la variedad y valor de lo que se radia; analizar qué producción musical se está registrando y reconociendo desde el derecho de autor en el país; cómo y quiénes definen las obras que forman parte de las listas de preferencias y luchar por no hacer concesiones a lo mediocre y lo vulgar.

Tal como la política cultural de Cuba es una, la política de radiodifusión musical debe ser armónica en su naturaleza consensuada con los verdaderos expertos y conocedores del tema; y favorecer en la difusión únicamente al rico patrimonio vocal, melódico y rítmico de la nación y a los verdaderos talentos contemporáneos que nos identifican desde el universo sonoro local ante el mundo.

Televisión

La televisión cubana, con características únicas en el mundo, sigue siendo hoy el medio de in- formación y entretenimiento más popular. Proyecta, sin embargo, una imagen muy lejana a las necesidades culturales, informativas y de distracción de nuestro pueblo.

Problemas largamente acumulados, que transitan en primer lugar por las consabidas carencias económicas, pero también por errores de dirección, desorganización e indisciplina, han desembocado en un sistema de producción actualmente debilitado por la burocracia, y una plantilla técnica y profesional que no responde ni a las exigencias de una televisión moderna, ni a las peculiaridades de nuestra sociedad.

Como resultado, adolecemos hoy de una programación de inestable calidad y deficiente jerarquización de sus espacios, que por momentos parece opuesta a lo mejor de la cultura y la estética cubanas y universales, como si la política cultural del país fuese por un lado y la TV por el otro.

Defender el buen show televisivo —sin concesiones al facilismo o lo trivial—, aun en los programas de corte informativo o educativo, es primordial para “atrapar” a la teleaudiencia. De lo contrario, siempre puede cambiarse el canal o acudirse a otros medios alternativos de cualquier procedencia o calidad.

El impacto de las obras de ficción, especialmente de las telenovelas, es reconocido por todos los investigadores. Desgraciadamente, en los últimos tiempos este importante género no ha caminado con buen paso por la televisión. Telenovela, teledrama, cuento o serie de ficción no deben estar divorciados de la realidad. Se ha demostrado que cuando una obra de este tipo se inserta en problemas peliagudos de la actualidad, su “pegada” en la sociedad es mucho mayor.

Resulta inverosímil que con la manifiesta tradición productiva de aventuras y otros espacios dedicados a niños, niñas y adolescentes, hoy esos grupos etarios reciban la menor cantidad de programas nacionales dirigidos a ellos, a la par que sus horarios habituales son ocupados acríticamente por productos enlatados, eco y reflejo de realidades bien diferentes.

A nivel local, si bien el país ha hecho un enorme esfuerzo para producir televisión en todos los territorios, los telecentros y las corresponsalías —salvo algunas excepciones— arrastran y reproducen los mismos problemas que a nivel nacional, en detrimento de sus tradiciones, de su historia, sus personalidades y peculiaridades económicas y sociales.

Como el resto de los medios, el sistema de la televisión cubana está urgido de cambios estructurales y de formas productivas acordes con la realidad actual del país, donde se premie y priorice la calidad, el talento y la utilidad social (no solo de lo que se produce dentro del ICRT) y se destierre todo aquello que entorpezca el producto final, que es, en definitiva, la obra televisiva.

La realización, con el apoyo de RTV-Comercial, de filmes como Conducta y Penumbras, y las series Duaba, la Odisea del Honor y Habitat, demuestran que sí se pueden realizar obras de alto valor estético ateniéndose a la legalidad, pero con formas de producción novedosas.

El ICRT, que tiene el encargo del Partido y la premura lúcida de la sociedad, debe asumir cuanto antes el reto de estudiar, proponer e implementar todos los procesos innovadores que le sean necesarios para lograr una producción y una programación como la que necesita la Cuba de hoy.

Locución

Cuba ha sido cuna de excelentes locutores desde el surgimiento de la radio; esa tradición peligra cuando el micrófono se entrega a personas que no tienen ni la cultura, ni la voz, ni la dicción para transmitir como se debe un mensaje de forma agradable y creíble.

La celebración de tres encuentros científicos hispanoamericanos, con la participación de los profesionales del habla en Cuba, es un hecho que merece el reconocimiento y demuestra la necesidad de que exista —como en el resto de los países del área— un ente especializado que agrupe a los locutores y los represente, pues la UNEAC solo agrupa a una parte de ellos.

Se debe trabajar para que la radio, la televisión y el cine sean cultores del buen decir, teniendo en cuenta que el idioma es un ente vivo y uno de los pilares del alcance de los medios.

Información cultural

La información cultural en nuestros medios carga con la sostenida depreciación espacial en los diseños de programación y en las definiciones editoriales. Con frecuencia se designa a lo cultural como un complemento menor que aporta cierto color a revistas, noticiarios y programas habituales y que prioriza la cobertura de eventos, talleres, simposios, congresos... en detrimento de la sistematización de un pensamiento crítico, destinado a la apreciación e identificación de los verdaderos valores artísticos y literarios.

La cultura debería ser un eje transversal de todo cuanto publicitan o publican nuestros medios, teniendo en cuenta que constituye un elemento universal e integrador, a la vez que una pasarela fiable hacia el compromiso identitario y el sentido de pertenencia a una nación.

Nuestros medios deberían ser también, desde el punto de vista estético, paradigmas culturales en los que logremos identificarnos en un imaginario común y diverso de alta creatividad y aprovechamiento de los nuevos instrumentos tecnológicos en función de propalar la cultura.

La experiencia de Telesur, donde laboran no pocos profesionales cubanos, debe ser tenida en cuenta como ejemplo de una programación que se acerca a lo que deberían ser nuestras propias aspiraciones mediáticas. Profesionalismo y deseos de alcanzar un equilibrio entre los presupuestos ideológicos y la expresión formal, no faltan entre nuestros directores, realizadores, periodistas y personal técnico. La transmisión televisiva de la recién concluida II Cumbre de la CELAC demuestra cuánto y cómo se puede hacer, aun enfrentados a restricciones materiales.

Saludamos la aparición reciente del Noticiario nacional cultural y abogamos por el sostenimiento de toda una serie de espacios informativos-culturales que han permanecido en la radio y la televisión, venciendo las hostilidades propias de la subestimación de estos asuntos y la precariedad económica.

Insistimos en la necesidad de convertir a nuestros medios de comunicación en entes culturales. La cultura que les dio origen no puede entrar a ellos por la puerta trasera. Intelectuales, artistas, académicos, profesionales y técnicos del universo mediático deben reconocerse en la radio y la televisión tanto como nuestra población merece la oportunidad de instruirse, informarse y entretenerse de un modo culto, para nada elitista o excluyente, y que no minimiza las competencias y capacidades del receptor.

Crítica e investigación

La crítica especializada y oportuna sobre (y en) los medios es el mejor instrumento para jerarquizar y decantar el hecho artístico y el consumo de la industria cultural cubana y la foránea. Ella sugiere, tiende puentes, ofrece puntos de vista e ideas que posibilitan una mejor comprensión del hecho artístico, a la vez que genera un diálogo más cercano entre los creadores y el público.

Sin embargo, hoy resultan insuficientes e irregulares los espacios para ejercerla. Subsisten prejuicios, temores y desconfianzas hacia las voces realmente especializadas, en muchas ocasiones suplantadas por conductores, moderadores o presentadores que tratan los temas de forma superficial y poco profesional.

Apremiante resulta propiciar y reencontrar las opciones para el ejercicio de la crítica especializada, tanto en la prensa escrita como en los programas de radio y televisión legitimados para ello, así como en nuevos espacios de discusión e intercambio. No bastan las intenciones o voluntades de conductores o invitados fortuitos a determinados espacios. La crítica deben ejercerla, en primer lugar, los críticos.

Son, por tanto, los propios críticos e investigadores los encargados de encontrar, afianzar y socializar (con el apoyo de las instituciones) esas nuevas alternativas y los respectivos escenarios mediáticos para el debate sobre los medios, con la participación cada vez más activa de realizadores, artistas y otros profesionales del cine, la radio y la televisión. Corresponde a ellos también la autosuperación constante y contribuir a la formación de nuevas voces especializadas.

Un papel fundamental toca a la revista Unión y al portal de la UNEAC. Este último debe ser fortalecido a fin de establecerse como plataforma para la colaboración de los críticos e investigadores, además de importante vehículo para la información hacia adentro y hacia fuera de la UNEAC.

Debe priorizarse la realización de investigaciones, encuestas y otros estudios especializados acerca del alcance, el impacto y la utilidad de los medios en nuestra sociedad, pero debe sobre todo agilizarse el uso y puesta en práctica de sus resultados, comenzando por aquellos ya realizados y hasta premiados por diversos certámenes, incluidos los de la propia UNEAC, a lo largo de estos años.

El tema sobre la demanda y consumo de los medios, a partir de los gustos y preferencias culturales, ha sido ampliamente debatido en nuestras asambleas previas. Es y será siempre un error tratar de complacer un gusto previamente deformado, en ocasiones hasta por los propios medios.

Una propuesta de este VIII Congreso pudiera ser introducir a nuestra enseñanza escolar general la asignatura de apreciación audiovisual. Ello contribuiría a elevar el nivel cultural de nuestro pueblo y educar sus gustos y su satisfacción de entretenimiento con productos de mayor calidad artística.

Patrimonio

Con urgencia llamamos al rescate, conservación y promoción del patrimonio fílmico, televisual y radial de la nación, que hacemos extensivo al de todas nuestras artes. Se trata de unir voluntades y recursos para evitar su continuo deterioro y total desaparición.

Consideramos que dada la importancia de un asunto que exige cuantiosos recursos, pero más que nada del empleo racional de los mismos, deberían centralizarse las acciones a nivel de país.

Es irreparable ya la pérdida de parte del material fílmico correspondiente a la televisión y el cine nacionales en las deprimidas condiciones económicas de la década de los noventa del pasado siglo. Pero queda un cuantioso patrimonio audiovisual que debemos preservar a toda costa tomando en cuenta su alto valor histórico y documental para la memoria nacional y el recuento de estos más de cincuenta años de Revolución.

El criterio de restauración y protección de las obras tendrá que ir aparejado de su correspondiente catalogación y ordenamiento para la posterior socialización y consulta por nuestros creadores, críticos, investigadores, académicos y la población en general, a quienes debe facilitárseles el acceso a la obra realizada por nuestros artistas en más de cien años de imagen fílmica y creación sonora.

Por último, debemos reiterar el interés de mujeres y hombres de nuestros medios por ver materializada la idea de un museo para la custodia y promoción del patrimonio cinematográfico, radial y televisivo de la nación, que cuenta con una rica historia.

Jerarquizar lo culturalmente valioso en nuestros medios

La UNEAC debe cobrar mayor protagonismo en el reforzamiento de la conciencia crítica que la nación demanda, con un ejercicio intelectual cada vez más responsable, el posicionamiento articulado y comprometido en los ambientes mediáticos y en el debate de las diversas problemáticas propias de la sociedad cubana contemporánea.

La depreciación de la base material, técnica y logística que sustenta el funcionamiento de los medios exige de la institucionalidad mediática y cultural una nueva visión colegiada, racional y fundada en la creatividad. Se refuerza entonces la posibilidad del talento y la competencia profesional como entes esenciales y responsables de la calidad audiovisual.

Los medios deben adecuarse a los tiempos económicos corrientes con fórmulas productivas diferentes y estructuras más flexibles y ligeras que empleen el personal imprescindible y retribuyan en mayor cuantía la verdadera competencia profesional. Vale adecuarse a la contratación de servicios de grupos de producción independiente, que por la accesibilidad y el minimalismo que nos propone el desarrollo tecnológico actual, están aptos para realizar dramatizados, documentales, mensajería promocional de todo tipo, entre otras muchas producciones.

El crecimiento cuantitativo de la televisión y la radio, tanto nacional como territorialmente, no se corresponde con el avance cualitativo. Resulta vital, además de estimular más la producción autóctona, seleccionar conscientemente y desarrollar una postura crítica en los receptores ante los productos foráneos que les ofertamos. Porque al decir de uno de nuestros afiliados, si la banalidad nacional es criticable, mucho más lo es la extranjera, que a veces sirve de patrón en espacios pagados por el Estado.

Los sistemas de pago concebidos para la radio, la televisión y el cine tienen que estimular la calidad, el impacto sociocultural que consigan los audiovisuales. De igual forma, deben existir áreas y temas protegidos por su gran valor cultural, aun cuando no constituyan productos de alta demanda popular. Otro tanto debe suceder con determinados artistas, directores, realizadores, locutores y otros profesionales y técnicos de los medios, que durante años han demostrado su valía; es necesario preservar su condición de “exclusividad”.

Debemos seguir tomando medidas ante la desprofesionalización de quienes acceden a nuestros medios. Se reclama la preparación y superación profesional por distintas vías —incluidos los caminos que puedan generar la propia UNEAC, la Facultad de Medios Audiovisuales del Instituto Superior de Arte y otras instituciones afines.

Estamos obligados a desarrollar una verdadera participación de los creadores, artistas e intelectuales, profesionales de la radio, la televisión y el cine, como conocedores y protagonistas de esos ámbitos, en los procesos de concepción de la programación, en la selección de los filmes y audiovisuales a producir y transmitir.

Las jerarquías culturales tienen que visibilizarse y estar muy definidas a la luz pública para su implementación posterior. El Ministerio de Cultura, que define esas jerarquías, la UNEAC, que debe velar por ellas, y el ICAIC y el ICRT como sus garantes, deben conciliar sus políticas y desarrollar un intercambio sistemático en torno a una instrumentación que garantice su efectividad.

Si algo se erigió en una constante durante las reflexiones de esta comisión Cultura y Medios, fue el convencimiento de que debemos priorizar la cultura, sobre todo ahora cuando la economía aumenta su protagonismo a nivel social y condiciona el desarrollo mediático como nunca antes.

El compromiso con los verdaderos valores artísticos y literarios que exhibe la nación y el empleo racional pero efectivo de los recursos mediáticos, en función de propalar la cultura como garante espiritual de la Patria, marcan nuestro compromiso con Cuba.

Anexos

• La crítica y su responsabilidad social.

• La Letra de los cineastas.

• Proyecto del Centro de Promoción e Investigación Audiovisual "Tomás Gutiérrez Alea".

• Necesidad de constituir la Unión de Locutores de Cuba.

La crítica y su responsabilidad social

1. Nosotros, los participantes en la asamblea de la Sección de Crítica e Investigación de la Asociación de Medios Audiovisuales y Radio de la UNEAC, como parte del proceso preparatorio para el VIII Congreso de la organización, consideramos oportuno dejar constancia escrita de nuestros principales criterios, aprobados por consenso.

2. No es este un nuevo espacio para repetir consignas, sumirnos en disquisiciones filosóficas, hacer catarsis o consagrar actos de fe. Somos los mismos intelectuales y artistas que por varias décadas hemos dado lo mejor de nuestras vidas a Cuba y a nuestra Revolución, y seguimos aquí, sin cansarnos ni dejar de hacer, pero tampoco sin dejar de decir, que es también nuestro deber.

3. La mayoría de nuestras opiniones y preocupaciones ya han sido planteadas, “en tiempo y forma”, durante los últimos (como mínimo) diez o quince años en eventos, reuniones, talleres… y congresos de la propia UNEAC. Pareciera que ya todo o casi todo está dicho. Sobran documentos que así lo atestiguan. Pero hoy los problemas, que en algún momento pensamos podían atajarse a tiempo, se han agravado, multiplicado y —de forma peligrosa— entronizado en nuestra sociedad. Es este un llamado de urgencia.

4. Nos preocupa, como a todos los buenos cubanos, la incertidumbre por las actuales complicaciones económicas y sociales del país, pero en nuestra condición de críticos e investigadores de cine, radio y televisión pensamos que compete a nosotros preocuparnos y ocuparnos mucho más por aquellos asuntos que tienen que ver con la vida cultural y espiritual de nuestro pueblo. Es el aporte que podemos, debemos y sabemos cómo brindar.

5. La televisión cubana, todavía hoy el medio de información y entretenimiento más popular en Cuba, proyecta una imagen muy lejana a las necesidades culturales, informativas y de distracción de nuestro pueblo. Envejecimiento, aburrimiento, mal gusto, mimetismo, vulgaridad, facilismo, poco profesionalismo, falta de cultura (hasta en aquellos que conducen los programas) y problemas de jerarquización en la programación, caracterizan la actual TV nacional, a lo que se suman otros fenómenos nocivos como el continuo, y a veces inexplicable, cambio de horarios y espacios, y exceso de movimiento en la parrilla.

6. Problemas largamente acumulados, que van desde el dudoso talento y la preparación de guionistas, realizadores, asesores, conductores, personal técnico y artistas, hasta graves inconvenientes salariales, deben ser resueltos con la celeridad y la lógica de los tiempos que corren.

7. Los espacios llamados culturales muchas veces son opuestos a lo mejor de la cultura y la estética cubanas y universales, como si la política cultural del país fuese por un lado y la TV por el otro. Las más recientes telenovelas del patio han ido por el camino trillado de lo peor del género a nivel internacional.

8. La programación informativa, que ha llevado largos y enconados debates durante muchos años, en cuanto foro ha encontrado su espacio, dista de ser la que necesita el país, hacia adentro y hacia afuera de sus fronteras. Seguimos sin lograr la imprescindible cultura de polémica constructiva y respetuosa desde todas las partes. Solo añadimos que postergar una solución, depende hoy fundamentalmente de decisiones políticas, es prolongar el peligro de desinformar a nuestro pueblo, en primer lugar a los jóvenes, que ya han encontrado, en las “nuevas tecnologías” formas alternativas de informarse a su libre albedrío. Es también un valladar en la proyección de la imagen de Cuba hacia el exterior.

9. La transmisión televisiva de la recién concluida II Cumbre de la CELAC demuestra cuánto y cómo se puede hacer, aun con la actual carencia de recursos materiales.

10. Con urgencia llamamos al rescate, conservación y promoción del patrimonio fílmico, televisual y radial de la nación y de la Revolución, que hacemos extensivo al de todas nuestras artes. Se trata de unir voluntades y recursos, tanto a nivel nacional como en cada localidad y en las instituciones albaceas de nuestras obras, para evitar su continuo deterioro y total desaparición.

11. Rescatar y revitalizar, conceptos demasiado manidos en los últimos tiempos, no tendrían sentido si, como parte del proceso de “salvar”, “salvaguardar”, “defender”… no analizamos las causas del desastre, del fenómeno que provocó el perjuicio. No se completa ningún rescate sin hacer un buen diagnóstico acerca de qué sucedió, cómo pudo ocurrir y quién secuestró, dañó o destruyó lo que ahora hay que “rescatar” o “revitalizar”.

12. Manifestamos nuestra preocupación por el creciente deterioro (hasta estados deplorables) de las salas de cine de la capital y de la mayoría de las ciudades y poblados del país, así como en muchos casos, su desaparición y/o reconversión en otros espacios para los que no fueron creadas, y que a menudo no son sino concesiones (repetidas una y otra vez) al modismo y populismo nacionales e internacionales, a veces hasta al poder del dinero.

13. Es necesario implementar con urgencia un plan nacional de rescate de las salas de cine en todo el país, que defina presupuesto estatal e instituciones encargadas, con prioridad en aquellas salas que deben ser salvadas a toda costa por su valor patrimonial o por su probado beneficio social. En otros casos, la experiencia indica que con igual o menor presupuesto (y tal vez más alcance, siempre casuísticamente) puede emprenderse la reconversión de grandes salas en multisalas, o centros polifuncionales, con galerías, tiendas, cibercafés, librerías, restaurantes personalizados y pequeñas salas de cine digital.

14. La decisión de prohibir y cerrar las llamadas “Salas 3D” particulares, si bien tiene un sustento legal comprensible, deja un vacío cultural y de entretenimiento. Deben encontrarse mecanismos legales y organizativos que compensen este vacío.

15. En el actual proceso de actualización del modelo económico debe aprobarse el uso de cooperativas y otros mecanismos legales que permitan diversas variantes para el rescate y/o apertura de nuevos espacios, con recursos no estatales, para la distribución y exhibición de obras audiovisuales (incluso cubanas) apenas conocidas por nuestro pueblo.

16. Nos siguen preocupando las reiteradas muestras de discriminación y violencia por violencia entronizadas en nuestros medios, más allá de las políticas oficiales que las prohíben. Abogamos por la defensa de la diversidad, en su sentido más amplio; por la visibilidad equilibrada, de aceptación e integración, y del mayor respeto a las especificidades sociales, raciales, de edad, de sexo y opción sexual, de credo y no credo, de las llamadas discapacidades, y de todo tipo de diferencia entre las personas; contra regionalismos y localismos en cualesquiera de sus direcciones. Pongamos nuestros medios al servicio de una cultura de amor y cuidado al medio ambiente y a todos y cada uno de sus componentes. Avancemos a la par de las mejores tradiciones y en consonancia con la evolución del mundo actual, un mundo y un país de todos y para todos, sin exclusiones. Pero no debemos quedarnos en las consignas, sino emprender una labor consciente y organizada, que parta desde la propia preparación y superación profesional, hasta la supervisión, por las vías que se requieran, de los guiones y la realización de las obras y programas en nuestros medios.

17. Es precisamente la crítica especializada y oportuna sobre (y en) los medios el mejor instrumento para decantar el consumo de la industria cultural cubana (donde no todo lo que brilla es oro) y la foránea. Debemos reencontrar los espacios necesarios para el ejercicio de la crítica especializada, tanto en la prensa escrita como en los programas de radio y televisión legitimados para ello, así como en otros canales alternativos de discusión e intercambio. No bastan las intenciones o voluntades. La crítica debemos ejercerla, en primer lugar, los críticos, que hoy muchas veces somos obviados o suplantados por conductores o invitados fortuitos a determinados espacios.

18. Debemos, por tanto, los propios críticos e investigadores, encontrar y afianzar nuevos espacios para el debate sobre cine, radio y televisión, con la participación cada vez más activa de realizadores, artistas y otros profesionales de los medios, y su debida socialización. En ello deben jugar un papel fundamental la revista Unión y el portal de la UNEAC. Este último debe ser fortalecido con un personal más profesional a fin de establecerse como plataforma para nuestra colaboración, además de importante vehículo para la información hacia adentro y hacia fuera de la UNEAC.

19. Debe priorizarse (por las instituciones de cine, radio y televisión, con el concurso de todo experto colaborador) la realización de investigaciones, encuestas y otros estudios especializados acerca del alcance, el impacto y la utilidad de los medios en nuestra sociedad, pero debe sobre todo agilizarse el uso y puesta en práctica de sus resultados, comenzando por aquellos ya realizados y hasta premiados por diversos certámenes, incluidos los de la propia UNEAC, a lo largo de estos años.

20. La censura, refiriéndonos a ese entramado misterioso que no aparece nunca y que en ocasiones incluso no viene “de arriba”, sino como parte de una simple reacción burocrática y autocensura cobarde, a veces oportunista, para no enfrentar los problemas, es un procedimiento que limita y entorpece la realización de creadores y especialistas. No se trata de cancelar la potestad de análisis e intervención necesarios desde los niveles de dirección, sino de que ese proceso se realice de forma transparente, con profesionalismo y discernimiento, dejando el imprescindible espacio para el análisis receptivo, oportuno y respetuoso, desde todas las partes, con la participación y el asesoramiento y de críticos, realizadores y artistas de probado prestigio.

21. El acceso a Internet y a las llamadas “nuevas tecnologías” hace mucho tiempo que pasó de ser una necesidad imperiosa para la cultura cubana, vista esta en su concepto más amplio y abarcador, que no solo atañe a escritores, artistas, investigadores y otros intelectuales, sino a toda la sociedad en su conjunto. Bien conocemos las carencias económicas y las nefastas consecuencias del bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba, pero también sentimos en carne propia el no menos peligroso “bloqueo interno”. Explicaciones a medias y dilaciones de todo tipo no resuelven el problema de fondo. Cada empeño (o recurso) empleado para limitar y/o supervisar el uso de las redes en nuestro país, en lugar de facilitarlo, acentúa un daño que cada día es más irreversible. Exigimos una vez más el acceso a la red de redes y a la tecnología (computadoras, módems, etc.) con precios acordes a nuestras posibilidades económicas, que nos permitan su obtención y mantenimiento. No exigimos un lujo, sino los más elementales instrumentos de trabajo.

22. La UNEAC debe preocuparse y ocuparse por aquellos miembros que, por su avanzada edad, deficiente salud y condiciones económicas actuales, hoy están desprotegidos, con necesidades que van desde una vivienda hasta personas que les acompañen y hagan más digna su existencia.

23. A las puertas de un nuevo Congreso de la UNEAC, coincidimos en expresar lo siguiente:

24. Durante estas últimas casi dos décadas, en eventos y reuniones de todo tipo han estado sentados frente a nosotros prácticamente los mismos funcionarios que tienen el deber y la potestad de trazar y dirigir el trabajo ideológico en nuestra sociedad. Son estos, los llamados decisores, quienes de una u otra manera, y desde una u otra responsabilidad, ya sea en el Comité Central o al frente de las instituciones de la cultura y los medios de comunicación, han apoyado y/o limitado el trabajo y la proyección del cine, la radio y la televisión en Cuba, y nuestro papel como críticos e investigadores.

25. Sin desconocer ni menoscabar sus méritos y su labor, y mucho menos la del Partido, pensamos que es momento propicio para dar espacio en esas responsabilidades a compañeros y compañeras mejor preparados intelectual, cultural y profesionalmente, capaces de asumir como normal, aunque urgente e imprescindible, la actualización del trabajo político-ideológico, que también precisa, con toda valentía y transparencia, la Cuba de hoy.

26. Sería una manera expedita para retomar una relación y un diálogo más fluido entre todos, que nos permitiría, sobre la base de una mayor confianza, encontrar las mejores soluciones (incluso las económicas) y trabajar de conjunto por subvertir la actual situación del cine, la radio y la televisión.

27. Los profesionales de hoy tenemos que ser (y somos) generadores de pensamiento y no meros transmisores de ideas. No podemos esperar a que nos pidan opinión, ni callar lo que pensamos o investigamos. Es nuestra misión decir, polemizar, batallar…, todo ello como parte indisoluble de nuestro quehacer cotidiano.

28. El venidero congreso de la UNEAC es una nueva oportunidad para repensar la labor de nuestros críticos e investigadores. De nosotros depende que no se convierta en otro de nuestros malos espectáculos. Es mejor un grupo de personas reunidas a puertas cerradas, diciendo las verdades y propiciando soluciones efectivas, que varios miles levantando unánimemente las manos. A eso nos ha instado Raúl.

29. El debate social y político en Cuba es hoy más fuerte e interesante que nunca, y está en cada calle, en cada centro laboral o estudiantil, en cada reunión social y familiar, en cada persona. Es el resultado maravilloso de tener un pueblo culto y educado por la Revolución. Pero ese debate, con toda su fuerza y naturalidad, está ausente en los medios. Ello no contribuye a ocultar nuestros problemas, ni mucho menos a unirnos: todo lo contrario, atenta contra ello. Igualdad de opiniones no es unidad: la diversidad es tan necesaria como natural. Lo más importante, quizás, es discutir a fondo el por qué no discutimos a fondo.

30. Una Revolución de tanto prestigio como la nuestra no puede regalar el discurso ni el espacio de la crítica a sus enemigos. Cualquier crítica interna será mejor que la hecha por los enemigos. El miedo, el oportunismo o el facilismo hacen siempre más daño que la verdad, siempre revolucionaria. Postergar el debate y las consecuentes decisiones con el “no es el momento adecuado”, solo seguirá generando decepción y desestímulo.

31. La UNEAC, vanguardia de intelectuales y artistas del país, debe asumir un mayor protagonismo en la esfera pública, como parte de la sociedad civil que integramos. Debemos, queremos y podemos contribuir con más fuerza y presencia al reforzamiento de la conciencia crítica que la nación hoy demanda, con un ejercicio intelectual responsable, un posicionamiento más articulado y comprometido, y una participación más elaborada, por tanto determinante, en el debate de las diversas problemáticas de la sociedad cubana.

32. En otras palabras, exigimos nuestro derecho de acompañar a la dirección del Estado y el Gobierno, junto al Partido, en la implementación de las medidas que se están poniendo y se pondrán en práctica como parte de la actualización del modelo económico cubano. Acompañar significa aportar en la reflexión colectiva que requiere este momento histórico, para su consecuente comprensión y consenso por parte de nuestro pueblo, que es el gran protagonista.

33. Con la experiencia de todos estos años, con los golpes y las satisfacciones que nos dio la vida, y aún con los anhelos intactos: aquí estamos.

La Habana, 5 de febrero de 2014
Documento aprobado por la Plenaria de la Sección de Crítica e Investigación, Asociación de Medios Audiovisuales y Radio, UNEAC
 

La Letra de los cineastas

Antecedentes y proyecciones de trabajo para el 2014

1. En mayo del 2013 los cineastas cubanos tomamos la iniciativa, al margen de las instituciones, de reunirnos en asamblea general para manifestar nuestra preocupación con la situación y las perspectivas del cine en Cuba y expresar nuestro desacuerdo con la exclusión de los creadores de los análisis que por mandato del Estado se estaban realizando en este sector, así como con los métodos de trabajo y política que se estaban aplicando. El objetivo fue revelar y revocar el método y presentar nuestra propia visión y propuestas para la búsqueda de soluciones para los problemas acumulados en el cine, en el que la ineficiencia, inmovilismo y apatía de las instituciones tenía una incidencia importante.

2. Esta convocatoria al debate tuvo un inmediato respaldo entre la mayoría de los cineastas, los cuales eligieron de sus filas un comité compuesto por 12 creadores de diversas especialidades y generaciones para que los representara y diera continuidad al trabajo. Ese equipo posteriormente se amplió a 20 y es conocido como g-20. Por parte de las instituciones, la acción de los cineastas fue recibida con reserva, desconfianza y descalificación, tanto por el ICAIC como por el Ministerio de Cultura, y la primera reacción fue tratar de disolverla, integrarla a los mecanismos ya existentes en los que antes no le habían dado cabida, y devaluarla. Lo anterior evidencia los prejuicios que aún subsisten, incluso dentro del propio sector cultural, respecto a la expresión libre y espontánea de los artistas respecto a sus propios problemas y otros de la sociedad. En el caso de la UNEAC y sus principales dirigentes, no se pronunciaron sobre el asunto de los cineastas ni lo han hecho hasta el momento. El sitio web acogió un espacio dedicado al tema que ha resultado vital en la divulgación de informaciones e ideas, lo cual se debió principalmente a la iniciativa de los cineastas y a la actitud del equipo del sitio. Los cineastas lograron vencer las oposiciones e incluir su problemática en la agenda del próximo Congreso y en la de la comisión organizadora del mismo.

3. El trabajo y planteamientos de los cineastas demostraron la seriedad y validez de la acción de abrir a todos la implicación en los debates y modificó en muchos la apreciación y valoración que un principio tuvieron de la iniciativa, Se abrió una etapa de diálogo, y en la actualidad podemos decir que la relación de trabajo con la actual dirección del ICAIC se ha intensificado progresivamente, y en el presente la consideramos mutuamente respetuosa, cordial, franca, efectiva y responsable, comprometida con el cine y los creadores.

4. Tras este proceso, podemos afirmar que hemos tenido una intensa y efectiva participación en los análisis de los problemas del cine que están teniendo lugar, así como en las propuestas de soluciones y proyectos y en la redacción de los documentos que se presentarán al Estado a través del Ministerio de Cultura con vistas a la transformación, recuperación y fortalecimiento de la actividad cinematográfica y audiovisual en el país.

5. Los puntos principales de nuestra agenda de trabajo y reclamos se refieren a: el sostenido reclamo por la firma del Decreto Ley sobre la Condición Laboral del Creador Cinematográfico y Audiovisual, en trámite por el Ministerio de Cultura desde el 2009, con sus dos importantes reglamentos: el Registro del Creador Cinematográfico y Audiovisual, y el de las Productoras Independientes, con la ventaja fundamental de que ambos, el creador audiovisual y las productoras independientes, serían reconocidos por primera vez, con lo que terminaría la situación de ilegalidad, descontrol, desconfianza e inseguridad imperantes, y por último, la promulgación de una Ley de Cine en el país.

Seguimos a la espera de respuestas o valoraciones por parte de este Ministerio en relación con los proyectos presentados en torno al Decreto Ley sobre el Creador Audiovisual y sus correspondientes reglamentos, así como de información sobre la situación en que se encuentra el trámite de los mismos, que debe transcurrir a través de esa institución como obligación y responsabilidad de la misma.

6. Paralelamente, los cineastas hemos comenzado las acciones y estudios con vistas a promover un proyecto para una Ley de Cine Cubano. En esta aspiración contamos con el apoyo activo del ICAIC, que está consciente de la necesidad de la misma, la UNEAC y el Ministerio de Cultura. Este último es indispensable porque juega el papel fundamental a la hora de asesorar, presentar y sacar adelante un proyecto de esta índole.

Hemos establecido comunicación con la Comisión de Ciencia, Cultura, Educación y Medio Ambiente de la Asamblea Nacional, presidida por el Dr. Andrés Castro Alegría, con la cual realizamos un fructífero y esclarecedor intercambio de trabajo y nos comprometidos en mantener un diálogo. Asimismo, hemos acordado elaborar, con las debidas asesorías y consultas, un primer borrador de proyecto de Ley para discutirlo y promoverlo entre los cineastas y en las diferentes instancias. Es propósito presentar este proyecto al próximo Congreso de la UNEAC con la aspiración de que sea discutido y asumido como documento del mismo.

7. Igualmente, a través de la Comisión de Arte, Mercado e Industrias Culturales de la UNEAC, hemos iniciado intercambios con la Dirección de Industria y Servicios del Ministerio de Cultura para encontrar las vías idóneas para la legalización de todos los factores, estatales y no estatales, productivos y artísticos del cine y el audiovisual que funcionan en estos momentos en nuestro país, y poder realizar una propuesta conjunta a la Comisión de Implementación de los Lineamientos del VI Congreso del Partido.

8. Como conclusión, podemos afirmar que hemos comprobado que la iniciativa de movilizar a los cineastas ha rescatado y revitalizado nuestra participación e implicación en nuestros problemas y en la búsqueda de las soluciones para los mismos; de agentes pasivos de nuestra realidad nos reconocemos hoy como actores de la misma, plena y responsablemente comprometidos. También ha permitido reclamar y exigir a instituciones y personalidades, respuestas, compromisos y otras responsabilidades que les corresponden. Todo esto es expresión de un derecho y deber legítimo e incuestionable, garantizado en nuestra sociedad y reclamado por Raúl en el momento actual.

Consecuentemente con estas ideas, mantenemos el principio de ofrecer la más transparente y amplia información sobre las acciones y documentos de los cineastas a través de los mecanismos que disponemos o dispongamos en el futuro.

9. Los cineastas consideramos que la UNEAC puede jugar un papel muy importante en este proceso, como organización de los artistas y escritores, y en las circunstancias favorables de un congreso.

 

Mirtha Ibarra

Centro de Promoción e Investigación Audiovisual

“TOMÁS GUTIÉRREZ ALEA”

Fundamentación del proyecto

Tomás Gutiérrez Alea ha sido reconocido como uno de los creadores cinematográficos más importantes, no solo del cine cubano, sino del cine iberoamericano en sentido general. Sin embargo, Tomás Gutiérrez Alea, también conocido como Titón, fue ante todo un intelectual que, entre otras cosas, hizo cine.

En la actualidad existen varios libros que nos hablan del interés que despierta su obra fílmica más allá de las fronteras de nuestro país, sobre todo en los recintos universitarios. No obstante, la abundante papelería conservada en su archivo personal (y, hasta el momento, de carácter inédito) permitiría profundizar no solamente en el mejor conocimiento de sus filmes, sino también de esa época que va desde la década del cincuenta hasta mediados de los años noventa, en la cual fue siempre un activo protagonista, ya fuera realizando cintas casi siempre renovadoras del lenguaje de representación más convencional, participando en diversas polémicas públicas, o impulsando proyectos colectivos como los de los Grupos de Creación del ICAIC.

El proyecto del Centro de Promoción e Investigación Audiovisual “Tomás Gutiérrez Alea” se propone poner al servicio de la comunidad todos los materiales bibliográficos y audiovisuales relacionados con este intelectual, con el fin de promover y conservar la memoria de uno de nuestros más importantes directores de cine.

Objetivos principales

Tomando en cuenta la vigencia de un pensamiento creador que siempre se interesó por la búsqueda y la renovación, el Centro de Promoción e Investigación Audiovisual “Tomás Gutiérrez Alea” se propone estimular el estudio del audiovisual cubano, desde la perspectiva crítica que propuso el autor de Dialéctica del espectador, libro de ensayos que en su momento le reportara el Premio de la Crítica Literaria.

En tal sentido, además de la labor museográfica (conservación de filmes de TGA, preservación de su biblioteca personal, etc.), el Centro fomentaría el intercambio cultural, a través de proyecciones de películas y debates sistemáticos, organización de coloquios, promoción de concursos relacionados con la investigación y la crítica cinematográfica, lo cual contribuirá a satisfacer las demandas de aquellos estudiosos de la obra de Titón y del cine latinoamericano en sentido general.

Dentro de estos amplios objetivos, el Centro tendrá como actividades preponderantes la convocatoria de premios, becas y ayudas para la formación e investigación; la cooperación con universidades y centros culturales a través de proyectos conjuntos; la organización y participación en seminarios, conferencias y exposiciones; la edición de publicaciones; la realización de actividades culturales-docentes; y cualquier otra conducente a la realización de los fines que le son propios.

Objetivos de trabajo

• Desarrollo de talleres, encuentros, sistemáticos dedicados a la reflexión y al análisis de temas específicos de la creación y la apreciación audiovisual.

• Realización de cursos y charlas de apreciación, historia del cine, crítica cinematográfica y otros temas.

• Desarrollo de investigaciones socioculturales.

• Coordinación con el ICAIC, la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, la Cinemateca de Cuba y otras instituciones análogas para realizar actividades de conjunto, ciclos especiales, premieres, cursos y talleres de artistas nacionales, directores, fotógrafos, editores, etc.

• Mediateca especializada.

• Sala de atención especializada.

• Presentación semanal de un filme de arte y ensayo.

• Realización de conferencias y talleres con primeras figuras del audiovisual de Cuba y de otros países.

• Realización de cines debates con obras que susciten gran interés en la población.

• Vincular el cine y el audiovisual en general con las diferentes actividades que se realizan en las demás manifestaciones. (Feria del Libro, festivales de artes escénicas, salones de artes plásticas, eventos de arquitectura, etc.).

Necesidad de constituir la Unión de Locutores de Cuba

Son las voces de los locutores las que siguen los pueblos y esto significa una gran responsabilidad de la que deben estar conscientes” ”los locutores en nuestra patria han sido verdaderas instituciones, han sido verdaderos personajes en la vida de nuestro país, han sido los amigos que han convivido con nosotros, en momentos de alegría y en momentos de tristeza… (tomado del discurso del ingeniero Enrique Oltuski, ministro de Comunicaciones del primer Gobierno Revolucionario, en el V Congreso Interamericano de Locutores, efectuado en La Habana del 3 al 8 de diciembre de 1959).

Antes del triunfo de la Revolución, existía el Colegio Nacional de Locutores, que agrupaba a los titulados por el Ministerio de Comunicaciones y su Dirección de Radio. Al triunfo de la Revolución se celebra en Cuba el V Congreso Interamericano de Locutores. En ese evento quedó Cuba como sede y presidiendo la Asociación Interamericana de Locutores. Fue electo como presidente el locutor cubano Armando Pérez Roura, quien posteriormente traicionó a la Revolución abandonando el país y usurpando a partir de ese momento el cargo, que pertenecía a Cuba y no a una persona como tal, porque ese escaño fue un logro del Colegio Nacional de Locutores en aquel momento.

Posteriormente, al desaparecer los colegios, los locutores fueron atendidos por el Sindicato de Trabajadores de Artes y Espectáculos, hoy SNTC. Este paso dejó sin efecto la personalidad jurídica para reclamar la sede y la presidencia, convocar a nuevos congresos y ocupar el escaño usurpado, y además nos ha impedido que el nombre de Cuba revolucionaria y su verdad estén presentes en los encuentros de América Latina con las demás asociaciones.

Han pasado 55 años desde aquel congreso celebrado en nuestro país y los encuentros se siguieron efectuando, pero con la ausencia de Cuba revolucionaria. Nuestra butaca ha estado ocupada por quien de manera oportunista aprovechaba esta posición para hacer de embajador de los propósitos de la mafia de Miami, distorsionando nuestra verdad y sembrando así confusión en colegas de asociaciones de otros países que nos han preguntado por qué ellos y no los locutores de Cuba.

La Sección de Locutores de Audiovisuales y Radio, aún sin personalidad jurídica propia, ha logrado ocupar la butaca de Cuba en los encuentros latinoamericanos a partir de 2008, cuando promovida por los locutores cubanos, se creó la Federación Hispanoamericana de Locutores, que ha celebrado ya tres encuentros (Cuba, México y República Dominicana) y en la que integramos el ejecutivo con la secretaría general y la subsecretaría, además de integrar varias comisiones de trabajo.

En cuanto al orden nacional, existen más de tres mil locutores en las emisoras de radio y canales de televisión; sin embargo, por el carácter selectivo de la UNEAC, solamente un poco más de doscientos somos miembros, atendidos directamente por la Sección de Locutores, de la Asociación de Medios Audiovisuales y Radio.

Nuestra solicitud de crear la Unión de Locutores de Cuba responde al profundo convencimiento de lo favorable de organizar y fortalecer la unidad de los profesionales de la palabra en el contexto de nuestra realidad actual, que incluye a locutores, periodistas, especialistas y todo aquel que haga uso oficial de la palabra ante cámaras y micrófonos. También aprovechar de manera más eficiente el potencial comunicativo y de cercanía a la audiencia, constituir modelos de conducta y paradigma en la defensa del idioma, que es defender nuestra identidad, en el empeño de ser un país cada vez más culto. Nuestra Unión de Locutores de Cuba promovería la constante superación de nuestros profesionales, que son, en definitiva, imagen y voz, cuerdas vocales de la Revolución

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