Cultura y Medios

Necesidad de cultura
para comunicar política

Anneris Ivette Leyva • La Habana, Cuba

La voluntad de que los artistas e intelectuales participen activamente en los procesos de análisis, crítica, asesoría, creación y toma de decisiones en torno a lo que se transmite en laprogramación radiotelevisiva, fue la respuestaque hallaron las más de 50 intervenciones queen la Comisión Cultura y Medios del VIII Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), tuvieron como punto de mira, en su inmensa mayoría, al Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT).

El tratamiento de las jerarquías culturales,la presencia y seriedad de la crítica artística literaria, la calidad de los guiones para los espacios dramatizados, la desventajosa visibilización de lo que acontece en las provincias fuera de la capital y las limitaciones salariales y tecnológicas que afectan de diversos modos la creación, estuvieron entre los principales temas debatidos.

La inquietud por las condiciones materiales de la radio —la delegada Orieta Cordeiro recordó que se le llamaba “la Cenicienta de los medios”, a pesar de su enorme capacidad movilizativa— se reiteraron en varias oportunidades. Pero la centralidad en torno a lo que afecta el campo de la producción audiovisual específicamente, fue reflejo del peso que aún en nuestro entorno tiene la TV como canal de información, de entretenimiento y de promoción de contenidos, que en otros escenarios va cediendo fuerzas al medio digital y de las redes sociales.

Varios delegados plantearon su descontento en torno a la reiteración de muchas de estas problemáticas, presentes en las discusiones del pasado Congreso —comola desorientación a la hora de determinar, por quienes son responsables de ello, qué transmitir como jerarquía cultural—, y en tal sentido hubo interés por conocer la efectividad del trabajo conjunto entre el Ministerio de Cultura (MINCULT) y el ICRT, a partir de aquel cónclave.

Muchas de estas reflexiones motivaron la propuesta del delegado Roly Peña: sistematizar este tipo de discusiones para que no constituyeran una agenda que se reiterara congreso tras congreso, ya que al parecer “nos está faltando el diálogo o el tiempo para resolver los problemas”. Apuntó también que “los que criticamos la TV tenemos razón pero también responsabilidad con lo que pasa, porque muchos de los que trabajamos en ella somos miembros de la UNEAC”.

Al temas de las tecnologías se refirió el delegado Alberto Faya, quien afirmó que “en el caso de los medios masivos no son, por sí mismas, capaces de transformar algo, son los seres humanos que las ponen en funcionamiento los portadores de las culturas y su influjo. Ni los receptores no quienes trabajamos en los medios somos ajenos a los largos procesos de colonización de los cuales seguimos siendo víctimas.”

Hubo varias aproximaciones a la calidad de cierta crítica ofrecida por personas poco preparadas, y en contraposición también se habló de los márgenes de libertad del verdadero crítico para ejercer su labor, a veces valorada de incómoda.

El delegado Rolando Pérez Betancourt defendió que “el gusto se alfabetiza” si se llevan estos temas a los medios sin ningún temor, yopinó que las tentaciones de brillar más por el “ruido” político que por el contenido artístico, presentes en algunas obras, debían ser un eje de análisis de la crítica cinematográfica, pues“siempre es preferible sacudirse y buscar la verdad que no repetir clichés y consignas”. Alertó además que si “hasta hace poco podíamos hablar de la acción nefasta de los empresarios en la imposición de un gusto estético, la deformación ha sido tan perfilada que ya son los propios espectadores son los que piden que no le cambien el patrón.

El crítico de arte David Mateo llamó la atención sobre la situación en la que se encuentra la promoción de las artes plásticas en la televisión cubana. “Se está produciendo un peligroso acaparamiento de las alternativas promocionales, que deja la amarga impresión de que en Cuba solo tenemos dos o tres artistas plásticos, y con una obra muy cuestionable”, y la población ya está asimilando y reproduciendo esos “falsos nombres o figuras de valor”.

Frente a los peligros de deterioro del gusto cultural contenidos en la promoción de músicos de baja calidad —que hasta desafinan frente a las cámaras y a pesar de ello son presentados de forma grandilocuente—, se criticó lo poco aprovechados que son, en su divulgación, numerosos festivales donde sí participan nuestros mejores exponentes musicales, y en los cuales se invierten importantes recursos; así como la escasísima inclusión de la música de concierto en la mayoría de los programas, a pesar de lo que cuesta formar a quienes la interpretan. “En algunos casos hay un nivel de compromiso personal entre los realizadores audiovisuales y los artistas que no contribuye a la formación del gusto estético de la población”, plasmó la delegada Digna Guerra.

Lo engañoso que resulta el criterio de “sensibilidad de la población”, a partir del cual se seleccionan o desestiman determinadas obras para ser presentadas en los medios, fue abordado por Desidero Navarro. Se usa para censurar, por ejemplo, escenas homoeróticas, pero también para justificar la promoción del sexualmente agresivo reggaetón. Las personas pueden consumir lo que quieran, pero es muy diferente que el Estado tenga que satisfacer esas necesidades que no contribuyen a su crecimiento espiritual, opinó.

De la falta de dramatizados de alta factura de la cultura universal en nuestros espacios, que en otros momentos marcaron la formación en valores de muchas generaciones, habló Corina Mestre; estos ahora prefieren ser cubiertos —argumentó— con propuestas “originales” del campo de la creación nacional, sin importar sus carencias cualitativas. A mala la calidad de los guiones para estos programas,  en contradicción con la larga lista de excelentes escritores con que cuenta nuestro país, se refirió Patricio Wood como una “crisis de la literatura dramática”.

El sinsentido de algunos rezagos de censura, fundamentalmente en lo que compete a escenas de erotismo o justificada violencia en algunos largometrajes, que son cercenadas a la hora de su transmisión en espacios televisivos, así como la suspicacia inmerecida en torno a obras de la cinematografía nacional que fueron objeto de polémicas superadas hace mucho tiempo —por ejemplo, Alicia en el pueblo de maravillas o Guantanamera—, centraron los planteamientos de Luciano Castillo y Frank Padrón. En relación también con el cine, volvió a escucharse la propuesta de contar con una ley que proteja y regule su producción, distribución y exhibición.

Los programas curriculares y la base material para la formación académica de los realizadores y periodistas, cuyas obras y voces ocupan los espacios radiotelevisivos, estuvieron también entre los puntos de debate. Aunque pocas, hubo algunas invitaciones a facilitar la inserción de los jóvenes graduados en los medios; pero a la vez, se evidenciaron en más de una oportunidad reservas que parecían tener mayor relación con diferencias generacionales que con posiciones profesionales en torno al protagonismo que podía concedérseles.

La ausencia de alrededor de 60 revistas culturales editadas en el país en los espacios educativos como las bibliotecas públicas, muchas veces por falta de presupuesto para adquirirlas, y los problemas con su distribución oportuna, fueron señalados por la delegada Luisa Campuzano.

A reformular el concepto de “lo nacional” llamaron delegados de diversas provincias como Pinar del Río, Villa Clara o Santiago de Cuba, quienes a diario padecen la poca jerarquización en los medios de las informaciones y hechos culturales generados en estos territorios, en desigual competencia frente a lo que acontece en la capital.

Tras casi seis horas de intercambio, Abel Prieto Jiménez, asesor del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, defendió la vocación de la actual dirección del ICRT para dialogar y recepcionar críticas, demostrada en el II Congreso de la Asociación Hermanos Saíz. Esto era imposible de lograr hace algunos años —dijo—, como nunca antes hay una disposición del Instituto a trabajar unidos con el MINCULT y las organizaciones de artistas e intelectuales.

Así lo reiteró ante esta Comisión Danylo Sirio, presidente del ICRT, quien además admitió que muchas de estas problemáticas pasan por la ausencia de cuadros idóneos, pues no siempre tales roles son aceptados por quienes se desempeñan en el campo de la creación.

En alusión al Documento Conjunto MINCULT-ICRT, Prieto Jiménez explicó el funcionamiento de algunos de sus grupos de trabajo y las cuestiones en las que se había avanzado, fundamentalmente en el campo de la música, a pesar de que había resultado muy ardua su implementación.

El destacado intelectual resaltó lo imprescindible que resultaba unificar esfuerzos en función de revertir los procesos de colonización cultural que continúan desarrollándose, de modo cada vez más sutil: hoy tenemos una guerra de símbolos en la que, si patéticos resultan los productos de la industria hegemónica global, más lo son sus remedos nacionales, expresó. Pero el éxito frente a esa ofensiva ideológica “no se logra imponiéndoselo a un realizador mediante resoluciones, sino con el realizador tomando consciencia de cuál es su batalla. Una persona colonizada y desideologizada no puede tomar decisiones de política cultural”.

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