Oriente Literario, Arte y Bohemia y Oriente y Bohemia, tres revistas de un singular momento literario

Cira Romero • La Habana, Cuba

Al calor del movimiento literario surgido en la zona oriental de Cuba, hubo cierto auge de las revistas literarias y tras la aparición en 1907 de El Pensil, comenzó a ver la luz a comienzos de 1910 una “Revista semanal ilustrada” titulada Oriente Literario, dirigida por el posteriormente poeta, novelista y dramaturgo Pascasio Díaz de Gallego, quien en aquel momento formaba parte de una Asociación de Librepensadores, de la cual era uno de los miembros más renombrados el escritor y mecenas Emilio Bacardí Moreau. Posteriormente fue dirigida por Fernando Torralva, joven de muy humilde origen que había sido galardonado en un certamen poético organizado por esa revista, aunque su muerte, ocurrida en 1913, tronchó su carrera literaria, de la cual es expresión su libro de poesías Del bello tiempo, de publicación póstuma. Otra figura del panorama literario santiaguero de la época, Enrique Gay Calbó, fungió como jefe de redacción. Era dramaturgo y ensayista y acumulaba experiencia en otras revistas y periódicos  y, posteriormente, instalado en La Habana, ocupó igual responsabilidad en otra importante publicación, Cuba Contemporánea, aparecida entre 1913 y 1927. Fue un activo  participante en el movimiento renovador. Su larga vida —había nacido en 1889 y falleció en 1977— le permitió desarrollar una extensa obra, donde se destacaron los temas de carácter histórico. Otras figuras vinculadas a Oriente Literario fueron Marco Antonio Dolz, iniciado igualmente en el periodismo oriental mediante las páginas de El Estímulo e Ilustración Cubana y había sido director de Renacimiento, revista cuya antecesora fue la antes mencionada El Pensil. Otros asiduos colaboradores fueron Juan Jerez Villarreal, activo miembro de las tertulias literarias que por entonces animaban la vida literaria santiaguera, Rafael G. Argilagos, Recaredo Répide, Rafael Pullés, poeta romántico, periodista y comediógrafo y el dominicano Sócrates Nolasco, uno de los más fervientes animadores de la vida cultural en Santiago de Cuba en aquellos años, en cuya residencia de la céntrica calle Calvario se reunía la famosa tertulia de Palo Hueco, de la que formaron parte José Manuel Poveda, su figura principal, más los antes citados. En  el número de octubre de 1911 apareció, de José Manuel Poveda, el poema “El secreto”, que más tarde formaría parte de la sección “Evocaciones” de su libro Versos precursores, del cual ofrecemos algunos de sus segmentos iniciales como demostración del rumbo inusitado que tomaba la poesía cubana en esa zona de Cuba, tan alejada de lo que por entonces se escribía en La Habana.

La frente mustia, la frente

mustia;

la boca abierta, y en la pupila yerta y doliente

un misterioso brillo de angustia.

 

Sombra y espanto tiene la hora,

sombra de tumba, miedo de muerte;

un cirio escueto, junto a la caja, se alarga y llora

y baña en llanto la faz inerte.

 

Se oyen plegarias, vibran clamores

de duelo; gime la noche hosca;

grita un perro lejano su queja fosca;

palpita un ritmo tétrico en los alcores.        

 

Oriente Literario se publicó hasta fines del año 1911, pero en enero de 1912 se fundió con Arte y Bohemia, revista que había surgido en 1911 y publicaba solamente trabajos literarios —poesías y cuentos— además de otros temas de interés para la ciudad de Santiago de Cuba. Allí habían aparecido colaboraciones de Regino E. Boti y Mariano Corona Ferrer, periodista, poeta, narrador y  dramaturgo que falleció en 1912. Había sido presidente del Gremio de Tipógrafos de esa ciudad, y acumulaba tres avales relevantes: comandante del Ejército Libertador, director en la manigua insurrecta, nombrado por Antonio Maceo, del periódico El Cubano Libre, y   corresponsal de Patria, el periódico fundado por José Martí en 1892. La Escuela de Periodismo de Santiago de Cuba llevó su nombre, que hoy ostenta una calle de esa ciudad.

Surgió así Oriente y Bohemia, subtitulada “Revista semanal ilustrada”, dirigida por Ángel Clarens, habanero radicado en Santiago de Cuba desde 1897, también periodista y poeta circunstancial. Fue propietario de uno de los teatros más importantes de esa época, el Martí, y había estado vinculado a otras publicaciones de esa época  como Oriente Ilustrado.

La nueva revista fruto de la aludida fusión publicó poemas, cuentos, prosa poética, trabajos de historia, notas sobre teatro y deportes y crónicas sociales. Posteriormente la revista retomó su título original de Oriente Literario, pero desapareció en 1913, y en la correspondencia cruzada entre José Manuel Poveda y Regino E. Boti se le menciona en una carta de marzo 29 de 1913, donde el primero le expresa al segundo: “Guerrerito [Pascual Guerrero] que es ahora director de Oriente Literario me pidió que consiguiera de Ud. colaboración”. Y la respuesta de Boti, del 2 de abril, es clara y terminante: “Dígale a Guerrero que cuando limpie de imbéciles Oriente [Literario] escribiré en él”. Se sabe por este epistolario que Oriente Literario desapareció en algún momento del aludido año 1913.

Las revistas repasadas dan cuenta del estado de fervor poético que se vivía fundamentalmente en Santiago de Cuba durante los años en que estas revistas literarias accionaron en su vida intelectual. Pero sumemos a ellas conocer, desde otras perspectivas, lo que pensaban al respecto los dos intelectuales que lideraban ese movimiento de renovación, quienes fueron también fundadores de revistas: Poveda había redactado, a los once años de edad, un semanario manuscrito titulado Cuba, había fundado en 1902 El Estímulo y al trasladarse a La Habana en 1904 en el Instituto de La Habana reeditó, en 1905, otra revista con igual título. Al regresar a Santiago de Cuba editó Ciencias y Letras, de la que fue jefe de redacción y colaboró en otras publicaciones periódicas de la ciudad y también en periódicos de Cienfuegos y Matanzas. Entre 1916 y 1818 fue jefe de redacción de otra revista, Oriente, y más tarde lo fue de la Revista de Santiago. Hasta su temprana muerte mantuvo esa intensa colaboración. Por su parte, Boti  dirigió El Resumen y colaboró en algunas donde también lo hizo Poveda.

Para comprobar la fiebre intelectual, más bien poética, que bullía en la zona oriental basta revisar el mencionado epistolario, aparecido en 1977, que abarca desde 1907 hasta 1915, año en que, por causas aún hoy desconocidas, los lazos de amistad entre ambos se quebraron definitivamente. Hay cartas recogidas en ese volumen que son expresión cabal de ese momento de la cultura cubana y muestra de ello es la que el 11 de enero de 1914 le remite Boti a su amigo, considerada un “estremecedor estallido de toda la amargura empollada durante años en aquel espíritu altivo a quien el medio enajenaba”, como justamente aprecia Sergio Chaple en el prólogo a dicho epistolario. Expresaba el autor de Arabescos mentales:                             

Literariamente estoy perdido. Lucho por la representación a la Cámara. Si salgo, bien; y si me quedo, mejor. Nada hay más asqueante que la política cubana y si sigo en el burro es porque ya estoy montado. José Miguel [Gómez] es un ladrón y [Mario García] Menocal un idiota. [Alfredo] Zayas, un cero a la izquierda. Un horror... Le confieso una vez más que le tengo asco a mi país y a sus hombres públicos y a todos los organismos oficiales. Le huyo a tanta infección... Lo demás, de lo más alto a lo más bajo de nuestra capital me importa un pito.

A esta carta responderá Poveda una semana después:

Yo creo que la responsabilidad de ciertos estados de ánimo muy jodidos por los que usted atraviesa, los tiene exclusivamente la política, y sobre todo la política violenta que usted hace. Menos mal que si al cabo consigue el acta [de Representante], ya que el acta significa reposo para el que tiene concepto decente de lo poco que interesan los derechos del pueblo.

No conseguir ese cargo fue el fin de la gestión política de Boti y retornó a su Guantánamo natal para seguir bregando con la poesía.

Así transcurría la vida literaria cubana —entre momentos de alegría cuando algunos decidían fundar alguna revista que otros rechazaban por motivos  atendibles o no—,   demostrativa de ese constante bullir nacido del interés porque la cultura fluyera en época de lamentables coyunturas políticas, económicas y sociales. 

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