Una instalación de Kcho en Bellas Artes

Celda de castigo, arte por la libertad

Virginia Alberdi • La Habana, Cuba

Apenas pocos días después de su inauguración en los predios del Museo Nacional de Bellas Artes, la instalación con la que el artista Alexis Leyva Machado rememora las crudas condiciones carcelarias a que fueron sometidos los luchadores antiterroristas cubanos Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y René González por las autoridades norteamericanas a raíz de su detención en 1998, la sensibilidad del público visitante se ha mostrado de modo elocuente ante la documentación de un acto de barbarie practicado en una sociedad que se presenta a los ojos del mundo como estandarte inmaculado de la defensa de los derechos humanos. El Hueco es mucho más que una simple celda de castigo: es un intento salvaje por anular física y psicológicamente a los seres humanos. La bestialidad del procedimiento se acrecienta cuando se sabe que fue ejercido contra personas que fueron víctimas de una maquinaria judicial injusta y manipulada que los condenó por evitar que sobre los suyos cayera una vez más el flagelo del terrorismo, mismo contra el cual dicen luchar los gobernantes de la poderosa nación. Diecisiete meses consecutivos los héroes cubanos permanecieron confinados en esos estrechos cubículos sin claudicar y alguna que otra vez, por capricho o arbitrariedad, volvieron a tan insólita reducción. 

Imagen: La Jiribilla

Indudablemente la reacción más inmediata de quienes observan la instalación de Kcho, en coautoría con el héroe René González, es la confirmación de un sentimiento solidario hacia los hermanos de este que permanecen injustamente encarcelados en EE.UU.. Más de 15 años se ha prolongado la condena y el sufrimiento acusados de delitos que jamás cometieron. Gerardo podría incluso, si no se rectifica la sinrazón, morir sin regresar a su familia y su gente. De ahí que sea vista esta acción artística como un aporte a la campaña internacional por la liberación de Gerardo, Ramón y Antonio. A René y Fernando les hicieron cumplir hasta el último día, antes de la excarcelación.

Imagen: La Jiribilla

Pero la reacción se expande hacia otro nivel conceptual: el contrasentido de la represión, situada esta como recurso omnímodo de un sistema donde la vejación es recurrente y consuetudinaria. Yo misma cuando observé El Hueco recordé las imágenes de Abu Grahib, centro de detención norteamericana en Iraq tristemente célebre por sus torturas; los sitios clandestinos de confinamiento de los acusados de terrorismo en Europa; la cárcel de la ilegal Base Naval de Guantánamo, y atrás en el tiempo, los locales habilitados por los aparatos del crimen de la Operación Cóndor en Sudamérica, avalados por oficiales del FBI y la CIA.

Imagen: La Jiribilla

La metáfora es posible dada la minuciosidad de la reproducción del ambiente y la implicación del espectador en la trama. La idea partió de René González, quien al compartir sus vivencias con los miembros de la Asociación de Artistas Plásticos de la UNEAC, recibió la sugerencia de su presidenta, Lesbia Vent  Dumois, para que involucrara a Kcho en el proyecto. Este, valiéndose de su experiencia instalativa, no solo concibió el espacio, sino también diseñó una pauta performática, que permite al espectador asumir el punto de vista de las víctimas. Un papel activo que nos remite a prácticas artísticas como las de Marina Abramovic.

Imagen: La Jiribilla

El ascetismo es esencial en la comunicación de las esencias dela instalación de Kcho /González y en buena medida proporcionalmente inverso a la emoción de una obra artística que trasciende su objetivo primario.

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