Todavía intentamos cambiar algo

Joel del Río • La Habana, Cuba

Al igual que el cantautor que musitaba “todavía me emocionan ciertas voces, todavía creo en mirar a los ojos, todavía tengo en mente cambiar algo, todavía y a Dios gracias, todavía”, la Muestra Joven celebra su edición número 13. Como las ciudades compulsadas a crecerse, y confinadas entre el mar y las montañas, el Instituto Cubano de Arte e Industrias Cinematográficos (ICAIC) intenta desarrollarse a pesar de los límites.

Con ese fin, se intentan los recursos del diálogo y de la asimilación a partir de 2001, cuando tuvo su primera edición la entonces llamada Muestra Nacional de Nuevos Realizadores. A pocos días de celebrar su 55 aniversario, y de conceder el Premio Nacional de Cine al realizador Juan Carlos Tabío, el ICAIC volvió a presentar un evento que es paradigma de la voluntad nacional por disponer de un reflejo audiovisual progresivo, auténtico e independiente.

Y como las ciudades atrapadas entre el mar y la montaña, el ICAIC se propone ganar en altura. Porque los sueños y las utopías deben reformularse si es que pretenden continuar alimentando el ascenso. Y por eso la Muestra, que ocurrió entre el primero y el seis de abril en la capital, es una de las facetas más propicias para enfrentar una dinámica de transformaciones que implican cambios en el funcionamiento del cine cubano. Porque el auge de las nuevas tecnologías, de los telecentros por todo el país, y de las instituciones donde se aprende a hacer cine (la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños y la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisuales del ISA) ha condicionado la existencia de una corriente paralela, alternativa, o independiente de audiovisuales mayormente realizados por jóvenes. Este brote, establece mecanismos de producción mucho más dinámicos y eficaces, además de contar con la ventaja de la posible emancipación respecto a los dictados conceptuales y estéticos de la productora oficial.

Las dinámicas antes mencionadas se ponen de manifiesto, año tras año, en la Muestra Joven que deviene algo así como luz de aviso y emergencia ante la cual es imposible permanecer ciegos. Incluso en la exposición a la prensa de la actual edición, el presidente del ICAIC, Roberto Smith, precisó que este encuentro ha acumulado una historia que lo coloca como uno de los principales eventos de cine en el país, con una acción continua de estímulo a la creación, superación y creciente visibilidad de las obras creadas por los jóvenes que aún carecen de un currículo demasiado extenso o producen en canales distantes del Instituto.

En la presente edición de la Muestra se presentaron 56 obras, que fueron seleccionadas entre las 178 inscriptas. Marisol Rodríguez, directora del evento, confirmó la participación de noveles cineastas de diez provincias, quienes concursarán con 29 filmes de ficción, 16 documentales y 11 cortometrajes de animación. Y como además de aportar visibilidad y reconocimiento a los jóvenes, la Muestra siempre ha estado dispuesta a remarcar lo más valioso en la historia del cine cubano, todo aquello que fue considerado renovador alguna vez: se le rindió homenaje al recientemente fallecido director Daniel Díaz Torres, con la proyección de algunos de sus filmes y el conversatorio titulado Las películas de Daniel, en el cual volvimos sobre los pasos de Alicia en el pueblo de Maravillas, Kleines Tropicana o La película de Ana. También esta Muestra dedicó un apartado especial al Noticiero ICAIC Latinoamericano, cuyo legado permanece vigente como ejemplo cimero de documentalismo reporteril o periodismo en imágenes.

Y en el camino al crecimiento, la Muestra también le confirió un espacio a cineastas de la tercera generación (la primera corresponde a los fundadores, la segunda a los que debutaron entre los años 70 y 80, y la tercera proviene de escuelas de cine, mayormente) cuya obra se vincule a los preceptos de la independencia conceptual y la inconformidad estética. Juan Carlos Cremata Malberti presentó una versión no terminada de Crematorio. En fin… El mal y Crematorio II. Más allá del bien y del… mar.

Precisamente Cremata ha sido de los cineastas que ha pulsado todas las formas posibles de producción, dentro y fuera del ICAIC, vinculado a otras instituciones, cine pobre con presupuesto casi nulo, entre otras variantes. Porque, si el cine independiente ha dejado de ser un coto privativo de los neófitos, y Humberto Solás, Fernando Pérez, o el mencionado Cremata, entre muchos otros, se deciden por estas modalidades de producción, habrá que aceptar cuanto antes la necesidad de modernización de nuestro entorno audiovisual, y de crear una Ley de Cine que implique el reconocimiento y legitimación del cine alternativo.

Video de familia y Frutas en el café (2001 y 2005, Humberto Padrón); Utopía (2004, Arturo Infante); Viva Cuba (2006, Juan Carlos Cremata); Mañana (2006, Alejandro Moya), Personal Belongings y Juan de los Muertos (2007 y 2011, Alejandro Brugués); además de Melaza (2013, Carlos Lechuga), demostraron con creces la posibilidad de realizar largometrajes de ficción fuera del ICAIC, a veces con la colaboración de empresas extranjeras, o de entidades cubanas vinculadas con otras esferas de la cultura y del audiovisual. Los dioses rotos (2008) y Conducta (2014), de Ernesto Daranas, provienen de una voluntad de alianza productora entre el ICAIC y el Ministerio de Cultura. Y este tipo de fórmulas nos pone al nivel de otros países (Francia o Argentina), donde el interés por generar audiovisuales de mérito jamás se circunscribe a las posibilidades y los dictados de una sola institución regente y formalizada.

Por otra parte, está la realización en régimen de colectividad de los largometrajes Jirafas y Venecia, de Enrique Álvarez, que demuestran otra vez la pujanza de los independientes dentro de ese corpus totalizador que es el cine cubano. “Hoy el Cine Cubano ya no empieza en el ICAIC ni termina en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano —aseguró el cineasta que ha producido dentro y fuera del Instituto— no podemos suponerle un recorrido tan corto y mucho menos un único recorrido; la discusión, creo, debía ser otra que pase por una reflexión sobre el cine que se está produciendo, en qué condiciones y para qué se hace, su interacción social, sus aspiraciones creativas, sus estrategias productivas y comerciales, su preservación, su finalidad cultural”.

Y si bien el proceso de actualización de las formas de producción y del marco legal en torno a la actividad cinematográfica se ha empezado a concretar en fechas muy recientes, la Muestra se ha mantenido durante años como un ejemplo de la voluntad transformadora del ICAIC en cuanto al respaldo de la producción audiovisual cubana como un todo. Y en medio de las transformaciones, por supuesto que no faltan quienes insinúen que el ICAIC debiera ser defenestrado, mientras otros se aferran a los logros del pasado y a fórmulas obsoletas, y un tercer grupo se dispone a conservar lo que merece sostenimiento y apuestan por transformar y renovar.

La reestructuración del ICAIC pasa por el necesario estímulo a la producción y exhibición, dentro y fuera de las redes institucionales, y además se relaciona con la conservación y el estímulo a la Muestra Joven y al Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

El fortalecimiento se entrelaza también con los logros que puedan tener las dos escuelas de cine radicadas en Cuba, ambas con un aporte medular al entorno cultural cubano. Estos serán los principales baluartes en los cuales deberá crecer la institución rectora del cine en Cuba, abocada a la necesidad de expandirse y mejorar, a pesar de obstáculos tan ingentes como el mar y las montañas, por llamarles de alguna manera.

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