Danza callejera una vez más en La Habana

Ana Lidia García • La Habana, Cuba

El Festival Internacional de Danza en Paisajes Urbanos: Habana Vieja Ciudad en Movimiento se adueñó nuevamente de los espacios públicos de la parte más añeja de la capital cubana. Las calles, plazas y parques tomaron nuevo sentido para los transeúntes del 9 al 13 de abril de este 2014. Adoquines, columnas, vetustas paredes, balcones y bancos, fueron incorporados una vez más al hecho artístico en esta decimonovena edición, a la cual llegaron más 900 participantes de alrededor de 20 naciones europeas y americanas.

Imagen: La Jiribilla

Han pasado muchas primaveras desde que Isabel BustosPremio Nacional de Danza, fundadora y directora general de la cita–, comenzara a buscar caminos para sostener con vida esta manifestación en Cuba. Corrían tiempos difíciles para la economía nacional, el país atravesaba la crisis de la década de 1990 y era necesario encontrar en el arte otros incentivos para la sociedad. A quienes participen en un festival como el que acaba de concluir, que contó con más de 20 presentaciones diarias y fue visitado por las más prestigiosas personalidades de la danza contemporánea en el mundo, les será difícil creer que en aquella primera edición de 1995 participaran menos de diez personas.

Con el paso de los años, la Compañía Danza Teatro Retazos –liderada por la Bustos y organizadora del evento desde sus inicios junto a la Oficina del Historiador de La Habana y el Consejo Nacional de las Artes Escénicas– ha evolucionado y alcanzado mayor reconocimiento dentro y fuera de la Isla, lo que ha repercutido satisfactoriamente en el reconocimiento del encuentro. Muestra del espacio que ha ganado la agrupación en escenarios extranjeros es la gira que paralelo al 19no. Festival realizaron parte de sus integrantes por las ciudades suecas Malmö, Lind y Kungsbacka con la obra Posible imposible, la más reciente colaboración coreográfica con la compañía Memory Wax de ese país escandinavo.

La ausencia temporal de los primeros bailarines de la agrupación significó un reto para los más jóvenes retazos, quienes asumieron con profesionalidad el papel de anfitriones y el desafío de la inauguración del recién finalizado suceso danzario. Retornos: Gente y ciudad fue la pieza concebida para la velada inicial, una creación que incita a reflexionar sobre las rutinas de la contemporaneidad, el caos de las ciudades que habitamos y la necesidad de reparar en los pequeños detalles. Su artífice Isabel Bustos, la ha definido como “un canto a la vida”, una puesta que invita  “a volver a lo primario, a la esencia de lo que nos rodea”.

En busca del espectador

Cada año la cita de abril se convierte también en un espacio de intercambio de ideas. La mirada al espectador desde las nuevas tendencias resulta uno de esos temas que regresan al punto de mira una y otra vez. La joven coreógrafa y bailarina chilena María José Bustos Pinchulef comentó a esta publicación su inconformidad con las obras de danza contemporánea en la actualidad, las cuales presentan un lenguaje que, por lo general, frustra al espectador. En Chile, relató, solo llegan a disfrutar las presentaciones bailarines o personas entendidas en la materia; mientras, los otros tipos públicos quedan en el olvido. Piensa que aunque la danza surgió como una necesidad de las comunidades para traducir sus propios procesos, cada vez se aleja más de ellas: “Hemos estado cayendo en demasiados tecnicismos vacíos. Por eso, es importante abrir otros espacios y ofrecer un lenguaje amable y simpático con todas las personas. Nuestra creación no debe instaurar barreras ni diferencias, sino generar el intercambio. Es esencial que los artistas nos ubiquemos en el mismo nivel del público y no separado de él”.

Con el fin de mover esos límites la artista chilena trajo al festival la obra Red social, creada junto a su coterráneo Bernardo Orellana, en la cual se reflexiona sobre la centralidad de Internet en la vida actual. Armada con la misma estructura de Facebook –explicó el profesor e investigador– en ella el público participa y decide cómo y qué bailan los intérpretes. Red social propuso una interacción inusual entre espectadores y artistas y, como resultado, los primeros se convirtieron en entes activos de la creación.

Imagen: La Jiribilla

Para Asier Zabaleta, del País Vasco, que llegó a La Habana con un solo en representación de su compañía ERTZA, es fundamental también que quienes asistan a sus espectáculos se hagan preguntas y se marchen con nuevas visiones sobre temas que ya conocían. En esta ocasión, su obra rendía homenaje a las víctimas de las acciones de la organización terrorista ETA. Con una destreza y fuerza increíbles, unido a la limpieza en los movimientos, logró conmover a quienes los disfrutaron en el Jardín de las Carolinas de la sede de Retazos. En esta entrega, Zabaleta puso en práctica lo que él describe como una danza “sin ornamentos”, en la cual es más importante el contenido que la forma.

El suizo József Trefeli, por su parte, tuvo la oportunidad de hacer en la Isla las presentaciones 81 y 82 de Jinx 103, junto a Gyula Cserepes. En esa pieza, a partir de la combinación entre danzas tradicionales y contemporáneas, desarrollaron un juego energético de baile y sonido que resultó muy ameno. El espacio público brindó la posibilidad de cercanía entre intérpretes y espectadores, tan necesaria según Trefeli para generar fuertes emociones: “Me interesa mucho la idea de proximidad en los espectáculos. Pienso que la percepción de la obra cambia cuando el bailarín está cerca porque los movimientos y las expresiones del rostro se perciben con mayor intensidad”.

En este sentido, resultó también interesante la propuesta de los jóvenes Roberto Carlos Silva e Ihasa Tinoco, estudiantes del Instituto Superior de Arte (ISA), quienes inspirados en el texto del dramaturgo cubano Norge Espinosa sobre la vida y obra de la pintora mexicana Frida Kahlo, hicieron converger en Cintas de seda las artes visuales y el verbo teatral a través del lenguaje corporal. Debido a su formación como actor, reveló Silva a La Jiribilla, le interesa provocar sensaciones en los asistentes a sus presentaciones y lo logra a partir de una minuciosa caracterización de los personajes y la utilización de elementos como la voz y la música.

Como cada año, los zanqueros de TECMA (Teatro Callejero Medioambiental), Pinar del Río, se adueñaron del comienzo de las tardes del festival. Para los miembros de esta agrupación, la danza se convierte en pretexto y medio para sensibilizar a la sociedad con el medio ambiente. En las citas habaneras otorgan ritmo y colorido especiales a la añeja ciudad y con ello no solo intentan sumar más espectadores, sino también llamar la atención sobre las singularidades de un entorno patrimonial que ha resistido más de cuatro siglos de historia y aún constituye un excelente escenario para el arte.

Nuevos caminos para la danza

El 19no. Festival Internacional de Danza en Paisajes Urbanos ofreció en su programa variadas oportunidades para el aprendizaje. El evento sigue apostando por la creación artística y el crecimiento profesional de coreógrafos e intérpretes. Tanto es así, que desde antes de comenzar la decimonovena edición, las argentinas Mariana Belloto y Laura Vago trabajaron con estudiantes del Instituto Superior de Arte (ISA) en el taller “Improvisación, composición y montaje coreográfico”. Con esta experiencia intentaron desarrollar en ellos la posibilidad de crear signos estéticos de más variado alcance comunicativo a partir del cuerpo, en un proceso de enriquecimiento de su arsenal de formas y sentidos al abordar el movimiento, los espacios, los sonidos y las imágenes.

Otra de las propuestas que destacó en esta ocasión fue el trabajo del artista de la plástica francés Vladimir Cruells, quien tomando como inspiración el regreso del pirata Jacques de Sores 459 años después de su ataque a La Habana, condujo a los participantes en su taller a realizar un performance en la calle Mercaderes con la intención de observar las relaciones de tensión que se establecen entre personas que esperan.

Por su parte, John Fandiño y Gabriela Pardo, de la Compañía Kalus Danza (Colombia), ofrecieron el taller “Técnica de contacto e improvisación”, donde mostraron las posibilidades creativas del contact improvisation: técnica que permite una mayor integración entre bailarines y eleva la confianza entre los intérpretes de una coreografía. Mientras Gretel S. Llabré, directora de la Compañía Q-Band Soho introdujo a un grupo de muchachas en los diferentes estilos de la danza del vientre y las condujo a improvisar y expresar sus sensaciones a través del cuerpo.

De gran aceptación y concurrencia resultó la experiencia de la argentina Verónica Quinteros quien arribó a Cuba para brindar sus conocimientos sobre la energía del cuerpo. Su propuesta trascendió la danza como técnica y se acercó más al movimiento expresivo que surge a partir de conocer y habilitar nuestras potencialidades corporales. “Danza Movimiento Terapeuta”, título del conjunto de encuentros, incitó a la exploración personal como un camino para alcanzar la expresión.  

De la mano de consagrados maestros cubanos llegó también el conocimiento en este Festival. Por ejemplo, Rosario Cárdenas –directora de la Compañía Danza Combinatoria– ofreció una clase magistral sobre la danza contemporánea y, a través de ejemplos prácticos, explicó su método de investigar el reconocimiento e interacción de los bailarines en el espacio para lograr una mejor ejecución con cuerpos relajados y coordinados.

Como ya es habitual, ante un concurrido auditorio, Isabel Bustos –directora de Danza Teatro Retazos– se refirió a la técnica que por más de 25 años ha desarrollado en esta compañía. Asimismo Reinaldo Echemendía, líder del Ballet Folklórico de Camagüey, demostró una vez más que es posible convertir el folclor en hecho artístico, mediante la fusión entre la espontaneidad de las raíces y la organización del mundo escénico. Por su parte, Jhoannes García, de la Compañía Danzas Tradicionales JJ, abordó la técnica del baile Abakuá N’ Dingaya, y Leonardo Rodríguez compartió sus experiencias al frente de Neo Tango, así como las especificidades del trabajo con este género musical y danzario.

Con estas opciones académicas el Festival de Danza Callejera, como también se le conoce, promovió nuevamente la creación sustentada en la profesionalidad y la investigación. Los jóvenes intérpretes encontraron nuevos caminos para llegar a la danza, para lograr que su obra trascienda el efímero momento de la presentación.

Artes plásticas, música y audiovisuales entre danzas

De modo extraordinario esta edición del evento coincidió con el 9no. Festival Internacional de Videodanza DV Danza Habana: Movimiento y Ciudad, coordinado también por Danza Teatro Retazos, bajo la dirección artística de Andrés D. Abreu y Roxana de los Ríos. Casi una veintena de obras audiovisuales, provenientes de una decena de países, se exhibieron en la Pantalla TV Movimiento y Ciudad (ubicada en la sede de Retazos), en la sala Noemí del Centro de la Danza de La Habana, en el Cinematógrafo Lumière, en La Cancha deportiva de la calle Amargura, y en la Salle Zéro de la Alianza Francesa.

Imagen: La Jiribilla

Entre los materiales proyectados, estuvieron algunos más apegados al videoarte y lo conceptual; así como otros narrativos, musicales e incluso hedonistas con respecto al paisaje o a la propia danza. Como parte del programa, destacaron las propuestas del coreógrafo, compositor, escritor y cineasta británico Billy Cowie, quien recientemente trabajó en Cuba junto a la compañía Danza Contemporánea. También sobresalieron la selección de obras premiadas en el festival italiano Breaking 8, evento con el cual se prevén futuras colaboraciones, según adelantó Abreu.

Por Cuba participó nuevamente Adolfo Izquierdo, el creador cubano más estable en la realización del género, quien esta vez presentó su más reciente producción: fi lamentos. Asimismo, sorprendieron jóvenes talentos como Laura Domingo, con el título Otoño, y Dany Brian, bailarín de Retazos, con Regreso.

La Pantalla TV Movimiento y Ciudad compartió espacio en el lobby de la sede de Retazos con las Transparencias creadas por Isabel Bustos y José Eduardo Yanes. Ambos artistas se inspiraron en el fondo del mar y crearon a cuatro manos una serie donde priman los colores claros y el lirismo de las siluetas entremezcladas con el fondo, a partir de la técnica del desdibujo. Esta muestra que, a pesar de haber nacido de modos de creación diferentes presenta una unidad sorprendente, recibió a quienes llegaron a la cita danzaria desde cercanas o distantes geografías y puede ser apreciada hasta finales de abril en esa institución cultural.

Además de reunir a personalidades de la danza, esta decimonovena edición se honró con la presencia del reconocido guitarrista italiano Antonio Forcione, quien de visita en Cuba decidió ofrecer su primer concierto en la Isla el pasado 13 de abril, horas antes de la clausura del evento. Con una prolífica carrera avalada por 18 álbumes en los que incluye piezas junto a prestigiosos artistas como Paco de Lucía, Bobby McFerrin, Phil Collins, Jools Holland, Zucchero, Pino Daniele, Charlie Haden, John McLaughlin, Trilok Gurtu, Steps Ahead, Leo Kotke, Bireli Lagrene, Eduardo Niebla, entre otros; Forcione impresionó a los presentes con su destreza para tocar las cuerdas y su carisma en el escenario. Solo él con su guitarra mantuvieron en vilo a un público que disfrutó extasiado cada uno de los acordes.

Al terminar el concierto, el también compositor explicó a La Jiribilla que actualmente explora la música cubana, como antes lo hizo en países africanos, caribeños y asiáticos. En cada lugar busca elementos cercanos a las raíces culturales: “Estoy aquí principalmente para aprender y dar a conocer mi obra. Quiero nutrirme de la cultura de esta bella nación y mi sueño es hacer una grabación con músicos cubanos que dejen su huella en mi gran lienzo, ese donde las diferentes culturas van escribiendo su impronta”.

Más que definir la música que hace, prefirió confesar que la vive y la toca, y que encuentra la inspiración en todo lo que le rodea. Aunque de pequeño tocaba la mandolina y el drum, desde hace muchos años se ha dedicado a la guitarra: “En ella encuentro la mejor manera de expresarme y ya me he dado cuenta de que no basta una vida para expresar las maravillas del mundo a través de sus cuerdas”, aseguró. Prefiere los instrumentos acústicos porque siente “que están más cercanos a la historia de la gente y los huesos vibran cuando se tocan”. No está en contra de lo electrónico, pero le gusta “sentir la dimensión humana”.

Recorrió en los últimos meses varias ciudades del territorio nacional y percibió que las personas de acá tocan con “bomba”. Le impresionó cómo a pesar de las dificultades sonríen: “Veo muchas cosas genuinas en este país. Hay un sol en la sonrisa de la gente. No he conocido un sitio así en todo el mundo. Además, por la paz y la alegría que aquí se respiran, me recuerda mi infancia en un pueblo de Italia hace 50 años atrás”. 

No pretende tocar como los cubanos pero quiere que los ritmos de esta tierra lo invadan y lo inspiren a crear. De hecho, reveló que ya tiene casi dos piezas concluidas, las cuales surgieron a partir de las experiencias vividas en Cuba. Componía en la tarde, sentado en uno de los parques de La Habana Vieja y precisamente en una de esas sesiones de creación conoció del Festival Internacional de Danza en Paisajes Urbanos al que decidió regalar su obra.

Aunque al terminar este concierto Forcione regresó a Londres, donde ha radicado los últimos 30 años, muy pronto volverá a la Isla porque los hombres como él siguen sus pasiones y lo hacen hasta el infinito. Cuba, su música y su gente son una de las estrellas polares que ahora lo mueven: “y esas hay que perseguirlas porque estamos en este mundo un ratico muy pequeño y debemos aprovechar al máximo la belleza”.

Dos décadas para celebrar

En 2015 el Festival de Danza Callejera celebrará sus 20 años de creado. Para la ocasión Isabel Bustos pretende cambiar algunas de las constantes del evento como el lugar de la inauguración. “Hasta el momento hemos utilizado la Plaza de Armas para recibir a los participantes, probablemente el próximo año tomemos la Plaza Vieja como escenario”, aseguró.

Para Eugenio Chávez, coordinador general del festival, la próxima cita será un espacio de reencuentro con artistas que han ofrecido su arte en La Habana durante estas dos décadas y que por diversas cuestiones desde hace tiempo no participan. A su vez, se propiciará un mayor intercambio entre las diferentes manifestaciones, de modo tal que el evento abra un abanico de posibilidades creativas.

Entre los retos para esa festividad continúa estando la producción de obras que realmente sean concebidas para la cita y que incluyan al público y al entorno como componentes indispensables. Con esos desafíos, sus organizadores comienzan un nuevo ciclo de selección, proceso que en esta ocasión estará marcado por el sueño de convertir La Habana Vieja en un oasis artístico, por hacer florecer este Centro Histórico, Patrimonio Cultural de la Humanidad, durante cinco días del próximo abril.

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