Cantores

Solo le pido a Dios...

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

La cultura es la sonrisa que brilla en todos lados,

en un libro, en un niño, en un cine o en un teatro,

solo tengo que invitarla para que venga a cantar un rato.

Ay, ay, ay, que se va la vida mas la cultura se queda aquí.

Imagen: La Jiribilla

Tiene del rock, del folclor..., sus sonoridades se nutren de toda la tierra argentina, a la cual conoce como la palma de su mano; pero más, es un alma profunda que mira lejos en los seres humanos, en la nueva América nuestra siempre en el horizonte, y cada día pone su esfuerzo un poco en la acción y el canto, el canto como manera de hacer un bien, de aportar a un mundo justo, sin odios, sin ambiciones que no vengan de amar...: por este camino encontramos a León Gieco

Imagen: La Jiribilla

Carito, yo soy tu amigo,

me ofrezco árbol para tu nido.

Carito, suelta tu canto,

que el abanico en mi acordeón lo está esperando.

León Gieco, quien es realmente Raúl Alberto Antonio Gieco, nació el 20 de noviembre de 1951 en Cañada Rosquín, provincia de Santa Fe, Argentina. Reconocido como uno de los grandes cantautores argentinos, estudioso del folclor, creador de canciones de profundo contenido político, social y humano.

Muy joven formó un grupo que se dedicaba al folclor, y a la vez tocaba en la banda de rock Los Moscos. A los 18 años fue a probar suerte a la ciudad de Buenos Aires. Allí conoció a Litto Nebbia, y a Gustavo Santaolalla, quien le dio la oportunidad de tocar al comienzo de los espectáculos de artistas más reconocidos. 

A partir de ese momento llegan sus discos, cargados de historias de la Argentina y nuestro continente, fundiendo el folclor con el rock y regalándonos una de las obras más importantes de la canción latinoamericana.

En piezas como “El imbécil” León Gieco arremete contra los males de la sociedad, la falta de humanismo, el cerrar los ojos a la realidad circundante, porque es de esos grandes cantores, heredero de esa manera de filosofar de Atahualpa Yupanqui, de estremecer los espíritus contando los sueños y penas de los pobres de la tierra, marcando con el índice a quienes cierran las puertas al prójimo.  

Imagen: La Jiribilla

Sos de los que miran el retrovisor y cierran todo, todo justo a tiempo,

y esa manito que golpea el vidrio te hace revolcar en tus pobres triunfos:

cuidado tía, vos que en todos confiás, ese pañuelo que es de seda francesa,

cuidado chicos, miren sin mirar, porque estos entran enseguida en confianza.

Soy su padre y les voy a explicar que piden para no trabajar

no tuvieron la suerte de ustedes de tener un padre como el que tienen.

 

En 1976 Gieco lanzó El fantasma de Canterville. El disco sufrió una dura censura por parte del "Proceso de Reorganización Nacional"; tuvo que cambiar la letra de seis canciones y eliminar otras tres por completo.

Un disco muy polémico resultó: Por favor, perdón y gracias. Tuvo que enfrentar demandas judiciales por los temas “Un minuto sobre la tragedia de Cromañón” y “Santa Tejerina”, sobre el caso de una joven jujeña que mató a su hijo recién nacido ya que era fruto de una violación. “El ángel de la bicicleta”, está dedicado a Claudio Pocho Lepratti, un joven de 35 años que vivía en un barrio pobre y fue asesinado por la policía.

Esta canción testimonio, muestra a ese León Gieco desafiante, que denuncia a las fuerzas militares, lo cual es una manera de combatir desde el canto, poniendo en juego su vida. El pueblo estremecido, tuvo en “El ángel de la bicicleta” un canto de denuncia:

Cambiamos ojos por cielo

sus palabras tan dulces, tan claras, cambiamos por truenos.

Sacamos cuerpo pusimos alas

y ahora vemos una bicicleta alada que viaja

por las esquinas del barrio, por calles,

por las paredes de baños, y cárceles.

¡Bajen las armas, que aquí solo hay pibes comiendo!

Debido a la situación política de Argentina, se mudó a Los Ángeles por un año, y en 1978 editó IV LP, con una de sus canciones más famosas: “Sólo le pido a Dios”.

Solo le pido a Dios,

que la guerra no me sea indiferente,

es un monstruo grande y pisa fuerte,

toda la pobre inocencia de la gente.

La gran Mercedes Sosa llevó por el mundo esta canción convirtiéndola en himno universal de los que luchan por la justicia en cualquier frente de la vida, en cualquier rincón de la tierra.

Una de sus obras más interesantes es De Ushuaia a La Quiaca, serie de tres discos que hizo viajando por todo el país, recopilando material de los diferentes lugares y grabó luego en Buenos Aires, o con un estudio móvil en los territorios que visitaba, junto a varios músicos autóctonos.  

La cultura es la sonrisa con fuerzas milenarias,

ella espera mal herida, prohibida o sepultada,

a que venga el señor tiempo y le ilumine otra vez el alma.

Ay, ay, ay, que se va la vida mas la cultura se queda aquí

En 2001 Gieco edita el disco Bandidos rurales, hasta ahora uno de los más exitosos de su carrera, en el que intervienen una larga lista de artistas invitados como Víctor Heredia, Charly García, los hermanos Hugo y Osvaldo Fattoruso, Sixto Palavecino, Cuarteto Zitarrosa, Ricardo Mollo, Nito Mestre, Andrés Giménez, Ricardo Iorio, Chizzo Nápoli y Gustavo Santaolalla.

Uno de los temas más populares de León Gieco es “Los Salieris de Charly”, donde juega con la famosa historia del músico Salieri, admirador —y de cierta manera envidioso— del genio de Mozart. En este caso Gieco se coloca junto a muchos otros cantautores argentinos en el plano de salieris seguidores de Charly García. Se aprovecha de ello para expresar un conjunto de principios éticos, estéticos, como quien teje una especie de declaración de principios.

Queremos ya un presidente joven

que ame la vida, que enfrente la muerte,

la tuya, la mía, de un perro, de un gato,

de un árbol de toda la gente,

compramos el Página, leemos a Galeano,

cantamos con la Negra, escuchamos Víctor Jara,

dicen la juventud no tiene

para gobernar experiencia suficiente,

menos mal, que nunca la tenga, experiencia de robar,

menos mal, que nunca la tenga, experiencia de mentir,

somos del grupo los salieris de Charly,

le robamos melodias a él, ah, ah, ah...

Títulos como “Solo le pido a Dios”, o “Canción para Carito” bastarían para inmortalizar a cualquier creador, a lo que habría que sumar decenas de páginas antológicas como “Cinco siglos igual”, “Bandido rurales”, “Canción para Francisca”, “El fantasma de Cartenville”, por mencionar solo algunas. 

Inspirado en un relato de Oscar Wilde, León Gieco crea esta historia de amor, de un ser distanciado de la humanidad, un ser raro, centro de burla de otros, como una metáfora del ser humano al que la sociedad ignora y lo coloca en un rincón invisible, como suele sucederle a los menos favorecidos de este mundo.      

Ahora que puedo amarte

yo voy a amarte de verdad,

mientras me quede aire, calor nunca te va a faltar,

y jamás volveré a fijarme en la cara de los demás.

Esa careta idiota que tira y tira para atrás.

He muerto muchas veces

acribillado en la ciudad,

pero es mejor ser muerto que un número que viene y va.

Y en mi tumba tengo discos

y cosas que no te hacen mal.

Después de muerto, nena,

vos me vendrás a visitar.

En 2006, editó 15 años de mí, una placa que compila los mejores temas desde 1991 hasta ese momento. El 24 de marzo de 2007, en el aniversario de los 31 años del golpe militar en Argentina, Gieco interpretó “La memoria” y “Como la cigarra”, en el acto en Córdoba donde estuvieron el entonces presidente Néstor Kirchner y las Abuelas de Plaza de Mayo.

En marzo de 2009, se estrena la película Mundo alas, donde León Gieco debuta como director. Se trata de un documental que cuenta la historia de un grupo de artistas discapacitados, que llevan a cabo una gira junto al santafesino por distintas provincias del país.

Durante muchos años, desde los 80, ha trabajado con un importantísimo músico al cual dedicaré esta sección próximamente, Luis Gurevich, arreglista y productor de buena parte de los discos de Gieco, para quien además ha compuesto la música de muchos de sus temas, entre ellas la banda sonora de Mundo alas o el tema “Cinco siglos igual”.

Desamor, desencuentro, perdón y olvido

cuerpo con mineral, pueblos trabajadores

infancias pobres, cinco siglos igual.

Lealtad sobre tumbas, piedra sagrada

Dios no alcanzo a llorar, sueño largo del mal

hijos de nadie, cinco siglos igual.

Ha estado en Cuba varias veces, la última vez que lo vi en persona, fue precisamente en las oficinas de esta revista, La Jiribilla; iba a un concierto del trovador Ariel Barreiro y cuando subí a verlo, abro una puerta y de frente tengo al mismísimo León. Ni sabía que estaba en Cuba; me debatía entre la duda y la estupefacción. El equipo jiribillero y Ariel Barreiro, que rodeaban al cantor, se volvieron hacia mí y dijeron casi a coro: ¡Sí, es él mismo!

Con más de 30 discos, León Gieco es considerado por muchos uno de los pilares del rock argentino, junto a Charly García y Luis Alberto Spinetta y es, sin duda, uno de los más altos exponentes del arte latinoamericano. Gran creador de nuestro continente, voz raigal, por tanto, de esa cultura humanista, poética, que debemos globalizar. 

 “Solo le pido a Dios”: oración para uno mismo. Solo pido que mi espíritu, ese que he heredado de los mejores fantasmas poéticos, impida que me deje arrastrar por el modo de vida que inyectan los medios masivos globales. Solo pido que esa feria de ilusiones banales, no me atrape, que esa nube desmovilizadora de marcas y lentejuelas no me sustituya la razón por el placer epidérmico, mecánico. Solo pido que los sueños nunca me parezcan mucho, que el prójimo (el más cercano y el más distante del mundo) sea el hermano que quiero conocer, ayudar, abrazar.

Solo le pido a Dios

Solo le pido a Dios,

que el dolor no me sea indiferente,

que la reseca muerte no me encuentre,

vacío y solo sin haber hecho lo suficiente.

Solo le pido a Dios

que lo injusto no me sea indiferente,

que no me abofeteen la otra mejilla,

después de que una garra me arañó la suerte.

Solo le pido a Dios,

que la guerra no me sea indiferente,

es un monstruo grande y pisa fuerte,

toda la pobre inocencia de la gente.

Solo le pido a Dios,

que lo injusto no me sea indiferente,

si un traidor puede mas que unos cuantos,

que esos cuantos no lo olviden fácilmente.

Solo le pido a Dios,

que el futuro no me sea indiferente

desahuciado esta el que tiene que marchar

a vivir una cultura diferente.

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