Entrevista con Marilyn Sampera, curadora de la exposición

El regreso de Agustín Cárdenas a Cuba

Estrella Díaz • La Habana, Cuba
Fotos: K & K

André Bretón —poeta, crítico francés y líder del movimiento surrealista— dijo sobre el escultor cubano Agustín Cárdenas: “tan hábil como una libélula, la mano de Cárdenas, para fortuna nuestra, permanece en ese estado altamente privilegiado. He aquí brotando de sus dedos el gran tótem floreciente que, mejor que un saxofón, hace cimbrar el talle de las bellas mujeres”.

Esa afirmación, tal vez sirva de guía para entender Las formas del silencio, muestra que se exhibe hasta el 13 de mayo en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, ubicado en La Habana colonial, y que es la primera exposición personal (24 esculturas y ocho dibujos) de la obra de Cárdenas (1927-2001) que se realiza en la Isla.

Esa afirmación, tal vez sirva de guía para entender Las formas del silencio, muestra que se exhibe hasta el 13 de mayo en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, ubicado en La Habana colonial, y que es la primera exposición personal (24 esculturas y ocho dibujos) de la obra de Cárdenas (1927-2001) que se realiza en la Isla.El relevante escultor —precursor del arte abstracto y reconocido entre los más importantes del siglo XX y a quien el gobierno francés le otorgó la Legión de Honor— se graduó, en 1949, de la Academia de Artes de San Alejandro y en 1955 se radica en París, ciudad que lo acogió y arropó a lo largo de su vida, aunque vino a morir a La Habana en el año 2001.

Sobre la muestra, sus orígenes e importancia conversamos en exclusiva para La Jiribilla, con Marilyn Sampera, especialista del Centro de Desarrollo de las Artes Visuales (CDAV),  curadora y coordinadora de la exposición por la parte cubana.

“Concretar la muestra ha sido recorrer un camino largo, pero en la vida el que persevera, triunfa. Hace poco más de un año mi esposo, el cineasta Rigoberto López, visitó París para la pre-filmación de su más reciente película y recorrió el complejo de Galerías Vallois y, como es un interesado en el mundo de las artes plásticas, me trajo los contactos. Así comenzamos  un intenso intercambio de correos hasta que se concretó la posibilidad de hacer el proyecto.

“Es importante hacer esta acotación: inicialmente el Museo Nacional de Bellas Artes acogió la idea con gran interés y entusiasmo, pero la institución ya tenía otros compromisos importantes preestablecidos, incluso, ha tenido que posponer exposiciones para el próximo año. Como ya teníamos un compromiso con Galerías Vallois y, especialmente, con el dueño con la colección, decidimos buscar otro espacio y nos acercamos al Centro Wifredo Lam.

Imagen: La Jiribilla

¿A quién debe agradecérsele el hecho de poder tener en La Habana la obra de Agustín Cárdenas?

El dueño de la colección es el señor Robert Vallois, quien está considerado uno de los  mayores coleccionistas de art déco, pero también es muy reconocido por sus galerías que promueven la escultura. Lamentablemente, esta es una manifestación poco favorecida  en el sentido que no abundan los espacios para promocionarla y Vallois es un gran promotor a nivel internacional. Felizmente durante años ha atesorado una gran diversidad de piezas de Cárdenas.

¿Entonces la mayor colección de la obra de Cárdenas pertenece al señor Vallois?

Exactamente.  

¿Por qué fueron seleccionadas para traer a La Habana estas piezas y no otras?

El proceso ha sido complicado porque desde aquí he tenido que trabajar la selección. Me enviaban las imágenes e iba decantando; tengo que reconocer que he conocido casi toda la colección y en ese sentido el trabajo fluyó muy bien.  Antes de llegar a La Habana “El silencio de las formas” se exhibió en Miami en un reservado privado y de allí fue traída a Cuba.

¿Qué interés puede tener Robert Vallois  en exponer parte de su colección en Cuba?

Creo que es una deuda que Vallois tenía con Agustín Cárdenas porque —según contó— fueron grandes amigos, compartieron durante muchos años y pasaban largas horas conversando. Cárdenas quería que su obra se exhibiera en su patria, algo que nunca había sucedido, porque él sale de Cuba en 1955 gracias a una beca que ganó en París y que en los primeros tiempos fue subvencionada por el estado cubano. Nunca más regresó al país.

En el año 1993  cuando se le entregó —junto a la también escultora Rita Longa— el Premio Nacional de Artes Plásticas y se trató de hacer una exposición de ambos en Cuba, de Cárdenas solamente había dos piezas. Vallois sabía que nunca se había hecho aquí una muestra personal de este artista y él sentía la responsabilidad de saldar esa deuda con su gran amigo.

Imagen: La Jiribilla

Se dice que Cárdenas transitó por tres grandes momentos: de 1951 a 1964 en que trabajó, fundamentalmente, la madera a partir de una morfología totémica,  ¿cuáles fueron los rasgos esenciales de este primer período en la obra del escultor?

Cárdenas fue discípulo de Juan José Sicre y este gran maestro lo entrenó en los rigores de la talla directa en madera; desde que comenzó fue un gran escultor y su primer momento fue en la talla en madera y supo representar el efecto del fuego a la hora de ir profundizando en sus incisiones. En París, posteriormente, desarrolló mucho más esta técnica. Fue fundador del Grupo de los Once, con el que realizó varias exposiciones. De Sicre asimiló la frescura y en ese primer momento produjo grandes tótems.

Cuando Cárdenas llega a París, conoce a Constantin Brâncuşi, importante escultor rumano considerado pionero del modernismo, y llegó a trabajar estrechamente con él. Esta relación también fue una influencia esencial para el entonces joven escultor cubano.

Durante el segundo momento, que se enmarca entre en 1965 a 1982, Cárdenas logra insertarse con mucha facilidad en el difícil medio parisino y asume el mármol, el granito y el basalto.

Y también el bronce, material con el que trabajó mucho. Quisimos traer como parte de la muestra bronces muy bellos, de una factura impecable y es que Cárdenas desde sus primeros trabajos hasta los últimos, mantuvo una factura de excelencia que se perfeccionó en París.

Del tercer momento —de 1983 hasta su fallecimiento— se dice que se concentró en el bronce, ¿pueden considerarse estos períodos perfectamente diferenciables?

La periodización de su obra es un criterio que se ha manejado, pero no creo que sea totalmente correcto.Por lo que he investigado, Cárdenas durante toda su vida trabajó a la par todos los materiales. Vallois me comentó que a él le encantaba experimentar en el mármol, de hecho hay escultura monumental en Italia y en Grecia realizada a finales de los 80 e inicios de los 90; se acercó también prolíficamente al metal.

El galerista francés Vallois afirma que se movía de uno a otro con mucha facilidad.  También me comentaba María de los Ángeles Pereira, quien es una estudiosa de la obra de Agustín Cárdenas, que en los primeros años, efectivamente, hizo mucha obra en madera y que eso lo marcó, pero tenía muchos otros intereses.

Se dice que Cárdenas es un “precursor del arte abstracto” y desde sus primeros trabajos parecía estar un poco desfasado y luego se adelantó al resto de sus coetáneos. Teniendo tantas posibilidades, ¿por qué cree que se inclinó hacia la abstracción?

Hay una zona de la crítica que no lo considera puramente abstracto, y de hecho eso se aprecia en la exposición: aparecen figuras humanas que se logran ver, es una mezcla entre la abstracción y la figuración. Lo que sucede es que atendiendo a una primera impresión, hay obras que pueden considerarse abstractas, y lo son de una forma magistral, y a la vez no lo son. Por ejemplo, “El beso” es una obra que puede considerarse abstracta, no obstante, uno aprecia dos cuerpos perfectamente diferenciales besándose. Lograr este efecto a partir de un material como el mármol es complejo, pero en la obra de Cárdenas se revelan al mismo tiempo formas de incalculable belleza y definiciones impecables de líneas.

Creo que la mejor respuesta está en una cita de Cárdenas en la que asegura: “no soy tan abstracto ni tan moderno: hay muchas cosas que he aprendido dándome golpes”.

Exactamente.

Cárdenas vivió la mayor parte de su vida fuera de Cuba, sin embargo, toda su obra tiene una marcada influencia de sus raíces africanas, ¿a qué se lo atribuye?

Según he llegado a saber, Cárdenas no profesaba ninguna de las religiones de origen africano. Robert Vallois es un estudioso del arte africano del que posee una colección impresionante. Creo que esto fue otra de las afinidades que los unió.

A pesar de que Cárdenas estuvo anclado en París, que es como sabemos una realidad compleja y diversa, mantuvo una fidelidad a sus influencias africanas. Por otra parte, su raigal negritud nunca la abandonó y fue muy claro y consecuente a la hora de mantenerse allí con sus propias influencias y nunca negó ni su raza ni sus raíces: él tenía muy claro de dónde venía y hacia dónde iba.

Imagen: La Jiribilla

La diversidad de tamaños es otra de las características de“Las formas del silencio”.

Hay piezas de varios formatos, la museografía va moviéndose: se inicia con un gran tótem —de 217 x  43  x 40 cm —,  es decir, los tamaños se van combinando desde gran formato hasta mediano y pequeño. Incluye ocho dibujos, que a su vez son bocetos: dos de ellos fueron llevados a escultura y están en la muestra, lo que ofrece información sobre el proceso de trabajo del escultor. Es una exposición no solamente hermosa sino en la que puedes apreciar las líneas, los modelados perfectos, las diversas formas con una limpieza admirable. Por todos esos valores considero que no es una exposición monótona.

He tenido noticias del interés de crear en un futuro una Fundación que privilegie la presencia de Cárdenas en Cuba a partir del apoyo de Galerías Vallois, ¿es cierto?

Durante su más reciente visita Robert Vallois dijo que uno de sus sueños era precisamente crear la Fundación Agustín Cárdenas en La Habana y materializar otros proyectos.

Isabel Pérez, directora de la revista Arte Cubano, del Consejo Nacional de las Artes Plásticas, le propuso hacer un libro de la Colección Espiral sobre Cárdenas y esa iniciativa ya se está valorando.

Crear una Fundación pasa por muchos escalones y análisis que no están en nuestras manos, pero creo que lo más importante es que la intención está y, sobre todo, que existe la claridad cultural para entender que Cárdenas tiene que estar de alguna manera en Cuba.

Hay otra idea: llevar a tamaño de escultura monumentaria una pieza de Cárdenas para que sea emplazada en La Habana vieja; ya se han comenzado a hacer algunas gestiones, pero es también una iniciativa  para el futuro.

Después de concretar la exposición “Las formas del silencio”, ¿qué impresiones puede ofrecernos?

En mis casi 20 años de trabajo en el mundo de las artes plásticas, éste ha sido el proyecto más grande e importante en el que he estado involucrada. Sinceramente ha sido muy agotador y estoy cansada, pero muy feliz porque  la receptividad ha sido tremenda y ha involucrado tanto a escultores consagrados como a los más jóvenes. También es muy importante escuchar las críticas y los comentarios de otros especialistas. Valió la pena todo el esfuerzo, pero tengo que recordar que los proyectos no se hacen solos: debo agradecer, en primerísimo lugar, al señor Robert Vallois por haberme dado la posibilidad de llegar a su colección; al señor Pedro Serna, curador por la parte francesa, una persona increíblemente abierta; a Jorge Fernández y Margarita González, director y subdirectora del Centro Lam, respectivamente; y a Yacel Yzquierdo Díaz, recién graduadodel Instituto Superior de Arte y un artista que colaboró eficazmente con el montaje —junto al equipo de montadores del Lam—. También tengo que agradecer a todas las buenas voluntades que, de una manera u otra, contribuyeron a hacer realidad este formidable sueño.

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato