Buscar la salvación

Dania del Pino • La Habana, Cuba

La Gran Compañía de Teatro en Miniatura de México, llegó a la ciudad de los puentes para hacer su debut en la 11 edición del Taller Internacional de Títeres de Matanzas. Con una obra que muestra la esencia de sus raíces culturales, el director Pablo Cueto vuelve sobre La leyenda de los Soles, un mito escrito en Náhuatl en 1558 que recrea el proceso de formación del hombre.

Imagen: La Jiribilla

El sentido cosmogónico del espectáculo, reflejado desde el título, Nuestra raíz, hasta el argumento mitológico al que nos acerca usando el recurso de la narración oral, hace de este un ejercicio casi ritual y casi religioso. La vuelta al pasado es en este caso un verdadero acto de evocación, una celebración litúrgica materializada en los cuerpos de dos intérpretes que mientras comparten la historia, protagonizan prácticas tradicionales heredadas del pasado al que aluden.

Los enfrentamientos entre los dioses Quetzalcoalt y Tezcatlipoca que dan surgimiento a los cinco soles de la cultura azteca, son presentados en una estética minimalista que obliga al cuidado exquisito del detalle y otorga un carácter íntimo a la puesta en escena. En este caso, el mérito del director Pablo Cueto y los actores radica justamente en convertir la leyenda en metáfora teatral a través de elementos de la cultura mexicana. El plano sonoro se construye desde esa premisa y regala la magia de una atmósfera que azuza la poesía de la puesta en escena y que incide en el espectador activando su sensorialidad. Plano que se complementa visualmente en el uso de un rico universo simbólico.

Nuestra raíz vuelve sobre el origen del hombre a partir de una estructura circular que ilustra igualmente el sentido cíclico del mundo. Un precepto contenido en todo el pensamiento cosmogónico, materializado en el calendario azteca del que parte la obra y en otros signos manejados dentro del espectáculo. La dimensión poética de la puesta, aunque muchas veces se ve amenazada por el carácter ilustrativo de la narración, se eleva desde el cuerpo de los actores como protagonistas de un nuevo ciclo de vida, como portadores de una herencia aprehendida y asimilada en el de-cursar cotidiano de sus días.

“La humanidad descansa sobre sus huesos”, sobre la loma de cadáveres que hace cada vez más grande el cementerio de la tierra. En Nuestra Raíz, dos actores excavan en la memoria del mundo, llaman a sus muertos en busca de reconciliaciones y allí, tras un pequeño retablo de papel, encuentran la verdadera salvación.

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