Conversación con Joan Baixas

De la oscuridad a la vida

Dania del Pino • Matanzas, Cuba

Joan Baixas es un hombre de retablos. Haber andado el mundo con sus títeres lo ha convertido en un referente esencial de este género y le ha concedido el don de los aplausos. Otra vez en Cuba, es responsable de uno de los talleres del 11 Taller Internacional de Títeres de Matanzas y protagonista de un espectáculo que muestra parte de sus experiencias profesionales a través de una poética basada en la integración de las artes plástica y escénica. Sobre esta propuesta y su trabajo nos comenta.

Imagen: La Jiribilla

“Estoy aquí por una invitación de Rubén Darío, el director artístico del Festival. En la última edición del taller en Matanzas tuvimos una charla frente al público, entonces parece que interesó y me dijo: tienes que volver y hacer algo más completo. De ahí nace este espectáculo que ha ido creciendo y que yo llamo conferencia-espectáculo. O sea, es una obra en la que yo cuento mi trayectoria artística desde mis inicios, hasta un proyecto futuro que estoy preparando. Entonces a través de videos y de pequeños números de teatro repaso por toda mi vida profesional.”

El espectáculo tiene entonces un carácter autorreferencial…

“Bueno, este espectáculo consiste en eso. Tampoco es que vaya por la vida hablando de mí, pero en este caso sí porque como es un evento internacional importante, latinoamericano, quise que pudieran ver todo un recorrido, que espero pueda ser útil para gente joven, para gente curiosa y que pueda servirles de algo.”

Se refiere a una experiencia que ilustra su vida como titritero, en diferentes etapas, desde andar en una camioneta cargando un retablo de pueblo en pueblo, hasta establecer una compañía mucho más grande y alcanzar luego un reconocimiento internacional. ¿Qué han ofrecido a Joan Baixas esos momentos de su vida en lo personal y como titiritero?

“Hay una primera etapa, como tú dices, de juventud, en la que vas buscando y haces diez mil cosas. Cuando aparecieron los títeres en mi vida, me gustaron por esta idea de relación entre las diferentes artes y ahí me sentía cómodo porque podía escribir, pintar, interpretar. Entonces está la etapa de hacer títeres para familias en España, en esa época de finales de los 60 y los 70 era algo nuevo. Fuimos la primera compañía profesional en España y ahí me pasé diez años haciendo espectáculos para familias por todo el país, pero también empecé a salir al extranjero. Hice mis primeras salidas a América, a Europa, etcétera. Luego eso creció mucho, porque al principio éramos solo mi mujer y yo, y empezamos a hacer trabajos con pintores hasta formar un grupo de quince integrantes y tener nuestro propio teatro que era una carpa de circo con sus camiones, sus viviendas y todo. Eso duró varios años. Pero al final nos comía el día a día, esto de la administración, la gestión. Yo tenía que hacer de empresario, aunque trabajaba con mis compañeros como colaboradores directos, y eso no me gustaba mucho. Entonces lo cerré. A mí me gusta la vida a cortes, acabar una cosa y empezar otra nueva. No soy de los que tienen un proyecto y lo va haciendo crecer, entonces me metí en esto de un trabajo más personal con la pintura y tal, y en eso estoy.”

En esta etapa de trabajo usted construye el títere y los espectáculos desde la intimidad, desde un espacio de soledad que pudiera ser heredado de la tradición de artistas plásticos de su familia, para luego llevarlo a un plano colectivo.

“En el proceso de creación o preparación de un espectáculo hay muchas etapas. La primera es más interior, que empieza siempre en el silencio, la oscuridad y la inmovilidad, o sea, en el punto cero. A partir de ahí lo que aparece es utilizable o no, pero todo es fértil. Este es el sujeto del taller que estoy impartiendo, intentar clarificar ese momento a través del cuerpo y de la introspección. El objetivo es trabajar el cuerpo del titiritero para que sea consciente de él y pueda usarlo bien.

“Y luego hay otras etapas que naturalmente ya son colectivas y son compartidas con otros especialistas y con los compañeros de otras artes. Pero ese primer momento para mí es muy importante porque el títere sale de dentro, nace allí y allí se va desarrollando hasta que aparece. Es como una semilla, primero está bajo la tierra en la oscuridad y es como un nacimiento, como la gestación de un ser humano. Entonces esa idea de la fertilidad es muy importante. La oscuridad es también todo ese contacto con el mundo del inconsciente, con el mundo mágico, por decirlo de alguna manera, o mitológico que llevamos dentro, como partes de comunidades a la que pertenece cada uno. Ese es el terreno de la alquimia, que hace crecer ese huevo que se convierte en la obra de arte, nace del interior y hay que estar conectado con eso.”

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