El príncipe Blu que no envejece

Karina Pino Gallardo • Matanzas, Cuba

William Fuentes y Santiago Bernal fundaron en Cuba en 1992 el grupo Teatro 2. Fuentes, actor graduado por el Instituto Superior de Arte que realiza el trabajo dramatúrgico, y Bernal, arquitecto de profesión y responsable de la dirección de arte y la realización, aún integran, también como actores, este colectivo.

Imagen: La Jiribilla

¿Cómo se crea el grupo, a partir de qué inquietudes? 

“Comenzamos con los títeres en el año 1993 con un espectáculo que se llamó Cuenta cuentos presenta a Meñique. Después, en el 94, hicimos Cuenta cuentos presenta a Aladino, con el cual obtuvimos varios premios, entre ellos el de la crítica. El nombre se debe a que fuimos y somos aún hoy dos personas las que movemos fundamentalmente los procesos de creación. De hecho, comenzamos a trabajar con otros actores desde que residimos en México, pues mientras vivimos en Cuba siempre trabajamos solamente nosotros.

“El príncipe Blu, espectáculo que traemos nuevamente a Cuba en esta ocasión, se estrenó el 26 de septiembre de 1996 en el Hubert de Blanck. Ese mismo año obtuvo el Premio de la Crítica junto con La niña que riega la albahaca, de Rubén Darío Salazar y Teatro de Las Estaciones. Obtiene ese año también el Premio de dramaturgia Cien obras para un papalote, convocado en el Taller Internacional de Títeres de Matanzas (TITIM) de 1994. Obtuvo en realidad trece premios, entre Actuación, Diseño, Puesta en escena, Animación de figuras, etc. Fue un espectáculo muy conocido, con el que ofrecimos funciones durante todo el año 1997 por todo el país en varios eventos, como el Festival Internacional de Teatro de La Habana, el de Pequeño Formato en Santa Clara, el Sin Fronteras en Ciego de Ávila, entre otros.

“Cuando surgimos como grupo Cuba atravesaba por el difícil Período Especial, y en ese tiempo la situación de la infancia comenzó a cambiar. Los niños dejaron de jugar con los juguetes tradicionales y comenzaron a jugar “con” y “a” otras cosas. Nos dimos cuenta de eso y tratamos de rescatar de algún modo las tradiciones de los juegos infantiles de nuestra infancia, la cual fue un poco más llevadera. Por ello en El príncipe Blu se trabaja a partir de un rompecabezas, y aparecen elementos como, por ejemplo, un caballito con balancín, juguetes tradicionales que fueron importantes en nuestra niñez. Eso nos importaba mucho y jugó un papel fundamental en la creación de nuestro grupo y en nuestros presupuestos estéticos como creadores.”

A casi dos décadas de surgimiento de ese espectáculo, ¿cómo lo ven hoy?, y pienso sobre todo en la recepción de un público completamente diferente al de aquel momento.

“Debemos decir que El príncipe Blu de hoy es esencialmente el mismo que hicimos entonces. Retocamos los muñecos, por supuesto, hicimos algunos ajustes de actualización en el texto que tienen que ver con esta época, pero la producción, la dramaturgia, el espectáculo es el mismo. El texto está basado en un cuento de Andersen llamado El porquerizo y la princesa, sobre el que William hizo una versión libre. Habla de un imperio en crisis económica, dedicado a la exportación de carne enlatada. La princesa heredera anuncia que se casará con aquel que mejores posibilidades le ofrezca. Aparece entonces este príncipe Blu, se enamora de ella y le lleva sus prendas más queridas, en este caso un ruiseñor y una rosa, lo cual ella no acepta, pues es vanidosa, superficial y frívola. El príncipe decide entonces darle una lección con ayuda del público mediante una asamblea de participación. Es por esto una puesta interactiva que aún está vigente, primero, por el elemento de la asamblea, pues es un componente en la vida civil cubana que pervive todavía.

Imagen: La Jiribilla

“Por otro lado, en el momento en que se creó percibimos que había una serie de valores sociales, comunales, que estaban comenzando a desaparecer. En nuestras visitas a Cuba durante estos años hemos visto que esa pérdida se ha acentuado, la espiritualidad ha sufrido cambios, la frivolidad y el amor por lo material han crecido mucho, y sobre todo por eso creemos que la obra tiene una actualidad y una frescura que no ha perdido, aunque haya pasado tanto tiempo. Ya son diecisiete años de ausencia de esta obra, pero queremos que se animen y vengan a verla porque sabemos que la van a disfrutar mucho. Y decimos que sí, por supuesto que está viva y tiene muchas cosas que decir en la Cuba de hoy.”

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