La sencillez de un héroe: Cholomán y el Pirata

David Rocha • Matanzas, Cuba

De cierta sencillez discursiva está dotada la puesta en escena que el grupo boliviano Títeres Elwaky, ofrece en este XI Taller Internacional de Títeres de Matanzas: Choloman y el pirata, que cuenta la historia de un pirata que llega a conquistar tierras andinas y a saquear todo lo que sea posible. Roba la Llama de la pequeña Wara y esta es ayudada por Choloman para resolver el conflicto.

Imagen: La Jiribilla

La construcción estructural de la dramaturgia del texto es sencilla y clásica. Hablamos de un inicio, nudo y desenlace con moraleja incluida que oscurece el mundo simbólico en el que se mueven los personajes. El Pirata es construido desde el punto de vista del antihéroe, Choloman resulta un héroe disparatado que no es capaz de salvarse a sí mismo y Wara deviene en heroína complementaria de este, y al final realmente es ella quien resuelve el conflicto. El simbolismo se complejiza cuando ambas fuerzas en pugna resultan en oprimido y opresor, conquistador y conquistado, enemigo y amigo. Este carácter simbólico de los personajes dota de un nacionalismo tajante al discurso dramatúrgico.

Escénicamente el espectáculo opta por el títere de guante y su mundo. Choloman se convierte en la caricatura de Superman y resulta un personaje popular que se enfila en la línea del famoso Perurima, también sureño. La Llama y el Pirata resultan personajes grotescos que accionan de manera exagerada provocando la risa de los espectadores. El Pirata en su afán de robarse todo el oro del cerro Cuchi- Cuchi lo arranca pedazo por pedazo y lo mete al barco, mientras que la Llama escupe cada cierto tiempo cuando su dueña interactúa con ella.

El absurdo titiritero es subrayado cuando dos personajes se persiguen, pues aparecen y desaparecen de escena en una coreografía circular. Coreografía recurrente dentro del espectáculo que llega a convertirse en un elemento que satura la escena. Por otro lado, la utilización del barco en el que llega el Pirata al territorio, dota a la obra de una magia hilarante que atrapa al espectador más pequeño y logra llevarlo al mundo onírico del teatro de muñecos.

La sencillez de esta propuesta titeril boliviana elimina cualquier adorno discursivo en la construcción de su mensaje, pues van directo al tratamiento del discurso nacionalista de las relaciones culturales entre la Conquista y los Conquistados. Esto se convierte en un arma de doble filo, pues el espectáculo roza en cierto didactismo aleccionador. Sin embargo Títeres Elwaky nos demuestra que en esa sencillez es donde el títere legitima su esencia de arte cercano a los pueblos, al hombre y a nuestra cultura nacional.

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