De los días de Girón, testimonio de un combatiente

Félix J. Montes de Oca • La Habana, Cuba
Imágenes de Internet

En la madrugada del 17 de abril de 1961, fuerzas mercenarias, entrenadas y equipadas por el gobierno de los EE.UU.  en varios campamentos de su propio territorio y otros países de América Central, atacaban Playa Larga y Playa Girón en la Ciénaga de Zapata.

Imagen: La Jiribilla

La radio cubana, al respecto emitía el comunicado número 1:

“Tropas de desembarco por mar y por aire están atacando varios puntos del territorio nacional al sur de la provincia de Las Villas, apoyados por aviones y barcos de guerra”.

El territorio seleccionado para la invasión fue una estrecha franja de terreno, entre cinco y diez kilómetros de extensión, similar a una S invertida. Esta característica geográfica de escasas vías de acceso, poca densidad poblacional, además de la existencia de facilidades de aterrizaje en la zona y una buena profundidad en el litoral, conferían al lugar ventajosas condiciones para la operación de desembarco naval y ofrecían la posibilidad de aislar el territorio, establecer un área inicial defensivo-ofensivo que le permitiera consolidar el desembarco y extender las acciones militares a una segunda fase.

El objetivo del plan operacional llamado "Pluto", confeccionado por la Junta de Jefes de Estados Mayores de las Fuerzas Armadas de EE.UU., definía claramente misiones y objetivos de la Brigada de Asalto 2506, establecía los diferentes tipos de cooperación entre las fuerzas y aseguraba el servicio logístico. De ahí que el objetivo estratégico fundamental de la acción consistía en establecer una cabeza de playa, aislar una parte del territorio, fortificarlo, y situar allí un gobierno provisional, compuesto por los principales dirigentes de la contrarrevolución cubana radicados en Miami; luego desarrollar operaciones de desgaste, combinadas con planes de alzamiento y sabotajes de la contrarrevolución interna: llevar al país a una aparente guerra civil extendiendo el conflicto a otros territorios de la nación para facilitar la intervención directa de las fuerzas armadas estadounidenses cuando lo solicitara la dirección apátrida establecida para entonces, según sus cálculos, en el suelo cubano.

Como se desprende del plan previsto y de su ejecución, la acción no fue una típica agresión indirecta, sino una mezcla de agresión indirecta y estrategia de agresión directa de la infantería de la marina yanqui y sus demás fuerzas militares en apoyo a la agrupación

Inicio y ejecución de la agresión

En marzo de 1960, el presidente Einsenhower ordenó a la CIA que procediera a reclutar, entrenar y armar una fuerza compuesta por exiliados cubanos, con la finalidad de invadir nuestro territorio a la vez que debía formar el llamado Frente Revolucionario Democrático (por agrupar diversas organizaciones contrarrevolucionarias), bajo la dirección de un denominado Consejo Revolucionario Cubano, entre los cuales figuraban las más disímiles tendencias del viejo régimen explotador burgués.

Ya anteriormente el imperialismo había desechado un plan inicial concebido en 1959, consistente en desarrollar una guerra irregular en el territorio nacional mediante levantamientos armados en importantes regiones montañosas del país, al comprobar que el grupo de bandidos alzados no progresaba. En realidad rehuían el combate con las fuerzas revolucionarias y no reportaban resultados satisfactorios.

Para este plan, la CIA gestionó el consentimiento de gobiernos reaccionarios y tiránicos del continente para el establecimiento de bases de entrenamiento en sus territorios, compartiendo la felonía y el descrédito político y moral que ese hecho representó ante el mundo.

Las bases de entrenamiento y los países donde se instalaron por tipo de especialidad combativa fueron las siguientes:

  1. La infantería, grupo más numeroso, se preparó en cinco campamentos, dos de ellos situados en Louisiana, EE.UU., uno dirigido por el cabecilla contrarrevolucionario Nino Díaz, y el otro por el Coronel Barquin. Los otros tres lugares fueron: la base Fort Goulick, Panamá; Quetzaltenango y la finca Helvetia, ambos en Guatemala, donde se instaló la base principal.
  2. El grupo de la marina con los hombres ranas y de demolición submarina en Nueva Orleans, EE.UU. y en Islas Vírgenes, Puerto Rico.
  3. La aviación, en Puerto Cabezas, Nicaragua; en Retalhuleu, Guatemala y Opaloca, cerca de Miami, EE.UU.
  4. Los tanquistas en la base militar de Virginia, EE.UU.
  5. Los paracaidistas en las fincas La Suiza y Halcón, en Guatemala.

Con todos estos elementos organizativos, recursos empleados de asesoramiento militar y técnico entregados por el ejército de EE.UU., quedó formada la brigada mercenaria 2506 cuya estructura reunía características de organización similar a las unidades regulares de las fuerzas armadas de EE.UU.  La brigada se denominó así desde un primer momento con el objetivo psicológico y desinformativo, aunque la misma era una verdadera brigada en esqueleto, con la finalidad de completada a partir del día "D", mediante el reclutamiento de bandidos, ex militares y presos contrarrevolucionarios que pensaban liberar de las cárceles cubanas, para los cuales traían suficiente armamento a bordo.

En total, la brigada contrarrevolucionaria estaba compuesta por 1500 efectivos, seis batallones (uno de ellos aerotransportado), una compañía de tanques MAl, Bull Dog, diez camiones artillados, cuatro morteros 106.7 mm, una compañía de cañones sin retroceso 75 mm, una compañía de ametralladoras calibre 50 mm con 144 armas. Además de contar con gran cantidad de lanzacohetes 88.9 mm, ametralladoras 7.62, fusiles M-1, sub-ametralladoras M-3; equipos de comunicaciones, y suficientes teléfonos con pizarra de campaña, capaces de mantener el mando práctico en todo momento.

Con toda esa fuerza técnica y medios, la brigada quedó estructurada en seis batallones de infantería de 160 a 170 efectivos, un batallón de paracaidistas, otro de armas pesadas, una compañía de tanques y otra de inteligencia y exploración. Una compañía con 60 morteros de 120 mm.

La fuerza aérea estaba compuesta por 37 aviones de diversos tipos tales como: 16 B-26 de combate, seis C-46 de transporte de combate, ocho C-54 transporte de carga, dos pibi de rescate y cinco catalinas.

La agrupación táctica naval estuvo compuesta por dos buques de apoyo LC 1, un portaviones Essex con 60 aviones y 3 mil hombres y cinco buques de transporte integrados por los mercantes Houston, Río Escondido, Caribe, Atlantic y Lake Charles, a los cuales para desinformar, los identificaron con nombres de la fauna marina como “Aguja”, “Ballena”, “Sardina”, “Atún”,, respectivamente.

La composición social de la Brigada integrada por privilegiados ex militares, lumpens y mercenarios, no podía conformarse de otra índole como símbolo y fiel testimonio de que la burguesía no escatima forma, ni renuncia pacíficamente a su condición de  clase explotadora, para pretender retornar al oprobioso pasado; lo constituían los antiguos dueños de 27 556 caballerías de tierra, 9666 edificios y casas, 70 industrias, diez centrales, dos bancos, cinco minas y dos periódicos.

Salida y travesía 

El embarque de las tropas comenzó el 12 de abril, terminando el 13 por la noche. La salida de los buques se realizó el propio día 13 y el 14 por la madrugada, desde Puerto Cabezas, Nicaragua, utilizando tres travesías navales hacia Cuba para no llamar la atención: por el este de Gran Caimán, entre Gran Caimán y Little Caimán y la tercera, al oeste de Caimán Brac. Los buques se reúnen el día 16 a las 17:30 horas a 70 km al sur de Las Villas, formando un convoy con 730 metros de distancia entre buques, uniéndose al mismo las barcazas Lcu y Lcvd, cargadas con tanques y vehículos llevados hasta allí por un buque dique de desembarco de las Fuerzas Armadas de los EE.UU., retirándose de inmediato.

Según el Plan Pluto, la brigada 2506 debía desembarcar en tres puntos: Playa Larga, denominada Playa Roja, Playa Girón, denominada Playa Azul; y Caleta Rosario, Playa Verde. Pero su cálculo no se desarrolló de acuerdo al plan previsto, pues el país no se encontraba desprevenido. La presencia de algunos pelotones del batallón 339 de Cienfuegos en el lugar que el enemigo suponía desguarnecido, la rápida y valiente reacción de nuestros milicianos en la zona y los ataques rápidos y fulminantes de nuestra aviación, que el enemigo calculaba destruida por el ataque días antes a los aeropuertos de nuestras Fuerzas Aéreas en diferentes puntos del país, lo paró en seco. La alta moral, la voluntad de lucha de nuestro pueblo, con la presencia de Nuestro Comandante en Jefe, al frente de nuestras fuerzas, dieron al traste ese plan del gobierno norteamericano largamente preparado para destruir la revolución socialista.

Desenlace inmediato

El rápido aviso de nuestras milicias esa madrugada, su heroica resistencia, y la incursión de nuestra aviación que destruyó varios medios de combate del enemigo e impiden el desembarco en Caleta Rosario, teniendo que hacerla por Playa Girón, propician la vulnerabilidad del flanco derecho de la cabeza de playa enemiga, así como el hundimiento del buque que traía el equipo principal de las comunicaciones, el combustible y las provisiones generales los dislocó.

El curso de las acciones, hasta la total rendición de las tropas mercenarias en menos de 72 horas de incesante combate, forma parte de una de las más hermosas páginas de la tradición combativa de nuestro pueblo, cuyo relato, aunque interesante, resultaría extraordinariamente largo y complejo, por lo numeroso de nuestras fuerzas, lo cual resumo con algunos datos recopilados sobre las unidades y armas procedentes de la parte occidental y central del país participantes en los combates:

  • Tropas rebeldes de la columna 1 y 2.
  • La Escuela Responsable de Milicias.
  • El Batallón de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR).
  • 12 batallones de las milicias.
  • Las baterías antiaéreas 127, 14, 7, y cañones de 37 mm de la base Granma.
  • La artillería terrestre integrada por baterías de mortero de 82 y 120mm, obuses de 122mm, cañones de 57, 76, 85 y 122mm.
  • Tanques T34 y Sau 100.
  • Por la aviación, seis B26, un Sea Fury-2T33.
  • El Pissi Bayre como embarcación naval averiada en la Isla de Pinos.

El precio que le tocó pagar a nuestro pueblo fue alto, 176 compatriotas perdieron la vida durante las  acciones combativas y unos 800 heridos fueron asistidos por los servicios médicos en aquellos primeros días, incluyendo decenas de víctimas en la población civil.

Del total de mercenarios desembarcados 1195 fueron hechos prisioneros, juzgados, excepto cinco connotados  asesinos, que pagaron con la pena máxima lo crímenes cometidos durante la dictadura del régimen anterior, unos 108 muertos y 300 entre heridos y desaparecidos. En diciembre de ese mismo año los prisioneros de la brigada de asalto 2506 fueron devueltos a los EE.UU.

A finales del año 1962, el gobierno norteamericano acordó pagar 70 millones de dólares por los daños materiales sufridos. Esto se recibió en alimentos para niños (compotas) y medicinas, aunque no se completó el total acordado.

Vivencias de la batalla de Girón  

Formé parte del Batallón de la PNR que combatió en Playa Girón. Fui jefe de la primera escuadra y segundo jefe del cuarto pelotón de la cuarta compañía al mando del Capitán del Ejército Rebelde Roberto Benítez de reconocido prestigio como combatiente del II Frente Oriental, quien fue bautizado entre la tropa con el mote de “Siete leguas” por su resistencia y largo paso en las marchas, en semejanza al caballo de Pancho Villa.

Al frente del batallón estuvo el comandante Samuel Rodiles Plana, también destacado combatiente del II Frete Oriental Frank País y uno de los pilares fundamentales en el combate.

Desde dos meses atrás integraba el Batallón, cuando el 2 de febrero habíamos partido para la captura de los bandidos al norte de Las Villas por los territorios de  Corralillo, Minas de Motembo y la Sierrita en el municipio La Sierpe. No chocamos con los bandidos, pero el entrenamiento fue fuerte, caminamos 500 km durante diez días seguidos. También participamos en el corte de caña en los centrales Washington y Ramona.

Apenas dos semanas antes de los acontecimientos bélicos habíamos regresado con el batallón, y atrincherados en la loma del Esperón, cavando trincheras, al norte de la provincia habanera, pues la situación política con los EE.UU. estaba tensa, y se percibía un clima de agresión militar al país. Por esos días se conoció del sabotaje a la tienda El Encanto.

El sábado 15 de abril por la mañana se corrió la noticia de que aviones mercenarios habían atacado los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba. No obstante a ello y para extrañeza nuestra se mantuvo el pase de fin de semana al grupo correspondiente, vinimos a La Habana y por la noche asistí al Aula Magna de la Universidad donde estaban expuestos los cadáveres de los milicianos caídos, a los que rendí guardia de honor. Al siguiente día participé en la enorme manifestación de duelo que les tributó el pueblo capitalino hasta el cementerio de Colón, escuché el discurso de despedida de duelo del Comandante en Jefe donde declaró el carácter socialista de la Revolución cubana, y esa misma madrugada regresé al campamento del Esperón donde estábamos reunidos.

Al llegar se conoció por la radio del ataque mercenario por Bahía de Cochinos, todos estuvimos expectantes para partir hacia el lugar de las acciones combativas. Pasó la noche y el martes 18 se nos avisó que teníamos que estar listos y ello no ocurrió hasta después de almuerzo que para muchos resultó ser el último de su vida.

Llegamos a la motorizada de La Habana haciendo un alto para reforzar el batallón con armas y hombres, se nos incorporó una compañía de milicianos del Batallón 116. Continuamos viaje hacia Matanzas por la Vía Blanca en cinco rastras cerradas, allí nos desviamos por la Carretera Central hasta Perico y de ahí hacia Jagüey Grande, Central Australia y la carretera de Playa Larga.

Por el camino divisamos en las distintas comunidades a los pobladores en una activa movilización, vestidos muchos de ellos con camisas de miliciano verde olivo, hombres, mujeres y niños que saludaban al paso de nuestra caravana exhortándonos a combatir hasta acabar con el último  mercenario.

Después que pasamos el Central Australia la tarde iba dando paso al anochecer. Recuerdo que cantábamos "somos socialistas  pa´lante y pa´lante y al que no le guste que tome purgante o la mano levante", cuando en sentido opuesto a nuestra dirección venían seis o siete ambulancias repletas con combatientes heridos, por la magnitud de los vendajes (todo el torso y la cabeza cubierta) consideramos que las heridas eran de envergadura. Entonces la gente dejó de cantar, y un compañero llamado Dioscoide y yo, casi al unísono gritamos "ahora es que hay que ser socialista" y una palabra fuerte y la gente comenzó a cantar de nuevo.

Cerca de Pálpite cruzamos junto a la guagua incendiada con napalm de donde provenían los milicianos heridos del Batallón 123 atacados por la aviación mercenaria esa tarde.

Más adelante se hizo un alto en la caravana, divisamos en la carretera montoncitos de arena, semejando el cubrimiento de minas explosivas hechas por los mercenarios, con la finalidad de demorar la marcha de nuestra tropa. Se dio la orden de que las rastras giraran y regresaran solas y nosotros tomar posiciones y aguardar en espera de nuevas órdenes.

Allí recuerdo al capitán Artemio Luis Carbó Ricardo, jefe de la plana mayor del batallón, quien se reunión con los jefes de compañía y de pelotones y para explicar las medidas de seguridad que debíamos tomar para pernoctar a orillas del terraplén y poder continuar al amanecer para atacar al enemigo atrincherado a unos pocos kilómetros de distancia. Nos ordenó que mantuviéramos una firme vigilancia en todo el litoral, pues el enemigo traía hombres rana y nos podían atacar, cerca se veían cadáveres de mercenarios caídos en el combate reciente. Al retirarse, recuerdo que Carbó al pasar cerca de mí, me dijo: "Montes cuando termine esto voy a prestarte un libro de economía marxista" (nosotros teníamos una vieja amistad como alumnos de la escuela de comercio de Guantánamo).

Serían como las cinco de la mañana cuando dieron el de pie. En ese momento nos sobrevoló un avión enemigo. Nuestros artilleros le hicieron fuego y me parece que lo alcanzaron. En el incidente, uno de los nuestros fue herido por las vainas de las propias cuatro bocas: el primer herido que tuvo el batallón.

Continuamos avanzando unos cuantos kilómetros hasta cerca de Punta Perdiz donde nos detuvimos para recibir picos, palas y una caja de balas con 100 tiros. Durante este alto nos dieron la orden de esperar la llegada de los tanques. Cuando la marcha se organizó  pasó junto a nosotros la compañía ligera de combate nuestra, junto a la del Batallón 116. El capitán Sandino mandó pedir granaderos para que fueran a la vanguardia, entre ellos avanzó el compañero Wilfredo Gonce Cabrera que era como hermano mío, al verme regresó un momento y me dijo:

―Oye, cuídate Pepín.

─También cuídate tú mi hermano, que vas delante ahora− le respondí.

― No hay problemas─ me dijo. Esa fue la última vez que lo vi.

Gonce se alejó con el resto de los granaderos y enseguida comenzó el fuego de los morteros enemigos. Minutos más tarde cayó fulminado por una ráfaga de ametralladora. Nuestra afectividad personal comenzó cuando yo llegué al campamento rebelde, en el Alto de la Victoria, herido en la clandestinidad. Él me cedió su hamaca y su frazada inmediatamente, desde ese día fuimos amigos inseparables.

Después supimos que encima del tanque del acueducto de Playa Girón los mercenarios tenían un observador que informaba todos nuestros movimientos. En ese momento teníamos algunos heridos. Tuvimos que esperar un largo rato por los tanques para poder avanzar hacia el enemigo atrincherado.  Cuando llegaron avanzamos detrás de ellos. Eran cuatro o cinco.

Nuestra tropa se dividió a ambos lados de la carretera. Delante iba la ligera de combate nuestra, al frente de la que estaba el capitán Carbó, de lado de la costa, y por el otro, pegado al mangle iba el capitán Sandino con la compañía del batallón 116.

En esos momentos los morterazos aumentaron. Marchábamos detrás de los tanques. El capitán Carbó fusil en mano subió a un tanque arengando para que no se detuvieran cuando fue alcanzado fusil en mano por las balas enemigas.  De esta manera se convirtió en el oficial de más alta graduación muerto en Girón.

Eran alrededor de las diez de la mañana cuando llegamos a una curvita en la que el enemigo nos hizo fuego de manera fortísima. Inmediatamente mi escuadra  y yo nos tiramos al suelo y puse el fusil FAL en ráfaga y comencé a disparar.... Solamente salieron dos disparos, entonces quité el depósito y puse otro, tiré y nada, pensé que me había puesto nervioso. Entonces desde atrás me gritó un compañero:

―Cabo, ¿qué te pasa? Era el Capitán Marcos Girón, segundo jefe de la compañía.

─Que esto se me trabó.

−Gradúa el cilindro de los gases― me contestó.

Y efectivamente, estaba como en siete y medio de cilindro y lo puse a tres. Cuando apreté el gatillo salió una ráfaga que me devolvió el alma al cuerpo. En ese momento escuché la orden del comandante Efigenio Amejeiras que venía con el compañero Julio Casas, quienes avanzaban desde  la profundidad hacia el frente, que cambiáramos de posición porque con todo aquello del fusil trabado mi escuadra y yo habíamos quedado en medio de dos fuegos. La gente se había replegado hacia el mangle y tiraban por encima de nosotros. La balacera era tremenda y cuando cambiábamos de posición, la onda expansiva de una granada me zafó la tira de la mochila que cayó a unos centímetros de mí y fue aplastada por un tanque nuestro que iba retrocediendo incendiado. Indiqué nuevamente a la escuadra que cambiara de posición.

Dioscórides, de otra escuadra, me dijo que él se quedaba allí. Yo cambié y cuando me tiré de nuevo miré hacia él, vi que lo habían abierto por el estómago. Estaba muerto.

El tiroteo fue muy intenso pero la orden era seguir avanzando. Unos metros más adelante vi tendido en el suelo a Tomás Palmera Vizcaíno, era el Sargento Mayor de la compañía.

Recuerdo que un miliciano huyendo del fuego enemigo se pegó demasiado al agua y fue arrastrado por las olas. El hombre se empezó a ahogar y otro compañero suyo de la Ligera del 116, resguardó su fusil en la orilla y se lanzó al agua para salvarlo. En ese momento no importaba la lluvia de balas. Fueron de las cosas heroicas que uno puede contar así, como sin importancia, pero había que estar allí para comprender la magnitud de tanta valentía.

En otro momento del combate, veo al capitán Roberto Benítez, jefe de la cuarta compañía herido en una pierna, un compañero lo fue a ayudar y él dijo: "sigue en el combate que yo me puedo valer todavía". Este capitán era un guajiro de la Sierra que había luchado junto a Raúl y en el II Frente y se había ganado el respeto y el cariño de toda la tropa.

La ametralladora calibre 50 no dejaba de disparar. Yo seguí avanzando por el mangle y caí bruscamente encima de los pies de un miliciano que no había visto. El compañero se asustó, se viró con el fusil en alto y me gritó:

─Oye, tampoco así.

−Chico que tú quieres, como está la cosa, que me tire en cámara lenta.

Entonces el compañero comprendió, recogió los pies y continuamos disparando desde la misma posición. Estos milicianos del Batallón 116, fueron bravos de verdad. Frente a ellos iba el capitán Sandino. En el combate tuvieron como 12 muertos que cayeron ese día. Nos hicimos realmente hermanos, algún día habrá que escribir también su historia.

Recuerdo que en medio de la batalla se acercó una ambulancia por la carretera. Pensamos que seguramente venía a recoger a algún herido. En ese momento, recibió el impacto de un proyectil y dio como dos vueltas en el aire. Había mucha gente sacando heridos.

De una a dos de la tarde, el capitán Fernández le indicó a nuestro jefe que no siguiéramos avanzando, que la aviación iba a tirarle al enemigo.

Después de la ofensiva aérea los invasores emprendieron la retirada, dejando a las personas que habían capturado. Minutos antes de las cinco de la tarde, el Comandante Rodiles pidió voluntarios para llegar hasta el caserío de Playa Girón. Enseguida me ofrecí. Al llegar encontramos a un grupo de constructores, campesinos y alfabetizadores que venían con una sábana blanca amarrada a un palo. Todos nos abrazamos, rebeldes, milicianos, policías, era la alegría de la victoria. Uno de mis compañeros encontró a su padre, uno de los constructores que fueron hechos prisioneros por los mercenarios. Otro de los policías abrazó a su hermana alfabetizadora. El reloj marcaba las 5:30 p.m. y no habían pasado 72 horas del inicio de la invasión.

Ocupamos una amplia zona alrededor de Girón. Tuve curiosidad por ir hacia el Círculo Social donde habían agrupado todo el armamento, me puse de acuerdo con el jefe de pelotón Sargento Antonio Catalá para turnarnos y poder ver aquello, eso fue el sábado 22. Llegué y pude conocer e intercambiar con algunos de los primeros mercenarios capturados, entre ellos los hijos de Tony Varona y de Miró Cardona.

Cuando salgo de regreso, veo llegar al Comandante Guevara, que pregunta: ¿Dónde están los "hijitos de papá"? Entonces le digo, “por aquí Comandante”. Y lo llevo hasta la cabaña donde estaban. El Che les preguntó:

― ¿A qué se dedican ustedes?

Ellos le contestaron que estaban estudiando Medicina, Derecho y un tercero mencionó una ingeniería.

─ ¿Qué edad tenés vos?− pregunto al más cercano. Respondieron que  26,28 y 29 años de edad, respectivamente.

― ¿Y ustedes con esa edad no han terminado una carrera? Ustedes no son ni siquiera buenos estudiantes. Yo con 23 ya era médico y había viajado América Latina completa. Abochornados bajaron la cabeza; no sabían qué contestar. Después del señalamiento, el Che se marchó.

Por último recuerdo que, unos días después de pasar más de una semana atrincherados en Girón, desfilamos en la Plaza de la Revolución el primero de mayo. Fue muy emocionante escuchar en las voces de Manolo Ortega y Violeta Casal cuando decían: ¡Y ahora viene avanzando el glorioso Batallón de la Policía Nacional Revolucionaria que tuvo 18 bajas en sus filas! Fue un momento de increíble emoción y también de homenaje a tantos compañeros y hermanos caídos gloriosamente.

 

Bibliografía  
Revista Verde Olivo. Abril-mayo de 1961.
Periódico Revolución.
Vista del juicio a los mercenarios.
Discurso del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz con relación a la victoria de Girón.
Intercambio con los compañeros participantes en Girón.
Vivencias personales.                                                                                   

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