Literatura

Andando Por el camino de la mar.
Los cubanos

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

Según confesiones de Guillermo Rodríguez Rivera (conocido poeta, editor, ensayista y profesor de Literatura), autor de Por el camino de la mar. Los cubanos, Cintio Vitier insistió en cambiar el nombre del libro por Nosotros los cubanos, pero él prefirió conservar el original en la edición que en el año 2005 viera la luz, gracias a la Editorial Boloña de la Oficina del Historiador de La Habana. Cuatro años más tarde la Editorial Península de Madrid editó el libro, con un capítulo añadido: "Comer en Cuba".

Imagen: La Jiribilla

Y, con suerte, este año 2014, asistiremos a la redición de dicho volumen con dos nuevos trabajos: el ya mencionado, sobre nuestros hábitos culinarios y con “Sagüita”, acerca del béisbol cubano. En cualquier caso, contamos con la primera selección que Rodríguez Rivera hiciera de sus iluminadores escritos, esta vez referidos a nuestra esencia como cubanos.

En su nota introductoria, “Al lector”, el poeta se encarga de curarse en salud, previendo el posible reproche que harían a su libro por las constantes alusiones a la complicada política de Cuba. “La vida de los cubanos, nos dice, ha estado tan inmersa en los aquelarres políticos de su nación, que es imposible hablar de la una sin ocuparse de los otros”[1]. Perfectamente de acuerdo con él, asumimos que para indagar quiénes y cómo somos, resulta imprescindible dilucidar por qué lo somos. Así, a través de diez meditaciones que se articulan como capítulos de una novela histórica, Rodríguez Rivera nos lleva de la mano por un recorrido que creíamos conocer y acaso conocíamos, pero visto ahora y gracias a él, desde otra óptica. Despojando de solemnidades que más que enaltecer suelen poblar de hojarasca facetas de nuestra historia, desde los primeros pobladores hasta casi el presente (se ha de tener en cuenta que el último pasaje del libro fue escrito en el ya distante 2005), revisitamos en primera instancia el mestizaje entre españoles y africanos del cual somos hijos. Más allá del color de la piel y de los rasgos somáticos que nos tipifican como pueblo nuevo, reconocemos el origen de muchos de nuestros hábitos, como las manifestaciones de nuestro carácter entre desbordado y suspicaz, resultado de la fusión de los troncos temperamentales de donde venimos. Asimismo, se explica el fuerte matriarcado cubano, fruto del culto a la madre santificado por la cultura africana y alejado del paternocentrismo español, y es de agradecer la generosa visión que Rodríguez Rivera ofrece de nosotras, las mujeres cubanas: “El cubano la adora, don Ignacio Piñeiro la llamó, apasionada y desaforadamente, “la perla del Edén”. Lo cierto es que al hombre de Cuba le cuesta establecer una relación permanente con una mujer que no sea de su tierra”[2].

Podría decirse que el autor de este libro se propuso (y logra) no dejar títere con cabeza. Están en sus páginas tanto la religiosidad cubana (“esencialmente marcada por su impureza, por su contaminación con otras creencias, por su promiscuidad”[3]) como nuestra tendencia ancestral a incumplir determinadas legislaciones (“moviéndose entre el acatamiento de leyes perjudiciales para sí y la necesidad de violarlas, el cubano ha formado su mentalidad en ese doble juego[4]”)

Las pasiones que siempre han acompañado a Rodríguez Rivera se manifiestan aquí, como es natural. Me refiero a la poesía y a la música. Son conocidos sus libros de poemas (la antología Canta, por ejemplo, obtuvo el Premio de la Crítica en 2003) y aquellos donde estudia la Nueva Trova, con particular énfasis en la figura emblemática de ese movimiento y amigo personal de Guillermo, Silvio Rodríguez.

Sus análisis, teñidos con un grato sentido del humor, aspecto al cual me referiré más adelante, están, a la vez, desplegados desde la óptica del seguro poeta y del casi musicólogo que es Rodríguez Rivera. Por ello, no es de extrañar que acuda a poemas y a canciones para explicitar su pensamiento, comenzando por el título, desgaje de “!Duro recuerdo recordar lo que las nubes no pueden olvidar por el camino de la mar!” Estribillos, décimas, boleros, versos, figuras míticas sobre todo de Cuba: José Martí, El Cucalambé, Nicolás Guillén (autor del verso que da título al libro), Benny Moré, Miguelito Cuní, Marta Valdés, entre otras, sustentan la historia de La Historia que este autor nos transmite, afianzando con este recurso (sin proponérselo), las bases populares sobre las cuales descansan los pilares de su tesis sobre la cubanía.

Y claro está, no podía faltar el humor. No solo por la referencia a quien dedicó tiempo y talento al estudio de la comicidad cubana (para decirlo de alguna manera), Jorge Mañach, resulta Por el camino de la mar… de alto valor para la comprensión de nuestro humorismo. La utilidad a la que me refiero tampoco se debe a las propias consideraciones de Rodríguez Rivera acerca del humor cubano (“la burla del “choteo” implica un peculiar respeto por la virtud, porque su misión es poner aún más de relieve la diferencia entre el fondo y la forma, resaltar la insuficiencia de lo que se viste con ropajes que no le corresponden”[5], sino por el novedoso aporte que brindan sus observaciones.

A nadie le quedarán dudas de que es la primera vez (a menos que pueda demostrarse lo contrario) que se estudia el significado, la importancia y la trascendencia de ser o pasar por ser un “comemierda” en Cuba, que es mucho más grave que ser un loser para los norteamericanos. Este insulto, gravísimo entre nosotros, es analizado por el autor con una gracia tremenda, lo cual no impide la validez de su razonamiento. Términos cubanos como “palucha” y “aguaje”, y la premisa visceral nuestra con forma de súplica si se quiere  (descubrimiento este que confieso como mi favorito) de que “no nos jodan”, aparecen fundamentados con una lucidez envidiable.

Por el camino de la mar. Los cubanos, asombroso y esperanzador libro desde, para y con Cuba, tendrá tantas rediciones como el público nativo y foráneo necesite. Ojalá el anhelo de darnos a conocer, y sobre todo de ser entendidos, cumpla el empeño que su autor ha depositado en estas páginas inolvidables.


[1] Rodríguez Rivera, Guillermo: Por el camino de la mar. Los cubanos. Editorial Boloña, 2005, p.p. 10.
[2] Ob. Cit, p.p. 107
[3] Ob. Cit. p.p. 100
[4] Ob. Cit. p.p. 66
[5] Ob. Cit. p.p. 69

 

Comentarios

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.

Más información sobre opciones de formato