Notas al paso de Tomás Sánchez, tras 27 años de ausencia

Estrella Díaz • La Habana, Cuba

“Creo —dijo Gabriel García Márquez, quien desde muy poco habita otros espacios—que el destino de Tomás Sánchez es crear con su obra el modelo del mundo que debemos construir de la nada después del Juicio Final”: sabias palabras del inventor del mítico Macondo que encierran, en apretada síntesis, el concepto sustancial de toda la obra de ese destacado artista de la plástica cubana que hoy expone en La Habana, luego de largos  27 años de ausencia de las galerías cubanas.

Si bien es cierto que Tomás Sánchez se ha mantenido viajando constantemente de Costa Rica, donde reside desde hace unos años, a Cuba y que aquí no ha dejado de participar en exposiciones colectivas —por ejemplo, el proyecto Alboroto Quieto— o relacionarse con iniciativas pedagógicas auspiciadas por el Instituto Superior de Arte (ISA), sus seguidores sentíamos un vacío, una necesidad de ver con ojos propios —y no gracias a las bondades de la red—sus nuevas propuestas.

Afortunadamente el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam desde el 4 de abril y hasta el 5 de mayo próximo, acoge Notas al paso, exposición con la que Tomás se estrena en Cuba como fotógrafo, una faceta relativamente nueva y que en la Isla no habíamos tenido la oportunidad de disfrutar.

Imagen: La Jiribilla

Las 25 fotografías que conforman la muestra son simplemente un canto a la belleza, a la armonía, una manera de reverenciar los muchos regalos que la naturaleza nos hace día a día —también pudiera entenderse Dios— y que el hombre, por lo general, no valora en su justa dimensión. Si se respetara la casa en que vivimos —la tierra para algunos, la Pachamama para otros— la Humanidad entraría en una especie de diálogo interior, ese que a partir de la meditación más honda nos propone Tomás Sánchez desde estas espléndidas imágenes. Pero, estas fotos no son meramente deslumbrantes, son la continuidad de un discurso que desde 1971 inició Sánchez después de egresar de la Escuela Nacional de Arte (ENA). Existe, sin duda, una conexión sólida entre su obra pictórica y estas fotografías, algunas de ellas hasta cierto punto humanizadas en el sentido de que eventos geográficos —una roca, un peñón, una nube o el mar— pueden llegar a ser imagen y semejanza del propio hombre.

“El mantra de las olas”, “Encuentros”, “Desde lo verde”, “Adentro-afuera”, “El fraile”, “Precisión e indiferencia”, “El fraile  y las monjas”, “Arrepentido”, “Roca que sabe mirar”, “Olas y reflejos”, “Roca bruja”, “La ilusión de creerse mascarón de proa” —hasta completar las veinticinco— constituyen sutiles evocaciones de la vida, ese regalo que no siempre es apreciado en su verdadera magnitud.

El día de la inauguración de la expo Tomás se notaba tenso — ¡y no es para menos!—, cualquiera lo estaría en su lugar: primero, porque muchas pupilas estaban ávidas por descubrirlo como artista del lente y segundo porque sentirse querido y respetado en la patria siempre toca el corazón. Por otra parte, al Centro Lam acudieron varios centenares de admiradores muy deseosos de ponerse en contacto con sus nuevos caminos creativos: allí se dio cita un grupo representativo de los artistas más renombrados de la plástica contemporánea cubana, pero también muchas caras jóvenes —estudiantes de nuestras escuelas y academias de arte— acompañaban al maestro, ansiosos por apreciar, por vez primera, su obra.

Comentó el artista que durante un tiempo dejó de pintar —se recuperaba de un infarto— y su médico de cabecera, también cubano, lo motivó a que exhibiera sus instantáneas: “durante muchos años tomé fotografías y lo hacía por puro placer y por conservar un registro de momentos de la naturaleza, pero nunca se me ocurrió que pudiera mostrarlas; esta es la quinta exposición de fotografías que realizo” (Notas al paso fue exhibida antes de llegar a La Habana en Casa de Vaca, en el Parque del Retiro de Madrid, un importantísimo centro de arte contemporáneo).

Imagen: La Jiribilla

Tomás en sus palabras quiso agradecer al Ministerio de Cultura, al Consejo Nacional de las Artes Plásticas y a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), por todas las facilidades brindadas y muy especialmente al Centro Lam al que ha estado muy ligado: “esta institución ha sido parte de mi vida y de mi carrera” y recordó que fue merecedor del Premio Nacional de Pintura en la Primera Bienal de La Habana, convocada hace 30 años por la institución.

El actual director del Centro Lam, Jorge Fernández, remarcó la importancia de que regresen a Cuba artistas que han desarrollado fuera de la Isla una obra importante y consideró que Notas al paso “es una síntesis de toda su obra” y también un homenaje a su maestra de siempre, Antonia Eiriz.

Cuando el próximo 5 de mayo quede clausurada Notas al paso, los cubanos tendremos la certeza de que para el próximo año —así se ha anunciado oficialmente— podremos disfrutar de una muestra personal de Tomás Sánchez en el Museo Nacional de Bellas Artes: ojalá nos sorprenda con sus emblemáticos “Basureros”, sus “Crucifixiones” y esos singulares paisajes que, como dijo el Gabo son “en alguna medida el modelo del mundo que debemos construir”.

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