Trovador auténtico como el que más

Joaquín Borges-Triana • La Habana, Cuba

Todas las mañanas al levantarme, después del aseo y de tomarme una tacita de café, una de las primeras cosas que hago es navegar por diferentes sitios de Internet para ponerme al día del acontecer noticioso. Este viernes 2 de mayo, aunque fuera de mi contexto habitual, no dejé de cumplir con mi costumbre y vaya triste sorpresa que recibí al enterarme de la muerte de Juan Formell. Confieso que todavía me cuesta creer la noticia. Muchas páginas ya se han escrito y continuarán publicándose acerca del querido Juanito y de su impronta al frente de Los Van Van, sin menor discusión la agrupación que más tiempo ha reinado en los niveles de preferencia de los cubanos en nuestra música popular bailable.

Por mi parte, quiero hablar aquí del Juan Formell trovador, ese que fuera miembro honorario del Movimiento de la Nueva Trova y que compartiese de hermano a hermano con Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. En mi opinión, creo que está por hacerse un estudio acerca de la cancionística cubana en los años que comprenden la etapa de transición del feeling a la Nueva Trova y en la que, por ejemplo, se generan hermosas composiciones que no son ni una cosa ni la otra, pero que representan un tipo de canción muy singular, como las escritas por Juan Formell, ideadas para ser interpretadas por Elena Burke durante la segunda mitad de la década de los 60 del pasado siglo.

Imagen: La Jiribilla
Imagen de Archivo
 

Aquel repertorio fue un trabajo pletórico en elementos novedosos para la época y dentro de los parámetros de lo que se conoció como sonido shake, el cual abarcase combinaciones estilísticas al corte de son con shake, afro-shake, shake-blue y samba-shake. En esas piezas del por entonces joven Juan Formell hay evidentes influencias de Los Beatles y de la música brasileña pero, según lo relatado por gente que vivió el período, se bailaban como música cubana y muchos no lograban darse cuenta de dónde procedía el componente foráneo.

No parece descabellado pensar que en dichos temas, vistos como expresión de los procesos abiertos y ocurrencias o aconteceres en reciclaje permanente dados en nuestra música, están las raíces primigenias de la actual canción cubana contemporánea y que, a la postre, ha sido un macroproceso de elementos y resultados entretejidos, con un carácter transnacional que ni borra ni estandariza, sino más bien presupone rasgos que dejan un sedimento tipificador y cambiante, incluidas toda clase de reapropiaciones.

A propósito de lo antes expuesto, solo habría que escuchar el álbum titulado Elena Burke canta a Juan Formell, un CD contentivo de 12 canciones que en su momento no se concibieron para integrar una producción fonográfica, sino que se fueron grabando a través de los años y con diferentes formatos de respaldo. Son temas que, en voz de Elena y con orquestaciones de Formell, se publicaron en discos pequeños entre 1967 y 1976.

Imagen: La Jiribilla

Integrado por varias piezas muy populares en el instante de su aparición hace cuatro décadas, entre ellas “Y ya lo sé”, “Lo material”, “De mis recuerdos” y “Al fin creo en el amor”, esta producción discográfica es una prueba rotunda del enorme talento de Juan Formell como hacedor de canciones, trovador auténtico como el que más, aunque la mayoría solo piensen en él como el timonel de ese tren de la música cubana que han sido Los Van Van, con los que Juanito ha conformado buena parte de la banda sonora de este país desde fines del decenio de los 60 de la anterior centuria y que seguirá sonando, incluso cuando se hagan realidad aquellos versos de Sigfredo Ariel que expresan:

se borrarán los nombres y las fechas
y nuestros destinos
y quedará la luz, bróder, la luz
y no otra cosa.

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