XPTO deshoja la luna de Lorca

Rubén Darío Salazar • Matanzas, Cuba
Fotos: Cortesía del autor y de Ramón Pacheco
 

¿Te querré como entonces
alguna vez? ¿Qué culpa
tiene mi corazón?
Si la niebla se esfuma,
¿qué otra pasión me espera?
¿Será tranquila y pura?
¡¡Si mis dedos pudieran
deshojar a la luna!! 
[1]

Concluyó el XI Taller Internacional de Títeres de Matanzas el pasado 27 de abril. Desde 1994, cada dos años, soy responsable de la curaduría artística de un evento con nombre extraño para los que visitan nuestra tierra, al que muchos reconocen como el festival internacional de títeres más significativo de la Isla. Enorme responsabilidad. Seleccionar, distinguir, elegir, conformar un panorama escénico, planta una carga estética y conceptual no todas las veces parecida a lo que yo entiendo como mi teatro de títeres preferido. Creo sinceramente que la oportunidad de organizar una muestra para todos, debe abrir puertas a otras maneras de decir, con calidad por supuesto, pero que necesariamente no han de comulgar con nuestros gustos personales.

Cada quien hace siempre su propia selección sobre la que uno puede realizar, y digo puede, porque normalmente debido a razones de diversa índole, son más las aspiraciones de un curador, que las posibilidades reales de optar por lo mejor que se produce en los retablos nacionales y foráneos. La oncena edición del TITIM (Taller Internacional de Títeres de Matanzas) enarboló como tema principal la frase “Un retablo abierto desde Las Américas al mundo”, eso me dio pie para intentar traer hacia nuestras costas gran parte de lo más atractivo que produce nuestro continente en materia de teatro de figuras, objetos y actores. En esa franja, brilla hace 30 años el grupo XPTO, de Brasil, una de mis viejas obsesiones como curador, finalmente cumplida en 2014.

Imagen: La Jiribilla

En la hoja de vida de Osvaldo Gabrieli, argentino nacido en abril de 1958 y director escénico de la afamada agrupación, aparecen los oficios de actor, titiritero y artista plástico. Esta tríada de funciones marcaron el quehacer de XPTO desde sus inicios en 1984, junto a la impronta musical del maestro Beto Firmino. Sonido y visualidad armaron un conjunto cuyo sello creativo fue consolidándose poco a poco, pasando del performance con música en directo a una propuesta teatral osada, abierta, sugerente. Buster Keaton contra la infección sentimental, Coquetel Clown, Babel Bum, El pequeño mago o Estación Cubo, son algunos de los montajes realizados en 30 años activos y cambiantes, a los que mucho me hubiera gustado poder invitar al público cubano; más Gabrieli eligió Lorca, aleluya erótica, una puesta con antecedentes en abril de 2007, que se desarrolla entre muñecos, danza, poesía, teatro y canciones.

Federico García Lorca se halla entre los artistas íconos de los teatristas cubanos, por lo que una puesta en escena que anuncia la unión de fragmentos de textos de las obras: Retablillo de Don Cristóbal, Amor de Don Perlimplin con Belisa en su jardín, El público, Yerma o Así que pasen cinco años, casi todas conocidas y exitosas en nuestras tablas y retablos, más la utilización de poemas de varios de sus libros, significaron para mí una interrogante mayúscula para el espectáculo-clausura de un taller que sumó a sus acostumbradas ofertas teóricas y expositivas, la celebración por primera vez en un país del Caribe de la reunión mundial del Consejo de la UNIMA (Unión Internacional de la Marioneta). Ser curador aporta también esa sensación de sobresalto, de incertidumbre respecto a lo que el público en general pensará sobre lo que uno y el equipo de colaboradores ha elegido. Hacemos malabares con producciones que pueden verse hermosas en discos, fotos y resúmenes dramatúrgicos, confiamos en nuestra intuición teatrera, en el olfato para convencer que Dios o San Simeón el Salo, patrón de los titiriteros, nos ha dado.

Imagen: La Jiribilla

 

Casi en los finales de la cita titiritera y por la tarde, desde el interior del Cine Teatro Velasco, el espacio que nos ha quedado a los matanceros para las grandes celebraciones artísticas de sala, emergen vestidos de negro y plata el propio Osvaldo, Beto, Marcelo, Joao, Taidenio, Bruno y Natalia, la única fémina de la tropa visitante, junto a los diestros técnicos Alonso y Erik.  Encantan desde el espacio más sombreado del céntrico Parque de La Libertad, con la interpretación titiritera del Retablillo de Don Cristóbal. Música en directo, muñecos más que hermosos expresivos, de rostros carnavalescos, delineados con toques de ingenua caricatura. La magia lorquiana, preñada de gracia popular se realiza. La pieza más titiritera de Federico plantó bandera ante un público mixto en edades y procedencias. El curador aún no respira tranquilo, pero los avatares de Don Cristóbal y Doña Rosita son siempre un ancla segura, los brasileños comandados por el argentino lo hacen de maravillas, conquistando los corazones de todos los presentes.Los actores regresan al interior del teatro, detrás van los espectadores gozosos y enamorados. En instantes se truecan los vestuarios y asistimos a una fiesta de canciones y copas, animación de objetos báquicos que se alzan invocando el espíritu de Eros y Tánatos. Algo extraño comienza a flotar en el aire, el festejo inicial se va volviendo amargo, como expresión de las angustias y deseos que marcan la literatura del poeta granadino tras su paso por los EE.UU., Cuba, Argentina y el Uruguay en los años 30.

XPTO propone un juego visual que se apoya en los textos de manera rotunda, como se debe hacer con Federico; por unos instantes la atención se tambalea. Osvaldo en un español clarísimo y bien interpretado media entre las emisiones en portugués, sentidas y hermosas de los demás actores, pero es la música de Beto Firmino la que sostiene el discurso metafórico  entre figuras, aditamentos y animaciones de tejidos y objetos cotidianos. Beto además de tocar el piano, actúa y danza. Desde su estatura alta y misteriosa, alza sus brazos llenos de preguntas en pos de la luna, mientras dice musicalmente, con una sonoridad de ahora mismo, mezcla de rap urbano y lírica contemporánea, los estremecedores versos lorquianos. Entonces ya no hay que dudar más.

Imagen: La Jiribilla

Lo demás fue dejarse arrastrar por el imaginario plástico de Gabrieli, apoyado en su joven elenco, que defiende esos diálogos extraños, profundísimos, de poesía desnuda, a los que se refiere Federico una y otra vez respecto a lo que considera más universal en su obra. Un túmulo, un caballo con la crin de cuchillos, que enciende los ojos cual artefacto bélico moderno, el mar bravío, una tela blanquísima que es pantalla y aforo para los duendes de Amor de Don Perlimplin…, sombras con texturas y colores, un barco en alta mar, la vida que se va y regresa hecha teatro. XPTO deshoja la eterna luna de Lorca ante las caras absortas de un respetable variopinto, que por obra y gracia de los muñecos y  actores entiende todo. El curador aplaude en la oscuridad como un espectador más. Revivir lo aparentemente inanimado no es solo tarea de los titiriteros. El festín va adquiriendo tonos de conclusión, tanto el del escenario como el del evento en general. Federico se pasea por el Velasco con su traje blanco de primavera, hay pétalos de rosa regados por doquier, copas abandonadas, versos tristes y alegres. Fuera del teatro atardece sin remedio.

 
[1] Fragmento del poema Si mis manos pudieran deshojar a la luna, de Federico García Lorca, interpretado musicalmente en el espectáculo Lorca, aleluya erótica, de XPTO, de Brasil.

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