Gaceta de Bellas Artes, el comienzo de un nuevo sentir artístico

Un año especialmente importante para la vida cultural cubana fue 1923. Aunque despuntó con un hecho de carácter político —la Protesta de los Trece, ocurrida en marzo, en contra de los desafueros del gobierno de Alfredo Zayas—, el hecho de que los protestantes estuvieran imantados, desde comienzos de la década del 20, por la fuerza de un poeta  llamado Rubén Martínez Villena, unido a otros jóvenes actuantes en nuestro mundo artístico, quienes también estaban permeados de ideas revolucionarias, significó, por primera vez en nuestra historia, la unión entre la vanguardia cultural y la vanguardia política, organizada entonces, aunque de manera informal pero sí con ideas muy precisas, en lo que se conoce como Grupo Minorista, con Villena como figura capital, y  cohesionado en torno a ideas estéticas y políticas de vanguardia que dieron a conocer en un manifiesto en el año 1927, cuando, contradictoriamente, y por diversas razones, este núcleo estaba en franco proceso de desintegración.

Poco después de ocurrido dicho acto de denuncia,  el 19 de mayo de 1923, quedó constituido oficialmente el Club Cubano de Bellas Artes, al frente del que estuvo Sergio Cuevas Zequeira (1863-1926), nacido en Puerto Rico, pero asentado en La Habana desde joven, donde desarrolló una activa vida periodística en la esfera de la cultura y se vinculó al teatro. Estas preocupaciones lo condujeron a fundar, el señalado día, dicha institución, que tuvo como secretario general a Juan Marinello, quien fuera uno de los participantes en la mencionada Protesta de los Trece y muy pronto estaría fundando, con Villena como presidente y él como vice, la Falange de Acción Cubana, que adoptó como lema “Juntarse: esta es la palabra del mundo”. También formaron parte del cuerpo de dirección de esta publicación figuras como Antonio Iraizoz, ensayista, crítico literario de crecida obra a lo largo del tiempo, el pintor de corte académico Esteban Valderrama, Juan J. Remos, futuro historiador de la literatura cubana, y Eduardo Sánchez de Fuentes, considerado por Alejo Carpentier “el  músico más representativo” de la etapa de transición que ocurre en nuestra cultura en las primeras décadas de la república. De incansable voluntad creadora, su obra más conocida y antológica es la famosa habanera “Tú”, de 1900. Eligieron como presidente de honor a una de las figuras de mayor peso político y respeto moral e intelectual del momento, aclamado además por la juventud cubana: el maestro Enrique José Varona. En sus diversas secciones —Pintura, Música, Teatro, Literatura e Historia— llevaron adelante un programa

[p]ensando en Cuba, en sus necesidades artísticas e intelectuales; y sobre todo la idea de agruparnos, de constituir una fuerte organización, que abarcando las Bellas Artes en general, invadiera nuestro bello y fértil suelo, en gloriosa jornada desde oriente hasta occidente, demostrando los cubanos, no solo nuestra devoción a las artes y letras patrias, sino nuestro inalienable derecho a figurar —en aspiración generosa— en el concierto de las naciones más cultas de la tierra.

Para cumplimentar en alguna medida estos ambiciosos propósitos crearon, con carácter bimestral, Gaceta de Bellas Artes, cuyo primer número salió en el mes de octubre, bajo la dirección de Cuevas Zequeira, pero al fallecer este en 1926 pasó a ocupar dicho cargo Esteban Valderrama.

El propósito central de esta publicación quedó claramente reflejado en su número inicial: “mejorar y desarrollar el cultivo de las Bellas Artes en Cuba, tanto en su sentido práctico como en el teórico” y, al igual que la institución que la regía, mantuvo en sus páginas diversas secciones dedicadas a la pintura, la música, el teatro, la literatura y la historia. Tuvo especial significación la que dedicaron a los comentarios bibliográficos, que fue redactada en distintos momentos por Enrique García Cabrera, Eduardo Sánchez de Fuentes, Salvador Salazar, Emeterio Santovenia y el propio Marinello.

Otros colaboradores de la revista fueron Jorge Mañach, Enrique José Varona, Guillermo Martínez Márquez y los hermanos Néstor y Miguel Ángel Carbonell. Al parecer, el último ejemplar publicado correspondió a abril de 1928.

El carácter de esta revista, asentado en el propósito de divulgar las Bellas Artes, es coincidente con el fermento cultural iniciado en el citado año de 1923, cuando la juventud intelectual cubana estaba buscando nuevos rumbos para encauzar sus preocupaciones. Nombres como los de Marinello y Mañach, por ejemplo, se encuentran entre aquellos asociados a los que comenzaron a mirar el arte desde nuevas perspectivas, y aunque la Gaceta de Bellas Artes no puede considerarse portavoz de las vanguardias artísticas cubanas, como poco tiempo después lo sería, por ejemplo, la Revista de Avance, órgano por excelencia de dichas inquietudes, y a cuyo consejo editorial pertenecieron los dos citados intelectuales, sí puede estimarse como el comienzo de un nuevo sentir artístico, manifestado, por ejemplo, en los textos poéticos de Marinello allí incluidos, como el poema “ El Grito”, donde leemos:

 

I

Guerreaba el grito en los caminos:
¡Oh aquel que sea tierra entre la tierra!
en la piedra sedienta era el Grito alarido
y lágrima  salobre en el agua sedienta.
¡Ay del cuerpo insepulto
con el alma agobiada de tierra!

Guerreaba el clamor fuerte por el valle,
y un gemido de angustia sobre la sementera.
Prendió una ráfaga del Grito
su virtud dura en la tormenta
interna.

    Un temblor súbito.

Y fuimos una cuerda encendida en el Grito,
fuimos el Grito mismo azotando a la tierra.

II

Se fundieron las voces en la voz soberana:
¡Ay del que vio el relámpago, no la luz en la estrella!
Azrael duro y torvo: tú vibraste en el Grito,
tú rompiste mis manos,
tú sajaste mi pecho con tu voz de tormentas.

Rodó la luz por las barrancas,
y hasta la nueva luz vivió en mi sangre
la imprecación tremenda.

Pero la nueva aurora
brilló en las apartadas sementeras.
Quedaron las tinieblas entre las manos, rotas
y la noche, por siempre, sobre el pecho de tierra.

En este y otros poemas de iniciación Marinello se revela, como ha hecho notar Enrique Saínz, “como heredero y representante de una concepción del mundo en la que el yo intenta redimirse de su circunstancia, de la que se siente hastiado” aunque en “El Grito” el poeta comparte con el lector una vinculación más hacia el futuro, un sesgo similar al que sustenta la obra de Villena, si bien dentro de una línea más intimista. Lejos estaban ya estas composiciones de Marinello, como otras de sus contemporáneos, de los mimetismos a lo Rubén Darío. El rumbo de la poesía cubana era ya otro,  y se vislumbra en revistas que, como la Gaceta de Bellas Artes,  sin ir en pos de  la avanzada intelectual que pronto llegaría, sí comparte ese momento de tránsito que es, por sí mismo, muy revelador de los nuevos tiempos por llegar. 

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