De la trova, Cuba y otros demonios

Joaquín Borges-Triana es un apasionado de la música cubana, un hombre que ha dedicado sus mejores años a la investigación de temas relacionados con el pentagrama nacional y la realidad de la cual se sirven los autores para sus creaciones. Justo esa fue la impresión que dejó entre los alumnos de la Queen's University de Ontario, Canadá, quienes disfrutaron en la Sala Majadahonda del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau de una conferencia magistral impartida por él durante más de dos horas.

Imagen: La Jiribilla

Las palabras de presentación corrieron a cargo de Karen Dubinsky, profesora de la casa de altos estudios y coordinadora de la experiencia académica, quien aseguró a sus pupilos que “somos muy afortunados al estar en un sitio como este, que tiene un lugar especial en mi corazón”.

Tal afirmación no es en balde, pues la relación de la profesora canadiense con el Centro se remonta a más de una década, viéndose reforzada en este 2014 con la presentación del libro Habáname. La ciudad musical de Carlos Varela; volumen que salió a la luz en la pasada 23 Feria Internacional del Libro de La Habana publicado por Ediciones La Memoria y que, según pudo conocerse, posiblemente entrará al mercado editorial en lengua inglesa para el próximo año.

Una vez presentado el Centro y sus anfitriones, Víctor Casaus, director de la institución, realizó una breve explicación sobre las principales actividades y proyectos en los que se encuentran enfrascados. Especial atención se brindó al empeño de dar un espacio a los cultores de la trova con el proyecto A guitarra limpia, hace ya 16 años; así como a la posibilidad de continuar rescatando excelentes textos e investigaciones a través del sello editorial del Centro Pablo.

Dicho preámbulo sirvió como introducción para dejar servida la mesa, hasta que Borges-Triana comenzó una disertación que repasó las principales aristas de la canción de autor a partir de la década del 80 en Cuba, un país que por entonces vio surgir a la primera generación de artistas nacidos y formados después de todo el cambio que transfiguró la Isla a partir del primero de enero de 1959.

Imagen: La Jiribilla

Según el musicólogo, una de las grandes particularidades de dicha generación consistió en la forma de dialogar con su entorno, sin edulcorar situaciones, sin querer retratar una utopía, sino con la firme proposición de transformar su realidad, reacomodándola a su tiempo. En el caso específico de la trova, recordó que en ese momento ocurrió un movimiento de renovación entre los principales cultores del género, al entrar en la escena lo que por muchos es conocido como la “generación de los topos”, que por años marcarían el devenir de la canción de autor dentro de Cuba.

En tal sentido fue necesario repasar las influencias de ritmos y sonoridades extranjeros, provenientes de todo el continente americano y algunos más vinculados con el movimiento del rock en su estilo europeo, apuntó.

Por supuesto, como diría el propio Joaquín, “es imposible hablar de música, sin escuchar música”, así que hubo acordes, primero —e imprescindible—fue “Para Bárbara”, una de las más bellas canciones de amor en español, aseguró Karen a sus estudiantes mientras intentaba traducir, de alguna manera, la letra de Santiago Feliú.

Luego fueron Carlos Varela y su disco Como lo peces; el grupo de rock Habana y el dúo de rap Obsesión. Cada uno de ellos significó un epígrafe, momentos dedicados a conversar sobre los diferentes escenarios, problemáticas y géneros que ganaron su espacio en la última década del pasado siglo y han continuado evolucionando para integrar el inmenso crisol de sonoridades que conforma el pentagrama cubano.

Espacio central ocupó el fenómeno de la diáspora musical cubana y su producción sonora, anclada totalmente en las tradiciones nacionales y que buscan mantener el núcleo tradicional inalterable, a pesar de la amplia experimentación y mezclas en las que se ha enrolado. En este punto, el conferencista explicó que el fenómeno de la migración de músicos no es exclusivo de los últimos 50 años, pues desde mucho antes algunos de los mejores autores e intérpretes cubanos probaron suerte fuera de la Isla antes de conocerse en suelo propio.

Tras finalizar la conferencia la lluvia de preguntas comenzó. Salieron a relucir entonces temas como el ascenso de la música electrónica y sus manifestaciones, las diferencias entre la música que consumen ambos sexos en edades adolescentes (un nicho prácticamente virgen en los estudios de género, según constató Joaquín), las posibilidades reales de grabación y las peculiaridades del mercado discográfico en Cuba. “Prácticamente material para una nueva conversación”, exclamó entre risas Borges-Triana una vez sintetizados los principales focos de atención en dichos temas.

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