Entrevista con Juan Carlos Pérez Cendán

Aportarle humanidad al diseño

Lisandra F. Acosta • La Habana, Cuba
Imágenes: Cortesía de TL
 

Una de las obsesiones del diseñador gráfico Juan Carlos Pérez Cendán en su trabajo profesional, es justamente la búsqueda en su entorno de los rasgos que delinean su identidad como cubano, para expresarla en sus proyectos. Graduado en el 2001 del Instituto Superior de Diseño (ISDi), su obra se centra en el ámbito cultural, editorial, del turismo y la industria discográfica.

Imagen: La Jiribilla

A propósito de la exhibición en Cuba de los 78 proyectos ganadores en la VI Bienal Latinoamericana de Tipografía —que constituye la verificación de la producción tipográfica en Latinoamérica—  Juan Carlos fue uno de los diseñadores que en torno a esta área del diseño dialogaron y presentaron sus proyectos en el ISDi, en un ciclo de charlas teóricas que acompañaron la muestra de Tipos Latinos 2014.

La experiencia visual como esencia para una identidad tipográfica fue el eje guía de Unas letras por cuenta propia, como titularía su presentación, que no es más que la búsqueda en las raíces. “Es una observación, un llamado a reparar en nuestro entorno, mirar la gráfica que nos rodea aunque no sea profesional o depurada, como punto de partida para llegar a lo particular o individual, a la identidad, la autenticidad, la latinidad”.

Fue el propósito que siguió, por ejemplo, al concebir la identidad visual de la Casa Natal de José Martí o “la casita de Martí”, como la conocemos todos; y donde el eje empezó y terminó siendo el estilo naif, original, auténtico de los dibujos infantiles sobre la casita. “Hay que involucrarse más en la creación de los proyectos”, dice, aludiendo a la deuda que aún tiene nuestro diseño con la creación de nombres, y donde despojarse de percepciones formales y ahondar en la memoria colectiva es esencial.

Imagen: La Jiribilla

Juan Carlos habla de las prácticas tipográficas que de alguna manera se han convertido en cliché y en rasgos de identidad de una manera espontánea. ¿Cuánto de válido tienen, y cuánto podemos aprovechar estos recursos? Es la pregunta con la que nos invita a la reflexión. Los ejemplos son muchos, y van desde la personalización de los espacios y objetos que forman parte de nuestra vida diaria, y donde desbordamos las aspiraciones, las inquietudes, los sueños; hasta el erotismo descubierto en las ilustraciones populares que aluden y expresan el ideal de belleza de la mujer latina, al tiempo que evaden la censura.

Está convencido de que hay que buscar los significados y apropiarse de ellos; como fruto de la interacción entre gráfica popular, espontánea y el diseño como profesión. Sobre este aspecto, comenta a La Jiribilla.

“Es una relación nutritiva y provechosa, ya que de las formas espontáneas y populares se deriva una comunicación esencial, no intelectualizada, natural y para nada disfuncional. Estos códigos inundan nuestro entorno con la misma intensidad de una pieza desarrollada por profesionales, exponen su mensaje sin prejuicios academicistas logrando resultados muy expresivos. Retroalimentarnos de estos valores no solo puede enriquecer la forma en que proponemos nuestro trabajo y hacerlo más cercano al pueblo, además lo cargan de identidad, una identidad colectiva y cotidiana”.

De la influencia que esta gráfica tiene en su trabajo, nos dice:

“En el aspecto formal trato de descubrir nuevos caracteres y soluciones gráficas que en alguna medida puedan inspirarme, sobre todo librarme de soluciones institucionalizadas o esquemáticas. El gesto que dejan una letra hecha a mano, el rastro del pincel, la solución improvisada, siempre le aportan humanidad al diseño y creo que lo acercan más a su misión comunicativa. Estamos hablando de una gráfica social, cubana. Por tanto la empatía de los mensajes se enriquece con el dicharacho, los refranes, las consignas re-elaboradas. Muchas veces el contraste de esta grafica o su integración al entorno le aporta nuevos significados. Nuestros diseños también son parte del mismo entorno, deben convivir y enriquecerlo”.

Imagen: La Jiribilla

¿Cuál crees sea el estado de la tipografía en Cuba en relación a otras áreas del diseño?

“En cuanto al procesamiento de textos en ordenadores por profesionales del diseño creo que está en un estado aceptable. Veo trabajos donde se expresa gran sensibilidad por la selección tipográfica y la composición. Respecto al desarrollo de familias tipográficas creo que el estado es ínfimo.

“La proyección de nuestra identidad a través de la tipografía es algo complicado, pues la identidad cultural se reescribe continuamente. Hay que ver hasta qué punto una familia tipográfica o una caligrafía pueden expresar nuestra nacionalidad. No obstante hay que atreverse, revisar en nuestros archivos, en nuestro entorno y en nuestros sueños”.

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