Los dos príncipes de José Martí

Sonia Díaz Henríquez • La Habana, Cuba

José Martí, el más universal de los cubanos, sintetiza la cultura cubana del siglo XIX y es quien representa con mayor nitidez, la contribución de Cuba al sendero de la emancipación humana. Su pensamiento y su quehacer, plasmados en un proyecto de profundo sentido humanista y de extraordinaria amplitud, le otorgan trascendencia indiscutible para el presente y lo convierten en paradigma de la transformación social y humana. Cuando en el mundo entran en crisis valores, que han sustentado lo mejor del ser y de la creación humana, el estudio de José Martí se expresa como una necesidad para proteger la ética, la educación y la cultura del pueblo cubano como nación independiente.

En la revista La Edad de Oro, con sus cuentos, versos, semblanzas y evocaciones, como jugando, quería ser una narración pedagógica del mundo y una invitación a mejorarlo. El enlazamiento de ternura, ética, historia, imaginación y ciencia en que consiste su argumento, con ser tan precioso, no sería el milagro que es si no fuera por la gracia de la forma, a la vez conversacional y escrita de modo indeleble. 

Imagen: La Jiribilla

En su artículo “La Edad de Oro de José Martí”, el poeta mexicano Manuel Gutiérrez Nájera, expresa: ’’ (…) en todo hombre hay un niño que pregunta y a todo hombre habla “La Edad de Oro”, como a niño y por eso le enseña”, según lo recoge en su libro la investigadora Ana Cairo.  Y es que La Edad de Oro es una revista para los niños que instruye, educa, y deleita  a todos. En ella no hay imposición de doctrinas, ni atiborramiento de conocimientos, sino una presentación de opciones, de formas de pensar que ofrece el Maestro, ante las cuales los lectores deben tomar sus propias decisiones para enfrentarse a la vida. Además, presenta una gran  riqueza  literaria por su variedad  de  géneros y el exquisito tratamiento estético, desde la poesía hasta el periodismo.                         

Es el caso del poema “Los dos príncipes ‘’, que aparece en el segundo número de  ‘’La Edad de Oro’’.

La utilización de los ciertos sustantivos en el poema expresan perfectamente lo diferente de los ambientes de los dos lugares que son objeto de los versos: la opulencia del palacio y la humildad en que viven los pastores.

Los adjetivos que emplea Martí también están en función de marcar las diferencias entre ambas familias. En la  primera estrofa aparece pañuelos de holán fino, como la exquisitez hasta para sufrir. En la segunda estrofa enfatizan el dolor de los pobres pastores. El poeta ha trasladado estos sentimientos hasta los animales que conviven con esta familia: las ovejas cabizbajas y el perro triste. Ambos animales son símbolos de humildad, lealtad y sumisión, tal como le corresponde a la clase social a la pertenecen sus dueños.

La gran fuerza expresiva que puede alcanzar un adjetivo se evidencia en los versos:

¡Una caja larga  y honda
y está forrando el pastor!

El sentimiento que embarga a ese padre es tan profundo, por tener que construir con sus propias manos, el ataúd en que va a enterrar a su hijo, que la tarea le es demasiado trabajosa, tortuosa, por eso la caja le parece enorme, inmensa.

Esta misma idea del  pesar que se prolonga, que se demora, que no termina, el autor lo logra en esa estrofa con los gerundios: forrando y llorando, refiriéndose al pastor en la preparación del humildísimo funeral de su hijo.

La mayoría de las formas verbales personales están en modo indicativo del tiempo presente actual. Al utilizar este tiempo verbal, Martí está dando un mensaje muy claro: esta situación puede estar vigente hoy, lo que sucede en palacio o en el monte puede seguir sucediendo. Las formas verbales de la segunda estrofa impregnan al discurso de un mayor dinamismo, demostrando que los pastores, aún en su dolor, tienen que estar activos. Ni en esos aciagos y agónicos momentos pueden dejar de trabajar. Lo contrario sucede en  palacio donde los reyes permanecen pasivos, solamente lloran la muerte de su hijo.

Es muy significativo el modo en que Martí refleja las características  de ambas clases sociales: los nobles y los más pobres, a través de la forma de sufrir de las madres.

Y la reina está llorando
donde no la puedan ver.

Esta oración lleva implícita la idea del recogimiento, el aislamiento, la incomunicación y las falsas apariencias con que se vive en la corte, ¿por qué la reina tiene que ocultarse para llorar a su hijo? ¿Acaso es esto una deshonra para una madre?

Muy diferente reacciona la pastora, quien se desinhibe totalmente, desata su  dolor, es sumamente expresiva. En su alma, por la angustia, se ha hecho de noche, por eso no concibe la brillantez del día. Desesperada, ya no quiere vivir y  dice:

¡Pajarito yo estoy loca!
¡Llévame donde él voló!

La última expresión es una forma muy sutil de Martí para presentarles a los pequeños lectores, la muerte como algo natural. El niño “voló”, es decir fue al cielo, como un ángel. Es una estrofa muy dramática, muy trágica.

En este texto lírico ha de destacarse cómo se logra una vez más las diferencias sociales a través de dos de ellos:

Todo el mundo fue al entierro
Con coronas de laurel.

Echa en la tierra una flor

Hay oposición en lo referido a la cantidad de personas que asistieron al funeral del príncipe (entre otras cosas, por compromiso con los reyes), mientras hace alusión a la única flor que pudo echar el pastor en la fosa de su hijo.

Similar connotación adquiere la oposición  existente entre: las coronas de laurel de los reyes y la flor del pastor. La primera representa la abundancia, la riqueza, lo desmesurado hasta para mostrar solidaridad ante el dolor ajeno. Por otra parte, el sustantivo flor encierra en sí mismo sencillez y sensibilidad, más aun, en el contexto en que ha sido usado, pues representa el desgarramiento con que el pastor hubo de echar esa sola flor en la fosa de su hijo, pues no contaba con más.

Lloran la reina y el rey:
En pañuelos de holán fino
los señores del palacio
están llorando también.

Si los reyes están llorando por la muerte de su hijo, los demás  señores de la corte lo hacen también, porque la pérdida es muy sensible para todos. Así sucede con otros versos encabalgados hasta llegar al final del poema en los que los dos puntos van conduciendo de una idea a otra.

Aparentemente e