La Edad de Oro como el alba:
despertar besando

Tania Rosa Ruiz González • La Habana, Cuba

En el año del 125 aniversario de la publicación de La Edad de Oro y cuando la humanidad se encuentra al borde de una catástrofe ambiental motivada por la explotación irracional de los recursos disponibles, nos parece oportuno destacar un aspecto poco tratado de la incansable labor educativa martiana: la formación de una cultura de amor y respeto a la naturaleza desde las páginas de su publicación dedicada a los niños y jóvenes.

Esta asociación con la naturaleza debió sentir Manuel Gutiérrez Nájera cuando al referirse a “La Edad de Oro” expresó:

“Me acordé del alba porque he leído algunas páginas de alba: las páginas de La Edad de Oro, periódico que publica en Nueva York José Martí (…). El trabajo que en él se emprende y cumple es el trabajo del alba: despertar. Pero, despertar suavemente; despertar besando…, como ella. (…) ¡No deis al niño ideas, así como todavía no le dais carne: dadle vaho de ideas para que no se condense en los cristales de su inteligencia, que todavía como el cristal limpio, da paso a toda claridad! ¡No le habléis como el sol habla a la tierra, con calor, con fuego, de igual modo que Júpiter hablaba a los mortales con sus rayos: habladle como el alba habla a la Naturaleza…. Y como La Edad de Oro habla a sus lectores pequeñuelos!” [1]

A “La Edad de Oro”, insuperable texto de la literatura infantil (y de la literatura en general), debemos volver una y otra vez, porque siempre encontraremos  lecturas nuevas, aristas desapercibidas. Sin duda, hay que leerla como el mismo Martí recomendaba que se leyera La Exposición de París”: “Hay que leerlo dos veces: y leer luego cada párrafo suelto”. [2]

Imagen: La Jiribilla

El deterioro global que presentan hoy los ecosistemas y la degradación de los servicios de la naturaleza son claramente antropogénicos y su causa es el sistema productivo impuesto por los países ricos a través de la globalización neoliberal que pretende satisfacer las necesidades crecientes y siempre insatisfechas de una cultura consumista que conduce al ecocidio y que daña a los propios hombres.

Al respecto, el Dr Armando Hart dijo: “Los exegetas conservadores de la postmodernidad han acabado por pervertir las coordenadas que enlazan cultura,  ética y desarrollo económico social. El único modo que tiene la humanidad de evitar una catástrofe ecológica y social es saneando esta relación” [3]

La cultura ambiental es una dimensión de la cultura general integral que caracteriza el tipo de relaciones que el hombre y la sociedad establecen con la naturaleza. [4]

Siendo la cultura un conjunto de valores, supone una visión totalizadora del hombre y la sociedad, que es justamente la concepción que Martí introduce en sus jóvenes lectores a través de las ideas presentes a lo largo de toda su obra.

Como señala Emilia Gallego en su premiado ensayo:

“Resultado de un proyecto largamente acariciado, Martí concibió su obra para niños como una publicación periódica de declarada intención educativa, en la cual la formación de valores humanistas, de una conducta cívica y el propósito de recreo alcanza el nivel de proyecto cultural, en la más exacta y profunda acepción de este concepto.” [5]

La importancia que el autor da a este proyecto se evidencia en que fue escrito en un año de ferviente actividad política del Apóstol: en marzo había respondido con su “Vindicación de Cuba” a las provocaciones anexionistas de los periódicos The Manufacturer y The Evening Post; el 10 de octubre desenmascara las intenciones de los autonomistas en su discurso “La patria es dicha de todos y dolor de todos”; desde inicios de octubre y hasta el año siguiente se mantiene atento y vigilante a lo que sucede en la Conferencia Internacional Americana, porque como expresó en carta a Gonzalo de Quesada: “el peligro para Cuba arrecia…”; pronuncia en diciembre el discurso “Madre América” ante los delegados a la Conferencia, texto precursor del ensayo “Nuestra América”… y aún así, encuentra tiempo para escribir, con extraordinaria visión de futuro, para los hombres del mañana que harán la América nueva.

Ya desde la misma presentación del primer número de la Revista: A los niños que lean La Edad de Oro, el Maestro les anuncia que “… les diremos lo que se sabe del cielo, y de lo hondo del mar y de la tierra…” [6], con lo cual manifiesta su interés porque los niños conozcan el mundo en que viven y la naturaleza que les rodea.

En el cuento “Tres Héroes” que da inicio al primer número, el Apóstol se refiere al decoro (valor cardinal en su ética) y lo hace utilizando un símil con la naturaleza: “… el elefante no quiere tener hijos cuando vive preso: la llama del Perú se echa en la tierra y se muere, cuando el indio le habla con rudeza, o le pone más carga de la que puede soportar.” [7] y también, al describir a los héroes protagonistas, utiliza símiles con la naturaleza: de Bolívar dice que “los ojos le relampagueaban,” [8], de Hidalgo que “tenía fuego en sí…” [9] y de San Martín que “… miraba como un águila” [10].

A continuación, en el pequeño poema “Dos milagros” [11] —cuyo antecedente se encuentra tal vez en uno de los fragmentos [12] y del cual Alejandro Herrera hace un interesantísimo análisis [13] — vemos que Martí destaca como primer milagro (entendiendo por milagro un hecho extraordinario, poco común, que se debe ensalzar) la actitud consciente del niño de conservar la naturaleza y un segundo milagro que destaca cómo de un árbol caído y bajo el efecto de las fuerzas de la propia naturaleza (la luz del Sol) vuelve a brotar la vida, idea que se repite en los tres últimos versos del fragmento citado.

Como señala Elena Jorge: “El universo adquiere así las relaciones que el niño o el joven —el plan de la revista demuestra que estuvo dirigida a edades muy variadas — va siendo capaz de descubrir por los diversos medios a su alcance, sin sobrepasar la belleza al conocimiento de la naturaleza ni aislarla de este.” [14]

El cuento “Meñique” está también salpicado de interesantes reflexiones sobre la naturaleza: al narrar la despedida del pequeño Meñique y sus hermanos del hogar, habla de “… los árboles que habían sembrado, (…) el arroyo donde bebían el agua en la palma de la mano”, [25] lo cual resulta interesante, pues Martí sentía especial afición por los árboles y los bosques y sobre este tema escribe múltiples veces a lo largo de toda su obra en los más disímiles contextos y también sobre el agua y su pureza, que para él tenían una importancia capital. En 1882 había dicho: “El bosque vuelve al hombre a la razón y a la fe, y es la juventud perpetua. El bosque alegra, como una buena acción” [16]

A continuación, la fábula “Cada uno a su oficio” [17] es un claro ejemplo del equilibrio de la naturaleza, al que iguala el equilibrio social que requieren las naciones: “Porque todas las fuerzas concuerdan en la naturaleza, todas las fuerzas sociales deben vivir a un tiempo en la humanidad. —Tiene el universo concordia sublime; así la concordia es ley para los que vivimos en la tierra”. [18]

Cierra ese primer número con  “La última página”, que él mismo definió como “el cuarto de confianza de La Edad de Oroy en ella nos dice: “Los versos no se han de hacer para decir que se está contento o se está triste, sino para ser útil al mundo, enseñándole que la naturaleza es hermosa…” [19]

En el segundo número se encuentra otro poema, “La perla de la mora” [20], cuya idea esencial se repite desde la difícil sencillez de los Versos Sencillos en el número XLII [21] y que es una abierta crítica al consumismo y al afán desmedido de riquezas, cuya pérdida puede hacer enloquecer a quienes hacen de la posesión de bienes el centro de sus vidas y priorizan el tener al ser.

Sobre esta desmedida ambición había dicho cinco años antes: “El hombre no puede contener su actividad, ni su deseo de adquirir los medios de subsistencia, que muy frecuentemente, subiendo de grado y con el incentivo de los apetitos de satisfacción costosa, llega a ser desatentada pasión por la riqueza; de manera que, ya por su energía activa, ya por necesidades apremiantes, el hombre obra en aquello que más a mano halla para satisfacer unas y otras.” [22]

Es justamente este consumismo el que ha puesto a la humanidad al borde del colapso, al sobrepasar la capacidad de carga de  nuestro planeta y no dar a la Naturaleza el tiempo necesario para restablecer sus delicados equilibrios.

En “Las ruinas indias” Martí da una hermosa lección de amor a la libertad utilizando nuevamente un símil con la naturaleza: “El quetzal es el pájaro hermoso de Guatemala, el pájaro de verde brillante con la larga pluma, que se muere de dolor cuando cae cautivo…” [23] y más adelante se refiere a un hermoso pasaje de la religión de nuestros indios al referir: “… y dioses que pasan por el viento echando semillas de pueblos sobre el mundo” [24] y refiriéndose a la hermosa ciudad de Tenochtitlán, retoma el tema de los árboles al plantear: “… y los alrededores sembrados de una gran arboleda” [25], cuestión que siempre defendió porque “Comarca sin árboles, es pobre. Ciudad sin árboles, es malsana” [26]

Se inicia el tercer número de la revista con una extensa y bellísima descripción de  “La Exposición de París” y en ella nos da nuevamente testimonio de su amor a los árboles y los bosques cuando describe: “Al pie de un palmar, con las paredes de cuanto tronco hay, está el pabellón de aguas y bosques, donde se ve cómo se ha de cuidar a los arboles, que dan hermosura y felicidad a la tierra.” [27]

En el cuento “El camarón encantado” que está a continuación, se fustiga la ambición desmedida en el personaje de Masicas y la tolerancia ante lo que se sabe que está mal hecho y la miserable sumisión de su esposo Loppi, pero también se incluye un mensaje de actitud de cuidado ante la naturaleza cuando Loppi le dice al camarón encantado: “… yo te dejaré ir, que por gusto a nadie le hago daño” [28]. La muerte de ambos personajes es una clara advertencia de que el hombre puede morir por su incapacidad para vivir en equilibrio con su entorno y su ansia exagerada de posesión de bienes.

En el cuarto y último número se encuentra el cuento “Un paseo por la tierra de los anamitas”, en el cual Martí destaca que de acuerdo a la filosofía de los habitantes de ese lejano país: “… no les parece que la vida es propiedad del hombre, sino préstamo que le hizo la naturaleza, y morir no es más que volver a la naturaleza de donde se vino, y en la que todo es como hermano del hombre” [29].

También se encuentra “Cuentos de elefantes” que es una crítica a la caza desmedida, una invocación a la piedad por los animales, un canto al enfrentamiento de la naturaleza virgen con el hombre que trata de dominarla y un reconocimiento a los hombres que, en todas las épocas, han sido capaces de sacrificarse para lograr el conocimiento del mundo que nos rodea: “De Europa van a África hombres buenos, que no quieren que haya en el mundo estas ventas de hombres; y otros van por el ansia de saber, y viven años entre las tribus bravas, hasta que encuentran una yerba rara, o un pájaro que nunca se ha visto, o el lago de donde nace un río: …” [30].

Más adelante nos cuenta: “Hay un Chaillu que escribió un libro sobre el mono gorila que anda en dos pies, y pelea a palos con los viajeros que lo quisieren cazar.” [31] y también de esta especie, que se encuentra en serio peligro de extinción por la cacería desmedida y la destrucción de su hábitat natural el Maestro dijo: “El gorila, ese mono grande, que según algunos es el abuelo del hombre, no puede vivir durante mucho tiempo cautivo y tarda poco en morir, sobre todo, si se le tiene enjaulado en países fríos (…) Su natural era dulce, apacible, la mayor parte de sus movimientos y de sus acciones asemejábanse a los del hombre, pero su tristeza revelaba claramente cuanto sufría por haber perdido su libertad” [32]

A continuación, “Los dos ruiseñores” [33] es una hermosa comparación entre lo natural y lo artificial, entre la vida y su imitación, y también es un imperioso llamado al agradecimiento y a la fidelidad hacia los pobres y desposeídos de la tierra, aquellos con quienes el Maestro  quiso echar su suerte para siempre.

Finaliza el cuarto número, como siempre, con “La última página”, ese “cuarto de confianza” del que habló desde el primer número, y tal vez sabiendo ya desde el momento mismo de su redacción que ese sería el último número que vería la luz, termina con un llamado al conocimiento de la naturaleza:

“Se ha de conocer las fuerzas del mundo para ponerlas a trabajar, y hacer que la electricidad que mata en un rayo, alumbre en la luz. Pero el hombre ha de aprender a defenderse y a inventar, viviendo al aire libre, y viendo la muerte de cerca, como el cazador del elefante. La vida de tocador no es para hombres. Hay que ir de vez en cuando a vivir en lo natural, y a conocer la selva.”

Y cuando llegó a Cuba y vivió en contacto con la naturaleza, continuó enseñando a los niños, esta vez con su ejemplo, el amor a la naturaleza. Francisco Pineda, el pequeño niño de apenas ocho años que conoció a Martí en sus últimos días así lo atestigua:

“Era cosa de muchacho cazar a la lira, dándole un tajazo al palo y cogiéndole la leche que suelta. Se amoldaba en un palito y se metía dentro de una canoa con agua para que no se pegara en los dedos. El palito se colocaba puesto en dos ganchetas cerca de una jaula con señuelo, que llamaba a los mayos, cebreros y senserenicos o a cualquier demás pajarito. Y como era aparente posarse allí, pues el que venía se quedaba pegado. Martí quiso cerciorarse, pero renuente a que yo pusiera la trampa. No estaba en su ver, ver pajaritos pegados de las patas y las alas. Sólo quería conocer la manera de los apreparos. (…) Cuando lo convidé a cazar, me pidió dispensa.” [34]

Y Salustiano Leyva Leyva, otro niño de 11 años,  contó:

“Mira, al quincarro hay quien le coge miedo y hasta lo eriza, porque es un sapito flaco con una cola larga a rastro como un lagartijo que  parece venir de allá donde la tierra comienza a terminar! Entonces, como luce feo, César fue a pisotear uno que se apareció a brincarle para arriba. Y Martí le dijo: “Dios te libre si lo matas”. Él era así, que guardaba respeto hasta por los bichitos” [35]

Así era el hombre de La Edad de Oro. Nuestro amigo.

 

Ponencia presentada en el Coloquio Internacional “José Martí, escritor de todos los tiempos”, celebrado en La Habana, del 14 al 16 de mayo de 2014.
 

[1] Gutiérrez Nájera, Manuel, La Edad de Oro de José Martí, en Acerca de La Edad de Oro, Colección de Estudios Martianos, Centro de Estudios Martianos, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1989, p 48

[2] Martí Pérez, José; La Edad de Oro, No 3, OC 18/455

[3] Hart Dávalos, Armando; Intervención en la apertura de la Conferencia Internacional “Por el equilibrio del Mundo”, La Habana, 27 enero de 2003, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, pág. 14

[4] Roque, Martha; Conferencia Magistral en el IV Congreso Iberoamericano de Educación Ambiental, La Habana, Junio 2003, CD del evento.

[5] Gallego Alfonso, Emilia; Por qué y para quién se escribe La Edad de Oro, Editorial Academia, La Habana, 1999, pág. 31

[6] Martí Pérez, José; La Edad de Oro, No 1,OC 18/302

[7] Martí Pérez, José, La Edad de Oro, No 1, OC 18/305

[8] Martí Pérez, José, La Edad de Oro, No 1, OC 18/305

[9] Martí Pérez, José, La Edad de Oro, No 1, OC 18/306

[10] Martí Pérez, José, La Edad de Oro, No 1, OC 18/307

[11] Martí Pérez, José; La Edad de Oro, No 1, OC 18/309

[12] Martí Pérez, José; Fragmentos  No 391  , OC 22/271

[13] Herrera, Alejandro; “Dos Milagros” y “Cada uno a su oficio”: los poemas de la naturaleza en La Edad de Oro, Anuario del CEM  No. 18/1989

[14] Jorge Viera, Elena; Notas sobre la función de La Edad de Oro, Acerca de la Edad de Oro, Colección de Estudios Martianos, Centro de Estudios Martianos, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1989, pág. 297

[15] Martí Pérez, José; La Edad de Oro, No 1, OC 18/311

[16] Martí Pérez, José; Emerson, La Opinión Nacional, Caracas, 19 de mayo de 1882, OC 13/25

[17] Martí Pérez, José; La Edad de Oro, No 1, OC 18/325

[18] Martí Pérez, José; Melchor Ocampo, Revista Universal, México, 12 de junio de 1875, OCEC 2/73

[19] Martí Pérez, José; La Edad de Oro, No 1, OC 18/349

[20] Martí Pérez, José; La Edad de Oro, No 2, OC 18/379

[21] Martí Pérez, José;  Versos Sencillos, OC 16/120

[22] Martí Pérez, José; Invenciones recientes. La América, Nueva York, mayo de 1884, OC 8/439

[23] Martí Pérez, José; La Edad de Oro, No 2, OC 18/381

[24] Martí Pérez, José; La Edad de Oro, No 2, OC 18/381

[25] Martí Pérez, José; La Edad de Oro, No 2, OC 18/383

[26] Martí Pérez, José; Congreso forestal, La América, Nueva York, septiembre de 1883, OC 8/302-303

[27] Martí Pérez, José; La Edad de Oro, No 3, OC 18/411

[28] Martí Pérez, José; La Edad de Oro, No 3, OC 18/433

[29] Martí Pérez, José; La Edad de Oro, No 4, OC 18/464

[30] Martí Pérez, José; La Edad de Oro, No 4, OC 18/485

[31] Martí Pérez, José; La Edad de Oro, No 4, OC 18/486

[32] Martí Pérez, José; Sección Constante, La Opinión Nacional, 16 de diciembre de 1881, OC 23/117

[33] Martí Pérez, José; La Edad de Oro, No 4, OC 18/491

[34] Escobar, Froilán; Martí a flor de labios, s/p

[35] Escobar, Froilán; Martí a flor de labios, s/p

 

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