El Premio Príncipe de Asturias se ha ganado
a Quino

Paquita Armas Fonseca • La Habana, Cuba
Imágenes de Internet
Jueves, 22 de Mayo y 2014 (4:11 pm)

Quizá Quino (Joaquín Salvador Lavado) no lea estas líneas: muchas son las cuartillas que se le dedican en las últimas horas por el premio Príncipe de Asturias de Comunicación  y miles de textos se le han tributado a su Mafalda, un ícono del siglo XX.

Imagen: La Jiribilla

Como a otras personalidades, conocí al tímido argentino (no porque él lo diga, lo es) en la revista El Caimán Barbudo hace cerca de 30 años. Andaba con su amigo y compañero de trabajo Juan Padrón, quien tenía la misión de hacer unos animados con unos chistes de uno de los humoristas gráficos más conocido del siglo XX. Quino sólo aceptó que Padroncito animara sus dibujos, tengo entendido que son los únicos que existen.

Luego coincidí con él en otras oportunidades. Nunca pude entrevistarlo aunque me especialicé en la quinología. Quizá no fui lo suficientemente convincente con Alicia, la amante, esposa, madre, amiga, en Buenos Aires o Milán, La Habana o Madrid, de día o de noche, en frío o calor, una mujer, guardiana férrea del descanso, el trabajo, las horas de comida, la más segura albacea de su obra. Estoy segura que Quino sabe que su Príncipe de Asturias, como todos sus premios, es compartido con Alicia.

Coincidí con él en La Habana en la Feria del Libro que se le dedicó a Argentina. Quino en un gesto altruista trajo decenas de Todo Mafalda, un libro que en La Habana se vendió en 150 pesos y en Europa costaba 40 euros. Yo no vacilé en comprarlo y vigilo que siempre esté en su lugar porque leer de nuevo a Mafalda me remueve las neuronas. La chiquilla de seis años hace pensar… y sonreír ¡de que manera!.

Precisamente en aquella ocasión escribí un texto sobre el argentino nacido en 1932  en Mendoza. Aquí lo reproduzco…poco nuevo podría decir al no ser ¡Felicidades Quino y Alicia, lo merecen!  Ah, ¡no se qué comentaría Mafalfa sobre ese lauro! Aquí está lo dicho en el 2007:

A Cuba ha viajado en múltiples ocasiones desde que en diciembre de 1985 inició su amistad con Juan Padrón, quien ha confesado: “Conocí a Quino y a su esposa Alicia cuando vinieron a La Habana al Festival del Nuevo Cine Latinoamericano del 85. Les serví de guía por la ciudad, cosa que hice bastante mal. De todas maneras, entre los dos nació una gran amistad. La idea de hacer los cortos sobre sus chistes de una página fue de Alicia: Quino había intentado hacer cosas en Italia, pero no le habían satisfecho. Entonces hicimos una prueba: Quinoscopio 1. Quino se entusiasmó e hicimos 52 chistes: unos 36 minutos. Trabajamos juntos desde la selección de las páginas, el guion, el color, todo. Quino es un maestro en la puesta en escena y de él aprendí mucho: cuándo usar los decorados, por ejemplo, y cuándo no. Qué utilería escoger... los encuadres... el color adecuado. También me di cuenta de lo importante que es saber dibujar las manos como él”.

Y el creador de Elpidio Valdés, el personaje cubano de comics más popular, agrega: “Nos veíamos a menudo para trabajar (en realidad nos divertíamos como unos bobos con una tiza) en La Habana, Buenos Aires, Madrid, Milán... Un vacilón. Aprendí su método de cazar moscas con una liga, palabrotas en porteño, a conocer buenos vinos... Yo le enseñé sobre los distintos tipos de ron, palabrotas habaneras y el mundo cultural de la ciudad: bares y restaurantes de La Habana Vieja. También trabajamos Mafalda, con la condición de que no hablara (al contrario de la versión animada argentina) y que cada clip durara un minuto. Ya eso fue más duro pero salió bien...”

La Mafalda Quino-Padrón se concretó en 104 episodios de un minuto con chistes variopintos de la chiquilla que ha hecho pensar a generaciones sucesivas en los últimos ocho lustros. Su padre ha confesado, acerca de si es o no un ícono: “Yo no salí con una cosa nueva; soy un seguidor de los que me precedieron: Lino Palacio, Divito, Oski... A veces pienso que lo que hago ya es antiguo, que mi línea tiene un estilo antiguo... A mí me gustaría ir cambiando, tener una línea mucho más libre y que se renueve, tener más poder de síntesis. Picasso siempre te sorprendía con cosas distintas, por ejemplo... tampoco te digo que soy Botero, ¡algo fui cambiando!”

Y al responder por qué dejó de hacer la tira ha dicho: “Estaba cansado de hacer siempre lo mismo. La decisión pasó hasta por zonas conyugales, porque mi mujer estaba podrida de no saber si podíamos ir al cine, invitar gente a cenar o qué sé yo, porque yo estaba hasta las 10 de la noche con las tiras. Además me costaba mucho no repetir y me daba cuenta de que cuando no se me ocurría nada, enseguida echaba mano a Manolito o a Susanita, que eran los más fáciles. Además hubo un tipo que fue maestro de los dibujantes de mi generación, Oski, y él nos decía que nunca nos metiéramos con un personaje fijo y si nos metíamos, agarráramos una tira y tapáramos el último cuadrito con la mano. Si el lector adivina cómo va a terminar, ahí hay que dejar de hacerlo”.

Para Quino es triste que las preocupaciones de Mafalda mantengan vigencia. El mundo sigue patas arriba, o peor, que en los años 70.

Acerca de si algún personaje suyo será prototípico del siglo XXI, Quino asegura: “Ninguno, porque mis personajes están fuera de los cambios tecnológicos y de Internet. Lo que pasa es que mi historieta habla de temas inherentes al ser hum