Carlos Puebla: Hasta siempre, Comandante

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

Yo canto porque el presente
no es de pena ni es de llanto,
por eso es que cuando canto,
canto lo que el pueblo siente.

Soy del pueblo,
pueblo soy,
y adonde me lleva el pueblo
voy.

No hay mejor definición para un cantor que sus canciones, ellas hablan por él, aun cuando ya su cuerpo ha desaparecido. Por mucho que se haya escrito sobre él, no hay mejor biografía de un auténtico trovador que su propio canto.

Carlos, como su apellido Puebla, vino del pueblo y, el pueblo lo convirtió en su voz; con su mirada atenta a los grandes acontecimientos, al batallar cotidiano de su gente, amando y sufriendo, soñando, transformando, en Revolución; se estremeció con esas vivencias y las tradujo en canto: fue como el Homero que narraba por el mundo las batallas de su Isla.

De Cuba traigo un cantar
hecho de palma y de sol
cantar de la vida nueva
y del trabajo creador
para el ensueño mejor
cantar para la esperanza
para la luz y el amor...

Imagen: La Jiribilla

Con su gruesa y ronca voz, y su guitarra bien alta en el pecho, rodeado de Los Tradicionales (Santiago Martínez, Pedro Sosa y Rafael Lorenzo), guitarreros y un percusionista sentado sobre un cajón que hacía sonar sobre el piso —como peculiar cencerro— una latica de betún de lustrar zapatos. Está tejiendo la historia, desde sus sones jocosos Carlos Puebla.

Aquí pensaban seguir
tragando y tragando tierra
sin sospechar que en la sierra
se alumbraba el porvenir.

Y seguir de modo cruel
la costumbre del delito
hacer de Cuba un garito...
y en eso llegó Fidel

Se acabó la diversión,
llegó el Comandante
y mandó a parar. 

No sé si sería siempre, pero los veo desde mi infancia vestidos de milicianos contando/cantando la historia de Cuba y de su Revolución impartida con hondura poética, con buena dosis de humor, con una manera de sonear contagiosa. Como líder de una barricada donde defendemos el proyecto social, antimperialista, nos canta Carlos Puebla.  

Se acabó la diversión,
llegó el Comandante
y mandó a parar. 

Aquí pensaban seguir
jugando a la democracia
y el pueblo que en su desgracia
se acabara de morir.

Y seguir de modo cruel
sin cuidarse ni la forma
con el robo como norma...
y en eso llegó Fidel

Carlos Puebla con sus compañeros de Los tradicionales se convirtió a inicios de los años 60 en el cronista  de los grandes acontecimientos que vivía una Cuba en naciente revolución. “Y en eso llegó Fidel” es una de esas piezas emblemáticas que, con sencillez y cierto toque de sátira, sintetiza las transformaciones que traen los barbudos con el triunfo del primero de Enero. La “diversión” simboliza el casino, la lotería, el juego, la prostitución, el robo a cara descubierta, de las fuerzas en el poder en contubernio con la mafia estadounidense. “Se acabó la diversión” ha ingresado como frase en el habla popular.   

Aquí pensaban seguir
diciendo que los rateros,
forajidos, bandoleros,
asolaban al país.

Y seguir de modo cruel
con la infamia por escudo
difamando a los barbudos...
y en eso llegó Fidel.

Se acabó la diversión,
llegó el Comandante
y mandó a parar. 

Carlos Manuel Puebla nació en Manzanillo, Cuba, el 11 de septiembre de 1917. Murió en La Habana, el 12 de julio de 1989. Durante su niñez y juventud se ganó el pan como carpintero, mecánico, obrero azucarero y zapatero. Aprendió con su hermana a tocar la guitarra. Cuando iba a la escuela no abandonaba su armónica, que hacía sonar por el camino.  

Si bien su gran popularidad de los 60 lo acuña como cronista de las batallas del pueblo en revolución, desde 1940 ya se escuchaban sus canciones en la radio local de Manzanillo, la CMKM. Por entonces componía canciones y boleros de corte amoroso  como “Quiero hablar contigo”, “Quién se lo iba a imaginar”, Qué sé yo, “Te vieron con él”, “Hay que decir adiós”, “Dejemos de fingir” y “Cuenta conmigo”.

Recuerdo estas piezas en voces de importantes cancioneros, especialmente el dúo de Clara y Mario, que convirtieron “Cuenta conmigo” en una especie de tema que los identificaba y que alcanzó gran popularidad. Un bolero que juega con el tiempo, de gran ternura y carga filosófica:

De amor no hablemos
no viene al caso,
pues lo pasado, pasado está
y aunque la historia no te defienda
siempre conmigo podrás contar.

Cuando estés en la recta final
y no tengas ni a donde mirar
cuenta conmigo,
porque yo no te guardo rencor
y aunque en mi no tendrás un amor
por lo menos tendrás un amigo,
cuenta conmigo.

Imagen: La Jiribilla

Por aquellos años 40 y 50, Carlos Puebla comienza a reflejar en sus canciones sus preocupaciones por lo acontece en el país, y se manifiesta contra la injusticia, se siente voz activa de los humildes, lo cual lo convierte en una especie de precursor de lo que sería luego la nueva trova cubana.

En esa etapa de una república plagada de corrupción, negocios turbulentos en las más altas esferas gubernamentales, represión contra quienes levantan la voz, Carlos Puebla denuncia en su canto la pobreza, la injusticia, la desigualdad.

Hay tristeza en las calles desiertas y el parque vacío.
Hay tristeza en los muelles sin barcos y en el litoral.
Hay tristeza en las tardes que mueren enfermas de hastío.
Hay tristeza en la gente del pueblo, tristeza mortal

Los años 50, traen la grabación de sus primeros discos en los que resaltan piezas que tratan temas sociales y reivindicativos, como “Plan de machete”, “Pobre de mi Cuba” y “Este es mi pueblo” denunciando la situación que se vivía en la isla por aquella época sin temer a la represión.

Cuando analizamos a aquel Carlos Puebla que desde los años 40 y 50 está lanzando estas canciones, que podemos llamar “de protesta” debemos emparentarlo por la manera de asumir la canción, con otros cantores del continente que, con actitud similar están sembrando la semilla de lo que sería luego el movimiento de la nueva canción latinoamericana, dígase Atahualpa Yupanqui o Violeta Parra, como ejemplos supremos. Carlos Puebla, más allá de cantar sus canciones, se siente vocero de luchas y transformaciones sociales, lo cual marca la diferencia de ese canto nuevo que consolidaría la década del 60 como movimiento universal. Es precisamente el representante de Cuba en el Primer Encuentro Internacional de la Canción Protesta al que convoca Casa de las Américas en 1967. Por entonces este cantor  alberga ese sentimiento martiano de la América nuestra, como parte de una revolución que ha esgrimido la solidaridad como principio básico; de ahí que no solo cantara a héroes cubanos como Camilo y el Che, también a otros luchadores como el sacerdote revolucionario colombiano Camilo Torres:

Vengo a cantar y a contar
un hecho fatal y cierto:
en Colombia cayó muerto
un guerrillero ejemplar.

Canto a Camilo Torres,
esa nueva bandera
que allá, en la cordillera,
sigue buscando la libertad.

Desde los años 50 Carlos Puebla se acompaña por el grupo Los Tradicionales y su presencia en la radio y en la televisión se hace habitual. Buena parte de su popularidad viene por ser el cantante habitual del restaurante habanero La bodeguita del medio, donde interpretaba su obra sin cobrar ningún salario. Sobre su trabajo en este lugar declaró Carlos Puebla: “pasaba los ratos cantando con la barriga llena y el corazón contento”.

El triunfo de enero nos regala un Carlos Puebla combativo, siempre sonriente, con gran sentido del humor, guarachando, soneando, olfateando lo que está comentando la gente en la calle, la noticia que trae la prensa; la “bola” que hace rodar el enemigo imperialista para crear descontento en la población:  

Anda diciendo el bribón
con voz que viene de USA
que no es buena la merluza
pero él no tiene razón.

Y me dice el barrigón
que el pescado es moscovita
y está afilando el hachita
contra la revolución.

Tiene está definición
del caso de la merluza.
Más merluza, maricusa
para que rabie el patrón.

Con el triunfo de enero de 1959 comenzó a cronicar en sus canciones las grandes batallas y transformaciones que libraba el pueblo cubano y pasó a ser conocido como el cantor de la Revolución. La sencillez en su lenguaje y gracia criolla dan a su cantar un sabor de pueblo. Entre sus creaciones más populares resaltan: “La Reforma Agraria”, “Duro con él”, “Ya ganamos la pelea”, “Son de la alfabetización”, “De Cuba traigo un cantar” “Como no me voy a reír de la OEA”, “Y en eso llegó Fidel”, “Canto a Camilo” y “Si no fuera por Emiliana” una guarachita que le rinde homenaje a la mujer humilde, la cocinera de un campamento agrícola que se levanta en las madrugadas a preparar el desayuno y recibe a los movilizados con el sabroso y estimulante buche de café:

Emiliana es una cubana que en el albergue es fundamental.
Emiliana es muy cumplidora, es halagadora,  alegre y cordial.
Emiliana no se demora y en la colada siempre es puntal

Si no fuera por Emiliana nos quedaríamos con las ganas,
de tomar café, de tomar café, de tomar café, de tomar café.

Creo que en los últimos años hemos puesto a un lado la inmensa obra de este cantor, que heredero de una tradición trovadoresca se convirtió en un relator de los sucesos, los grandes y los más íntimos. Con crónicas que dijeron lo que el pueblo quería expresar, como aquella guarachita que nace en momentos duros, cuando la OEA expulsa a Cuba y casi todos los gobiernos del continente le dan la espalda a nuestro país, por órdenes yanquis.

Pregunto yo en mi canción,
al que grita y patalea:
Caballero de la OEA
¿qué pasó con la reunión? 

Cómo no me voy a reír de la OEA
si es una cosa tan fea,
tan fea que causa risa:
jajajaajajajaajaja
jajajajaajajajaajaja.

Aquellas carcajadas de Carlos Puebla y su grupo fueron parte del canto popular, y acompañaron más de una batalla, recogiendo ese espíritu del cubano de sacarle una sonrisa a los momentos más tensos. Pero no solo esta arista de canto político resalta en Carlos Puebla, aunque no muy abundantes, sus canciones y boleros de corte amoroso resultan joyitas de exquisito gusto: 

Quiero hablar contigo antes que te vayas
quiero preguntarte por aquellas cosas
que hubo entre tú y yo
dime si la luna dejó de ser luna
si acaso está muerto o es que ya no alumbra
como ayer el sol.

Yo sé que lo nuestro no ha de volver nunca
que sólo el recuerdo de cosas pasadas
queda entre los dos
y a pesar de todo quiero hablar contigo
para que me digas si sientes la misma
soledad que yo.

Una larga enfermedad terminó con su vida un 12 de julio de 1989. Su tumba se encuentra en el cementerio de su ciudad de origen, Manzanillo, y en ella se puede leer:

Yo soy esto que soy
un simple trovador que canta.

Imagen: La Jiribilla

Hoy la ciudad de Manzanillo tiene en su parque una estatua del cantor y las horas son marcadas en el reloj central por la melodía de su canción. También los trovadores de todo el país se encuentran cada año en un evento que lleva su nombre Festival Carlos Puebla.  

 “Hasta siempre comandante” ha sido traducida y cantada en muchos idiomas y estilos. Carlos Puebla la compuso, impactado, la misma noche en que Fidel leyó la carta de despedida del Che cuando salió a luchar por la libertad de otras tierras. Cuando la compone Ernesto Guevara estaba vivo, incluso, estuvo en tierra cubana, de oculto, entrenándose, tras su regreso del Congo, para salir hacia Bolivia.  

Siempre que la escucho, recuerdo la película Estado de sitio, del griego Costa Gavras. Secuencia memorable aquella en que las fuerzas represivas de un régimen de facto, con los que EE.UU. dominaba al continente, descolgaban los altavoces que en un recinto universitario reproducían la canción de Puebla como símbolo de rebeldía de la juventud. Arrancaban una bocina, y se volvía a escuchar “Hasta siempre Comandante” en otra, y así varias veces, cual si el ejemplo del Che fuese pasando de mano en mano, con su luz libertaria.

Hasta Siempre Comandante 

Aprendimos a quererte
desde la histórica altura
donde el sol de tu bravura
le puso cerco a la muerte.

Aquí se queda la clara
la entrañable transparencia
de tu querida presencia
comandante Che Guevara

Tu mano gloriosa y fuerte
desde la historia dispara
cuando todo Santa Clara
se despierta para verte.

Aquí se queda la clara
la entrañable transparencia
de tu querida presencia
comandante Che Guevara.

Vienes quemando la brisa
con soles de primavera
para plantar la bandera
con la luz de tu sonrisa.

Aquí se queda la clara
la entrañable transparencia
de tu querida presencia
comandante Che Guevara.

Tu amor revolucionario
que conduce a nueva empresa
donde espera la firmeza
de tu brazo libertario.

Aquí se queda la clara
la entrañable transparencia
de tu querida presencia
comandante Che Guevara.

Seguiremos adelante
como junto a ti seguimos,
y con Fidel, te decimos:
hasta siempre, Comandante.

Aquí se queda la clara
la entrañable transparencia
de tu querida presencia
comandante Che Guevara.

Comentarios

Me encantan sus letras.

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