Instantáneas de Salas

Marta Rojas • La Habana, Cuba
Imágenes de Archivo

Miles de fotos tomó Osvaldo Salas en su larga y prolífera vida profesional, pero recordaré siempre cinco de ellas que me regaló un día. Se las pedí y se asombró porque “nunca me han pedido fotos mis colegas que no sean las que yo les he tirado”, lo dijo con amabilidad y sonriente porque Osvaldo Salas, además de un fotógrafo excelente y famoso, era simpático, caballeroso, amable y generoso.

Siempre lo consideré, además de un artista, un fotorreportero de primer orden, de esos que ya hay pocos, pues regularmente son una cosa o la otra. Salas captaba con su cámara la noticia. Trabajé con él en muchas ocasiones y situaciones diversas. Desde recorridos por obras de la Revolución, lugares turísticos, como la península de Turiguanó, donde había, además de un famoso plan ganadero, una preciosa construcción rural proyectada por Celia Sánchez Manduley (a cuyos méritos extraordinarios como revolucionaria, sus deberes en el gobierno como secretaria del Consejo de Ministros y luego de Estado, y  como ayudante indispensable de Fidel desde la Sierra Maestra, hay que reconocerle sus grandes dotes de artista de la plástica y la decoración; nadie ha superado su gusto en ese aspecto, y los más notables artistas, como René Portocarrero y arquitectos famosos, supieron y saben reconocerle.)

Imagen: La Jiribilla

Por cierto, Celia admiraba extraordinariamente a Osvaldo Salas y a Salitas (su hijo), quienes vinieron de New York donde residía la familia emigrada antes de la Revolución, tan pronto como esta triunfó en enero de 1959. Allá Salas hizo fotos indispensables para conocer gráficamente a Fidel, Juan Manuel Márquez y al núcleo del Movimiento 26 de Julio en la gran manzana. Una de las noticias mundiales más sonadas, tras el triunfo de la Revolución, “La Operación Verdad”, fue registrada por las cámaras de los Salas.

También lo fue la Reunión del American Society of Travel Agents (ASTA) en el Hotel Habana Libre el 31 de diciembre de 1959, a la cual asistieron agentes de turismo norteamericanos y amigos de Cuba, como el campeón de boxeo Joe Louis, a quien Salas conocía del Yankee Stadium.

Las fotos de Salas son la mejor carta de presentación de un retratista genial que nunca hizo posar a nadie para que quedara registrado en su cámara. Una de las fotos, que mejor recuerdo de cuando trabajmos juntos, fue tomada con una cámara de aficionados —una camarita mía, Kodax— de las que se adquirían a un precio ínfimo en cualquier comercio de efectos fotográficos.

En él cabe aquella frase, dicha de varios modos, de que “no hay cámara que valga sino fotógrafo”; o sea, el que dispara el obturador. Ninguna de sus fotos, solo como ejemplo, requirió más que un segundo para que Salas disparara el obturador, y por suerte las hizo durante trabajos a los que fui con él.

Algunas parecen de estudio: las luces, las sombras, la expresión de los personajes fotografiados no requieron un análisis dilatado de cómo y desde dónde los enfocaría. Pero, un pero a su favor, además de brillante fotógrafo de arte y fotorreportero, Osvaldo Salas o El Viejo Salas, era uno de los mejores laboratoristas que ha habido en Cuba. El laboratorio de los periódicos Revolución o Granma, donde lo veía trabajar, era también su estudio.

Él mismo revelaba los rollos e imprimía las fotos. Lo recuerdo colocando sus manos de obrero ─porque fue obrero en Nueva York durante muchos años, como lo fue Santiago Álvarez, amigo suyo─ y moviéndolas como abiertas o en forma vertical sobre la imagen que aparecía debajo reflejada ante sus ojos, en virtud de la luz de la cámara reproductora que había en el cuarto oscuro. Digo cámara reproductora para que comprendan mejor quienes lean estas líneas y no tengan experiencia del complejo proceso.

Imagen: La Jiribilla

Exponentes de la escuela de Salas, y en algunos casos alumnos de él, estuvieron y están entre otros su hijo Liborio Noval, Salitas, Ernesto o Jorge Valiente, para no extenderme.

El Ballet Nacional de Cuba, con Alicia Alonso a la cabeza, ha de conservar entre las fotos personales y de la compañía danzaria las mejores tomadas por un cubano, mientras el Viejo Salas vivió. Empezando por una colección extraordinaria, poco vista en años, que Osvaldo Salas le hizo en Hanoi, cuando el Ballet visitó Vietnam, como cimera Embajada Cultural de Cuba a ese heroico país y fue recibido, en pleno,  por el Presidente Ho Chi Minh, dirigente de extraordinaria cultura y amante del arte.

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