Literatura

Comedia escénica y literatura: presentando a Omar Franco

Laidi Fernández de Juan • La Habana, Cuba

Por las dimensiones de su esqueleto pudo ser jugador de basket. Por el registro de su voz, debió dedicarse a cantar boleros. Por su belleza física, un anunciador de camisetas, por el carisma que derrocha, alcalde y por la gracilidad con que se mueve, profesor de ruedas de casino. Pero resulta que estudió algo tan enrevesado como Ingeniería Electrónica. Y encima, se graduó, aunque desde los 27 años se dedica a otra cosa. Salvo los equipitos que simuló componer cuando encarnó a Jesús, el técnico de la película

Habanastation, no debe haber metido sus manos en ningún otro aparato electrónico el grandísimo y polifacético actor del que hablaremos hoy, Omar Franco. Aunque no dispongo de herramientas teóricas suficientes para juzgarlo desde el punto de vista de crítica actoral, y no alcancé a disfrutarlo como el payaso Triquiñuela, pareja de una tal Soñolina durante los años más duros de la dureza de los 90, sí me asiste el derecho que otorga ser espectadora, público, integrante de eso tan vago como inclemente que se lla