Se llama Juana Emelia, pero firma como Yeny las fotos

Maylin Guerrero Ocaña • La Habana, Cuba
Foto de la autora
 

Juana Emelia Muñoa Coombs es su nombre, pero en sus fotografías solamente firma Yeny, como decidió nombrarla por el resto de sus días la abuela materna de origen jamaiquino y también su madre. “Así es como se pronuncia al traducirse Juana al inglés, un nombre mucho más artístico y sencillo a la hora de firmar una foto. Casi nadie me conoce por Juana Emelia”, dice la entrevistada. Y es verdad. En el gremio de los fotógrafos de prensa cubanos muy pocos conocen a Juana Emelia Muñoa, y la mayoría sí sabe quién es Yeny. Enseguida la identifican como la fotógrafa del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (Minrex), reconocimiento al que contribuyen los muchos años que lleva en la profesión esta mujer de 55 años.

Imagen: La Jiribilla

La fotografía llegó a ella por la parte paterna. Cuando nació, Juan M. Muñoa era camarógrafo del Circuito CMQ, luego pasó a ser fotógrafo de la Agencia Cubana de Noticias y más tarde de Prensa Latina, por lo que desde temprana edad pudo darse el lujo de “jugar” con las cámaras fotográficas a las que tenía acceso, y aprender elementos técnicos necesarios a la hora de fotografiar.        

“Cuando empecé en la secundaria era yo quien hacía las fotos en la escuela, porque tenía dominio de los equipos, de este conocimiento y podía trabajar. En aquellos años usaba una Zenit, porque me gustaba como quedaban las fotos con ella”, sonríe al recordar esos tiempos.

El camino profesional comenzó a principios de los 90, cuando se incorporó a trabajar como fotógrafa en la agencia Prensa Latina. Antes se había negado a estudiar dos carreras universitarias que no le gustaban: Física y Matemática; y había tenido que dejar la carrera de Periodismo en tercer año, porque tuvo prioridad el cuidado que implicaba un embarazo de alto riesgo.

Aunque tenía bastante dominio de la técnica fotográfica, Yeny pasó un curso de comunicadores gráficos, y matriculó luego en el que impartía el destacado profesor de fotografía Félix Arencibia, en la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC). Después empezó a trabajar en el departamento de fotografía de Prensa Latina, donde aprendió más sobre el trabajo de laboratorio, y con el tiempo fue encaminándose hacia la parte fotoperiodística, la realización de fotorreportajes…

¿Y cómo llegas al Minrex?

Cuando el Periodo Especial arreció, la agencia nos pidió que buscáramos nuevas maneras de ir ofreciendo servicios fotográficos a los distintos eventos que acontecían en el país. A mí se me ocurrió venir al Ministerio y pedir una reunión con el director de protocolo, para darle cobertura a las visitas que generaba el organismo: visitas de cancilleres, personalidades…y ellos estuvieron de acuerdo. Tras varios años de trabajo me ofrecieron una plaza aquí, y en marzo de 1993 empiezo a trabajar oficialmente en la cancillería, en todo lo concerniente a darle cobertura fotográfica a las delegaciones que visitaban Cuba.  

Comenzaste a ejercer el oficio de fotorreportera en tiempos en que por lo general lo asumían los hombres. ¿Cómo fueron esos inicios para ti?

Cuando yo empecé había muy pocas fotógrafas. En el periódico Granma estaba Felicita, que ya tenía sus años y decidió retirarse; y después conocí a otra fotógrafa que trabajaba en la Fílmica de las Fuerzas Armadas, y hoy está en la revista Mujeres. Entonces, llegar a un mundo donde la mayoría eran hombres…no es que tuviera miedo, pero estaba siempre a la expectativa. Ellos hacían comentarios de detalles técnicos, sobre tecnología fotográfica, tipos de lentes, cámaras, y yo todo el tiempo estaba a la escucha, sin emitir ninguna opinión, porque a veces lo hacían para ver lo que tú decías.

La suerte es que yo siempre fui muy independiente. En las coberturas probaba la cámara, estudiaba las luces y todo lo demás y tiraba, y si para mí estaba bien tomada la imagen, así la dejaba, aunque me dijeran lo contrario. Con mi esfuerzo, y mis ganas de aprender, supe seguir adelante en este campo profesional.

Hoy me satisface comprobar que son más las mujeres que se dedican a la fotografía, en especial la de prensa. Me parece bien la apertura que en este sentido se ha logrado en Cuba, porque es un reconocimiento de que las mujeres somos tan capaces como los hombres de manejar los equipos fotográficos y aprender todos estos saberes. En el mundo hay muchas mujeres que se dedican a la fotografía en los diferentes medios de prensa y agencias de noticias, y no veo porque aquí tenga que ser diferente.  

¿Qué opinas de la fotografía de prensa que hoy se hace en Cuba?

La fotografía de prensa cubana está bastante afectada por la carencia de recursos que de manera general existe en el sector periodístico. Cierto es que tenemos cámaras digitales, pero a la hora de imprimir o pasar esas fotos digitales para los medios impresos, la calidad es muy mala, y es reducido el espacio que se le brinda a las imágenes en periódicos y revistas. Muchas veces no se le da a la fotografía la importancia que realmente lleva, y por eso con frecuencia se ven reportajes en los medios de prensa con fotos de pequeño formato, que no acompañan al texto de manera correcta, y no hay un buen diseño.

La suerte es que Internet brinda hoy nuevas alternativas y espacios que permiten explotar, en el buen sentido de la palabra, todas las potencialidades que brinda una imagen. Actualmente es muy importante el lenguaje gráfico en la web, y eso hay que aprovecharlo.

Apuesto además por una mayor profesionalización de los fotorreporteros. Si bien existen hoy varios lugares donde se imparten cursos de fotografía, y muchos compañeros que están dando clases fueron alumnos de Arencibia en la UPEC; las esperanzas que tenía el mismo Arencibia, cuando nos daba clases, era que fuera una carrera más. Él pensaba eso, y en su momento comprendió la necesidad de impartir cursos de fotografía para ir preparando el relevo de los fotógrafos que estaban trabajando en los medios de comunicación.

¿Qué significan para ti todos estos años dedicados a la fotografía?

Significan mucha satisfacción y una gran realización profesional. Siempre he dicho que las personas deben trabajar en lo que les gusta para sentirse bien consigo mismas. Y en mi caso, la fotografía es un oficio que desde que empecé en él no me ha producido cansancio. Me siento bien y con ánimo porque me gusta lo que hago, y pienso seguir ejerciéndola por varios años más.

Mi oficio me ha dejado además muy buenas experiencias, sobre todo aquellas relacionadas con el apoyo que en mis inicios me brindaron muy buenos profesores y compañeros de trabajo, sobre todo en Prensa Latina, quienes me ayudaron a recorrer con éxito este camino.

También le agradezco mucho a mi padre por todo lo que aprendí junto con él. Hoy me resulta gracioso cuando coincidimos en algunas coberturas periodísticas u otras actividades de trabajo.

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