Pantalla ante el espejo

Pedro de la Hoz • La Habana, Cuba

Una vieja idea parece volver a cobrar fuerza: ¿por qué la televisión cubana no dispone de un espacio crítico que valore sus propias producciones?

La intencionada interrogante no es descaminada aunque sí de improbable solución. A muchos parecerá difícil, cuando no imposible, que un medio que en pocas ocasiones, con vocación whitmaniana, se celebra y se canta a sí mismo, haya siquiera un resquicio para un ejercicio autocrítico.

Hace algunas décadas, un veterano y respetado realizador, Humberto Bravo, trató de introducir desde la radio esa práctica, con un programa que poco después del mediodía indistintamente analizaba las producciones radiales y televisivas.

Solo la autoridad intelectual y ética de Bravo fue capaz de llevar adelante un proyecto de tal naturaleza, el cual, desafortunadamente y como era de esperar, quedó en el olvido.

Imagen: La Jiribilla

Ya desde la propia televisión se planteó el reto como una posible alternativa ante la depresión de la prensa plana que sobrevino con el período especial a inicios de los años 90. Si la crítica no podía ejercerse por falta de continuidad y espacio en los periódicos y revistas de carácter general, la televisión debería asumir esa función aún parcialmente, pensaron algunos.

Sin embargo, no tenían en cuenta dos aristas de la realidad: de una parte, las opiniones críticas requieren para su mayor eficacia de un soporte en el cual el receptor pueda volver una y otra vez a conceptos e ideas, y esto solo se logra mediante la letra impresa o en todo caso —ahora, entonces no— en publicaciones digitales. Por otra, no había por qué sobrestimar el papel de la crítica a la producción televisual cuando —mientras hubo papel para que circularan cuatro diarios en la capital, uno en cada provincia y la Bohemia era semanal y existían otras publicaciones como Opina— la prensa se hacía más proclive a un tratamiento farandulesco y epidérmico de los avatares de la pequeña pantalla que a un análisis más profundo, como al que eran sometidos los estrenos cinematográficos, las puestas en escena teatrales y danzarias y las exposiciones de artes plásticas. Había críticos, pero no una crítica sistemática.

(Hoy, por cierto, la situación no es muy diferente, aunque un poco más invisible, dado que solo se han regularizado las ediciones de dos diarios nacionales, y otras publicaciones generales padecen de bajas tiradas, y no hay más críticos que entonces).

En algún momento de estas dos últimas décadas, la televisión ha tratado de introducir, si no un espacio para la crítica de sus producciones, al menos segmentos dedicados a promover en los telespectadores una cultura del medio y facilitar el aprendizaje de códigos que permitan en estos una lectura inteligente de lo que se le ofrece en la pantalla doméstica.

Desde una mirada retrospectiva vale evocar el serial concebido por Vicente González Castro sobre la historia del medio en Cuba, y en cuanto a un muy serio intento de aplicar herramientas científicas al desmontaje de una parte de la producción, es imposible obviar el aporte de Rufo Caballero al análisis de la estética del videoclip en Lucas.

Nada, o casi nada, más. Sin embargo, no me preocupa que la televisión siga sin tener un espacio para la crítica de sus programas, ni siquiera, aunque  moleste el exceso, la manera tan persistente en que a veces autoexponga virtudes reales o infladas.

Lo que verdaderamente es preocupante es la escasa o prácticamente nula existencia de ejercicio teórico que sirva de sustento a la crítica sobre la televisión, sea esta canalizada en cualquier medio.

Por ejemplo, las investigaciones de audiencia, tan útiles, no se hallan debidamente articuladas a un aparato categorial ni a un pensamiento conceptual que enriquezca la reflexión. Ni hablar de aproximaciones semióticas o estructurales que, insisto, sistemáticamente aborden las complejidades de nuestra programación televisual.

A Alfredo Guevara le preguntaron alguna vez que echaba de menos en la televisión. Respondió como solía hacerlo, con una absolutización provocadora: “Arte”. Quizá si la pregunta hubiese estado dirigida a saber qué echaba de menos en la crítica a la televisión, habría dicho: “Ciencia”.

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