La crítica en la TV

Tony Pinelli • La Habana, Cuba

Para tratar un tema tan complicado como este, hay que partir de que somos un país demasiado acostumbrado a las loas y la crítica está tan vinculada al enemigo, que en muchos casos, se teme ejercer ese útil instrumento, por temor de que al criticar a una empresa del estado, haya quien piense que se está criticando al estado mismo y en el caso del ICRT, es imposible ejercer un análisis que no esté vinculado al organismo. Quizá esa sea una de las razones por la que no fluye un ejercicio del criterio más certero, a pesar del estímulo de la máxima dirección del país, que impulsa la crítica como elemento catártico y como detector de defectos y malfuncionamientos que si no se señalan, no pueden ser eliminados.

Imagen: La Jiribilla

La música es uno de los puntos más delicados por ser parte ineludible del carácter del cubano, un ser extraordinariamente sonoro, perteneciente a un país que ha influenciado a todo el mundo con sus formas musicales. Históricamente, ha existido crítica en la propia televisión con programas como “Con la manga al codo”, que llegó a gozar de una considerable teleaudiencia en los años 50, pero en general un análisis crítico de programas de todo tipo, brilla por su ausencia.

Es indudable que un espacio de este tipo sería bien recibido, aunque los críticos que realicen tal función tendrían que arrostrar una reacción cargada de agresividad y justificaciones, en un caso, por la falta de costumbre de una crítica abierta al público y en otro caso posible, por las justificaciones reales de una deficiente técnica en samplers y equipos en general, salarios y fondos para guiones de calidad y otros detalles importantes que pueden ser causas de deficiencia, pero el público siempre se va a  guiar por el efecto, por la puesta en pantalla y no es culpable ni tiene la obligación de pensar en la causa, por los problemas logísticos, sino en el resultado que lleva esa puesta en escena a la intimidad de su hogar.

Creo que en la prensa especializada habría que buscar a los que puedan oficiar como críticos en un posible programa de este corte sobre la música. Profesionales capaces de criticar, no sólo al artista que puede ofertar al público una obra con defectos o de mal gusto, como se hace a veces, sino también al organismo que es el causante a ultranza de la difusión y presencia de la obra o el creador en cuestión. No creo que los músicos deban ser parte del panel de análisis a excepción de ocasiones especiales.  La prensa especializada tiene la experiencia suficiente para saber que existen distintos segmentos de mercado y que todos merecen respeto y lo que hay que criticar es lo mal hecho, sin satanizar ningún género, una posición ética y nada condescendiente es lo que hay que encontrar, sobre todo para “romper el hielo” ya que las peticiones para ejercer el derecho a réplica y las protestas podrían llover al principio y la institución tiene que tener los suficientes bemoles para respaldar a esos profesionales que van a ejercer una labor tan útil, aunque sea —el propio organismo— uno de los criticados.

Es muy importante insistir que si hay un programa de crítica —musical en este caso— debe ser sin prejuicios, porque hay boleros, sones y baladas tan malas que es increíble que se les dé espacio para que los vean y escuchen miles de personas, mientras existen reggaetones— maldito género por definición oficial— como “Bailando” de Descemer Bueno y Gente de Zona con la maravillosa compañía de Liz Alfonso, que se pega hasta el techo, con Enrique Iglesias y el diablo y la capa.

Tendría que ser un panel profesional sin clichés de género, que no sólo analice las deficiencias, sino que enuncie lo que falta y vendría bien que existiera, con plena conciencia de que no todo puede ser reflexión y poesía, aunque estemos convencidos de que haría falta divulgar una música más conveniente de la que se difunde. Los que somos capaces de discernir la belleza de una imagen en una frase brillante en alguna canción, por educación, formación cultural, o filiación estética, no podemos perder de vista que somos minoría y la conformación del gusto es una labor ardua, que necesita constancia, tiempo e inteligencia.

Imagen: La Jiribilla

Confieso que peco de escéptico, porque no creo que un programa así pueda realizarse en la televisión cubana, tan corta de recursos y presupuesto que van a ser esgrimidos siempre como justificación. Otra cosa sería la posibilidad de enfrentar de una vez y para siempre los tabúes y acabar de darle entrada a los patrocinadores de empresas mixtas y por cuenta propia que pueden significar con una publicidad eficientemente manejada, un  refuerzo de presupuesto y medios de producción de extrema importancia y total coherencia con el desarrollo y los cambios que experimenta el país.

En el mundo musical, sobre todo a partir del disco, hace falta que nuestras empresas fonográficas definan su catálogo y se les pueda alquilar o convenir un espacio donde puedan promover su elenco, al igual que las empresas artísticas que tengan nivel para exponer sus talentos. Quizá así pudiéramos solucionar el que haya artistas que aparezcan tres veces en dos días seguidos por la ausencia de organización y concierto en la programación, al mismo tiempo de que se vean en las pantallas artistas que no están suficientemente “hechos” para exhibirse a ese nivel.

La crítica es acerba y tiene que provocar reacciones, si no se está dispuesto a lidiar con esas cosas, mejor no involucrarse. En la música es muy difícil, porque hay gustos de todos los colores, por eso el análisis debe ser muy certero, porque hay que tener en cuenta su utilidad y a qué sector va dirigido.

Otros sectores de la producción cultural, también merecen críticas, y elogios, por supuesto. Los dramatizados esperan por una fusta, amén de la ausencia de guionistas de puntería; los programas informativos, que deben huirle al aburridor cliché; a la programación deportiva, una de las más amplias,  también se le hallan defectos incomprensibles, en fin, alimento  para la crítica existe, pero no en los predios oficiales, que es donde mejor se puede analizar e incluso controlar.

El divorcio entre los medios masivos y las productoras de productos artísticos debe cesar e ir más allá de la iniciativa de un director avezado, conocedor de su oficio y capaz de enfrentar críticas que rozan el chisme y el brete, por lo que un programa respaldado por la opinión de una entidad legal como la televisión cubana puede ser útil desde muy diferentes puntos de vista.

Nadie está exento de errores, pero son importantes la discusión y la exposición de opiniones y sobre todo la exigencia. Este conjunto de opiniones vertidas en los diferentes artículos de esta excelente iniciativa de La Jiribilla puede ser el punto de partida para ahondar mucho más en aspectos que inciden directamente en el nivel cultural de nuestro pueblo, por lo que se hace indispensable ser sinceros, sin temor a equivocarnos. Es mejor arriesgar una opinión producto de la honestidad, que ser cómplices del más que comprobado y dañino silencio.

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