Cantores...

Chabuca Granda: Déjame que te diga la gloria

Fidel Díaz Castro • La Habana, Cuba

Imagen: La Jiribilla

Déjame que te cuente, limeña,
déjame que te diga la gloria
del ensueño que evoca la memoria
del viejo puente del río y la alameda
.

Se me desliza la imagen de Bola Nieve desde un rincón lejano de mi infancia, con su voz rajada —de humano, diría él—,  más que cantando, viviendo estos versos; con su risotada imantadora, gozando, saboreando cada palabra de la “La flor de la canela”.

Del puente a la alameda menudo pie la lleva
por la vereda que se estremece
al ritmo de su cadera;
recogía la risa de la brisa del río
y al viento la lanzaba del puente a la alameda
.

Pasó mucho tiempo hasta que supe el nombre de su autora, Chabuca Granda; al saberla peruana y “Chabuca” la imaginé con rasgos indígenas, como Mercedes Sosa, y confieso que al dar con las primeras fotos quedé algo choqueado pues se trataba de otro tipo de belleza, más bien la convencional estereotipada de las rubias de revistas de modas de los años 50.

Jazmines en el pelo y rosas en la cara
airosa caminaba la flor de la canela,
derramaba lisura y a su paso dejaba
aroma de mistura que en el pecho llevaba.

Claro que, canción adentro esta mujer es un eterno y profundo encanto, nada que ver con las chicas de pasarelas; no es culpable Chabuca de haber coincidido físicamente con el canon mediático comercial. Más allá de esquemas estéticos impuestos, una mujer es la poética que irradia hacia su piel desde lo más insondable de su espíritu, y en eso Chabuca es una diosa.

Fina estampa, caballero
caballero de fina estampa,
un lucero.
Que sonriera bajo un sombrero

no sonriera
más hermoso ni más luciera
caballero.
Y en tu andar, andar
reluce la acera
al andar, andar.

Chabuca nació, con el nombre de María Isabel Granda y Larco, el 3 de septiembre de 1920 en Cotabamba, Perú. Tuvo padres de abolengo, Eduardo Antonio Granda San Bartolomé, con marqueses y ministros entre sus predecesores, y su madre, Isabel Susana Larco Ferrari, perteneciente a una prominente familia ítalo-peruana.

Imagen: La Jiribilla

Chabuca comenzó a cantar con 12 años en un coro del Colegio Sagrados Corazones Sophianum de Lima. Tenía voz de soprano pero tuvo que someterse a una operación que le produjo la voz grave con la que se hizo luego una cantora muy popular.

Integró el conjunto Luz y Sombra y allí comienzan sus primeras canciones, de aire bucólico, donde le canta a la ciudad, a la vida refinada, a los puentes y portales donde emergían romances de fiestas galantes.

Puentecito dormido
y entre murmullos
en la querencia
abrazado a recuerdos
barrancos y escalinatas.
Puente de los suspiros
quiero que guardes
en tu grato silencio
mi confidencia

Es mi puente un poeta
que me espera
con su quieta madera
cada tarde
y suspira y suspiro
me recibe y le dejo
solo sobre su herida
su quebrada
 

Con el Conjunto Los Chamas graba Chabuca algunas de aquellas primeras canciones en el año 1953 y estalla su popularidad. En poco tiempo piezas como “La flor de la canela”, “Puente de los suspiros”, “Lima de veras” y “Fina estampa” serían versionadas por agrupaciones y cantores, por lo que alcanzó pronto resonancia internacional.          

Pero esa rubia deslumbrante, de gran popularidad, no se dejaría entrampar por la rutina de fabricar canciones con fórmulas probadas; se divorcia, lo cual desata no poco escándalo social —mojigaterías machistas de la época— y rompe también con ese aire cándido y pulcro de sus canciones; su poética se adentra en los dolores y sueños de su pueblo.

Imagen: La Jiribilla

La madrugada estalla como una estatua
como una estatua de alas que se dispersan por la ciudad.
Y el mediodía canta campana de agua
campana de agua de oro que nos prohíbe la soledad.
Y la noche levanta su copa larga
su larga copa larga, luna temprana por sobre el mar.

Pero para María no hay madrugada,
pero para María no hay mediodía,
pero para María ninguna luna,

alza su copa roja sobre las aguas.

Llega “María Landó” la mujer sin derechos de la vida cotidiana, la indignación de la mujer sometida al duro trabajo, sin voz ni voto en la sociedad. Cuando irrumpe Chabuca, con esta canción compuesta junto a César Calvo, la cantora está cambiando el rumbo de la canción peruana, sintonizando con un movimiento que emerge en diversos rincones de la América nuestra.

María no tiene tiempo (María Landó)
de alzar los ojos.
María de alzar los ojos (María Landó)
rotos de sueño.
María rotos de sueño (María Landó)
de andar sufriendo.
María de andar sufriendo (María Landó)
sólo trabaja.

María sólo trabaja, sólo trabaja
sólo trabaja.
María sólo trabaja
y su trabajo es ajeno.

En 1962 el álbum Lo Mejor de Chabuca Granda realza su fama; en este disco participan lo intérpretes favoritos de la autora por entonces, Los Troveros Criollos, Los Chamas, Jesús Vásquez y Eloísa Angulo. Los novedosos arreglos, notables interpretaciones y la calidad del sonido logrado convierten esta obra en una joya de la canción popular peruana.

Dentro de un surco abierto vi germinar
un lucero de infinita soledad
y con una canasta le vi regar
con agua de un arroyo de oscuridad     

Ah, malhaya, la siembra se echó a perder
y el agua del arroyo se echó a correr
Al lucero le gusta la claridad
y al agua del arroyo la libertad
no dio fruto el lucero, se fue a alumbrar
y el agua del arroyo te fue a cuidar

En “El surco” y “María Landó”, trae una mirada más aguda sobre la vida de su pueblo; su autora no cesa de buscar y transformar la canción peruana, ahora nutriéndose de lo que ocurre en el resto del continente.

Chabuca Granda comienza a rodar por el mundo; especial momento es su gira con el guitarrista Óscar Avilés, en la que se espesa su visión y su calado poético. América está dando cantores como Mercedes Sosa, Violeta Parra, Víctor Jara, Pablo Milanés, Chico Buarque, Silvio Rodríguez, Daniel Viglietti, que hurgan en el folclore, en la canción sentida de sus pueblos; cantores que quieren expresar las esencias de su tierra.

Óyeme, hermano,
ontesta hasta mi sombra
qué piensas de la muerte que te dimos y el frío.

La sangre que entregaste nos ahoga
desde el fondo del tiempo y tu canoa.

Se refiere en sus estremecidos versos a Javier Heraud. En la madrugada del 15 de mayo iba en una canoa por el río, el poeta y guerrillero, con tres compañeros de lucha; el ejército los detecta y comienzan los disparos: 19 balazos en el cuerpo del joven de solo 21 años de edad y que ha sacudido a los que siguen con atención su obra enamorada:     

Ay, hermano, si pudiera suplicarte,
suplicarte tan fuerte que volvieras
desde un triste tañer, joven ausente.

“La buenas flores de Javier” brota del dolor de Chabuca Granda, quien se adentra en la obra de Heraud, musicaliza sus versos, le canta, sufrida a ese paso breve pero luminoso por la vida; la cantora se adentra en las aguas del río que fue testigo de su último aliento.

Alerta estoy a tu costado abierto,
inmolada paloma solitaria, ay,
deja mirar tu río cuando vuelva
aquel que me promete tus flores de poeta
las sombras, los silencios, los dolores
lloran aún más hondo al recordar
haciendo guerra con tus flores buenas.

Renovó los valses peruanos, puso en alto el vuelo poético de la canción, fue desde el más refinado  lirismo hasta la búsqueda de códigos más populares, rompiendo métricas, hurgando en el folclore, en las tradiciones musicales afroperuanas.   

Y en un hoyito iré yo a parar
solititita me he de guardar
dentro la tierra, al pie de un rosal,
bajo un almendro te he de esperar.

Murió de una disfunción cardíaca en una clínica de los EE.UU., el 8 de marzo de 1983; o digamos que se escapó el cuerpo de alguien que no puede marcharse definitivamente, porque pertenece no solo a la esencia espiritual del pueblo peruano sino a la América nuestra, a la más genuina cultura universal. Voces como Mercedes Sosa, Caetano Veloso, Bola de Nieve, Paco de Lucía, Los Kajarkas y Soledad Pastorutti, entre muchísimos otros, han expandido su canto. 

Hay un rincón del espacio y el tiempo, donde dos de las más grandes voces de América se encuentran, ese espacio único y eterno, es un punto pleno, una canción que le compuso Chabuca Granda a Violeta Parra, cuando la chilena se dio un disparo, que le quitó las angustias, pero no la vida, porque Violeta es para siempre. Los versos recogen las penas de amor, penas de pueblo, penas del canto auténtico ahogado por una seudocultura comercial que descerebra, que desalma, que desamora. Aquí uno de los ecos del disparo, de ese grito con que Violeta quiso llamar al amor, traducido por otra mujer que captó ese instante de angustia suprema. Vengan juntas a nuestro tiempo Chabuca y Violeta.  

Cardo o Ceniza

Autora Chabuca Granda    

Cómo será mi piel junto a tu piel,
cómo será mi piel junto a tu piel,
cardo o ceniza cómo será…
Si he de fundir mi espacio junto al tuyo,
cómo será tu cuerpo al recorrerme,
y cómo mi corazón si estoy de muerte…
mi corazón si estoy de muerte.
Se quebrará mi voz cuando se apague
de no poderte hablar en el oído
y quemará mi boca salivada
de la sed que me queme si me besas
de la sed que me queme si me besas.
Cómo será el gemido,
y cómo el grito,
al escapar mi vida entre la tuya,
y cómo el letargo al que me entregue,
cuando adormezca el sueño entre tus sueños.
Han de ser breves mis siestas,
mis esteros despiertan con tus ríos,
Pero…pero....Sé quebrará mi voz cuando se apague,
de no poderte hablar en el oído,
y quemará mi boca salivada,
de la sed que me queme si me besas,
de la sed que me queme si me besas.
Pero…pero cómo serán mis despertares,

pero cómo serán mis despertares,
pero cómo serán mis despertares,
Cada vez que despierte avergonzada…
cada vez que despierte avergonzada…
Tanto amor, y avergonzada…
tanto amor, y avergonzada.

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